Prueba superada

Difícil lo tenía Fernando León de Aranoa con su nueva película para hacer olvidar su anterior propuesta cinematográfica, la multipremiada y aclamada Los lunes al sol.

Una gran parte de los cineastas deben pasar por la dura prueba de vivir un gran éxito, ya que una vez encumbrados es cuando realmente deben demostrar que merecen seguir en la cumbre regalando magníficas obras o por el contrario ser relegados al estamento de la mediocridad que merecen siendo su gran triunfo un cúmulo de casualidades.

El caso de Aranoa es (por suerte) diferente. Con una filmografía corta pero intensa, que mejora y madura con cada nueva película, no era poca la expectación levantada ante el inminente estreno ya fuera por quien deseaba la llegada de éstas princesas para ver si era capaz de continuar dentro de su particular gráfica ascendente, o por el contrario habría llegado un punto en el que se vería incapaz de ir más allá de lo ya conseguido siendo su futura obra una segura y cómoda repetición de lo anteriormente mostrado y conocido como marca de la casa para ganarse un par de goyas y contar con el apoyo del público más "vanguardista" dentro de la clase de gente que opina que Woody Allen es el director más independiente y alternativo del mundo.

Por suerte, si algo ha caracterizado cada película del director de Familia es el rigor y la honestidad, y en esta película vuelve a ofrecernos una buena dosis. Y es que nadie se lleve a engaños. El cine de Aranoa es un cine incomprendido y malinterpretado, términos que él mismo alguna vez ha manifestado. Catalogado desde Barrio como director social, Aranoa demuestra una vez más que su cine no es social ni pretende serlo, es humano, cercano e intimista. Un cine que trata de temas y gente normales y corrientes, tú, yo, él, ella, pero bajo una ligerísima capa de realismo mágico, muy ligera, tanto que a veces la gente no la descubre y por eso lo tacha de falsa épica o salidas de tono. Es esa pincelada de realismo mágico lo que separa su cine del aire social repetitivo y quizás un tanto cansino de Ken Loach, aunque el británico siga ofreciéndonos perlas de vez en cuando.

Salidas de tono como las fantasías de los tres chavales mirando los coches en Barrio, la huida de Santa a las Antípodas en Los Lunes al sol, o las continuas reflexiones de Caye acerca de las princesas y los desvíos en la presente película es lo que hace acercar sus historias y su gente al resto de mortales consiguiendo traspasar la pantalla. No por lo que cuenta o la dureza de sus imágenes sino por la intención, y esa, es la esencia de un verdadero director de cine.

Y como director de cine, el autor de Caminantes viene dispuesto a demoler la imagen ya obsoleta de ser sus películas únicamente mérito del guión. Aranoa, como los grandes ha ido avanzando lentamente pero firme y seguro en cada nueva experiencia cinematográfica. Aquí aúna y conjuga perfectamente la compenetración entre guión y puesta en escena. Desde una gran magnitud de detalles que subyacen esperando a ser descubiertos como el nombre de la protagonista, Caye, abreviación de Cayetana, la cual es nombrada siempre por su seudónimo, un seudónimo que se pronuncia y refleja lo que es ella, una calle. Vive y permanece esclavizada a esa calle de la que nunca podrá escapar. A pesar de contar con algún que otro pasaje demasiado ingenuo o naïf y ciertas situaciones y diálogos innecesarios, la definición y comportamiento de las dos putas es perfectamente extraíble a dos mujeres soñadoras y reales que cada uno conozca. Esa voluntad de no ensalzar y dramatizar el oficio de la prostitución es donde el cineasta demuestra su perfecto control de la historia y sus personajes, hecho que no quita que la película contenga pasajes duros y muy dramáticos de esos que podrían tacharse de fáciles para ganarse el respeto de los críticos y audiencia, pero no por ello menos efectivos (que no efectistas) y porque no, integrados y justificados.

Respecto a su puesta en escena, Aranoa permanece fiel a su estilo de cámara en mano nerviosa siguiendo a los personajes, buscando sus rostros y caras con abundancia de teleobjetivos haciéndonos concentrar en las caras de las protagonistas, siendo ellas las conductoras del relato. El cineasta vuelve hacer del estilo de cámara invisible un arte. Vuelve por los fueros de grandes secuencias semidocumentales unido a una fotografía de corte realista, hermanándola con sus dos anteriores largometrajes, Barrio y Los Lunes al sol.

La diferencia radica en la evolución y madurez del cineasta. Aquí experimenta y acierta con recursos como el montaje, el atrezzo, vestuario y sonido siendo éstos elementos indispensables para la perfecta armonía de la película. Detalles como el sonido del teléfono de Caye (igual de nervioso que el de Érase una vez en América) que se adueña de unas cuantas secuencias, provocando la asociación de ideas en el magnífico final, la camiseta de Sexy Girl, o como ser un elemento de vestuario el catalizador y fuente de atención y empatía del público con la protagonista. El protagonismo absoluto del teléfono móvil, y el montaje cortante y directo de Nacho Ruiz Capillas que salva en más de una ocasión una cierta falta de ritmo, y es que eso es cierto, desde Los Lunes al sol, Fernando León le ha cogido el gusto a esto de las películas largas.

Aupado y apoyado por las dos magníficas protagonistas, desde una ajustada y esforzada Candela Peña hasta el gran descubrimiento de la película, Micaela Narváez, Fernando León demuestra con sus princesas que no sólo ha salido victorioso de su prueba, sino que es uno de los escasísimos cineastas (que no directores) de los que nuestra cinematografía se debe sentir orgulloso.

Y no es para menos. Siendo un gran fan de Springsteen como es él no se pueden hacer malas películas, es así, no hay más.

Por Emilio Mtez.-Borso
cartel

España, 2005. Dirección y guión: Fernando León de Aranoa. Producción: Fernando León de Aranoa y Jaume Roures. Fotografía: Ramiro Civita. Música: Alfonso de Vilallonga y Manu Chao. Vestuario: Bina Daigeler. Montaje: Nacho Ruiz Capillas. Dirección artística: Llorenç Miquel. Duración: 113 min. Interpretación: Candela Peña (Caye), Micaela Nevárez (Zulema), Mariana Cordero (Pilar), Llum Barrera (Gloria), Violeta Pérez (Caren), Mónica Van Campen (Ángela), Flora Álvarez (Rosa), María Ballesteros (Blanca), Alejandra Lorente (Mamen), Luis Callejo (Manuel).