Palmeras del Meditarráneo
Una vez concluída esta veintiséis edición de la Mostra de Valencia-Cinema del Mediterrani, uno no puede dejar de pensar que la oferta del festival en lo que a secciones, ciclos y homenajes se refiere podría haber sido mucho mejor. También podrían haber mejorado algunos detalles organizativos (los ya clásicos retrasos en las proyecciones o la relación con la prensa acreditada por poner sólo dos ejemplos) o, sobretodo, la elección de la sede (los cines UGC Ciné Cité quedan muy, muy lejos del centro de Valencia), pero al final se asumen éstos inconvenientes y se intenta ver el festival desde un punto de vista estrictamente cinematográfico. Y es aquí donce empiezan los problemas. Los homenajes a Elisa Ramírez, Arturo Fernández y Amparo Baró llenaron la programación, no de las películas menos vistas y más interesantes de éstos actores, sino de sus filmes más representativos. El problema se acrecienta cuando, además de estos homenajes, estaban las secciones dedicadas al Quijote, a Rafael Rivelles y a Miguel Mihura, copando toda la Mostra casi únicamente de cine español, y de un nivel de calidad medio en el que apenas se atisbó algún que otro ciclo donde se pudieran visionar verdaderas obras maestras. El único de estas características era el que se dedicaba al maestro Jean Renoir en el Instituto Francés, eso sí, con un número ridículo de películas (cinco) y en el que se echaron de menos algunos ejemplos de sus films mudos, de su etapa americana o la presencia de algunas de sus piezas capitales como La Marsellesa, La regla del juego o El río.
En definitiva, éste ha sido un año en el que la decepción ha sido la gran protagonista. La Mostra apenas ha presentado un par de secciones que valieran la pena, desplazando todo el interés de quienes teníamos que cubrirla en la Sección Oficial de largometrajes a concurso que, como se verá detalladamente a continuación, tampoco es que haya sido especialmente estimulante.
El año de la mediocridad
No entremos en el autoengaño a la hora de valorar las películas que competían por los diferentes premios de la Mostra. Si de lo que tenemos que hablar es de calidad, únicamente ha habido una película digna de este calificativo (la eslovena Suburbs, ópera prima del cineasta Vinko Möderndorfer), las demás obras han ido oscilando entre una considerable corrección (apenas tres títulos) y una mediocridad más que preocupante (los ocho films restantes). El problema, por consiguiente, que se puede ver a tenor de ello es comprobar que se ha confundido el “mensaje” de la película, el halo reivindicativo o crítico de la misma con sus valores cinematográficos. Y ello ha provocado que un buen número de los films seleccionados fueran, quizá, consecuentes en sus postulados ideológicos, pero lamentables en sus planteamientos fílmicos. Esta situación ha llegado, incluso, a cegar a los miembros del jurado (1) quienes, en palabras de la presidenta, la actriz Victoria Vera, declararon haber basado su criterio en lo que contaba la historia antes que en cualquier tipo de factor estético.
Aún reconociendo la falta de medios de la gran mayoría de los países representados, aceptando los problemas financieros con los que se encuentran a la hora de producir y asimilando todas las dificultades con las que pueden encontrarse, ello no es disculpa para ver con buenos ojos los pobres resultados cinematográficos que han exhalado un enorme número de los films seleccionados. Confiemos, por el bien del festival, que esta situación cambie el año próximo.
Jesen Stize, dunjo moja (Plumas de ganso) – Serbia y Montenegro
La primera obra de la Sección Oficial proyectada en la Mostra y, sin duda, una de las peores. Esta película serbia de Ljubisa Samardzic narra los encuentros y desencuentros de tres jóvenes que se verán separados por el inicio de la I Guerra Mundial y cuyas vidas darán un dramático giro a partir del fin de la contienda. El film es mediocre en extremo debido, básicamente, a una labor de dirección chapucera, con una nula capacidad para la utilización de la elipsis y, por tanto, una narración sincopada y absolutamente precipitada que contrasta con la lentitud del ritmo. El problema de Plumas de ganso viene provocado, además, por dos elementos que agravan el resultado global. Por un lado, el pésimo desarrollo de varios de los personajes secundarios (la hija del terrateniente, por ejemplo) y, por otro, la superficialidad con la que están tratados todos los temas que el film prentende abordar (los diferentes estratos sociales y económicos, la inutilidad de las guerras,…), únicamente tocados de pasada. Eso sí, la fotografía de Rade Valdic, aunque algo preciosista, es digna de todo elogio.
Al Amir (El príncipe) – Túnez
Al Amir de Mohamed Zran pretende ser un reflejo de la juventud tunecina, de una juventud desesperanzada que desea mucho más de lo que puede llegar a conseguir. Lo malo es que este interesante núcleo temático sólo queda perfectamente reflejado en el plano final de la película. El resto es una tediosa, insoportable por momentos, concatenación de situaciones ridículas apoyadas en una trama tan insignificante y repetitiva que diluye todo cuanto tiene a su alrededor, sacando a la luz la nula capacidad cinematográfica de Zran. Incongruentes desvíos argumentales y una puesta en escena francamente lamentable en la que no se potencia ningún elemento netamente dramático (interpretaciones, luz,…) completan el despropósito.
Viva l´Aldjerie (Viva Argelia) – Argelia
Con mucho, una de las mejores películas de la Mostra, aunque ello no quiere decir que Viva L´Aldjerie sea una película sobresaliente. Éste film de Nadir Noknèche, galardonado con la Palmera de Bronce en una justa decisión del jurado, supone una interesantísima radiografía sobre la situación de la mujer en la Argelia de postguerra. La obra oscila entre cada uno de los tres personajes femeninos protagonistas (una chica individualista y emancipada; su madre, una exbailarina de cierto renombre; y una prostituta vecina de ambas) sin centrarse en ninguno de ellos, construyendo un complejo narrativo en el que los personajes entran y salen de la narración dependiendo de los requerimientos concretos de la historia. Excelentemente interpretada por las tres protagonistas (Lubna Azabal, Biyouna y Nadia Kaci) y bien dirigida por Noknèche la película, no obstante, acaba por ser víctima de una cierta inconcreción narrativa al presentar algunos puntos de giro en la trama absolutamente ineficaces como, por ejemplo, el detalle de la sustracción del revólver, que condicionará el último tercio del film, y cuya justificación queda en el aire. Un lastre que acaba por agravar el resultado final aunque, en líneas generales, la corrección del film sea más que evidente.
Predmestje (Suburbios) – Eslovenia
Y aquí tenemos, sencillamente, la mejor película de la Sección Oficial. Escandalosamente ninguneada por los miembros del jurado que fueron incapaces de ver la enorme valía de una soberbia película que opta por la ambivalencia antes que por la crítica social. Dirigida con maestría por Vinko Möderndorfer y excepcionalmente interpretada por todos y cada uno de los actores, entre lo que sobresale un inquietante Renato Jencek, Suburbios narra la historia de un grupo de amigos que deciden grabar con una videocámara los escarceos amorosos unos recién casados, vecinos de uno de ellos. La felicidad de la pareja, así como el hecho de ser extranjeros, chocará con la crispación del grupo y desembocará en un estallido de violencia. La película, por consiguiente, se adentra tanto en los “suburbios” de un colectivo social (la Eslovenia más radical) que no acepta la presencia de determinados grupos étnicos (serbios, concretamente); como en los “suburbios” de la propia condición humana al mostrar a cada personaje en todos y cada uno de sus flancos psicológicos, exhibiendo sus represiones, la frustación de unas vidas vacías marcadas por la violencia y la obsesión por la muerte. La ambivalencia a la que antes se aludía es total y está manejada con impresionante solidez, trepanando cada resquicio del carácter de estos personajes, haciéndolos cercanos y, a la vez, terriblemente lejanos. Uno de los ejemplos clave de ello se encuentra en la historia del perro: encontrado y alimentado por uno de ellos, el animal es posteriormente presentado al resto del grupo quienes actúan de manera cariñosa acariciándolo para, momentos después, destrozarlo a disparos, por pura diversión, en una secuencia sobrecogedora. Un guión extraordinario, con espléndidos diálogos, redondea esta asombrosa propuesta de Möderndorfer. Película al borde de la perfección que no necesita ninguna Palmera de Oro para ser apreciada en todas sus virtudes.
Medurat Hashevet (Campfire) – Israel
Ésta película de Joseph Cedar significó una relativa decepción, ya que sus planteamientos iniciales eran más que interesantes. La película narra los esfuerzos de una viuda por entrar en un asentamiento religioso pese a la oposición de sus dos hijas. Lo que, en efecto, podría haber sido una oportunidad para profundizar en el papel de la mujer en Israel, así como en el choque generacional y el progresivo cambio de mentalidad, se ve truncado por una exposición excesivamente liviana. En el fondo, Campfire, no llega a ser un film comprometido con nada ya que, a pesar de contar con un trasfondo netamente político, éste no se encuentra del todo desarrollado. Si a ello añadimos, el rutinario trabajo de dirección de Cedar excesivamente sobrio y poco ambicioso, así como una trama que se va relajando paulatinamente y, por tanto, dejando de interesar, tenemos como resultado una película ramplona e insignificante, sólo destacable por el excelente trabajo de Hani Furstenberg, recompensado con el Premio a la mejor interpretación femenina.
Provincia meccanica (Provincia mecánica) – Italia
La ópera prima de Stefano Mordini demostró que lo peor que le puede suceder a un cineasta es creerse “autor”. Insufrible por momentos, Provincia mecánica no es más que un cúmulo de insensateces reunidas a lo largo de 108 tediosos minutos en los que Mordini intenta hacer pasar por “crítico” y “comprometido” lo que, en el fondo, no es más que pedantería e inercia fílmica. Una trama incomprensible, con giros de guión totalmente ridículos (la infidelidad, la consulta al mago), por la que pululan un grupo de seres insoportables cuyas acciones ni entendemos ni nos interesan, copan la totalidad de una película en la que el cineasta da constantemente palos de ciego intentando encontrar su propia personalidad y su propia vena de “autor” sin conseguirlo. Excesivamente influído por el cine de Ken Loach y, más concretamente, por Ladybird, Ladybird, Provincia mecánica nos hizo ver que la situación en la que se encuentra el cine italiano (tildada de “trágica” por el propio Mordini) empeora si las alternativas son películas como ésta. Eso sí, el trabajo de Valentina Cervi, espléndido.
Golemata Voda (The great water) – Macedonia
The Great Water obtuvo nada más y nada menos que cuatro galardones: Palmera de Oro, Premio al Mejor Director para Ivo Trajkov, Premio a la Mejor Banda Sonora para Kiril Dzajkovsky y Premio a la Mejor Fotografía para Suki Medencevic, convirtiéndose en la gran triunfadora de la Mostra. Nada que objetar a estas dos últimas recompensas. La hermosa música compuesta por Dzajkovsky es, en ocasiones, un personaje más y resulta emotiva y descriptiva a partes iguales. Asimismo, los claroscuros de Medencevic y la tonalidad sucia y distante que le otorga a las imágenes son de una contundencia apabullante. No obstante The Great Water es la película más tramposa y grotesca de todas cuantas han compuesto la Sección Oficial. El film intenta mostrar las duras condiciones de vida en un horfanato regido por comunistas al finalizar la Segunda Guerra Mundial y, con ello, hacer una crítica a cualquier tipo de régimen dictatorial. Empero, los trucos comienzan a aflorar desde un principio debido a la superficialidad con que se emprenden estas intenciones, quedando la presunta denuncia en un amasijo de situaciones sinsentido (el robo de la prenda interior a la instructora de educación física, los castigos,…), mezcladas con una incoherente inclusión de elementos fantásticos (el chaval con poderes cuya amistad busca el protagonista). Un guión, que utiliza todos los tópicos a su alcance sin aportar ningún elemento mínimamente novedoso, así como la innecesaria presencia de un narrador, sirven a Trajkov para construír una puesta en escena sin personalidad, al servicio de una historia anodina a la que no sabe (o no puede) complementar con un trabajo de dirección razonablemente aceptable. Por el contrario, abusa de una planificación pretendidamente llamativa para mostrar la nada. The Great Water es, en definitiva, una mala película, incomprensiblemente aclamada por un jurado compulsivo.
Le grand voyage (El largo viaje) – Marruecos
Ésta notable película de Ismail Ferroukhi forma parte de lo mejor proyectado en la Mostra y así fue valorada en la concesión de premios al serle otorgado la Palmera de Plata y el Premio a la Mejor Interpretación Masculina para Nicolas Cazale y Mohamed Majid. El film narra el viaje de un viejo marroquí hacia la Meca acompañado por su hijo, un joven que no comparte las creencias de su padre. Muy a pesar de tener un comienzo un tanto precipitado, la verdad es que la cinta está perfectamente construída, planteando un viaje iniciático en el que se reflexiona sobre el choque generacional, las diferencias a priori insalvables entre la cultura oriental y la occidental y, también, del significado y la trascendencia de las convicciones religiosas. El magnífico desarrollo de los dos personajes principales y la excelente, muy medida, progresión en que su relación está planteada se consigue gracias a un sólido guión, que se ve salpicado de ciertos detalles humorísticos, y también al espartano y logrado trabajo de dirección de Ferroukhi que sabe dar al film un ritmo muy particular que no decae jamás.
Agapi sta 16 (Amor a los 16) – Grecia
Amor a los 16 significó otra decepción al ser un film que prometía mucho más de lo que, finalmente, ofreció. La película de Kostas Haralompous narra el día a día de un grupo de chavales en la Grecia rural de los años ochenta. Lo cierto es que la película posee una primera media hora más que interesante, cuando se adentra en el costumbrismo de los adolescentes, mostrando sus devaneos nocturnos y sus primeros contactos con el sexo. Sin embargo, progresivamente, la película se va despojando de toda su frescura inicial y asumiendo unos roles de trascendencia totalmente inadecuados, hasta confluir en unos últimos quince minutos verdaderamente bochornosos, que no únicamente malogran la visión que se tenía de algunos personajes concretos (el padre, por ejemplo), sino que destruyen la totalidad de un film que, por momentos, había alcanzado ciertos niveles de calidad.
Odete (Odete) – Portugal
Sin ningún género de dudas, la película más insólita de todas las proyectadas en la Mostra que produjo sensaciones totalmente radicalizadas. Odete es un film visceral, extremo, que no admite medias tintas. Su descarnada visión del sexo y las relaciones de pareja, su intrincado argumento en la que dos historias de soledades acaban cruzándose (la de Rui, que ha perdido a su pareja, Pedro, en un accidente y la de Odete, que desea ser madre más que nada en el mundo) y una puesta en escena que potencia los tiempos muertos y extrae al exterior todas las sensaciones de los personajes, hacen del film de Joao Pedro Rodrigues una propuesta tan atractiva como, en el fondo, difícil de asimilar para quien no entre de lleno en el intrincado laberinto emocional planteado por el cineasta. Con un espléndido trabajo de Ana Cristina de Oliveira, ésta magnífica película, conscientemente provocadora y díscola, ha sido (para quien esto suscribe, al menos) después de Suburbios, el mejor film del festival.
Passion (Pasión) – Siria
Ésta correcta aunque insignificante película de Mohamed Malas logró hacerse, finalmente, con el Premio al Mejor Guión para el propio Mohamed Malas y Ahmed Attia en una de las decisiones más discutibles del jurado. Pasión es un film encaminado exasperantemente hacia la corrección política, no arriesga absolutamente nada ni en cuestiones ideológicas, ni mucho menos en sus fueros cinematográficos. Ello no quiere decir que aborde la problemática de la mujer en los países árabes desde un prisma frívolo o liviano. Para nada. Sin embargo, el film tampoco se involucra en toda su integridad. Queda en tierra de nadie, mostrando una situación intolerable (una mujer siria finalmente asesinada porque canturréa todo el día) guardando las distancias, exponiendo la situación bajo el yugo de un maniqueísmo facilón, en el que nada queda denunciado con la contundencia requerida. Una obra frustrada aunque, pese a todo, curiosa.
Dunia (Dunia / Kiss me not on the eyes) – Líbano
Impresentable. Éste es el único calificativo con el que se puede tildar este desastroso film de Jocelyne Saab y, asimismo, una prueba irrefutable de la mediocridad reinante este año en la sección oficial de la Mostra. Una especie de drama musical en el que un personaje insufrible, Dunia, intenta encontrarse a sí misma. Esta es la excusa perfecta para montar un sinsentido cinematográfico en el que ignoramos cuáles son las verdaderas intenciones de la cineasta: si dichas intenciones son hacer una crítica a la ablación como indica un rótulo en los créditos finales, no puede ser mayor el fracaso ya que éste es un tema totalmente secundario a lo largo del film. Si, por el contrario, es hacer un retrato femenino que represente una especie de nueva mentalidad, el fracaso es igualmente rotundo ya que es imposible identificarse con la protagonista, entre otras cosas, porque ignoramos totalmente el porqué de sus actos o sus formas de comportarse. Un film, sencillamente, espantoso.
(1) Compuesto por la actriz Victoria Vera; el actor y director teatral Andrés Alexis Fernández; el productor austríaco Josef Koschier; el director polaco Wiktor Grodecki; el periodista tunecino Walid Zaïane y el sociólogo y productor Giuseppe Massaro.
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