Explotando círculos

Scanners es un film que contiene la ideagénesis de la obra de Cronenberg: la contextualización del poder, su significación física contrapuesta a la significación moral. En toda su obra los héroes son criaturas sometidas a poderes externos o subyacentes, donde las fortalezas son debilidades y la supervivencia es la normalización de un constante desorden entre mente y cuerpo. Estos desórdenes tienen que ver con las distracciones ontológicas de la sumisión, el dominio y la propagación —sea ésta reproducción sexual o asexuada, reproducción de imágenes, mundos o personas—. La cordura es un bien valioso y escaso, prácticamente una abstracción de la psiquis. En el mundo de Cronenberg abundan los demiurgos, las dualidades y el sustrato gnóstico de la reflexión sobre mente y materia, carne y espíritu. De algo estamos seguros: los mundos de Cronenberg son más amplios de lo que alcanzamos a ver en la pantalla, nos quedamos con la certeza de haber asistido a algunos de los fuera de campos más fascinantes del cine actual. Scanners es cine fantástico hasta el nivel celular. Cronenberg maneja sutilmente las fronteras de lo fantástico, lo extraño o lo cotidiano. Siempre diferenciando cada una de esas acepciones con puntualidad canadiense. Los scanners o telépatas son una suerte de mutantes que habitan el planeta como cualquier humano. Sólo que tienen poderes telepáticos capaces no sólo de leer mentes sino hasta de manejar completamente otros sistemas nerviosos. La existencia de estos mutantes es desconocida para el resto de la población. Excepto para quienes los crearon y quieren hacer uso de sus facultades. El film sigue los cánones de la clase B más creativa. Hay mucha imaginería puesta por Cronenberg y su equipo para lograr escenas, climas, personajes y diálogos inquietantes. Los nombres de los personajes son tan extraños y curiosos que nos incitan a pensar que todo es ficticio, una jugada más de alguna mente maestra que no alcanzamos a vislumbrar. Arno Crostic, Kim Obrist, Dieter Tautz, Darryl Revok, Trevellyan, parecen lovecraftianos portales hacia abismos terribles e insondables. El mundo "real", el que el héroe Cameron Vale (Stephen Lack) transita en su busca de sociedades secretas de scanners, es una construcción aséptica, una argamasa inconclusa para soportar los movimientos calculados de la sociedad liberal que lo opera. Como todo héroe de Cronenberg, Cameron demanda ayuda, necesita alguien que le explique. El demiurgo es el Dr. Ruth (Patrick MacGoohan), quien es un desecho de la década del 50, que ha probado experimentaciones con drogas con dudosa ética profesional, y está asociado, por un lado a potentes corporaciones que manejan la seguridad nacional, y por otro, a su pasado más bohemio vinculado a esoterismos orientales (entre sus colaboradores hay un yogui que es una especie de mini scanner sin droga) y sueños de un mundo mejor con seres "más extraordinarios".

El Dr. Ruth busca su discípulo número 237, para formarlo, iniciarlo y reconstituir un nuevo orden mundial, donde los scanners vivan con conceptos morales humanos. No es consciente que sus acciones y efectos no previstos han sido aprovechados y conducidos por su Caín y Némesis, Darryl Revok (Michael Ironside), quien a su vez ha sido "adiestrado" por un ser aún más oscuro: Braedon Keller (o sea killer), para, también cambiar la moralidad que rija al mundo. Esta espiral de poder, es lo que Cronenberg muestra como una serie de círculos concéntricos que se van hundiendo, hacia adentro (scanners entrando en mentes, sistemas nerviosos, redes de computadoras) y hacia fuera (laboratorios, organizaciones multinacionales, sistemas médicos, de defensa, ejércitos privados, seguridad nacional). Ese ir y venir, esa suerte de evolución e involución, o desaparecer y devenir como hará finalmente Cameron Vale, como serpiente que se muerde la cola, como un uroboros invertido, malvado e insaciable, que es parte de un único organismo que se alimenta de sí mismo, es un círculo vicioso que refleja la visión política de Cronenberg, y que pone en claro otro de los temas Cronenbergianos: el descontrol. El liberalismo caníbal se devora los humanos para hacer crecer esos círculos, lo mismo pretenden hacer con los scanners. A su vez los scanners pueden romperlos, pero alterando el orden moral. Cameron Vale —que se pronuncia como veil : velo, otra referencia al orientalismo—, tratará de romper esos círculos. Al igual que su alter ego, Revok, quien comienza rompiendo, más bien haciendo explotar, la cabeza de un scanner de Consec (la organización que en secreto promueve un programa para manejar a los scanners con propósitos bélicos).

Cabezas que estallan, círculos que se rompen, scanners que viven dentro esculturas de cabezas gigantes, ciclos de metamorfosis, repeticiones y más círculos. Cuando uno se encuentra en la circunferencia, no concibe origen ni fin, no hay dirección ni orientación. Se pierde el sentido. El liberalismo, representado por la organización Consec, impulsa la creación de estos círculos concéntricos (ver el logotipo de la empresa con la "C comiéndose a la O"), cuyo fin, como una piedra tirada a un estanque, es la de provocar la expansión de los círculos en todas direcciones. Cronenberg juega en la puesta en escena armando, desarmando y mostrando estos círculos. Como en la magnífica y depalmiana escena en la que Keller sonriendo, en algún lugar que no conocemos, rodeado de aparatos y discos de cintas que giran detrás de él, ve (sin ser visto) a través de un monitor la relación entre el Dr. Ruth y su protegido Cameron. Los redondos discos de cinta girando volverán a ser vistos en el centro de cómputos de Consec, en una de las secuencias finales, para ser destruidos por Cameron mediante sus telepoderes. Los círculos comienzan en la primera escena, donde vemos el Shopping Mall, y sus series de círculos repetitivos formados por los bancos y las mesas por donde vagabundea Cameron. Están también en los redondos lentes del Dr. Ruth que se escuda bajo la apariencia de un dios bonachón. También en la hitchcockiana toma aérea del helicóptero que transporta a Kim Obrist (Jennifer O'Neill) y a Cameron, llegando a Consec cuando son rodeados por un círculo de guardias geométricamente perfecto. La toma es perfecta porque las aspas del helicóptero forman a su vez otro círculo que contiene a Kim (que por cierto todo el film lleva puesto algo alrededor de su cuello sustentando la circularidad de su situación) y a Cameron. Hasta el casting de actores parece haberse basado en la redondez de las cabezas. Y por cierto la magnífica testa de Michael Ironside, que está "a la cabeza" de todos los scanners. También la redondez de los ojos de Stephen Lack, azulísimos y constantemente resaltados por Cronenberg para facilitar la captación de la escena final. Allí se verá como el vacío de las órbitas oculares dejan los círculos sin vida, del cadáver autocombustionado para realizar el rito de pasaje hacia Revok (1). El último plano son esos mismos ojos, en primerísimo primer plano, que han transmigrado formando un nuevo juego circular: la cabeza de Revok enmarcando los ojos de Cameron. Corte y fundido en blanco. Final magistral para una utopía radical de poder.

Hay una escena admirable que muestra de manera sintética la profundidad de estos pensamientos políticos de Cronenberg. Es el encuentro entre Cameron y la sociedad secreta de scanners, que viven escondiéndose de Revok. Por un lado la llegada de Cameron a una casa en los suburbios, llamando a la puerta y preguntando por Kim, está filmada con la sencillez y la suficiente presencia, para que la misma puesta en escena nos adelante el suspenso que se presiente. Al hacerlo pasar, Cameron es escaneado por un telépata guardián que con ese único acto ya sabe todo de él. Luego de pasada esta prueba, le abren una segunda puerta y es conducido hacia un piso superior (es promovido). Allí se encuentran los scanners sobrevivientes que organizan la resistencia contra Revok. Están sentados alrededor de una mesa redonda, formando un círculo. El ambiente es plácido, acogedor. Cameron parece haber encontrado su lugar. Es invitado a formar parte de él y así lo hace. Este círculo es un círculo de poder, los scanners comienzan a hacer circular sus ondas telepáticas entre ellos, los pensamientos fluyendo, yendo y viniendo de unos a otros. La cámara acompaña formando otro círculo alrededor de ellos, en un lento travelling circular mientras en off se escuchan los "pensamientos" de los scanners indiferenciados, como en una gran mente común. Hay una placidez inmanente, un éxtasis que no es humano se adivina en los rostros. Allí se nos revela al mismo tiempo que a ellos, un pavoroso descubrimiento: la potencialidad del poder que emana: "hermoso y terrible", "aterrador y regocijante", dicen. Allí somos conscientes, como espectadores humanos, de que el mundo tal cual lo conocemos, es gobernado por presencias secretas, por seres que en las sombras arman y desarman la realidad, sean scanners, científicos, empresarios o psicofarmacéuticos. El resto está excluido, o como dice Cronenberg, deambulan por los shopping malls. La única salida es la compasión que Cameron aprende de Kim y aplica en la escena final de autosacrificio para poder vencer. La cámara sigue formando un círculo exterior alrededor del círculo de los scanners, mientras vemos en montaje paralelo como los sicarios de Revok irrumpen en la habitación, y disparan a quemarropa contra los indefensos scanners rompiendo el círculo de poder. Los que logran escapar (Kim y Cameron, entre ellos) emprenden una huida que terminará trágicamente cuando el vehículo en el que huyen se estrelle contra una tienda de música. Específicamente un Disc-O-Mat, cuyo isologotipo en el cartel del local (que la camioneta destruye) es una serie de círculos concéntricos! También es excelente el apoyo de la música de Howard Shore, simulando círculos mediante cadencias inconclusas que recomienzan, y espirales que suben y bajan por las escalas tonales.

Scanners es un tratado de política. La disección del desarrollismo expansionista del primer mundo hace aparecer monstruos. Monstruos ávidos de control. ¿Qué mayor control que el poder de manejar la voluntad del resto del mundo? El progreso médico siempre reñido con el progreso moral. La vulgarización del cuerpo, el narcisismo, el temor a las mutaciones, a los experimentos genéticos, el control de la mente individual o grupal, son consecuencias de un imaginario progresivo y liberal que Cronenberg propone como consecuencia nefasta del progreso moderno. En una sociedad pendiente de las apariencias, de la mostración de cuerpos, de la manipulación de la mente por parte del poder político y económico, los seres humanos quedan reducidos a formar parte de un cuerpo superior, de una mente que los gobierna bajo la amenaza de la enfermedad, de la amputación, de la no pertenencia a un orden supuestamente establecido para el bien común. La metamorfosis, la aniquilación de la voluntad corporal de la preservación del yo, es una salida. Reflexión que queda planteada en la escena sintomática que muestra una competencia entre un scanner y un yogui.

Volviendo a la escena inicial en el Shopping Mall, veíamos a Cameron, vestido como un vagabundo, vagando entre los círculos del patio de comidas. Uno de los símbolos del materialismo liberal albergando la clase social más baja, el mendigo. El grado ínfimo de la tradicional pirámide social es el lugar de Cameron, quien ha sido puesto allí, sin saberlo, por el demiurgo Dr. Ruth. Cameron, que es, en definitiva, la figura mesiánica (origen incierto, padre y madre desconocidos, poderes sobrenaturales y excluido de la red social) que puede salvar a la humanidad, a la manera de un San Alejo —el asceta sirio— o un San Martín rodeado de mendigos que regala la mitad de su manto, es también el sueño liberal para ocultar la pesadilla que subyace a su existencia. Esto queda claro cuando Revok le muestra las publicidades de los fármacos en las revistas de la década del 50, época en que nacieron los primeros scanners como consecuencia de la creación de una droga (el ephemerol). Origen repugnante que termina por convencer a Cameron de implicarse en cuerpo y alma por la humanidad. Es interesante ver cómo Cameron va teniendo sucesivas revelaciones a lo largo del film. Primero el Dr. Ruth le revela el mundo de los scanners, le explica el secreto de su poder ("el motivo de su agonía puede ser fuente de gran poder"), cómo controlarlo mediante la droga y también le explica la existencia de Revok y sus planes para destruirlo. Luego conoce a Kim, quien le revela algo mucho más profundo. La congregación secreta de scanners que se opone moralmente a Revok. Para ella es una lucha entre "ángeles y demonios", y le advierte a Cameron que él es "apenas humano". Hay también una revelación invertida de Cameron al Dr. Ruth cuando le explica la existencia de la otra corporación "Carbon Amalgamated" que distribuye ephemerol clandestinamente a embarazadas para crear una nueva raza de scanners bajo el comando de Revok. Es interesante que esta revelación se da dentro de los límites de Consec, con el Dr. Ruth sentado (derrotado y comenzando con su arrepentimiento moral) y Cameron caminando circularmente alrededor mientras le habla compasivamente. La última revelación es la del propio Revok, quien le confía su verdadera ascendencia y le devela el secreto de su parentesco. Es en ese momento, cuando Cameron decide oponerse a Revok, que el círculo se cierra (2) y todos los poderes que le ocasionaron dolor y muerte física, mental y social, son expulsados de su cuerpo. Sacrificio contra ambigüedad y arrogancia liberal

Esa es la clave, hacía falta escanearla.

(1) Por cierto, esta escena final adquiere especial contundencia al recordar, simétricamente, las palabras de Revok en su primera aparición: "¿debo cerrar los ojos?" expresada con infinita exquisitez por Michael Ironside como si no supiera lo que estaba por pasar.

(2) Es por demás interesante notar que el arma con que Cameron ataca a Revok es una pieza de escultura. Esto nos recuerda a la primera víctima que conoció Cameron: Benjamin Pierce, el escultor scanner que le confesó que "el arte me mantiene cuerdo". El cuerpo final de Cameron se asemeja a las figuras esculpidas por Pierce. A su vez, vemos que la pieza de escultura contiene varios círculos que nos remiten a la trama circular que explicamos anteriormente. Y finalmente la forma de la escultura nos recuerda el isologotipo de "Carbon Amalgamated", la empresa que comanda Revok en secreto, y que se parece entre otras cosas a la abstracción de un símbolo alquímico de fusión, y también a la representación astrológica de los gemelos: Cameron y Revok.

Por Juan E. Lagorio
cartel