El segundo acto de las vidas americanas
Con un film como el que nos ocupa, conviene no andarse con rodeos, colocar boca arriba todas las cartas de esta partida desde un buen principio. Cinderella man es una buena película; correcta y eficaz en la mayor parte de su metraje y, a ratos, excelente. Toda una sorpresa teniendo en cuenta quién es el firmante de la dirección de la cinta. Es cierto que el cine de Ron Howard siempre ha ido acompañado de cierto éxito popular (bastante inexplicable por mi parte), gracias a títulos como Cocoon (Idem, 1985), una empalagosa historia fantástica que hermanaba a un grupo de marcianos con otro de jóvenes-ancianos; Willow (Idem, 1988), que proponía un cuento entretenido de espadas y brujería; Llamaradas ( Backdraft, 1991), un fallido intento de combinar cine catastrófista y thriller dramático; Apolo 13 (Apollo 13, 1995), un producto previsible y ñoño convertido en espectáculo de primer orden¸ o, por poner un último ejemplo de sus mejores trabajos, la oscarizada Una mente maravillosa (A beautiful mind, 2001).
Ron Howard siempre ha tenido el talento de saberse rodear de muy buenos profesionales, tanto en el ámbito artístico como en el técnico. En este caso sobresalen las figuras de Russel Crowe y Paul Giamatti en la caracterización de sus papeles, la contenida partitura de Thomas Newman —sentimental y frágil en los instantes en los que la cámara está más cerca del interior de los personajes, más contundente en los momentos cumbre de los combates— y la fotografía de Salvatore Totino. Sin embargo, unos guiones no demasiado logrados del todo o una dirección que no sabía resaltar las aristas y espesuras de los relatos pero que sí hacía brillar las partes más sentimentaloides de los mismos, lastraban una y otra vez sus películas. En esta ocasión, Ron Howard parte de un material escrito mucho más contenido, menos tramposo y con un sentido épico de la narración bastante más conseguido que en anteriores ocasiones.
La historia de James J. Braddock, conocido en los ambientes pugilísticos con el sobrenombre de "Cinderella man" se aleja, en manos de Ron Howard del típico relato de ascenso y caída del nuevo ídolo. En los años 30 se convirtió en un héroe de masas para miles de desheredados norteamericanos que sufrían en sus carnes la depresión económica. Braddock, que se había retirado del boxeo después de varias derrotas, volvió al ring para obtener una segunda oportunidad para su familia, y para él mismo, tras experimentar en sus propias carnes la pobreza más acuciante tras el crack bursátil.
Cinderella man es una película de boxeo que se aparta de filmes clásicos que retrataban el mundo del boxeo como Cuerpo y alma (Body and soul, Robert Rossen, 1947) o Toro salvaje (Ranging bull, Martín Scorsese, 1979), en el sentido de que la película de Ron Howard rehuye la épica fatalista de éstos films. Si en ellos presenciábamos la ascensión y caída —social, económica y personal— del púgil protagonista, en Cinderella man eso no es importante. Los derechazos que buscaban la mandíbula del oponente en una especie de lucha por ascender en la escala social y ocupar un lugar destacado en el Olimpo del deporte, se tornan en esta película en un denodado esfuerzo de supervivencia. Una victoria equivale a comida para la familia. Nada más —o nada menos— que eso.
La película posee un cierto aire a film de Frank Capra ya que, en esencia, cuenta la historia de un perdedor, de un desahuciado social, que por amor a su familia es capaz de superar todas las adversidades y aprovechar las oportunidades que se le brindan para salir adelante, en pos de un happy end de merecida obligatoriedad. Sin embargo, Howard dista mucho de ser Capra. Nuestro coetáneo es incapaz de realizar la más ligera crítica al sistema en aras de vanagloriar al individuo. El cine de Frank Capra hacia gala de un moralismo trasnochado en el que el voluntarismo y el individualismo de sus personajes (siempre héroes positivos, honrados e ingenuos) lograban encauzar sus vidas superando cualquier tipo de adversidad. Pero Capra también acusaba, en sus films encontrábamos a corporaciones empresariales, políticos y gente acaudalada que manejaban los hilos de la situación económica y social tratando con desdén y menospreciando a la gente sencilla. Las películas de Capra eran fábulas políticas en las que contraponía el darwinismo social de los poderosos con el altruismo y la bondad de los desheredados. Por su parte, Ron Howard apunta pero no dispara. El retrato que elabora del g rupo de influencia y poder, claramente financiero y supuestamente político, está muy edulcorado. Sólo se mueven por interés económico y, por ello, deciden cuando Braddock debe dejar de pelear y cuando tiene que volver al ring, basando su resolución en aspectos méramente monetarios. Al final de la película, la actuación de Braddock no les pasará cuentas, éste habrá sido un engranaje más que habrá servido a los más poderosos a serlo todavía más. Por otro lado, Howard nos muestra dos maneras de enfrentarse a los contratiempos y el infortunio. Braddock, el héroe, encarna la más virtuosa, la que nos muestra el camino a seguir. La otra, el camino oscuro, nos enseña al buen hombre corroído por el odio, áquel que bebe para olvidar, que frecuenta las tabernas de noche, que maltrata a su mujer, que visita los barrios pobres difundiendo ideas y panfletos comunistas y que, no podía acabar de otra manera, termina muriendo en un tumulto producido por una multitud de pobres encolerizados contra la policía. El maniqueísmo de Howard se comenta por sí solo, siendo uno de los aspectos más reprochables de Cinderella man.
Lo peor de Cinderella man es que, desde los primeros planos, huele a combate amañado. Lo mejor es que ofrece algo más de dos horas de buen cine, sin llegar a ser una auténtica delicatessen, cosa que en los tiempos que corren ya es mucho. Una película que parece querer desmentir la tan famosa cita de Scott Fitgerald que rezaba aquello de que "no hay segundos actos en las vidas americanas". |
| Estados Unidos, 2005. Dirección: Ron Howard. Producción: Brian Grazer, Ron Howard y Penny Marshall . Guión : Cliff Hollingsworth y Akiva Goldsman; basado en un argumento de Cliff Hollingsworth. Música: Thomas Newman. Fotografía: Salvatore Totino. Montaje: Mike Hill y Dan Hanley. Dirección Artística: Peter Grundy y Dan Yarhi . Dirección artística: Peter Grundy y Dan Yarhi. Vestuario: Daniel Orlandi. Duración: 144 minutos. Intérpretes: Russell Crowe (Jim Braddock), Renée Zellweger (Mae Braddock), Paul Giamatti (Joe Gould), Craig Bierko (Max Baer), Bruce McGill (Jimmy Johnston), Paddy Considine (Mike Wilson), David Huband (Ford Bond), Connor Price (Jay Braddock), Ariel Waller (Rosemarie Braddock), Patrick Louis (Howard Braddock). |
|