Crónica III (17 de septiembre, 2005)
Sigue el cine en Tortilla City. Hoy me he levantado con mejor humor después de leer en El diario vasco a Diego Galán quejándose de la baja calidad que el cine español está demostrando tener estos últimos años (texto a propósito de las quejas de la academia al ministerio). Da gusto leer a gente como Galán o Miguel Marías, sin miedo a expresar lo que les venga en gana, pasando completamente de productoras, distribuidoras, exhibidoras, prensa y demás, que intentan una y otra vez hacernos creer que hay que apoyar el cine español, aunque este sea lamentable. A ver si se enteran de una vez que la gente lo que quiere es ver buen cine, da igual si es chino, indonesio, dominicano o canadiense, la gente necesita emociones, sentir placer al entrar en la sala de exhibición y disfrutar con lo proyectado. Que no os engañe nadie, el cine español no es la selección española de fútbol (aunque todos lo hagan igual de mal).
Tras mi pataleta vespertina, doy pie a la crónica en forma de pincho y zurito versión 3.0. Sobre Donosti ayer calló la sempiterna lluvia festivalera que cada año me sorprende sin paraguas y chaqueta. No sólo cayó agua, también se dejaron caer Abel Ferrara derrochó simpatía por los distintos locales del festival (incluso emulando a Tom Waits tocando el piano) y Willem Dafoe —que compartieron film en la brillante New Rose Hotel, película visionaria que nadie supo entender en su día—, flamante premio Donostia 2005. ¿Hablaba de cine español? Fabián Bielinsky presentó ayer a la prensa su nueva película tras la simpática (y sobrevalorada) Nueve reinas, de nuevo protagonizada por el carismático (y sobrevalorado) Ricardo Darín. El éxito del cine sudamericano en España viene a ser como el funcionamiento interno de los agujeros negros: algo inexplicable. El aura, que así se llama el film de Bielinsky, se aleja del formato de culebrodrama habitual en este tipo de producciones, para adentrarse en los terrenos del thriller, y por que no, del western, al menos, del western tal como lo entiende Adolfo Aristaráin. Da la impresión de que Bielinsky ha tenido cierto ataque de autoritis al intentar rodar un atraco perfecto con aroma de Antonioni, un Zabriskie point con acento bonaerense. El resultado es ambiguo, Bielinsky tiene buenas ideas pero no mide bien los tiempos. Por ejemplo, es interesante la ausencia de diálogo en toda la primera parte de la película, pero se olvida de que en el film noir el tempo narrativo es básico, y al igual que sucedía en —no sé por qué me ha venido a la cabeza— en Los lobos de Washington, el punto onírico del film es bastante risible. Así El aura es un film fallido, con buenos apuntes, sobre todo de ambientación e interpretación, pero cojo y, sobretodo, lánguido.
Mucho más interesantes fueron dos films presentes en Zabaltegi: Stoned de Stephen Woolley e Inside Deep Throat de Fenton Bailey y Randy Barbato. El primero es una ficción que reconstruye el asesinato del fundador de The Rolling Stones, Brian Jones, y el segundo, es un documental en el que se sigue el camino del escandaloso estreno del primer film pornográfico comercial de la historia del cine. En Stoned Woolley, productor habitual de Neil Jordan, construye un entretenido fake —hay cosas que no se pueden tomar en serio— con un look videoclipero parecido a la época más lisérgica de Nicolas Roeg. Sustentada entre la faústica relación entre Jones y Frank Thorogood, un albañil que acabó convirtiéndose en el sirviente personal del exRolling, Stoned, como también le pasaba a la magnífica Out of focus de Paul Schrader, es una muy interesante indagación entre la interdependencia de los seres humanos. Con un soundtrack magnífico, Woolley reconstruye la paranoia mental de Jones y Thorogood rodeados de drogas, música y sexo, hasta que, en su devenir moralista, este desemboca en la cruel muerte de Jones.
Garganta profunda es un film mítico que el tiempo ha enterrado en el olvido. Hoy en día la pornografía se ha convertido en un uso de consumo internáutico, relegada a clips de corta versión. Algo así como un fast food porno. Sin embargo antes no era así, o esa creía Gerard Damiano, su director, que pensaba que estaba revolucionando el arte y ensayo merced a la capacidad de tragasables de su protagonista: la malograda Linda Lovelace. Inside Deep Throat va más allá de la mera reconstrucción de rodaje del film más escandaloso de la historia del cine —al menos hasta que llegó Mel Gibson con otro tipo de pornografía—, incidiendo en un montón de hechos que las nuevas generaciones desconocen al completo: la campaña de la liga por la decencia prohibiendo el film, los acosos judiciales, el propio Nixon metiendo mano (con perdón de la expresión). el documental es un interesante testimonio de lo que pudo ser y acabó destruyéndose a sí mismo. No es nada nuevo, en este aspecto, aunque al menos es la primera vez que esto ocurre desde la perspectiva de la industria que más dinero da al mercado del video y del DVD. Sería excelente que se proyectaran documental y película en una sesión doble.
Por último ribeteamos la crónica con el film que se presentó esta mañana compitiendo en la Sección Oficial: Drabet (Manslaughter) del realizador danés Per Fly, del que ya vimos en este festival la aburrida La herencia. Su nueva película por lo menos entretiene, y eso es lo mejor que puedo decir de ella, pues el dilema moral que existe entre el asesinato de un particular en una causa global en contra de las guerras, es un buen tema para llevar a cabo. ¿La película? Bueno. No está mal. Igual gana la Concha de Oro. A mi plin.
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