Crónica II (16 de septiembre, 2005)

Me toca empezar la crónica segmentada —tras años de escribir a horas intempestivas, no estoy encajando muy bien esto de escribir en la sobremesa— con una noticia de alcance: ¡Ya tenemos las películas candidatas a la nominación al Óscar! Nada más y nada menos que Obaba, Princesas y Ninette. Podría escribir tres o cuatro líneas más al respecto, pero confío en la inteligencia (y buen gusto) del lector para no extenderme en mi disgusto.

Mejor hablemos de cine, que por eso estoy viéndome cinco películas al día. Ayer terminamos el día con una pequeña e interesante película: Nine lives de Rodrigo García, hasta la fecha más conocido por ser el hijo de Gabriel García Márquez, pese a que cuenta en su haber con un film curioso, Cosas que diría con sólo mirarla, y es el firmante de algunos capítulos de las magníficas series televisivas A dos metros bajo tierra y Los sopranos. El film presentado en Zabaltegi ha sido la ganadora del último festival de Locarno y se presenta bajo la peculiar forma de contar con nueve planos secuencia (de distinto virtuosismo técnico) correspondientes a nueve historias con protagonismo femenino (cada "vida" o historia tiene por título el nombre de la protagonista). Film coral, con unas magníficas actrices —ojo al extenso reparto: Kathy Baker, Amy Brenneman, Glenn Close, Aomawa Baker, Holly Hunter, Sissy Spacek, Dakota Fanning, Robin Wright Penn, Lisa Gay Hamilton y Elpidia Carrillo, entre otras— que consiguen en los escasos quince minutos que dura cada capítulo transmitir sin fisuras su emoción/desesperación. Nine lives no deja de ser un ejercicio de estilo, un poco a lo Francois Ozon, y en él consigue llegar a tener arrebatos de buen cine, ya sea por cuestión dramática o por cuestión de puesta en escena, aunque al final todo quede como un melodrama con sutiles toques de humor. El hecho de que no exista una descompensación entre el interés de las historias me parece sorprendente y, posiblemente, tenga bastante que ver la presencia de Alejandro González Iñárritu en la producción del film.

La Sección Oficial del Festival se animó bastante con el último film del prolífico Michael Winterbottom. A Cock and Bull Story sería una nueva vuelta de tuerca genérica dentro de la versatilidad que siempre ha demostrado el realizador de Wonderland. En este caso, Winterbottom entra de lleno en el terreno metafílmico aunque usándolo como pretexto para crear una comedia algo disparatada sustentada en buena parte por el carisma del actor Steve Coogan. El film se abre como una adaptación de Tristam Shandy para al rato centrarse en el rodaje del film que se estaba proyectando. Autoparodia y multitud de juegos referenciales para que así Winterbottom tenga su particular La noche americana y otro gran ejemplo de "cine dentro del cine". A medio camino entre State and Maine y Full Frontal, A Cock and Bull Story es un entretenimiento fugaz, una pequeña comedia cinéfila sobre el juego de creatividad y vanidades que implica hacer una película. La capacidad de sorpresa de Winterbottom —recordemos sus últimos films: In this world (un documental ficcionado sobre la inmigración ilegal), Code 46 (un film de ciencia-ficción en la estela de K.Dick y Orwell) y 9 songs (su carnal experimento aunando britpop con el sexo explícito)— siempre está sujeta a su notable talento como realizador, pero a nadie se le escapa el corpus de divertimento que posee este último film.

Para terminar esta crónica —aunque me encantaría explicar el disfrute de poder ver en pantalla grande la exploit Fear City que Ferrara rodó en 1984 con Melanie Griffith (!) y Tom Berenger (!!!)—, la nueva película del realizador chino Zhang Yang, autor de La ducha, que ha presentado en Sección Oficial Sunflower. Aunque el, llamémoslo subgénero, de las películas río cuentan con muchos adeptos, he de reconocer que los dramas familiares a través de generaciones nunca me han resultado especialmente atractivos. El cine asiático, concretamente el chino, es realmente propenso a este tipo de historias, pues al igual que en España se vuelve una y otra vez sobre la guerra civil y efectos colaterales, en China se regresa a la época de la educación cultural de Mao (campos de trabajo) y posterior ascenso y caída del comunismo. El gran film río en este aspecto sería ¡Vivir! de Zhang Yimou, al que Sunflower poco o nada tiene que aportar. ¿Recuerdan a los invitados de El ángel exterminador atrapados sin poder escapar del comedor donde se hayan reunidos? Pues así me sentía yo viendo este interminable y formalista film hablando de las (escasas, no nos engañemos) desgracias de un joven con padre autoritario —atención: ¡¡le obliga a aprender a dibujar!! Me ha recordado aun gran sketch de los Monthy Python— y pretensiones Jeamsdeanescas. La más absoluta corrección sustenta a esta complaciente película que plantea la eterna pregunta: ¿Por que XXXX —autocensura— los festivales de cine en España nunca escogen films de Jia Zhangke (únicamente el BAFF), el mejor realizador chino de los últimos años?

Por Alejandro G. Calvo
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