Crónica VIII (22 de septiembre, 2005)
Qué lamentable que ahora que mis sentidos están cada vez más y más abotargados por la saturación de películas vistas, es justo cuando se están proyectando los mejores films del certamen. Por un lado es una alegría, claro, poder mirar la pantalla sin estar pensando que posible variedad de tortilla aún no he probado, pero por otro, me siento en deuda con la gente que sigue leyendo estas crónicas pese al desvarío del cronista. Así que si cada día tengo mi pataleta contra alguien hoy la tengo contra mí mismo. ¡Soy un impresentable! Cuando debería estar estrujándome el cerebro para resultar brillante e incisivo, resulta que estoy apático y atontado, cometiendo faltas de ortografía y de sintaxis en mi propia cabeza. Como si se me hubiera metido un lagarto por el oído y me hubiera comido poco a poco el cerebro. Casi parezco un cronista de El País o el Abc. Lamentable. Pido perdón.
Y ahora vamos con una debilidad: Jim Jarmusch. Estaba claro que Broken Flowers era un valor seguro. Un caso muy similar al Mary de Abel Ferrara. Ambos directores independientes, tras años, uno de parecer "raro" —si se tiene una hemeroteca cerca no dudéis en leer las crónicas festivaleras en su día de películas como Mistery train o Noche en la tierra—, y otro de parecer "gratuitamente violento" —mismo comentario pero con películas como King of New York o Dangerous game/Snake eyes—, por fin la crítica se ha despertado y ha sabido alabar correctamente a ambos realizadores. Con Broken Flowers, Jarmusch, casi sin despeinarse, ha hecho una pequeña obra maestra. No es ni de lejos, lo mejor de este realizador, que ya sus primeros films —Strangers than Paradise y Down by law— son difícilmente superables, y este último trabajo posee toda su fuerza en lo global, no en lo particular. Recordemos que Jarmusch es siempre más interesante por lo que no cuenta que por lo que muestra. En este caso, ha construido un vehículo de lucimiento para el gran Bill Murray, que se come, literalmente, a todas sus partenaires en el film (y la lista es larga: Sharon Stone, Jessica Lange, Frances Conroy, Tilda Swinton, Julie Delpy.), en gran parte, porque a Jarmusch le siguen interesando más los momentos muertos de la película, que los propios encuentros de Don con sus antiguos ligues. Lo mejor así de Broken Flowers es su aspecto totalmente a la deriva, la mirada perdida de Murray en el último plano del film, la sensación de derrota que transmite este Don Juan sin mucho que hacer ni que perder, pese a que su mirada al pasado haya sido catastrófica. Premiada por el Jurado del último festival de Cannes, Broken Flowers es sin duda uno de los grandes títulos del año.
En Sección Oficial se presentó la n-ésima película española del festival: Malas temporadas de Manuel Martín Cuenca. Al menos este cronista estaba ilusionado con este film (sí, lo sé, lo sé), pues el debut de Martín Cuenca con La flaqueza del bolchevique había sido una grata sorpresa. Sin embargo lo mejor que se puede decir de Malas temporadas es que lo intenta, incluso tiene buenos momentos, pero se distrae y acaba por enredarse y parecer por momentos un film impostado. Me explico: Por momentos la película parece asemejarse a Wonderland de Michael Winterbottom, tanto de forma como de contenido. La divergencia de historias crea pese a todo un cierto desequilibrio. La historia protagonizada por Javier Cámara es mucho más brillante que la que realiza Leonor Watling (simplemente una es creíble). Martín Cuenca tiene estilo y encuadra a sus personajes de cerca, sufriendo, llorando, desquiciándose, pero no es suficiente: la película por momentos se aleja del espectador, punteando la película con canciones que matan todo tipo de hechizo. Pero no quiero ser muy duro, como he dicho, Malas temporadas lo intenta, y eso es mucho en el cine español. Martín Cuenca demuestra que sabe rodar y que tiene cierta inspiración a la hora de crear historias, estoy convencido de que su evolución será algo muy interesante.
Por último, una rareza: Entre ses mains, de Anne Fontaine, la directora de la turbadora Limpieza en seco. El film, presentado en Sección Oficial, es un thriller psicológico en el que sobresalen sus dos intérpretes principales: Benoît Poelvoorde (el desquiciado psycho de Ocurrió cerca de su casa) y la emergente Isabelle Carré (vista en este mismo festival en Holy Lola); donde una joven sospecha que un posible futuro amante sea un asesino de mujeres buscado por la policía. Trama, como se ve, muy norteamericana (son miles las cintas con este argumento), pero que Fontaine cuenta desde las conversaciones entre ambos personajes. Por decirlo de alguna manera, el terror proviene de la intriga, no de lo escabroso que resultan los asesinatos (siempre en off, excepto en la resolución de la trama). El realizar una historia manida intentado alejarse de los convencionalismos es lo más encomiable de Entre ses mains, junto con la genialidad de la interpretación de Poelvoorde, cuya presencia, de entrada, ya es algo inquietante.
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