Crónica V, 13 de octubre
No hemos hablado aún del sorprendente (y desacertado) calendario de este año, empezando el festival un domingo y terminando un martes. Nos han comentado que al parecer se debe a que la organización hizo mal los deberes y cuando quiso reservar el hotel Meliá (centro de operaciones) tuvo que conformarse con estas fechas. La verdad que es un desliz importante porque a buen seguro que la afluencia de público hubiera sido superior de finalizar en fin de semana o en festivos o vísperas como es habitual. Lo que no sabemos (tampoco lo hemos preguntado) es porque se ha optado por devolver el certamen al mes de octubre, cuando la experiencia del año pasado (durante el puente de la constitución, esto es, en diciembre) había ofrecido tan buenos resultados incrementando considerablemente la venta de entradas con respecto al año 2003. Si es por la meteorología entonces no han acertado porque en Sitges no para de llover cuando hay festival (por experiencia propia lo decimos) y hoy lo ha hecho con especial violencia durante la sobremesa.
Del realizador Christopher Boë se ha presentado en la sección oficial fantastic el film Allegro. Con varios elementos que recuerdan temáticamente a dos películas del ruso Andrei Tarkovski (las excepcionales Solaris y Stalker) este film danés se acerca formal (fotografía, planificación, montaje) y narrativamente (voz en off, principalmente) al cine de Lars Von Trier, cineasta por el que me interesa poco y me gusta aún menos. Allegro no creo que sea un mal planteamiento (aunque prestada de otros sitios, y no solamente del cine), pero si me parece una película desafortunada, bastante tediosa, embelesada por la supuesta originalidad que esconde la idea central de "La Zona", que resulta tremendamente predecible en todo momento, aunque esto es un poco intrascendente desde el momento, muy al principio, que el espectador se desconecta de la historia, debido, sobretodo, a la simpleza de una historia que la austera y fría puesta en escena apenas es capaz de dotar de sentido y vigor. Ni siquiera Boë indaga inteligentemente sobre el tema de los recuerdos y la memoria, que tan preocupados (e incluso) obsesionados tienen a algunos artistas contemporáneos.
Dada mi pobre recepción de Allegro he optado por no ver Reconstructio, anterior película de Boë, presente en la sección "europa imaginaria", que cuenta con muchas y muy buenas referencias, por aquellos que pudieron verla hace unos años en el festival de Donostia. En su lugar he visto otra película a concurso: La moustache. Interesantísima propuesta del francés Emmanuel Carriére, periodista, guionista y escritor, que firma con éste su segundo largometraje como director. Notablemente interpretado por Vincent Lidon y Emmanuelle Devos, La moustache se alinea de forma creciente con el fantastique, según el extrañamiento de la percepción de la realidad va apoderándose del relato. Narrado en primera persona, la ambigüedad del primer tramo roza lo agobiante, manteniendo en suspense continuo al espectador, cuyo interés siempre va en aumento. Es una lástima que el film llegue a un momento de crisis y no sepa seguir avanzando, deteniendo su excelente devenir para dar vueltas sobre sí mismo: da la sensación que La moustache, siguiendo un paralelismo literario, hubiera dado pie a un magnífico relato, pero como novela (corta incluso) resulta demasiado desequilibrado: apenas dura 86 minutos y llega un momento que se pasa del suspenso a la impaciencia. Empero, estos defectos no anulan los valiosos logros de una película de gran interés, que además descubre a un realizador a tener en cuenta, tanto por lo que subyace tras su film (la fragilidad de la realidad, la percepción que de ella tenemos y la inseguridad constante en la que vivimos) como por su sobria y contenida realización y la creencia en la sugerencia, en lo puramente misterioso... No se la pierdan.
He de reconocer mi asombro cuando me enteré que Dominik Moll iba a ser el realizador que abriría el festival de Cannes 2005. Al realizador francés básicamente se le conocía hasta la fecha por una pieza curiosa como es Harry, un amigo que os quiere, película a recordar únicamente por la interpretación de Sergi López (que no se vea esto como un provincionalismo patético) y cierto tono irreal a propósito de los huevos de gallina. Una vez vista Lemming —el film en cuestión—, uno entiende las cosas a medias, pues por un lado la cinta se ha descubierto como un producto interesante, solvente y, a ratos, algo brillante. Formalmente no presenta ninguna innovación, es un film de guión y de actores, y en especial de una gran actriz, Charlotte Rampling, pues ni la atmósfera ni la puesta en escena son especialmente encomiables en la película. Mezcla entre thriller psicológico y relato fantástico (¿se podría hablar de posesión como forma de suplantación de personalidad?), Lemming tiene mucho ingenio en el arranque de la cinta, aunque este se vaya diluyendo a lo largo del extenso metraje (sobrepasa las dos horas de duración), por la inclusión de ciertos gags desafortunados, en especial, protagonizados por Laurent Lucas, el sufrido protagonista de Calvaire. La mayor evolución de Moll como cineasta pasa por saber introducir con más inteligencia el tono irreal a su nueva película, aunque al final las rimas con los roedores que dan nombre al film, sean demasiado obvias y acaben por casi no tener ningún sentido más que el de ser un leit-motiv algo absurdo. Pese a los defectos, sin embargo, Lemming es un film sugestivo, que sabe como hablar de las infidelidades como creadores de demonios.
He cargado, y mucho, contra el cine español en lo que va de año (¿de década?), así que tampoco quiero extenderme mucho en ello. Por lo que lo único que se puede decir de Somne, el último film de Isidro Ortiz —también del realizador vimos en Sitges la curiosa Fausto 5.0 hace ya cuatro años—, es que confirma que el mal endémico del cine patrio no conoce géneros ni generaciones. Hay poco, o muy poco, salvable de la película. Guión horroroso, plagado de tópicos del cine comercial norteamericano, actores nefastos —parece increíble que Oscar Jaenada sea el mismo de Camarón y de Somne—, un uso de la banda sonora efectista (con unas cadencias extrañísimas), etc... ¡Y luego la culpa es de los críticos de que el cine español vaya como va! |
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