¡Socorro, una steadycam me persigue por la sección de congelados!
No me siento muy cómodo escribiendo sobre una película que me temo no comprendo; creo que sería mejor que algún especialista en el género de suspense, o alguien más cercano a los intereses cinematográficos de Calparsoro, hiciese balance de sus virtudes (que seguro que las tiene) y de sus defectos (que también). Trataré de explicarme.
Al decir esto me refiero a que, pese a haberlo intentado, no he podido descubrir cuáles son las motivaciones (la necesidad) que llevaron a la realización de la película. Llamadme anticuado si queréis, pero creo que detrás de cada película debe haber un impulso personal que conduzca hasta ella, ya venga éste de su director, del guionista, de un productor, o incluso del empeño de uno de sus intérpretes. Atendiendo a las declaraciones que he podido leer, Calparsoro debe considerarse como tal autor, y es a él a quien habría que formular estas cuestiones... En definitiva, lo que quiero decir es que todavía no sé de qué han tratado de hablarme durante la hora y media de metraje de la película.
Por otro lado la comprensión de los acontecimientos del film es más bien sencilla, aunque estos sucedan de un modo deliberadamente engañoso. El planteamiento es más o menos éste: Una alta ejecutiva (Julia, interpretada por Ariadna Gil) ha sido despedida y no encuentra un nuevo empleo pese a estar "demasiado preparada", como le dice Alex Brendemühl disfrazado de alto ejecutivo (lleva tirantes) al inicio del film; el shock le hace caer enferma; seis meses después se muda con su compañero sentimental y los hijos de éste (al menos esto es lo que se nos hace creer) a una tranquila urbanización donde sus problemas en lugar de resolverse, irán en aumento.
El problema viene dado porque de todos los apuntes temáticos del film: la crueldad de una sociedad que rinde culto a la juventud y que tiende hacia la total uniformización del individuo (representada por esos tejados de la urbanización, siempre idénticos), la constante vigilancia a la que todos estamos sometidos (las imágenes de las cámaras de seguridad diseñadas para proteger a los inquilinos, que se filtran entre las de los televisores, convirtiéndose en motivo de preocupación más que de alivio) y sobrevolando todo ello, la crisis de la identidad personal sometida a toda clase de manipulaciones exteriores (lo que "somos" y lo que "deberíamos" ser)… todo ello está en la película de Calparsoro, el problema, decía, es que estos planteamientos se van disolviendo conforme el metraje avanza (tal cual las imágenes espectrales que se le aparecen a la mente enferma de Julia), sin llegar a profundizar en una opción concreta, ni decidirse a desarrollar ninguna de las otras; con lo que la película avanza a la deriva sin que nada pueda remediarlo
Ausentes se inscribe (ya, otro más) en esa legión de films de suspense vía Shyamalan y seguidores, con desenlace inesperado y resolutivo (cual deus ex machina), que en boga desde hace ya seis o siete años (1) (!), todavía se nos imponen en las pantallas con cierto marchamo de actualidad. La película bebe claramente de éstas fuentes sin aportar nada nuevo en su planteamiento (aunque esto por sí solo no sería necesariamente un problema) y recogiendo ya de paso, todos los defectos de aquellas (2) (que sí lo es). Calparsoro es claro sobre este punto: «Quería hacer un film de reciclaje, inspirado en muchas otras películas». Lo que no está tan claro es cuál era el objetivo que pretendía alcanzar con ello.
Otra cosa que tampoco está demasiado clara es la referente a los medios narrativos y formales a través de los cuales se construye el suspense en éste film. Calparsoro habla de nuevo: «Ausentes utiliza lo cotidiano como elemento de angustia, el miedo a lo real como elemento de thriller psicológico y la materialización de esos miedos como elementos de género»(3). Bien. Cierto. En el film ésta premisa se sostiene, pero… exclusivamente durante los primeros quince minutos de metraje. Es decir, durante el prólogo: la entrevista de trabajo, y sobre todo, en la primera noche que la familia pasa en su nueva casa y en la que unos gatos provocan ruidos que consiguen asustar a toda la familia. Ésta escena-tipo en el género, queda bien resuelta a través de medios mínimos: el fuera de campo, el montaje… y hace concebir esperanzas de que la película pueda mantenerse en un nivel aceptable. Pero a partir de aquí, lo que olvidan Calparsoro y sus guionistas (y probablemente sea difícil no hacerlo) es que el punto de vista que han adoptado desde el inicio del film, en un plano explícito en éste sentido, que partiendo del ojo de su desmayada protagonista condiciona todo lo que nos cuentan a posteriori, y con ello condicionan la cotidianeidad o no cotidianeidad de todos los acontecimientos que vamos a presenciar. ¡Porque en el film lo que se nos muestra es la cotidianeidad de una mente enferma, desequilibrada! Y no quiero decir que Calparsoro no sepa cuál es su punto de vista; lo sabe perfectamente, y con ello juega, agravando así su error.
Juega a ese juego tan de moda del engaño y sometimiento del espectador con el objetivo de que éste no sepa si lo que ve "es" o "parece ser", si el personaje es de "esta manera" o de "esta otra"; si Jordi Mollá es el "malo" o "sólo quiere ayudar" a su mujer; si es que están "todos muertos" (¡o no otra vez!) o es "ella la que está muerta" (¡maldición!); en definitiva, un juego sin sentido (al salir del cine no le dan premio al que haya acertado, no se vayan a creer) y que se justifica con aquello del "si todo está contado desde el punto de vista de la chica puedo hacer lo que me dé la real gana".
La diferencia entre la película de Calparsoro y, pongamos por caso, Repulsión de Roman Polanski, (quizá una a las que también él se refería en su cita) un film que también trabaja sobre los terrores más o menos cotidianos, y que casualmente comienza con el mismo ojo agigantado de su protagonista, es precisamente ésta: la del juego, al que por un lado Calparsoro, se lanza de lleno sin llegar a creerse al cien por cien ni a su film ni a sus personajes, terminando por situarse por encima de ellos (y de sus espectadores), y por otro, el caso del film de Polanski, que no sólo cree en lo que sus personajes viven, sino que lo comparte (lo descubre, podíamos decir) con ellos y por supuesto con sus espectadores.
En definitiva Ausentes termina por imponerse como un film plagado de engaños y en el que gran parte de sus errores provienen ya desde su punto de partida, de su guión, en mayor medida que de la puesta en escena. Empleando trucos de feriante y falsos entendidos con el único objetivo de engañar al incauto espectador que toma por "real" aquello que le muestran como "real" en la pantalla.
(Y yo que pensaba que ahí residía la magia del cine…)
(1) Fecho este punto en el boom de El sexto sentido M.Night Shyamalan [1999]
(2) Aquello de los imitadores y los defectos que decía Picasso.
(3) EL PAÍS, 16 de Septiembre 2005 Aurora Intxausti.
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