Quizás Jack Lemmon tuvo razones para no cenar nunca allí

Septiembre, septiembre... el mes por antonomasia para incubar depresiones, debidamente regadas con ese vino joven recién vendimiado. Si no les apetece andar entre copas, se recomienda arrancar nuevo curso con uno de tantos coleccionables en 150 entregas ("enfermedades venéreas en la Europa de entreguerras", "tu casa de muñecas vietnamita", "chuzos de cerámica a escala 1:5") que demuestran lo efímero de nuestros propósitos y lo ridículo de nuestras pasiones.

En este país, este némesis colectivo coincide con un acontecimiento que invita directamente al harakiri : el festival de San Sebastián, su consabido palmarés risible y esa lucha denodada por perder definitivamente la clase A. Se lo están currando, la verdad...

¡No se vayan, que hay para todos!

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Epopeya revisionista y elogio del productor consecuente.- Cae entre mis garras el director's cut de El submarino, con una frase en la portada del DVD de esas que echan p'atrás: "la obra maestra de Wolfang Petersen" (tachaaáaan). Dudo que nunca jamás el bueno (y eficaz) de Petersen haga nada siquiera cercano a eso de "obra maestra", pero... en fin, doctores tiene la iglesia (recuérdenme que un día de estos le dedique unos párrafos a frases promocionales gloriosas: "del cuatro veces nominado por la academia", "del asistente de producción de", "del mismo equipo que hizo tal"... )

A lo que iba. Primer pero: la duración. ¿Por qué director's cut acostumbra a ser sinónimo de mastodonte interminable? Le pasó a Coppola con su Apocalypse Now Redux (que por mucho que la retoque o le vaya sumando metraje, seguirá siendo —esta sí— una obra maestra) yéndose casi a las cuatro horas con la versión "esta-si-es-la-buena-de-verdad-de-verdad" (hasta que se cumpla el... ¿30 aniversario?). Petersen no quiso ser menos en su momento y estiró las andanzas de sus soldaditos de plomo hasta las 3 horas y 20 minutos.

Un servidor cree que quizás habría que poner en duda la utilidad de dejarle al director que se le vaya la olla, aprovechando que ahora con los formatos digitales la cinta "no se acaba"; permitiéndole, en suma, que añada ese kilómetro de escenas que descartó (¿por qué no pensar que acertadamente?) en la sala de montaje (o delante del ordenador, habrá que empezar a decir desde ahora). A pesar de todo, los comentarios de los directores aludidos van siempre en la misma dirección: esos nuevos tres cuartos de hora los consideran "esenciales" para entender el desarrollo de la historia o de cierto personaje.

Pensaba que la autoría maltratada reivindicaría otras cosas, apresurándose por incluir cierta escena censurada, cambiar algo que no quedó del todo de su gusto por una escena desestimada a última hora por presiones inconfesables... ¡qué se yo! Pero no: invariablemente director's cut equivale a perder toda una tarde volviendo a ver lo mismo... pero peor contado.

El submarino sigue siendo una película claustrofóbica y algo ingenua en su visión del nazismo, plagada de altos mandos que maldicen a Hitler (siempre que la guerra se nos cuenta desde el bando "malo", los protagonistas son visionarios pseudo-demócratas... ¿qué hacen que no han desertado y están luchando del lado de Churchill?), soldados que se enamoran de francesitas (porque en el fondo los nazis no eran nada racistas, ¿qué os creíais?) y lobos grises a los que se les cae una lagrimita después de torpedear cargueros británicos. Ays, cuánta tontería...

Un detalle folklórico que se me había pasado por alto en su momento. El maltrecho sumergible debe de hacer escala en Vigo. Mecidos por las olas en una noche calmada, se acercan a las costas españolas, donde puede escucharse, en la lejanía... el tañer de una guitarra española. ¡Y olé!

Lecturas de la última noche del verano.- Se trata del libro La caza de brujas en Hollywood de Román Gubern. Libro esclarecedor, conciso y didáctico, me aclara de una vez por todas algunas de las dudas que me presentaba uno de los tramos más oscuros de la historia (no sólo del cinematógrafo) americana.

Repasando el acta oficial del congreso del 28 de diciembre de 1952 uno encuentra nuevamente los nombres de aquella generación perdida, de aquella izquierda americana que, como dijo Orson Welles, « se traicionó para salvar sus piscinas». Entre los centenares de víctimas silentes, personalidades del tamaño de Herbert Biberman, Dashiell Hammett, Lilliam Hellman, Joris Ivens, Joseph Losey, Dorothy Parker, Abraham Polonsky, Robert Rossen, Art Smith, Dalton Trumbo. Demasiado talento para exhibirlo en tiempos del miedo. Y entre los delatores, algunos nombres que recordar no quiero...

Gubern nos cuenta sus batallitas en un postrero capítulo añadido a partir de la tercera edición (Post-scriptum: una película con final infeliz) y que francamente está de más. Quédense con el resto, que incluye perlas como esta:

(Trumbo interrogado por el inquisidor J. Parnell Thomas sobre veinte guiones que había entregado a la comisión para que le indicasen qué tenían de subversivos).

Thomas: ¿Puedo preguntar qué extensión tienen esos guiones?

Trumbo: Un promedio de 115 a 160 ó 170 páginas.

Thomas: Demasiadas páginas.

La "nueva" programación de Televisión Española, la de "todos".- ¿Se acuerdan hace un año, cuando llegó el PSOE al poder? ¿Aquél discurso de la "renovación" de la "democratización definitiva de una cadena sectarizada"? Lo peor de los cambios políticos es que nos hacen albergar tantas esperanzas...

Y es que la televisión (esa vergonzosa televisión que teníamos antes y que seguimos teniendo ahora) es una perita en dulce que ningún gobernante en sus cabales "soltará" porqué sí. Si ya el año pasado sorprendía la apresurada incorporación de "afines" (incluido el decepcionante y desaparecido en combate Gran Wyoming), lo de esta ya bate records: Loles León, Pilar Bardem, Rosa María Sarda... ¿existe algún actor presuntamente socialista en el paro?

No teman, no echo de menos el pasado. Aunque el presente me provoque arcadas.

Nueva Orleans y O.K. Corral.- El siglo XXI parece empeñado en pasar a los anales como aquél en el que la naturaleza y la historia se pusieron a imitar a los guionistas malos de Hollywood.

Uno siempre se había preguntado de dónde les venía a los americanos esa deferencia mistificada hacia la figura del sheriff, del que impone la ley con dos... pistolas. Cuán refulgente debía de ser el brillo que desprendía la estrella de latón. Qué razones psico-genéticas llevaban a que un pueblo no fuese tal hasta que el peacemaker hubiese hecho su labor.

Ahora lo tenemos más claro. Cuando el cañón de la escopeta baja, cuando no hay nadie en los alrededores para colgar a los cuatreros y meter en la diligencia a las mujeres perdidas, resulta que el primer país del mundo se transforma en O.K. Corral, plagado de Ikes dispuestos a hacerse con el control del pueblo.

No, en Europa las cosas no irían mucho mejor en el caso de una catástrofe similar. Aunque las causas de tantos desmanes, desde aquí, nos parezcan tan obvias... quizás... si no tuviese todo el mundo una 'pipa' debajo del colchón... quizás... digo yo, ¿eh? (¿O sueno demasiado simplista?)

La cautiva , de Chantal Akerman.- Bueno, esto que viene a continuación es un ajuste de cuentas con uno de los escritores más sobrevalorados del siglo pasado: Marcel Proust (yo, como siempre, haciendo amigos).

La propaganda editorial que coincidió con el relanzamiento de su obra cumbre (esa En busca del tiempo perdido de la que todo el mundo hablaba aunque nadie la hubiese leído), sumado a mi eterno complejo de inferioridad, me decidió finalmente a emprender la ingente (y créanme que baldía) labor de pasearme con desgana por sus 3.500 páginas (si alguna vez escribo mis memorias, prometo ser más breve, por simple deferencia hacia mis lectores).

La película de la Akerman se centra en el quinto libro, La cautiva (o La prisionera, que con esto de las traducciones nunca se sabe). Seamos sinceros: la cineasta supo plasmar a la perfección las pulsiones de Marcel, heredando tanto el ritmo pausado de su narración como el carácter ambiguo de sus relaciones con las chicas de Balbec. El único pero se lo pondría a un final impostado y algo melodramático, cuándo lo ideal hubiese sido respetar el original proustiano, y concluir con la partida / huida de Albertina (no en vano, el sexto volumen se titula La fugitiva).

¿Que la película es aburrida, meditabunda? ¿Que se hace difícil entender al personaje principal? Nada comparado con el referente literario, créanme. Porque ocurre que La recherche es un anecdotario largísimo y algo desordenado de la vida (o mejor dicho: de la no-vida) de un hombre. Reconocerle su carácter pionero (¿el primero en convertir la propia existencia en materia de creación, en buscar la redención a través del arte, con el permiso de San Agustín?) no es óbice para asegurar, también, que Marcel Proust fue un tipo afectado cuyo supuesto éxito "en sociedad" nos lleva a sospechar la terrible mediocridad del medio en el cuál se desenvolvió.

Pero alguien que consideraba la amistad una pérdida de tiempo o el amor una simple enfermedad, un hombre que jamás tuvo que dar un palo al aguapara ganarse las habichuelas, un niño sobreprotegido cuya supuesta debilidad no le impidió superar la cincuentena... un diletante que se paseó de salón en salón babeando tras los apellidos de condesas y duquesas no puede ocupar un puesto de honor junto a Cervantes, Stendhal o Joyce.

Y se me ocurre que Marcel hizo como algunos directores del aclamado "nuevo" cine: contarnos cosas que sólo a él parecían interesarle.

E-mule kills the cinema star.- Navegando por mi foro cinéfilo favorito (www.cinexilio.tk) doy con una inacabable discusión sobre el tema de moda: la muerte del cine.

Soy de los que creen fervientemente que el cine está más vivo que nunca (lo cuál no significa que el cine que se hace ahora me guste más que el de antes). Lo que sí ha cambiado, quizás para siempre, es la forma de ver ese cine. Y lo que muchos ignoramos es que esto puede acabar cambiando también el cine que vemos.

Si el cine es sólo un negocio, está bastante claro que algunas de las mejores películas del año (alguno de los mejores directores del momento) no gozarán de su semana de gloria en ninguna pantalla patria. Porque, efectivamente, la exhibición de sus películas no sería rentable.

Y he aquí la gran paradoja: nos gustan algunos autores cuyas nuevas películas carecerán a buen seguro de carrera comercial. O si la tienen, será dentro de dos / tres años, cuando algún exhibidor caritativo encuentre un hueco de dos semanas donde encasquetarla, brillante "puente" que cubrirá el vacío entre dos blockbusters. El problema es que para aquel entonces, todo el público potencial que tendría ese filme ya habrá colmado sus ansias recurriendo a métodos tan fraudulentos como eficaces. Y el problema, también, es que esta nueva generación de cinéfilos que ve exclusivamente cine en casa, creerá que no es necesario pagar por ver lo mismo en 35 mm., que su visionado en la sala oscura no le va a reportar ningún beneficio.

Esta situación llevada al paroxismo acabaría con el cine "distinto" (acabará, acabará). O se habilitan cauces para que este nos llegue "a tiempo" (¡sólo pedimos verlas a la vez que nuestros vecinos franceses!) o la oferta cinematográfica en las grandes ciudades (con sus cientos de multisalas desparramados en centros de ocio que gozan de exenciones culturales) quedará limitada a media docena de títulos no recomendados para mayores de 18 años.

Ophuls se escribe sin diéresis.- Marcel (el hijísimo de Max, afamado director de documentales históricos más allá del imprescindible The sorrow & the Pity ) estuvo de gira por España, glosando la figura paterna en diferentes canchas. Concedió muchas entrevistas, se paseo por institutos franceses y... sí, recaló también en la Filmoteca de Barcelona.

Cuenta el bueno de Marcel que su padre, de alguna manera, viene a ser la demostración palpable de que tampoco hacen falta grandes historias para conseguir hacer películas inolvidables. Junto a Pabst o Sirk, forma parte de una estirpe de directores capaces de hacer algo notable (cuando no directamente excelente) partiendo de noveluchas o culebrones mal hilvanados.

Tanto daba: Max imponía su elegancia, su ritmo. Cámaras ubicadas en atrevidas posiciones, travellings para filmar desfiles, actuaciones circenses, bailes... ¿decadente, enfermizamente romántico? El hijo desmonta el mito, afirmando alegremente que su padre era un conquistador que las volvía locas («¡cuán engañada tenía a mi madre!» ).

Ophuls (un alemán nacido en Saarbrucken que sacrificó la diéresis de su apellido al adoptar la nacionalidad francesa) es el director itinerante por excelencia, un nómada del norte que trabajó en media docena de países europeos antes y después de hacer las américas. Entre las películas que se han podido ver de él este mes, destacar su producción de los años 30: La esposa vendida, La bella enemiga o Divina... en octubre prometo volver a hablar de él.

"¿Qué le hace a uno crítico de cine?".- Pues meditaba yo sobre este asunto, que parece traerles por la calle de la amargura a algunos compañeros de redacción, torturados por el deber "moral" del que se creen investidos al tener la oportunidad de hacer públicos sus gustos (un honor tan dudoso como azaroso). Como yo siempre he rehusado recibir tamaño apelativo (mas que nada porque los que sí lo reciben o firman como tales me producen un rechazo instantáneo hacia este oficio inventado, impostado por unos "profesionales" sedientos de legitimidad), mis dilemas hamletianos son bastante más básicos.

Todavía hay quién cree que ser crítico de cine es sinónimo de "saber de cine". Lo siento por ellos y por quienes les siguen: en cuestiones artísticas tener referentes totémicos es tan ridículo como creer que nuestro propio parecer va a condicionar a las masas.

De hecho, para dedicarse al apestoso mundo de la "crítica" la única condición necesaria es que te guste escribir. Fíjense que no digo "escribir de cine". Lo que nos caracteriza a ciertos individuos es la necesidad de dejar constancia de lo que vemos, de lo que hacemos, de lo que nos perdemos mientras... escribimos. Es toda una paradoja.

Algunas de las personas que he conocido y que más "sabían de cine", jamás verán su nombre publicado en site alguno. Y habían visto miles de películas, leído centenares de libros, asistido a decenas de proyecciones. Pero les faltaba afán de notoriedad o quizás les sobraba humildad, no lo sé.

Ellos serían los únicos dignos de llamarse críticos. Pero viene a ocurrir como en la literatura: sospecho que los mejores libros que se han escrito... jamás fueron publicados. Mi reconocimiento, pues, a todos aquellos sabios anónimos de los que aprendimos y a los que plagiamos continuamente.

David Mamet, dramaturgo .- Nunca me ha apasionado el teatro. ¿Por qué arriesgarse a una única toma cuando el cine permite la repetición de la escena hasta que todo quede a pedir de boca? Tampoco me gustan esas dicciones perfectas —ya saben: voz engolada y potente, absolutamente irreal— de la mayoría de los actores que se suben a las tablas. O quizás lo único que ocurra es que me da cierto respeto estar tan cerca del medium, sin la protectora intercesión de la pantalla.

Sea como fuere me dejo caer por la sala pequeña del Lliure, una especie de potro de tortura para actores: los 150 espectadores se disponen en círculo alrededor del espacio escénico, sentados prácticamente en el mismísimo lugar de la representación.

La obra era Un matrimonio de Boston. Intrigas amorosas de dos lesbianas "de época" y edad desigual o una nueva excusa para que David Mamet despliegue su conocido juego del gato y del ratón: ¿quién engaña a quién? Se demostrará nuevamente que sabe más el Diablo por viejo...

El que no llora no mama.- Pues al parecer hay mucho malestar en el "cine español" (¿quiénes son esos?) porque andan mal de 'guita'. Como lo oyen. El que el año (artísticamente) este siendo horrible, se las trae al pairo. Ellos lo que quieren son nuevas desgravaciones fiscales para "atraer a los inversores privados" al ámbito de la producción. ¿Algo más?

Cada cuál recoge lo que siembra. A nadie pareció importarle que la producción quedase en manos de tres o cuatro grandes (y menos ahora, que pertenecen a su misma "cuerda" política). Ni que la distribución fuese un monopolio de facto de las majors. Cuando los beneficios empiezan a descender, todo son lamentos, rasgado de vestiduras y lágrimas de cocodrilo. Pero qué pena que dais... vamos, que estoy por ponerme un lacito para solidarizarme con vosotros. ¿Organizamos una colecta?

¿Quién era Joao Cesar Monteiro?.- Pues su nombre comenzó a decirnos algo a raíz de su muerte (¡porca miseria!) y del estreno póstumo de su Vai e vem, reivindicadísima película que pasó cuál exhalación por las carteleras del país (no me pondré tendencioso: yo tampoco pude verla).

Rescato Las bodas de Dios en pantalla grande, un cuento ácrata y malicioso sobre el destino, el libre albedrío, el amor y el Portugal de finales del siglo XX. Enumeración de refranes con mucha sorna ("hora a hora, Dios mejora") y el placer de ver en acción a un hombre inteligente, hiriente y con ganas de escandalizar: un anciano que no duda a la hora de marcarse una escena de cama la mar de potente con una veinteañera bien apetitosa. ¿Y por qué no?

Por lo leído, Joao de Deus (el personaje protagonista de la película) ha sido ya su alter ego en un puñado de ocasiones; vendría a ser algo así como Chinasky para Bukowsky o el 'Beat' Takeshi para Kitano. Un Juan de Mairena, un filósofo de los que utilizaban el martillo e introducía el dedo en el (generalmente) complaciente ojo del espectador.

San Sebastián 2005. «¡Que inventen otros!». Decepcionante selección de películas a concurso en la Concha. Las excusas son las de siempre: que si Venecia está demasiado cerca en el calendario y nos quita lo mejor, que si esto, que si lo otro. En definitiva: competidores de escasa valía para que triunfe el equipo de casa.

Porque para variar, hubo un rincón para el reconocimiento patrio: premio al mejor actor para Juan José Ballesta por 7 vírgenes. ¿Casualidad? ¿Galardón merecido? Uno es muy desconfiado y mala persona (es lo que tiene la memoria) y se ha pasado una tarde navegando por el histórico de premios de Donostia. Y para muestra, aquí va un botón: mejor actor (Luis Tosar) y mejor actriz (Laia Marull) por Te doy mis ojos en 2003, concha de oro para Los lunes al sol en 2002, mejor actriz para Pilar López de Ayala por Juana la loca en 2001, mejor actriz para Carmen Maura por La comunidad en 2000, mejor actriz para Aitana Sánchez Gijón por Volavérunt (¡qué horror!) en 1999, mejor director para Fernando León de Aranoa por Barrio en 1998, concha de oro para Bwana (¡santo Dios!) de Imanol Uribe en 1996, mejor actriz para Victoria Abril por Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto en 1995, concha de oro para Imanol Uribe (tener nombre o apellidos que revelen ineluctablemente el signo de tu Rh ayuda lo suyo) por Días contados en 1994, mejor actor para Juan Echanove (jeje) por Madregilda en 1993 (en ese mismo año: premio especial del jurado para Huevos de oro de Bigas Luna. Nunca mejor dicho: ¡con dos cojones!), concha de oro para Alas de Mariposa en 1991, concha de oro para Montxo Armendáriz (fijo que es de Cuenca por el nombre) por Las cartas de Alou en 1990, premio especial del jurado para Fernando Fernán Gómez por El mar y el tiempo en 1989, mejor dirección para Gonzalo Suárez por Remando al viento en 1988, mejor actor (Imanol Arias) y mejor actriz (Victoria Abril) por El lute (camina o revienta) en 1987, concha de oro para La mitad del cielo en 1986 (¡y concha de plata para 27 horas de Montxo Armerdariz! ¡Que no decaiga!), concha de plata para La corte de el Faraón en 1985 (¿por qué contentarse con uno? ¡Y mejor actriz para Mercedes Sampietro por Extramuros !)...y ... y....

...y dos huevos duros.

Me he cansado y lo he dejado en 1985. Atendiendo al número de premios recibidos en las últimas dos décadas, pocas dudas caben: la cinematografía española es la más potente del mundo, de largo. ¡Que aprendan los catetos de los americanos! Lástima que cuando se trate de algún festival serio (esto es: no aldeano ni provinciano, únicamente interesado en el CINE) rara vez seleccionen nuestros filmes a concurso (¡envidiosos!).

San Sebastián apesta. Que los productores se busquen otra plataforma para lanzar sus fraudulentos estrenos de la temporada.

Palabra de Ben Gazzara.- Hoy me he propuesto no concluir hablando de pajarracos. Aquí van las palabras de un lindo pajarito que se posó en el Kursaal : el incombustible Ben Gazzara, colega de John Cassavetes.

Soltó un par de perlas que deben constar aquí. «Ya no veo historias bien contadas sobre la condición humana». Y preguntado sobre la eterna queja de los europeos por la invasión del mercado por parte de productos made in usa, un dardo glorioso: «bueno, no les culpo a ustedes, los europeos, por pensarlo... pero para combatir esa invasión, hay que hacer películas... buenas películas, I mean».

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Jorge-Mauro de Pedro es redactor jefe de Miradas de Cine, lector empedernido y cinéfilo compulsivo, de gustos más que discutibles...