Crónica VI, 14 y 15 de octubre
En la crónica de hoy, ambos corresponsales de Miradas hemos decidido situar conjunta la animación vista durante estos días: cinco largos (o cuatro más uno, pues el film de los hermanos Quay mezcla distintas técnicas plásticas e imagen real) y un breve comentario sobre los cortometrajes (los que se pudieron ver). Aunque esto no se corresponda con el devenir cronológico del festival, consideramos más interesante esta opción. Quizás sea un error, pero ver mucho cine y dormir pocas horas puede acabar convirtiéndonos en hijos del Nicholson de The Shining, así que... ¡tampoco nos presionen!
Llegó a Sitges uno de los títulos más esperados por este cronista (la mitad catalana de la acreditación): The Piano Tuner of Earthquakes, algo así como "El afinador de terremotos", primer largometraje de ficción de los brillantes hermanos Quay. Maestros de la animación, de las narraciones complejas, del tratamiento asfixiante del entorno, de las historias más truculentas, han demostrado a lo largo de un buen número de cortometrajes su innegable ingenio y talento. El resultado es un producto ambiguo, un film hipnótico con una trama llena de espinas, cuya dirección artística es directamente epatante. Stephen y Timothy Quay se han dejado toda su imaginería en la elaboración de una atmósfera corrupta, un paisaje pesadillesco donde se mueven sus protagonistas-marionetas como parte integrada dentro del decorado. Una historia compleja, algo reiterativa, brillante por momentos, aburrida en otros tantos, por lo que la valoración del film es directamente proporcional a la pasión que posea el espectador por introducirse en los territorios que ofrecen los realizadores. The Piano Tuner of Earthquakes posee todo tipo de excesos visuales, el comedimiento será jugoso para los fans de Guy Maddin e, incluso, Wong Kar-wai, aunque no por eso sea perdonable el marciano casting, con los españoles Assumpta Serna y César Caracho, como piezas clave del relato. Un film atrevido no tiene porqué ser sinónimo de film necesario, aunque en el caso de los Quay haya que tener un gran respeto por lo logrado, ya no por la ingente cantidad de trabajo, sino por la pasión que desprende cada fotograma de la película.
Aunque hablando de marcianos y marcianadas, he de reconocer que hoy me sentido un analfabeto en un congreso de mecánica cuántica durante la proyección de Final Fantasy VII: Advent Children. Con el auditorio a rebosar de fanáticos del videojuego en que se basa la película, ha sido sin duda, el film del festival más jaleado por el respetable. Lo que quiero decir es que aunque parezca un chiste, esta nueva Final Fantasy es sólo para expertos, al menos en lo que se refiere a la trama de la película, que para neófitos como yo en el videojuego, me ha parecido inexistente, más allá de que entre los diversos personajes animados de la cinta se pasen toda la película peleando de la forma más espectacular posible. Entonces se podría hablar de un film de consumo rápido, sino fuera por que el otro 99% de la sala conocían a la perfección personajes, entorno e historia, y se sentían lo suficientemente animados para aplaudir figuras de dos minutos de aparición, sin que yo entendiera cual era su función dentro del entramado del film (a parte, claro, de repartir estopa a diestro y siniestro). Que conste que no me estoy quejando, si alguien tiene la culpa de que yo carezca de la cultura necesaria, ese soy yo y nadie más. Final Fantasy VII es entonces un combinado adrenalínico de situaciones límite sin ningún tipo de dramática existente, cuya función vital es deslumbrar al espectador ante el derroche de medios empleados. Es por ello que la cinta es sumamente entretenida, pues el devenir de las secuencias de acción es de éxtasis, un ejemplo de cine de consumo con un público muy definido, que para satisfacción de los productores, es también muy amplio.
Mucho más divertida y anárquica ha resultado Mind Game de Masaaki Yuasa, célebre animador de la más bien insoportable serie de televisión Shin-Chan, basado en el manga homónimo de Robin Nishi. Film de animación que conjuga estilos y formas diversos, desde la fotografía manipulada a las técnicas clásicas y las computerizadas, Mind Game cuenta la historia de un joven cobarde y salido mental que se ve envuelto en diversos trances por el amor a una chica y que acaba con esta en el interior de una ballena. Cargado de bromas sexuales y con una total falta de respeto por las leyes de la narración clásicas, Mind Game es un cartucho de dinamita desvergonzado que explota mezclando sátira, acidez y estupidez a partes iguales. Un descacharre vaya, digno de celebración.
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Uno de los estrenos del año que esperaba con mayor emoción era el de Corpse Bride / La novia cadáver, nueva incursión de Tim Burton en el terreno de la animación stop-motion, ahora rodando cada fotograma con cámaras digitales. El film viene firmado también por Mike Johnson, animador que ya trabajó con Burton en la extraordinaria Pesadilla antes de Navidad y en el siguiente film de Henry Selick, la desigual pero atractiva James y el melocotón gigante; aparece acreditada como guionista Caroline Thompson (Eduardo Manostijeras, Pesadilla antes de Navidad); cuenta una vez más con las creaciones musicales de Danny Elfman; y participan actores afines al realizador americano, aunque sea sólo sus voces... Corpse Bride es una película plenamente disfrutable no me cabe duda, sin embargo he de reconocer que estoy decepcionado (a lo mejor, pienso, me había formado unas expectativas equivocadas). La historia es poco más que una anécdota, la cual apenas saca provecho de la fantástica idea sobre la que gira (la novia cadáver), siendo bastante más predecible y simple de lo que cabría esperar; no se trata de que se eche en falta mayor originalidad en la trama (no soy un defensor precisamente de lo original, ya que creo que no tiene porque ser o dar pie a algo bueno), más bien creo que el relato es alarmantemente convencional. Ni el Burton más comercial (obviando la impersonal y olvidable El planeta de los simios) visto en Sleepy Hollow o en Batman se había mostrado tan conformista. Tampoco en la muy notable Big Fish, cuyo desenlace adopta una opción de pensamiento conservador en la que vence la verdad, lo correcto incluso, en detrimento del misterio y la imaginación. En el guión de Corpse Bride también ha participado John August, firmante de los guiones de las anteriores película de Burton (la propia Big Fish y Charlie y la fábrica de chocolate). Me reservo una valoración hasta poder ver esta última y los siguientes trabajos del director, respecto a August y su relación e importancia en este tramo de la obra de Burton. De Corpse Bride quedan en cualquier caso un gran diseño de personajes (obra de Burton y Carlos Grangel), algunas ideas brillantes de puesta en escena (sí, sí, la animación es también cine y por tanto requiere un trabajo de planificación, de montaje, etc.) y, en líneas generales, buen sentido del humor. En el fondo, un cuento divertido apto para todos los públicos, bien contado y excelentemente realizado. Es decir, que el problema es mío...
The District! (Nyócker!) es una comedia húngara de animación surgida de una serie para la televisión local. Ha logrado varios premios de prestigio, entre ellos el Cristal al mejor largo del pasado festival de Annecy. La referencia a South Park parece inevitable, siendo los delirantes últimos minutos del film muy cercanos a la anarquía de Trey Parker y compañía. Parecidos razonables e influencias reconocibles, el caso es que el film dirigido por Aron Gauder es más atractivo que el que surgiera de la famosa serie americana (sería interesante ver algún capítulo de la serie en cuestión), a pesar de no resultar ninguna maravilla, si bien el trabajo de ilustración, dirección artística y animación es notable, partiendo, al igual que los creadores de South Park, de diseños en dos dimensiones, y una óptima utilización del ordenador para los movimientos de cámara y la recreación del barrio, y un toque, digamos personal, escogiendo el color amarillo como predominante. The District! también cuenta con un repertorio, no muy extenso, de canciones de estilo rap, totalmente coherentes con los personajes (son dos bandas del barrio, una mulsulman, la otra ukraniana, que viven enfrentadas) y que no resultan demasiado molestas para los que no somos aficionados a esa música. Finalmente hay que destacar el trasfondo (tal vez ingenuo) del film que realiza una diatriba contra los políticos de su país (apaleados por los protagonistas), el poder establecido, la administración Bush y sus aliados en el mundo: puede que sea todo muy fácil y un tanto obvio, no digo que no, pero realmente es divertido y bastante hiriente...
Los cortometrajes de animación son un exultante género artístico, frecuentado tanto por nuevos animadores como por los más consagrados. Ese genio llamado Bill Plympton, que el festival ha homenajeado este año (además de invitarle a formar parte del jurado de la sección oficial a concurso), ha presentado su último corto, una obra maestra de menos de ocho minutos de duración, para la que sólo ha necesitado papel y lapicero... The fan and the Flower escrita por Dan O'Shannon (guionista de la magnífica serie "Fraiser") y narrada por Paul Giamatti cuenta la historia de amor entre un ventilador y una planta; realmente increíble y realmente extraordinario, y eso que Plympton abandona sus característicos dibujos hiperbólicos, su habitual montaje de imágenes tan descriptivo... Del resto de cortos vistos (sólo pude acercarme a la proyección de una de las dos tandas) destacaria sobre los demás, además del Plympton, Cirkus de Thomas Pors y Exit de Robert Depuis, ambos daneses y realizados mediante la técnica stop-motion. Cirkus, que me recuerda a Egoyan y a Lynch, habla de desesperanza y de la pérdida de ciertos valores, donde el payaso (magnifico diseño) protagonista jubiloso al principio acaba llorando junto a su caja; Cirkus es un corto extraordinario que viene a poner de relieve, con una sutil metáfora, la precariedad de la sociedad actual. Exit se decanta por una opción metalinguistica, de una manera tan habilidosa como divertida, haciendo que el protagonista de la historia se revela contra el creador, que acaba pereciendo; personalmente y más viendo de Dinarmaca, me lo tomo como una lección para muchos cineastas (de animación o de imagen real) que se creen siempre en posesión de la verdad absoluta (y sí, efectivamente, estoy pensando en Lars von Trier: cada cual tiene sus demonios). Otros cortos que me interesaron son Lightman de Shaun Clark, extraño cuento de terror alrededor del miedo a la oscuridad donde abundan los tonos ocres y amarillentos, y The Tell Tale Heart de Raul García, donde las luces y sombras del profundo blanco y negro digital resultan ideales para interpretar el cuento de Edagar Allan Poe "El corazón delator". Para terminar dos comentarios sobre otros tantos trabajos, no muy estimulantes: Home Delivery de Elio Quiroga, inspirado en el cuento de Stepen King, es un film que cuenta con un buen trabajo en el diseño de personajes, está muy bien animado y resultado bastante curioso, pero su director se empeña en estropearlo (y a fe que lo consigue) con continuos movimientos de cámara, panorámicas y travellings imposibles para demostrar todo el virtuosismo de la función; En Nattsaga (A night story) de Maja Lindström es un drama reducido a quince minutos, realizado con técnicas digitales en blanco y negro, cuya pretenciosidad consigue aburrir y confundir, hasta tal punto que no entiendo muy bien la elección del dibuo animado como medio de expresión.
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