Crónica V, 26 y 27 de octubre

Me temo que tampoco tengo hoy el privilegio de informar de ninguna maravilla, aunque las de sección oficial vistas han sido al menos interesantes, y una de ellas una sorpresa agradable.

Conversaciones con otras mujeres del estadounidense Hans Canosa es una película sorprendente, pero muy tramposa. La pantalla se parte en dos en un juego de espejos que descoloca, sorprende y no augura nada bueno, pero que el director explota con solvencia para mostrar dos puntos de vista diferentes de la historia, pero también para escenificar recuerdos, situaciones pasadas, o presentes alejadas del lugar de la trama. En la mayor parte de la película el recurso aparece innecesario, mostrando ambas básicamente lo mismo, pero hay momentos en los que resulta brillante. Los diálogos son también muy brillantes, quizá demasiado hasta resultar artificiosos en algún momento, y las interpretaciones de los protagonistas, Aarón Eckhart y sobre todo de Helena Bonham Carter, son más que solventes. Especialmente ella es lo mejor de la película. Sin embargo el guión es un cúmulo de trampas y contiene algunos gazapos que hacen que, una vez pensada un poco la película, a uno le dé la sensación de que le han tomado el pelo, y dudo mucho que la película resista un segundo visionado.

En "Punto de Encuentro" se proyectó una de las cintas más esperadas del festival, la norteamericana Kiss kiss bang bang, del primerizo como director Shane Black (aunque experimentado guionista de "joyas" como Arma letal, Memoria letal, El último boy scout, El último gran héroe y similares). En alusión al título, y como se podía esperar con sus antecedentes como guionista, la cinta tiene mucho más de bang bang que de cualquier otra cosa. Comedia de acción pura y dura cuya única posible salvación es ser totalmente descreída, irónica y falta de pretensiones; a ratos parece una auténtica coña aunque incluso con esto se pasa en alguna ocasión. Sin embargo tampoco es muy graciosa que digamos, aunque intentando que todo sea un puro chiste acaba habiendo alguno bueno, siempre y cuando tu nivel de inglés sea estratosférico o leas los subtítulos a la velocidad de la luz, porque la verborrea que se traen los personajes es torrencial. Muchos de esos chistes tienen como blanco un personaje homosexual, así que lo que a algunos les parecerá homófobo para otros será tan solo políticamente incorrecto. Yo me abstengo en el debate. Y luego, queda la otra famosa polémica sobre la trivialización de la violencia y todo eso tan manido. Aquí no me abstengo. No sólo me parece fatal, sino que además en esta (y muchas otras) películas parecen con su actitud justificar el maltrato y la violencia contra malvados y delincuentes, apareciendo en este sentido como un elemento más de adoctrinamiento para que el público justifique la acciones represivas y mermas de derechos. En fin, después de la crónica de ayer tengo algo de resaca con este tema.

Esta mañana (27, creo; ya no sé ni en qué día vivo) hemos podido ver una interesante película española (y ya sabéis que afortunadamente el chauvinismo hispánico no abunda precisamente en esta revista). Se trata de Segundo asalto, de Daniel Cebrián. La película tiene una doble vertiente de drama pugilístico y thriller que la convierten en una rara avis en el cine patrio. Muy bien interpretada por un elenco que incluye jóvenes actores, como el protagonista Alex González, y veteranos consagrados como el gran Darío Grandinetti, que está que se sale en un papel nada parecido a lo que estoy acostumbrado en él (ya se imaginan, recitando a Benedetti en una de Subiela). Hay que avisar sin embargo que la película empieza bastante mal, con muchos tópicos y no muy bien hilvanada, pero a medida que va dominando la vertiente de thriller, a eso de mitad de la película, va ganando pulso y todo la segunda parte engancha, llegando a ser sobresalientes algunas escenas, como en los dos emocionantes atracos magníficamente rodados. Además entronca muy bien con el entorno en el que se desarrolla la trama, un barrio marginal con paro, inmigración y un futuro bastante negro, sin que esta vertiente que podríamos llamar "social" resalte o moleste en ningún momento el fluir de la trama. En definitiva, que sin ser una película expléndida si que es una obra digna y bastante por encima de la media de esta caótica edición del festival.

Mañana las 8:30 de la mañana, Manderlay, de Lars von Trier. No sé si podré dormir esta noche.

Por Javier Castro
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