¿Existe vida animada más allá de Pixar?

No. Sencillamente, no. Ésta es la respuesta al título del presente artículo. No es una opinión expresada sin ton ni son sino algo meditado, sobretodo después de ver espectáculos tan lamentables como Wallace & Gromit: La maldición de las verduras. Ni el "anime", con la excepción hecha de El viaje de Chihiro; la Fox con su irregular Ice Age. La edad de hielo; ni Dreamworks con sus cada vez peores obras (establezcamos también una excepción con esa gratísima sorpresa que ha resultado ser Madagascar); ni mucho menos la Disney, auspiciada durante muchos años por la sombra de Pixar y sumida, en la actualidad, en una crisis galopante que se va acrecentando año tras año, pueden siquiera acercarse a la contundente creatividad de Lasseter, Bird y compañía, ratificada con un par de obras maestras (Monstruos S.A. y Buscando a Nemo) y un conjunto de cortometrajes, sencillamente apabullantes.

Por consiguiente, el cosmos de plastilina animada de Nick Park y Steve Box únicamente tiene razón de ser a falta de piezas de animación en las carteleras y, sobretodo, con la seguridad que otorga el hecho de que la esperadísima Cars de John Lasseter aún no se ha estrenado, ya que Wallace & Gromit. La maldición de las verduras es, al igual que el anterior largometraje sobre estos personajes (Wallace & Gromit y sus amigos -1996) y la pieza de Nick Park y Peter Lord Evasión en la granja (1999), un producto de extrema mediocridad, cuyas ínfulas de originalidad y espontaneidad se dan de bruces ante un conjunto vacío en el que nada tiene sentido.

Porque la pregunta clave al hablar de esta película debería ser qué es, exactamente, lo que sus responsables han querido expresar a lo largo de una hora y media en la que desfilan ante nuestros ojos un par de personajes centrales (Wallace y su inefable perro), ya definitivamente absorbidos por el status de personajes de culto a que muchos los están elevando, un escaparate de personajes secundarios tan obsoletos e insignificantes que llegan a irritar y una historia lindante al ridículo.

No existe el menor atisbo de originalidad a la hora de plantear y estructurar todo este caos. Primero, porque su sentido del humor se encuentra bajo mínimos, repleto de soluciones topiqueras tan sobadas que llegan a resultar insulsas (el gag del peluquín). Segundo, porque no se tiene claro lo que se quiere decir, debido a que se ignora la finalidad temática de la propia obra. Por consiguiente, ello conduce a Wallace & Gromit: La maldición de las verduras a una inconcreción brutal, ya que constantemente oscila entre el universo adulto y el infantil, sin conseguir adaptarse a ninguno de los dos. Y tercero, porque hay implícitas en el film unas ambiciones y un halo de trascendencia que choca con la ramplonería y la superficialidad del resultado final, provocando el consiguiente desconcierto.

Wallace & Gromit:La maldición de las verduras es, por todo ello, el ejemplo perfecto del preocupante estado de salud en el que se encuentra el cine de animación en la actualidad. Un cine de animación sin personalidad, sin ingenio, sin fuerza y, lo que es peor, sin inteligencia. De hecho, bien se podría decir que todos estos aspectos los está monoplizando Pixar dejando al descubierto todas y cada una de las flaquezas ajenas.

Por Joaquín Vallet R.
cartel
Gran Bretaña. 2005. TO: Wallace and Gromit in the curse of the were rabbit. Dirección: Steve Box, Nick Park. Producción: Claire Jennings, Peter Lord, Nick Park, Carla Shelley, David Sproxton. Guión: Bob Baker, Steve Box, Mark Burton, Nick Park. Música: Julian Nott. Fotografía: Tristan Oliver, Dave Alex Riddett. Montaje: David McCormick, Gregory Perler. Duración: 85 minutos. Intérpretes (voces): Peter Sallis (Wallace), Ralph Fiennes (Victor Quatermaine), Helena Bonham Carter (Lady Campanula Tottington), Peter Kay (PC Mackintosh), Nicholas Smith (Reverendo Clement Hedges).