De héroes, magos, princesas, brujos... y naves espaciales

George Lucas había dirigido dos films antes de 1976. El primero, THX 1138, hoy casi olvidado, un relato de ciencia-ficción bastante pesimista y un tanto pretencioso. El segundo, una insustancial aunque simpática comedia, obtuvo el aplauso de público, critica y de la Academia de Hollywood: American Graffiti. Sin embargo los intereses de Lucas estaban bastante alejados de lo que representaban esas propuestas y empezaba a ver plausible, tras ese periodo de aprendizaje-reconocimiento, su sueño de llevar a la pantalla un relato de aventuras galácticas del que ya había escrito una primera versión y que bebía de un centenar de fuentes como la mitología, la literatura fantástica, el cómic, la televisión americana y los seriales de ciencia-ficción, y, como no, del cine. Tras buscar financiación en varias productoras, solo la Fox, presidida por Alan Ladd, Jr., dio visto bueno al proyecto y dejó a Lucas que trabajara en un guión que tardó en confeccionar varios años. En 1976 con el guión casi definitivo la película se empezó a elaborar: varios meses de preproduccion, casi tres meses de tortuoso rodaje en varias localizaciones (Tunez, estudios de Londres, USA) y otros varios meses de postproducción. Al final el presupuesto establecido de 10 millones de dólares no se superó y Lucas cumplió con este objetivo. El film, cuyo título es ya mítico: Star Wars / La guerra de las galaxias, se convirtió rápidamente en el de mayor éxito de la historia y hizo de Lucas una de las personas más ricas del mundo...

El espectáculo que ofrece La querra de las galaxias busca el deseo del potencial espectador de soñar, de imaginar un mundo fantastico, pletórico de belleza y dominado por la aventura, donde el enfrentamiento entre el Bien y el Mal dé cabida a héroes, sinvergüenzas, sabios, malvados, princesas..., y en el que el virtuosimo de sus imágenes lo haga suficientemente creíble, aun para la imaginación. Un brillante espectáculo que supone en primera instancia una excelente evasión, un entretenimiento de comprobada eficacia; las declaraciones de George Lucas al respecto no pueden ser más concluyentes: «Te lo pasas bien, eso es lo que se puede decir de esta película» (...) «Quiero que la película dé a la gente nuevas salidas, nuevos estímulos para que su imaginación vuele libremente». Sin duda el cineasta americano consiguió hacer soñar a mucha gente en todo el mundo y aún hoy consigue hacerlo, pues una de las más notables cualidades del film es que, a pesar de los avances tecnológicos, el paso del tiempo no parace envejecerlo.

Si por lo general La guerra de las galaxias es considerada una película de ciencia-ficción, es bastante más cercano a la realidad del film lo que escribe José María Latorre ("El cine fantástico". Publicaciones Fabregat SA. Barcelona, 1987; p. 408): «(...) siempre he pensado en ella no como una película de ciencia-ficción sino como una película de aventuras que utiliza esquemas de la novela de caballería para desarrollarlos en un futuro tan remoto que igualmente podria ser el medioevo de un rincón cualquiera de la galaxia». También es muy certero lo apuntado inteligentemente por Carlos Losilla en una breve reseña del film ("Dirigido por... nº 237. Barcelona, 1995): «(...) el film se erige así en un completísimo catálago de personajes y situaciones: desde el "slapstick" y la comedia —la pareja de androides, verdaderos Laurel & Hardy de la cibernética, o la relación agradablemente "hawksiana" entre la princesa Leia y el aventurero Han Solo— hasta el "western" y el cine bélico —la secuencia de la taberna galáctica, el "loner" interpretado por Harrison Ford, la refirega final—, pasando, claro está, por el cine de aventuras y la epopeya mítica —el relato iniciático, el enfrentamiento entre el bien y el mal—».

La guerra de las galaxias asimismo se inscribe en el subgénero de la fantasía heroica, de la que bebe con fruición al recopilar los resortes de las leyendas artúricas, la literatura de aventuras anterior al siglo XVII y en especial de la Tierra Media ideada por J. R. R. Tolkien (algo ya señalado por Latorre en su ensayo —vid. obra citada, "El cine fantástico"—). Un mundo paralelo, atemporal («hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana») en el que conviven diferentes razas y donde existe un enfrentamiento sin aristas ni contornos entre el Bien y el Mal, representado meridianamente por los "magos" de ambos bandos (Darth Vader y Obi Wan Kenobi, que comparten el culto a la Fuerza), y en el que no faltan personajes arquetipos en situaciones fácilmente identificables (una princesa que además es hecha prisionera, un contrabandista que trata de sobrevivir y termina tomando partido, un joven héroe que anhela luchar contra los enemigos de la libertad —el Imperio—, un gobernador cruel y sanguinario...). Conglomerado en defintiva el planteado en La guerra de las galaxias de ideas recibidas, convenciones genéricas, formas y estructuras convergentes, que alcanza el paroxismo en su búsqueda impúdica y artesanal de imágenes, decorados, combates, impactantes, bellos, memorables.

Por ello no es de extrañar que la mayor debilidad del film sea la parquedad de una historia que apenas se preocupa por presentar con relativa celeridad a los personajes y dar continuidad a la acción con abundantes cambios de escenarios. No obstante, Lucas y su equipo de colaboradores logran sortear este escollo gracias a la notable presencia en pantalla de todos los elementos puestos en escena, al hábil cruce genérico, al carisma que se filtra de las incorporaciones de Peter Cushing, Alec Guinness e incluso Harrison Ford o los androides (en este caso, sería más adeacuado hablar de simpatía), y, sobre todo al vigor en la narración. Es decir, aunque La guerra de las galaxias suponga, sobre el papel, una recopilación sin demasiada brillantez argumental de toda una serie de referentes, su traslación a 24 fotogramas por segundo la eleva, mediante un admirable sentido del cine, por encima de cualquier previsión, a cierta excelencia y una inusual fascinación, revelando que en realidad se trata de una experiencia totalmente sensitiva. Un ejemplo: la secuencia en la cantina de Moss Eisley en la cual Luke y Obi Wan protagonizan una refriega con unos camorristas, sin solución de continuidad se ponen en contacto con Solo y Chewbacca, sobre los que, mediante un sobrio y arriesgado cambio del punto de vista, se vuelca brevemente la narración anticipando su relación posterior con la historia, y que concluye con la huida precepitada del planeta, perseguidos por las tropas imperiales... secuencia que rememora la atmósfera del western, el sentido del ritmo del relato aventurero, potenciando la identificación del espectador con los héroes, acosados y acechados, destacando algunos pequeños detalles como la forma, decidida y segura, de actuar de Obi Wan en la cantina, la apariencia hóstil de los diferentes lugares del puerto espacial (cfr. el plano esquivo de un espía imperial informando de la presencia de los rebeldes), el audaz y breve perfil de Solo, sobre todo cuando se deshace del cazarecompensas Greedo. Por su parte Darth Vader, con seguridad uno de los malvados más imponentes del cine de aventuras y/o fantástico, focalizan la fisicidad del relato en las escenas que protagoniza, entre las que destacan el duelo dialéctico (que introduce de forma un tanto ingenua el enfrentamiento entre misticismo y tecnología: «su carencia de fe resulta molesta (...) No se ofusque con este terror tecnológico que ha construido: la posibilidad de destruir un planeta es algo insignificante comparado con el poder de la Fuerza») con uno de los comandantes de la Estrella de la Muerte, o en la detención nada más inciarse el film de la princesa Leia, en la que demuestra su poder sobrehumano. Mención aparte merece la aportación del extraordinario actor Peter Cushing en el papel de Moff Tarkin, gobernador de la Estrella de la Muerte, que auna magnificamente el orgullo y la flema de su presuntuoso personaje (cuando le avisan de que el ataque rebelde revierte peligro y que ya está presparada su nave, responde airado: «¿Evacuar? ¿En el momento de la victoria? Sobrestima sus posibilidades») con ironía y caballerosidad.

La guerra de las galaxias es un prodigio de vigo narrativo. La razón básica sobre la que se sustenta el éxito de una historia mil veces vista, mil veces leida, que apenas aporta elementos novedosos y que por el contrario está hábilmente asimilada y reformulada. De tal manera, que de nuevo es el trabajo de puesta en escena la caracterísitca más relevante de un film, en el que destacan el conjunto de la labor del equipo de efectos especiales, la dirección artística, el diseño de producción, la música, el montaje y la planificación de Lucas. En realidad La guerra de las galaxias es un ejemplo evidente y brillante de trabajo en equipo, que consigue hacer partícipe al espectador de ese mundo lejano en el que una princesa es detenida tras un enfrentamiento en el espacio, unos andriodes se convierten, coyunturalmente, en piezas claves para el feliz desarrollo de la historia, aparece un joven granjero, que por medio del azar y guiado por un viejo maestro, se convertirá en el héroe de la función, un contrabandista se pone del lado de los "buenos" muy a su pesar, los malos demuestran continuamente su maldad y crueldad, se rescata a la princesa prisionera, se enfrentan el malvado enfundao de negro y el viejo maestro, una batalla galáctica entre buenos y malos termina con la victoria de los primeros... Asombroso, fascinante, exultante, divertido, inolvidable... El film en su conjunto perdura en la memoria del espectador y el recuerdo de tan solo un momento o una escena resulta de lo más gratificante: es el poder embriagador de la leyenda, de la mitología, de la más pura y sincera evasión. Personalmente, entre los muchos momentos memorables de La guerra de las galaxias, creo que es la muerte de Obi Wan a manos del malvado Darth Vader, ante la mirada sorprendida de Luke, que impasible en el hangar no puede hacer nada por evitarlo, el más significativo, enérgico en su descripción (excelentes son los planos desde el hangar que muestran al fondo el duelo entre Vader y Obi Wan, adoptando uno de ellos inexorablemente la posición de Luke que huye hacia el Halcón) y admirable por su concreción, que auna mágicamente un profundo sentimiento ambivalente, de tristeza y esperana...

Todo esto lo consiguieron Lucas y su equipo mediante un trabajo edificado sobre los enunciados más clásicos en cuanto a narración y lenguaje cinematográfico se refiere. La limpieza de los encuadres y el estatismo de la cámara es la mayor de las apuestas en aquellos años setenta en las que aparecían propuestas cada vez más rebuscadas, donde abundaban los teleobjetivos, la cámara en mano, los zooms, y diversos recursos utilizados abundantemetne (y demasiadas de forma negilgente) en una desesperada, alocada búsqueda de nuevas formas. Fue con su extraordinario impacto visual donde La guerra de las galaxias reinventó una nueva forma, totalmente novedosa, en el que daba rienda suelta a la imaginación y a la creatividad, aceptando su sumisión ante el estricto lenguaje narrativo cinematográfico. Es por ello que se puede considerar La guerra de las galaxias por un lado el último film clásico de la historia y por otro el primero contemporáneo. Un film-bisagra, un auténtico punto de inflexión convertido en referente ineludible, eso sí, tanto para mal como para bien.

Por José David Cáceres
cartel

EEUU, 1977. Director: George Lucas. Productores: Gary Kurtz, George Lucas, Rick McCallum. Guión: George Lucas. Música: John Williams. Fotografía: Gilbert Taylor, en color. Montaje: Richard Chef, T.M. Christopher, Paul Hirsch, Marcia Lucas, George Lucas. Dirección artística: Leslie Dilley, Norman Reynolds. Duración: 121 minutos. Intérpretes: Mark Hamill (Luke Skywalker), Harrison Ford (Han Solo), Carrie Fisher (princesa Leia Organa), Peter Cushing (Moff Tarkin), Alec Guinness (Ben Obi-Wan Kenobi), Anthony Daniels (C-3PO), Kenny Baker (R2-D2), Peter Mayhew (Chewbacca), David Prowse (Darth Vader).