Crónica V (19 de septiembre, 2005)
Hastiado del convencionalismo. Como esto siga así, este evento habrá de llamarse: "Festival Internacional de Cine Convencional y Fiesta en el Bataplán de San Sebastián / Donostia Nazioarteko Bataplanaka eta Convencionalherria Zinemaldia". Menos mal que entre película insulsa y film ajado voy leyendo por las calles viajes de San Sebastián a Atxaga y a Lorca, compartiendo cerveza, vino, y como no, pintxo tortilla, con este inmejorable pueblo. Hoy, con vuestro permiso, me he saltado una película, cuyo nombre no diré, para brindar y fumar con la gente que quiero (aunque no estén aquí), ya que hoy, soy veintisiete años más viejo que cuando me conocí.
Pero dejarme hablar de buen cine antes de adentrarme en el sopor. Tenemos la primera SORPRESA del festival: Someone Else's Happiness de la realizadora Fien Troch, por favor, amigos míos, ya podéis empezar a sondear en vuestros medios habituales para encontrar algún título de esta hija bastarda de Ulrich Seidl y Roy Andersson. El hecho de que un film como el de Troch se haya seleccionado, demuestra algo que hasta la fecha parecía imposible: ¡realmente hay un comité de selección de películas! Mi enhorabuena entonces para el espeólogo que descubrió este film, su visión me ha dado fuerzas para mantenerme entero lo que queda de festival. Troch compone Someone Else's Happiness dibujando un retrato de un pueblo donde se ha cometido el homicidio de un niño, como si fuera una visión europea del pueblo donde se desarrolla el Blue Velvet de David Lynch. La comparación con el director de Mulholland Dr. no es baladí, hay muchos tics lynchianos en el film, desde el uso del fondo sonoro como elemento perturbador (intermezclado con arpegios de guitarra a lo Neil Young en Dead man), hasta el dibujo oscuro de según que personajes, siempre narrados con uso de la elipsis espectacular —atención al suicido de uno de los personajes—. Pero no acaban las influencias de Troch en el cineasta norteamericano, la composición de los encuadres se podría acercar a una especie de cine trigonométrico, planos generales estáticos plagados de objetos que buscan la simetría y los personajes, pequeños, minúsculos, situados en un devenir patético por el centro del encuadre. El tono surreal lo aleja así de Kubrick para acercarse a Andersson. Mientras que la descripción de los personajes retratados con la mucha mala uva, lo acerca directamente a uno de los mayores terroristas del cine europeo: el austriaco Ulrich Seidl. Así apuntemos la receta: Mundo hiperrealista, plagado de situaciones trágicas que devienen en ridículas, protagonizadas por personajes marginales (aunque burgueses, en su mayoría), con un cúmulo de diálogos impagables que acaban por dar una mirada cínica sobre la sociedad actual y que consigue extraer esa risa incómoda que de repente se trunca en amargo sabor al obtener el reflejo trágico de lo narrado.
De más a menos, aunque esta vez se trate de un predilecto: Bertrand Tavernier, un clásico ya del cine francés que poco o nada tiene que ver con los herederos de la Nouvelle Vague y que cuenta ya en su haber con un puñado de obras maestras: La muerte en directo, La vida y nada más, La carnaza, L-627, Capitán Conan, Hoy empieza todo, Salvoconducto... El cine de Tavernier siempre ha discurrido entre dos vías dramáticas: el de la conciencia social contemporánea y el retrato histórico de la tragedia. A su manera, Tavernier, es un defensor del héroe invisible, en buena parte de su filmografía interpretado por los grandes Philippe Noiret y Philippe Torreton, hoy en día sustituidos por Jacques Gamblin. En su nuevo film: Holy Lola, presentado como una Perla de Festivales en la sección Zabaltegi, Tavernier se adentra en el proceso de adopción de un bebé camboyano por parte de una pareja francesa. No hace mucho tiempo —todo el mundo en la sala se apresuraba a constatarlo para demostrar así su intelectualidad de Fotogramas—, el hoy en declive John Sayles realizó un film con similar tema pero diferente enfoque: La casa de los babys. Tavernier no busca la poesía y sí cierto realismo con mucha mala uva, para poner en evidencia el poder de la corrupción dentro de la siempre despreciable burocracia. La aventura dramática de los protagonistas acaba por convertirse prácticamente en un thriller a la hora de luchar por la adopción de la pequeña Lola. Tavernier tiene mucho oficio y no falla en casi nada, lástima que el atractivo del film esté bastante lejos de sus retratos en tiempos de guerra, básicamente por el interés que despierta la temática de la historia. Si este film lo hubiera rodado Loach, Guediguian o Aranoa hubiera sido un desastre, con Tavernier a uno siempre le queda la sonrisa en el rostro.
Y ahora vayámonos al desastre: Otra de cine español (y de nuevo en Sección Oficial), aunque esta vez dirigida por una realizadora marroquí, Farida Benlyazid. La vida perra de Juanita Narboni es la adaptación de la novela homónima del escritor Ángel Vázquez, sustentada toda ella en el monólogo de su protagonista, la susodicha Juanita Narboni, interpretada con suerte por la actriz Mariola Fuentes. Si no fuera por esta actriz, el film sería directamente insoportable. Al menos de su empeño en sacar adelante una película imposible, obtenemos algún logro válido. Pero nada impide que el film naufrague en el tedio y en el sopor más absoluto. No interesa la historia de Juanita Narboni porqué está contada de la peor manera posible: diálogos risibles, ambientación cutre, personajes trillados... no interesa, lo siento. Otra vez será.
Para acabar otra de Sección Oficial, esta vez francesa: Je ne suis pas là pour être aimé (no me pidáis que traduzca que yo no sé francés) del realizador Séphane Brizé. Film anodino sobre como el tango une a las personas grises. Chistes fáciles, situaciones previsibles, momentos románticos punteados musicalmente mil veces vistos... Convencional. Aburrido. Insípido e incoloro, como el agua, aunque ésta al menos refresque. No es que la película sea una mala película, es que no estoy interesado en ver el mismo tipo de historias contadas siempre de la misma aburrida manera. Empiezo a tener la mirada realmente cansada.
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