Crónica II, 10 de octubre
Esta segunda jornada del festival (en la que ya ha aparecido la lluvia aunque tímidamente; de hecho el frío no arrecia en las calles de Sitges, sino en el Auditori, la sala principal, donde deben estar experimentando con el aire acondicionado...), tras el prólogo un tanto reducido de ayer domingo, ha sido muy carcterística del certámen: prestrenos del cine americano mainstream (Sky High, pasada también ayer) y del más independiente (The Devil's Reject); diversidad en la sección oficial a concurso (Seven Swords, de Tsui Hark, Mirrormask, de Dave Mckean y Trouble); soprendentes "Noves visions" (Saints-Martrys-Des-Damnés, de Robin Aubert y Feed); el comienzo de "seven chances" con Rois et Reine, de Arnaud Desplechin y de "Anim'at" con un largometraje estonio (Frank ja Wendy, vv.aa.); y a todo esto hay que añadir el resto de espacios, ciclos y homenajes siempre presentes en el festival, entre los que destacan el dedicado a Johnnie To (con libro colectivo incluido para la ocasión) y la formidable sección retrospectiva "Europa Imaginària", que por cierto ayer comenzó con El año pasado en Marienban de Resnais y continúo con la turbadora Don't Look Now de Roeg, todo un descubrimiento para este cronista.
En 2002 el músico Robert Cummings, alias Rob Zombie, realizó su espléndida ópera prima, La casa de los 1000 cadáveres, una horror movie construida sobre las bases instauradas por conocidos referentes cinematográficos del género, cargada de una enérgica personalidad proveniente de una inaudita exploración de los mecanismos de la puesta en escena. El film resultó ser muy polémico por su extremada violencia (muchos que aplauden neciamente la violencia escenificada, coreografiada, estilizada, "de mentirijllas" en definitiva, presente en muchos films recientes caso de la nefasta trilogía The Matrix, con notable ligereza e incluso incultura esgrimen exabruptos contra films —y contra sus maximos responsables— que exponen la violencia tal como es: atroz, sucia, mezquina, enfermiza...) y tardó en distribuirse comercialmente, viendo reducido incluso su metraje original. The Devil's Rejects es la continuación (practicamente literal, pues empieza donde se quedó la anterior) de aquel film, pero ya no se trata de un film esencialmente de terror, sino de un extraño (y muy estimulante) híbrido, que traza líneas que convergen con el western crepuscular, el cine de acción, la road movie, el subgénero de los psycho-killers... Rob Zombie en esta ocasión no se muestra tan desmesurado y excesivo, pero sigue explorando las posibilidades del lenguaje cinematográfico con idéntica energía: en The Devil's Rejects (Los renegados del diablo, titulo en España definitivo) emplea diferentes formas de montaje (algunas especialmente brillantes, como la panorámica que simula sobre planos distintos y que continúa, ya realmente, en el último de ellos), se recrea en planos congelados, en imagenes al ralentí, compone escenas a partir de la canción que las ilustra... Todo esto para narrar la historia de una familia de asesinos lunáticos, amorales, que matan por el puro placer de hacerlo, de un mundo desquiciado que vive atrofiado por su evolución, en el que ya no existe esperanza. Y el espectador atónito, sorprendido, horrorizado, "quiere", "desea" que los asesinos ganen, que se salgan con la suya, que acaben con todos. Realmente espeluznante. Incluso cuando es caricaturesco y divertido (cfr. el critico de cine, la referencia a los personajes de Groucho...) surge algo malsano, siniestro...
Feed acude a una perversión (alimentar a mujeres gordas que conlleva una relación entre el "feeder" y la obesa de absoluta sumisión) nunca antes abordada (por lo que sé) en el cine para desarrollar un thriller muy convencional. El realizador Brett Leonard (la olvidable Virtuosty, la mítica —y no demasiado memorable— El cortador de césped) aporta al manido guión (repleto de situaciones y descripciones ad hoc; tambien destaca negativamente la paupérrima definición de personajes y el abuso de sorpresas y trucos de guión) un aspecto visual que remite a Seven (¡cómo no!) en los tones ocres de la fotografía y al estilo videoclipero mas irritante en su montaje (cfr. esos continuos insertos, o el subrayado constante del mal empleado montaje paralelo). Los encomiables esfuerzos de Alex O'Lachlan (que repite con el director en la tambien reciente Man-Thing) en su rol de Michael Carter, algunos momentos logrados y turbadores (cfr. cuando aparece el padre del psicópata) y un desenlace de lo más desasosegante, no son más que pequeñas islas en el océano.
Mucho más interesante, aunque el resultado global esté lejos de ser plenamente satisfactorio, ha resultado Trouble del actor y director francés Harry Cleven. Un film que navega en aguas turbulentas, pues se trata nuevamente de un film que podría ir a parar a aquellos que Tomás Ferndández Valentí incluía en un listado de "cine con (y sin) trampa", aunque lo sea de forma algo más tagencial. Matyas (Benoit Magimel, bastante bien en un papel doble) es un hombre casado con un hijo y a la espera de otro, un hombre feliz que de pronto ve truncado su camino cuando aparece su hermano gemelo Thomas, del que hasta entonces no sabía su existencia. Film opresivo, de espacios cerrados, con escasez de planos medios y generales, Trouble funciona mucho mejor en su primera parte cuando expone la situación y se suceden los primeros (des)encuentros, donde la narración sin ser precisa ni clara, no pretende confundir, sino ser ambigua, misteriosa. Paulatinamente según va avanzando la narración torna más críptica, esperando la llegada del clímax final donde se sabrá todo, y ese es su principal error, ya que para esconder lo máximo posible su "trampa" (que no lo es), insiste reiteradamente en insertos, flashbacks que se van completando, y en la imagen insistente de una navaja de afeitar. El empleo del color rojo (referente obvio a Hitchcock: en la mencionada Don't Look Now, Nicolas Roeg fue mucho mejor alumno) lleno de posibilidades tampoco resulta aprovechado del todo, si bien al final aporta todo su sentido y relevancia, quizás también cuando la narración regresa a lo misterioso.
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