Retazos de una película perdida
Esta historia comienza cincuenta años después de la muerte del doctor Watson. Mientras el narrador de las inmortales aventuras de Sherlock Holmes explica en la voz en off que hubo algunos casos que por decoro jamás se atrevió a publicar, sus herederos desvelan el secreto de una caja metálica que ha reposado hasta entonces en la cámara de seguridad de un banco londinense. Al tiempo que los créditos se suceden en la pantalla, del cofre van saliendo toda suerte de objetos en apariencia inconexos: unas esposas, un siete de diamantes, un jeringuilla hipodérmica, una partitura dedicada a un ta Ilse, un reloj de bolsillo que guarda en su interior el retrato de una misteriosa mujer. Procure retenerlos en su memoria; el significado de muchos de estos objetos pronto se hará aparente. Otros en cambio guardarán para siempre su secreto, vestigios mudos de un filme que jamás veremos. La vida privada de Sherlock Holmes es una película que debe afrontarse con ánimo de detective, porque en ella más que nunca lo que se ve es tan importante como lo que no se ve.
Y es que el filme que hoy se conserva poco tiene que ver con el primer concepto que Billy Wilder y su co-guionista y productor I.A.L. Diamond pretendían poner en imágenes a finales de los años 60. Por primera vez el director de El apartamento afrontaba una película de época, con el consiguiente esfuerzo en vestuario, ambientación, localizaciones y decorados, ámbitos de la producción que nunca había tenido que abordar con tanta complejidad. Por este motivo, La vida privada de Sherlock Holmes fue la película más cara que jamás rodó Billy Wilder y probablemente la más difícil de producir . Termina de convertirla en una rara avis en la filmografía del director polaco su carácter episódico: Wilder y Diamond, grandes defensores del modelo de narración en tres actos, decidieron por una vez salirse del patrón y concibieron el filme como una colección de cuatro extravagantes casos destinados a arrojar luz sobre las facetas más oscuras de la personalidad del popular detective.
Sin embargo, en los cuatro años que duró la producción United Artists sufrió una serie de descalabros económicos considerables, y cuando la película estuvo lista los responsables del estudio comenzaron a dudar de que fuese una buena idea distribuir una comedia de tres horas y veinte minutos (con un descanso a la mitad) parodiando las aventuras de Sherlock Holmes. La leyenda prosigue con que Wilder, demasiado ocupado buscando en Italia localizaciones para Avanti! (1972), decidió enviar al montador Ernest Walter para lidiar con las quejas de los productores y que éste, sin el consentimiento de Wilder, fue quien eliminó más de una hora y cuarto de metraje que nunca ha podido ser recuperado . En concreto, desaparecieron de la película dos episodios completos ("El curioso caso de la habitación vuelta del revés" y "El horrible asunto de los recién casados desnudos") y un largo flash-back que explicaba el origen de la desconfianza de Sherlock Holmes hacia las mujeres.
Así pues, La vida privada de Sherlock Holmes nos llega mutilada en casi una tercera parte de su duración, con sólo dos de los cuatro episodios rodados (el primero haciendo las veces de primer acto y el segundo como núcleo dramático de la acción). Como consecuencia, el ritmo de la película resulta irregular y la acción se salpica de referencias oscuras a partes eliminadas del metraje —esos guiños a los que Billy Wilder era tan aficionado—, de las que el naipe extraído de la caja de caudales en la primera secuencia es sólo un ejemplo. Por este motivo, La vida privada de Sherlock Holmes merece un sitio en ese peculiar panteón cinéfilo donde reposan todas aquellas películas que hemos podido conocer sólo a través de fragmentos, junto al Don Quijote de Welles, ¡Que viva México! de Eisenstein, Kailedoscope de Hitchcock o la última película de Marilyn Monroe, Something's Got to Give.
Con todo, la versión que se distribuyó del filme tiene suficientes elementos de interés como para haberse convertido con el paso de los años en un filme de culto. La aproximación de Wilder y Diamond al personaje creado por Arthur Conan Doyle es brillante, levantando en las primeras escenas una fachada de orgullo, frialdad y misantropía que poco a poco se va desvaneciendo hasta desvelar a un Sherlock Holmes inseguro, sentimental y superado por las circunstancias. La química entre Robert Stephens y Colin Blakely, que interpretan a Holmes y Watson respectivamente, les sitúa entre los mejores intérpretes que han dado vida a la peculiar pareja de detectives, si bien los aficionados a los relatos de Conan-Doyle probablemente se sentirán defraudados por las irreverencias del guión. También es necesario valorar en su justa medida las muchas virtudes técnicas del filme, en particular los minuciosos decorados construidos por Alexandre Trauner en los estudios ingleses de Pinewood y la excepcional banda sonora a cargo de Miklós Rózsa.
Sobre todo ello brilla, en todo caso, la excepcional secuencia final que sin lugar a dudas merece un hueco entre las más hermosas jamás rodadas por Billy Wilder. En ella, Sherlock Holmes recibe una declaración de amor póstuma de la única mujer a la que amó, una espía alemana que le utilizó para conocer los planes secretos del ejército de Su Majestad. Antes de morir en Japón, donde desarrollaba una peligrosa misión de espionaje, Ilse von Hoffmanstat estuvo viviendo en Tokio bajo el nombre de Mrs. Ashdown, el mismo con el que se registró junto a él en aquel hotel de Escocia cuando ambos fingían ser un matrimonio. Confuso y desolado, Holmes le pregunta a Watson dónde ha guardado su maletín de doctor y, tras felicitarle por lo ingenioso del escondite, se inyecta una dosis de cocaína hacia el olvido.
Según datos del IMDb, el presupuesto de La vida privada de Sherlock Holmes fue de unos diez millones de dólares, el equivalente a la suma de Con faldas y a lo loco (1959), El apartamento (1960) y Uno, dos, tres (1961).
En Estados Unidos se ha publicado una edición especial del DVD que contiene algunos fragmentos de las escenas perdidas, aunque con serias deficiencias de imagen y sonido.
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