Crónica V, 27 y 28 de octubre

Manderlay de Lars von Trier sólo tiene un problema, pero grave. Ese problema se llama Dogville. Si no fuera por su antecesora sería una película extraordinaria. Le pasa un poco lo que ya dije de La espada oculta de Yoji Yamada con su antecesora El ocaso del samurái. Manderlay y Dogville son básicamente la misma película, con la misma estructura, la misma moral, el mismo juego dramático, la misma ambientación. Pero también es igual de fascinante, de provocativa, de sugerente, de magistral. Aunque esta tenga más comedia y menos sufrimiento. Un palimpsesto en el que se dan varios niveles de interpretación, pero eso no quiere decir que sea abierta. Trier te va a llevar siempre a donde quiere, con su pedantería arrogante pero certera. Nunca elige las soluciones fáciles, lo políticamente correcto, la normalidad. Ataca a la clasista sociedad moderna, y no diré americana, puesto que estas dos entregas de la “trilogía americana” podrían ambientarse en cualquier país occidental, sus conclusiones son igual de válidas porque en todas se dan las mismas circunstancias. La hipocresía, autocomplacencia y crueldad de la clase acomodada, la miseria de los que van tirando a cualquier precio, el conformismo y egoísmo de los que no tienen nada. Nadie se salva de la cruel pero certera mirada de Lars von Trier, ni negreros, ni esclavos, ni gansters, ni Grace. Grace es como cualquiera de nosotros que nos consideramos concienciados y capaces de mejorar las cosas. Su arrogancia es la mía. Pero cuando intenta aplicar sus elevados valores se topa con que la realidad la sobrepasa y tiene sus propios patrones que ella no concibe y no sabe manejar. Bryce Dallas Howard está magnífica haciendo de Grace sin que se eche en falta a Nicole Kidman. Lo mejor de largo entre lo visto en la sección oficial a concurso. Además ayer vi otra película fascinante, Shock corridor (Corredor sin retorno) de Samuel Fuller, espiga de oro en 1963, la 11ª SEMINCI. Algún día alguien hablará de ella en la sección de clásicos.

En la sección punto de encuentro, que este año ha tenido entre lo que yo he visto un nivel similar o incluso mejor que la oficial, se pasó ayer 27 la china Quighong (sueños de Shanghai) de Wang Xiaoshuai. Película de esas que nos gustan a los que damos más importancia al contenido, y desagrada a los que dan más importancia a la forma. Aunque la verdad, no creo que haya entusiasmado ni molestado a nadie. Se trata de una película dura y combatiba, pero plana y reiterativa. Nos narra las desdichas de una de las muchas familias que aceptaron irse a un lugar de provincias para colaborar en su modernización, pero que con el paso de los años han perdido la motivación para continuar en ese lugar perdido, y además se les niega el derecho a regresar a una ciudad con mejores perspectivas de futuro al menos para los hijos. Y aunque se centra en los avatares de la trabajadora y depresiva hija mayor de la familia, los conflictos se desatan por la lucha de clases, casi racismo, que se da de los urbanos contra los locales. Además, la represión del gobierno contra aquellos que intentan rehacer su vida, elegir su destino, y el auge ya por entonces (la película se ambienta en los años 80) de un creciente capitalismo impulsado en gran medida por el aparato del partido nos proporcionan una crónica social de la China post-Mao nada complaciente. A uno incluso la resulta increíble que una película tan crítica con el neoliberalismo instalado en China haya podido rodarse y salir de su país, por no hablar de actitudes occidentalizadas o incluso la visión que da de la pena de muerte. Lástima que resulte formalmente tan académica y por momentos lenta y pesada.

La sección oficial se ha cerrado con la interesante, pero tampoco espectacular Mój Nikifor (Mi Nikifor) del polaco Krzysztof Krauze. Con aspecto de biopic nada convencional, la cinta nos muestra la relación entre el famoso (¿?) pintor naïf que da título a la película y quien fue su cuidador en sus últimos años. Nikifor es un vagabundo medio loco, tuberculoso, tísico y nauseabundo que vive pintando postales y estampitas en papeles que vende a los visitantes de un balneario. Vive donde puede colarse, y un buen día se cuela en el estudio de otro pintor de carácter más oficial. A partir de aquí se desarrolla una relación de pena primero, odio y asco después, y responsabilidad al final, que acaba alejando al parasitado de su familia, amigos y profesión, para dedicarse enteramente a Nikifor. Sin embargo la cinta tiene un aire de comedieta un tanto irónica en la que la actriz que da vida al desastrado maestro, Krystyna Feldman, llena de ironía y humanismo al esperpéntico personaje, haciendo de contrapunto al cuidador siempre serio y responsable. Sin ser ningún peliculón, al menos ha dejado un broche decente a esta mediocre edición de la SEMINCI, que en sus últimos días ha levantado un nivel que al principio amenazaba ser subterráneo. Esta tarde parece que el festival va por fin a proyectar la ansiada La tierra de la gran promesa de Wajda, espiga de oro allá por el 75. Ya pensaba que nos quedábamos sin ella. Mañana, el palmarés, imagino que con Manderlay a la cabeza

           
Por Javier Castro
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