«Néstor Almendros es consciente de ejercer un arte al tiempo que practica un oficio» François Truffaut (1)
No puede ser más acertada la frase del realizador francés François Truffaut para definir el trabajo de Néstor Almendros. Este español culto y cinéfilo desde muy joven, ha sido uno de los más reconocidos directores de fotografía. Su trayectoria es envidiable. Trabajó con los más grandes; Eric Rohmer, François Truffaut, Alan Pakula, Terrence Malick, Mike Nichols o Martin Scorsese, por citar algunos.
Almendros aprendió a mirar gracias al arte, a la pintura y la escultura, en la obra de los artistas de principios del siglo veinte. Como consecuencia, su "mirada" a través de la cámara es profunda, de una gran madurez artística. «Para mí — explica Almendros— las principales cualidades de un director de fotografía son la sensibilidad plástica y una sólida cultura. Lo que llaman "técnica cinematográfica" no posee más que un valor secundario: es cuestión, sobre todo, de ayudantes» (2).
Poseía, sin embargo, un gran dominio de la técnica y un respetuoso amor por su oficio. En su fotografía, y esto hace de su trabajo algo notable, se aprecia el uso de ciertos básicos recursos pictóricos; la necesidad de la utilización de un encuadre milimétrico, la extracción de la realidad concreta que se quiere plasmar a fin de obtener la exacta composición que requiere el plano. Asimismo, el trabajo con la luz para Almendros tenía como finalidad acercar el cine todo lo posible a la realidad, la película debe ser creíble a toda costa y defendía la conveniencia de que el diseño de la fotografía fuese especial y único para cada proyecto concreto.
Pero no sólo la pintura influyó en la excepcional calidad de su trabajo, Almendros era también un cinéfilo empedernido. «Estoy convencido de que ver los clásicos del cine en las filmotecas es la mejor escuela» (3). Amante del cine mudo, admirador del cine de los grandes maestros, Murnau, Lang, Mizoguchi, Kurosawa, Buñuel, Rossellini..., de los cineastas de la nouvelle vague (4) y de directores de fotografía como G.R. Aldo, Rudolph Maté o Gregg Toland.
Néstor Almendros se formó en el New York City College y en el Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma. Después de su experiencia en la capital italiana, vuelve a Nueva York en la década de los cincuenta donde comienza a rodar cortos en 16 mm y se adentra en el mundo de la crítica cinematográfica a través de las páginas de la revista Film Culture. Con posterioridad viaja a Cuba donde realiza sus primeras películas profesionales de género documental y algunos cortometrajes en el ICAIC. (5)
Influido, al igual que otros tantos directores de fotografía del momento, por el trabajo de fotografía "realista" del neorrealismo italiano y los cambios que fueron retomados por la nouvelle vague, con los que reconocía muchos puntos personales y profesionales en común, decide dejar Cuba y trasladarse a Francia. Fotografía algunos cortos de Rohmer y Eustache.
Serán Rohmer y Truffaut los directores con los que colaborará con mayor asiduidad en esta etapa francesa y sus "fieles directores" durante toda su carrera.
Durante las décadas de los sesenta y setenta trabaja con Rohmer en La coleccionista (La Collectionneuse, 1966), Mis noches con Maud (Ma nuit chez Maud, 1969), La rodilla de Clara (Le genou de Claire, 1970), El amor después del mediodía (L´amour l´aprés-midi, 1972), La marquesa de O ( La Malquise de´O, 1975), Perceval le Gallois (1977). Fotografió quizás las mejores películas de Truffaut con el que rueda ocho de sus filmes; El pequeño salvaje (L´enfant sauvage, 1969), Domicilio conyugal (Domicile conjugal, 1970), Las dos inglesas y el amor (Les deux anglaises et le continent, 1971), La historia de Adéle H. (Histoire d´Adéle H., 1975), El amante del amor (L´homme qui aimait les femmes, 1977), La habitación verde (La chambre verte, 1977), L´amour en fuite (1978) y El último metro (Le dernier métro, 1980) con la que ganó el premio César de la Academia del cine francés.
También es interesante resaltar su trabajo en la película de la escritora Marguerite Duras, Des journées entiéres dans les arbres de 1976 y en ese mismo año rueda con Terrence Malick, Días del cielo (Days of heaven), por la que gana el Oscar a la mejor fotografía. En ella propuso, con el visto bueno de Malick, algunas novedosas técnicas para rodar las numerosas escenas de noche, como, por ejemplo, utilizar fuego auténtico para iluminar los rostros de los actores en las secuencias donde están cerca de una fogata y siempre con la intención de conseguir el mayor realismo posible. Fotografía también unas hermosas imágenes del atardecer y del amanecer, durante la llamada "hora mágica", que crean ese especial lirismo tan del gusto del realizador norteamericano.
La carrera de Almendros va y viene de un país a otro, de Francia a Estados Unidos, de Alemania a España donde rodará con Vicente Aranda Cambio de sexo en 1976, siempre dependiendo de a donde le lleven sus proyectos. Sin embargo, después de esta etapa errante, en 1978 regresa a Nueva York para rodar con Columbia, Kramer contra Kramer dirigida por Robert Benton y con Dustin Hoffman y Meryl Streep como principales protagonistas. La película se convirtió en uno de los éxitos comerciales de la década de los setenta. A partir de este año, y exceptuando algunas películas de producción europea (últimas colaboraciones con Truffaut y Rohmer), el trabajo de Almendros se centrará en producciones americanas. Destacaríamos de esta etapa; La decisión de Sophie (Sophie´s choice, 1982) de Alan Pakula, Se acabó el pastel (Heartburn, 1985) de Mike Nichols, el documental Imagine: John Lennon, 1988, dirigido por Andrew Solt y sus dos colaboraciones con Scorsese, Historias de Nueva York (New York stories, 1989) (6), y Made in Milán de 1990.
Una excepcional carrera detrás de la cámara en la que además de casi cincuenta largometrajes y multitud de cortometrajes, destacará su trabajo en el mundo de la publicidad, como las campañas para el diseñador italiano Giorgio Armani, realizada por Scorsese y trabaja, entre otros, con el gran fotógrafo Richard Avedon para una publicidad de Calvin Klein.
Almendros es sin duda alguna uno de los profesionales que más ha influido en el cine moderno. Si, por casi todo el mundo, es reconocida la figura del director, y más en el cine actual en el que muchos aficionados van en masa a ver tal o cual película de Spielberg, Almodóvar o Shyamalan, muy pocas veces se conoce y aprecia al profesional que está junto a él en las sombras, el que enmarca e ilumina el rostro hermoso de una actriz o es capaz de crear una imagen de tal fuerza visual que permanece imborrable para siempre en nuestra memoria.
Contraposición realidad/ficción en el trabajo de cámara.
Este tan debatido tema entre los críticos e historiadores cinematográficos es quizás la piedra angular del oficio del director de fotografía. La transposición de la realidad en algo ficticio, su enmascaramiento o fraccionamiento a través del cine ha planteado ciertas cuestiones sobre la misma esencia del fenómeno cinematográfico. Es sin duda un tema apasionante, del que el director de fotografía, a través de su oficio, toma partido de manera directa y absoluta, transfigurando o segmentando parte de esa realidad. Almendros dedicará muchos de sus ensayos o apuntes cinematográficos a este tema. Su trabajo con la cámara cinematográfica buscó siempre el acercamiento más fiel a la realidad, ese naturalismo, esa verdad que proyectaba desde su mirada, la fidelidad a lo que le rodeaba, son quizás los valores más destacables de su oficio. «La realidad siempre es mágica» diría André Bazin.
De Almendros he leído en su Días de una cámara la mejor definición de cine como transformación de la realidad. La reproduzco a continuación: «Creo que el cine es una forma de arte generosa. A través de los objetivos, se produce sobre la emulsión fotográfica algo así como una automática transfiguración. Todo parece más interesante en película que en la realidad (...) hay como una magia en el cine: la cámara potencia la realidad» (7)
Algo que me ha hecho recordar una frase de Truffaut; Hacer una película es mejorar la vida...
Para finalizar me gustaría desde esta página recomendar fervientemente la autobiografía de Néstor Almendros, Días de una cámara, no sólo porque su lectura es una delicia para todo buen cinéfilo, sino porque contiene un interesante análisis de su oficio, nos da algunas pistas para comprender el por qué el cine ha llegado a ser hoy día como es, y transmite en cada página ese incondicional amor por el cine que acompañó durante toda su vida a este maestro de la luz.
(1) Almendros, Néstor. Días de una cámara. Editorial Seix Barral, S.A. Barcelona, 1990, pág. 8. Prefacio de François Truffaut.
(2) Ibid, pág. 18
(3) Ibid, pág. 29
(4) Nouvelle Vague; movimiento aparecido en los años cincuenta y que agrupaba a algunos de los más importantes realizadores franceses; Jean-Luc Godard, François Truffaut, Eric Rohmer, Claude Chabrol, entre otros. Expresaron sus ideas a través de las páginas de la ya mítica revista Cahiers du cinéma fundada por André Bazin.
(5) Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos
(6) Las historias cortas que componían la película Historias de Nueva York están dirigidas por Woody Allen, Francis Ford Coppola y Martin Scorsese, con los directores de fotografía; Sven Nykvist, Vittorio Storaro y Néstor Almendros respectivamente.
(7) Op.cit. Días de una cámara, pág. 18
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