Romero y sus criaturas

George A. Romero tiene la extraña capacidad de reciclar constantemente su opera prima haciendo que el contenido alegórico de la misma se transforme adheriéndose a los nuevos tiempos. En efecto, en 1968 La noche de los muertos viventes se concibió como el reflejo de una sociedad anclada en el atavismo y el racismo más visceral; en 1978, Zombi expuso la flaqueza y el peligro de un mundo bombardeado por el consumismo más salvaje; en 1985, El día de los muertos mostró que el Apocalipsis ya había llegado en el ecuador de una década marcada por la apatía, la doble moral y la idiotización social. Ahora, en 2005, el discurso de George A. Romero es mucho más explícito que antaño aunque no por ello menos efectivo y contundente, ya que La tierra de los muertos vivientes se convierte en una sangrienta diatriba política, que reflexiona sobre las consecuencias de unas determinadas decisiones de la actual administración republicana estadounidense.

Pero más allá de su contenido político y centrándonos en las cuestiones estrictamente cinematográficas, este nuevo film de George A. Romero resulta su obra más redonda y competente desde El día de los muertos. Perdido durante años en el vacío fílmico (su anterior película, Bruiser, data del año 2000) o en fallidos intentos por mantener su status de autoría (la mediocre La mitad oscura), La tierra de los muertos vivientes representa un cambio de rumbo en su filmografía de asombrosa solidez.

Primero porque el film resulta mucho menos cerrado en sí mismo que otras de sus obras. Más que seguir la estela por él creada, Romero opta por adaptar unas ciertas premisas del cine de John Carpenter como pueden ser las contínuas referencias al cine de Howard Hawks, ejemplificado aquí en el compañerismo y la interdependencia de los personajes interpretados por Simon Baker y Robert Joy o en el detalle de humedecer el punto de mira del rifle directamente vinculado al gesto de Gary Cooper en El sargento York o, también, en la exposición de una estructura narrativa deudora del cine de género tradicional y, más concretamente, del western alejada de la introspección de las anteriores piezas de Romero.

Segundo, porque la visceralidad de sus propuestas pretéritas queda sepultada por el avance lógico de la historia. Es decir, Romero opta por una construcción dramática coherente y por un ritmo adecuado a dicha construcción, desplazando los caprichos experimentales de sus películas anteriores en los que el ritmo parsimonioso e introspectivo deglutía los esquemas narrativos, acercando los films al terreno de una vanguardia extremadamente personal.

Y tercero, porque La tierra de los muertos vivientes simboliza, de alguna forma, el resurgir de un Romero revitalizado, dinámico, plenamente conocedor de las fórmulas necesarias para la creación de un film que no únicamente se desplace de las actuales constantes del género, sino que plantee un conjunto de nuevos derroteros por los que transitar. Comenzando por el alejamiento de sobados maniqueísmos en pro de una aparente superficialidad que esconde un sinfín de matices en los personajes (el interpretado por John Leguizamo, por ejemplo), y terminando por el ya comentado trasfondo político nada habitual en una película (reconozcámoslo) de ambiciones comerciales.

La tierra de los muertos vivientes es, en definitiva, una excelente revisitación a un universo que George A. Romero domina como nadie. Aunque con la mirada situada en la renovación de las antiguas constantes, la adaptación a los tiempos modernos y el subrayado de un contenido crítico, clave para entender el film y las intenciones del propio Romero.

Por Joaquín Vallet R.
cartel
Canadá, Francia, EEUU, 2005. TO: Land of the dead. Dirección: George A. Romero. Producción: Mark Canton, Bernie Goldmann, Peter Grunwald. Guión: George A. Romero. Música: Reinhold Heil, Johnny Klimek. Fotografía: Miroslaw Baszak. Montaje: Michael Doherty. Dirección Artística: Arv Grewal, Marlene Puritt. Vestuario: Alex Kavanagh. Duración: 93 minutos. Intérpretes: Simon Baker (Riley), John Leguizamo (Cholo), Dennis Hopper (Kaufman), Asia Argento (Slack), Robert Joy (Charlie), Eugene Clark (Big Daddy).