El rey del porno

Un zumo de tomate... le dice el rey sin inmutarse a la azafata cuando ésta le pregunta qué desea tomar. ¿Por qué la gente sólo pide zumo de tomate cuando está en un avión? Yo, obviamente tomo una cerveza. El zumo de tomate me gusta, pero no con un sobre de sal y un palito de plástico con el logo de la compañía aérea para remover. El rey y yo viajamos juntos en avión con bastante frecuencia por cuestiones profesionales, en éste caso es para que una empresa exhibidora de la capital nos estrene mi última película en su pantalla. Es la típica película de autor "rarita" dónde se habla poco, muy poco, así que será una difícil tarea para el rey . He de reconocer que los trayectos aéreos me producen algo de inseguridad, pero como mata más gente el tabaco que los aviones he perdido el miedo a volar y creo que el rey lo perdió hace años. Mientras tomamos nuestro aperitivo aéreo me explica que su reiteración a los viajes en avión le ha hecho inmunizarse al miedo, y es que viajar durante más de veinte años a Los Ángeles y a casi todos los festivales y markets de cine europeo no es "moco de pavo".

Yo conozco la trayectoria de el rey a grandes rasgos, aunque mucha gente me ha hablado de él después de convertirse en mi alma gemela en esta profesión de locos que es el cine. Y no es que no me guste, pero soy bastante cerrado en cuestión de géneros, cinematográficamente hablando, y los suyos no han suscitado un especial interés en mí. Porque hubo un tiempo, y perdonen la chulería, en que le cuestioné mucho a el rey el tipo de películas que estrenó en su día. Pero al margen de cuestionamientos morales, ¡maldita religión!, no puedo evitar asumir que si es cierto lo de... "dime con quien andas y te diré quien eres", yo soy como el rey y por tanto estoy más relacionado de lo que creo con el cine en función de la autosatisfacción, el cine porno.

Me divierte mucho hablar con el rey de sus peripecias y devaneos con el celuloide onanista, y como él lo cuenta en pretérito imperfecto y bastante aliviado, no me hace sentir mal, como si intentase hurgar en herida ajena... después de todo el rey es uno de mis mejores amigos. Siempre que hablamos de su trayectoria aparecen situaciones del todo absurdas que mi propia auto represión no es capaz de asumir.

El rey fue desde los veinte años hasta poco antes de los cuarenta el distribuidor de cine porno más importante del país, de ahí que aún le llamen el rey del porno ... ahora es el productor y distribuidor de mis películas, entre otras, todas ellas de autor. Y les juro que en mis películas se habla poco pero no por motivos sexuales. Es difícil describir al rey si uno no ha visto Boogie Nights, Jack Horner interpretado por Burt Reynolds seria el claro ejemplo de cómo es el rey visto desde afuera: un galán de corte señorial pero con un sentido de la frivolidad que a veces da algo de miedo.

Las azafatas siguen pasando el carrito de las bebidas y la pareja que tenemos detrás habla con solemnidad de cuestiones empresariales. Nosotros escuchamos la conversación de manera indiscreta y no podemos evitar reír cuando ellos empiezan a hacer mención de todas las empresas que han demandado a la suya, resultan ser socios. Entonces el rey me cuenta que está algo aburrido de la hipocresía de éste sector y que cada día cree menos en lo que ve en las pantallas. Yo, que de manera inocente aún conservo la ilusión por cosas que él ya ha abandonado de forma racional, le intento discutir su visión tan pesimista del medio. El rey no es negativo pero tiene demasiada información de todo lo que se mueve alrededor del estreno de una película.

La azafata nos retira las bebidas y volvemos a plegar nuestras mesitas sobre el respaldo del asiento. Entonces, vuelvo a hablar con el rey de sus experiencias. Entre 1985 y 1995 había más de mil pantallas de cine porno en España, más de mil cines que estrenaban pornografía en 35 mm, y no sólo eso, existían muchos locales que recaudaban más dinero que las salas de estreno convencional. Claro está, el rey se forró. Aunque no me haya parado a pensarlo nunca, a el rey le debemos la masiva difusión del cine X en las salas españolas y la creación de muchas de éstas, ya que pocas personas tuvieron tanta visión del negocio, pocos fueron capaces de viajar a los Estados Unidos en busca del cine que se basa en el vicio solitario, arriesgar y adquirir derechos para explotar en la España post-franquista y jugarse su capital por ello.

Mi amigo y maestro tiene tendencia a dormirse en los aviones pero hoy se mantiene despierto, está especialmente activo ante nuestra inminente reunión, y me sigue contando cosas como por ejemplo las fiestas del mundo del porno a las que ha asistido en lugares como Los Ángeles, con actrices del género tan selectas como Jamie Summer. Él era un mero espectador, o eso dice... un comprador de derechos o "right's buyer", al rey le gusta emplear estos términos tan profesionales como flat, rights o licensor, los cuales a mi me parecen abominables; yo soy más partidario de las voces de la calle. También me cuenta que muchos de los que ahora son críticos de honor han sido socios de algunas de sus empresas dedicadas al X como principal género cinematográfico, críticos que ahora defienden películas de culto y en los ochenta vendían cintas que en el fondo todos sabemos que su duración es de 10 minutos... siempre en función de la energía del espectador, por supuesto.

De manera relajada y haciéndose el interesante, y no es que no lo sea, se rasca su blanca y canosa barba... ¿Por que a él su barba le hace interesante y a mi me hace parecer un integrante de Al-Qaeda? Siempre me lo he preguntado. Entre pensamientos y recuerdos me explica que las salas exhibidoras de los ochenta eran absolutos hervideros de ir y venir personas; de parejas que acudían, como despistadas, a ver esos inquietantes films... ¡Y no sólo en Barcelona o Madrid!, también en lugares como Talavera de la Reina. Que el video no tenía tanta fuerza, en cambio el theatrical (recordemos los términos que él emplea) o salas de cine, eran un éxito porque el hecho de desplazarse y entrar en esos lugares tenía un morbo añadido. Que en los bares, a la hora del desayuno, los encorbatados hablaban de la película porno que habían ido a ver... y que sobre todo, la gente parecía estar más relajada ante el sexo en el ochenta que en el dos mil. Con cierta tristeza recuerda que gente que en la actualidad está económicamente hundida eran auténticos magnates, y que muchos de los que hoy día son los grandes empresarios del cine o el video en España eran unos absolutos cobardes que malvivían de la piratería. Yo creo que los ciclos a veces traicionan a los genios, que según él los hubo ¡y mucho! en esto de la exhibición española.

La azafata con voz temblorosa, parece tener más miedo que yo, anuncia que vamos a aterrizar en unos minutos. Mientras nos abrochamos los cinturones de seguridad sigo hablando con el rey, y él, se sonríe con su habitual sarcasmo cuando le pregunto por los que ahora son exhibidores de primer nivel, y me cuenta, que muchos de ellos antes de enorgullecerse y apuntarse al carro de ser propietarios de salas de V.O y defender la causa del cine de autor, subvencionado por MEDIA, claro está, fueron dueños de salas X. Que muchos de ellos vivían a cuerpo de rey proyectando películas porno antes de su nueva etapa con Kiarostami... supongo que lo común en los dos géneros, para estos exhibidores, es que les da igual el argumento de la película. El rey matiza que detrás de todos los que dan lecciones de moral cinematográfica hay un flirteo directo o indirecto con la siempre mágica y solidaria pornografía. Y con cierta melancolía hace un repaso de cómo en los últimos años han ido cerrando todos aquellos cines que hicieran las delicias de muchos solitarios.

Se inicia el aterrizaje y yo hago una pequeña pero intensa valoración de lo que he hablado con mi amigo de fatigas. Pienso en sus veinte años de trabajo y gloria. Veinte años que no han pasado en balde para él, veinte años de lucha, de sacrificio, de derrotas y éxitos, pero ante todo, veinte años de mucha vida. Y como últimamente, hace más de veinte años de casi todo, incluso de la primera vez que mis padres me montaron en un avión, me tomo en serio la reflexión.

El avión aterriza con un ligero pero eficaz golpe en la rabadilla para los pasajeros, y yo, miro al rey y le digo «Aún tenemos muchas películas que hacer juntos» y él, me dirige una mirada alegre pero triste, juvenil pero desgastada, inocente pero cruel y me responde «Y si no, ¡qué más da!, ¿has pensado dónde comeremos hoy ya que estamos en Madrid?». En el fondo me dice que me quiere a su manera. Y es que el rey seguirá siendo siempre el rey, sea en el porno o en el cine de autor. ¡Porque el que tuvo retuvo!. Y yo, seguiré haciendo cine sin sexo y sobre todo sexo sin cine.

En honor al Rey Alberto.

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Salomón Shang es director de cine.