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Miradas de Cine acudió el pasado 14 de Septiembre a las oficinas del Festival Internacional de Cine de Gijón para encontrarse con su máximo responsable, José Luis Cienfuegos. El resultado fue una charla en la que hubo tiempo para adentrarse en los entresijos de uno de los certámenes más valientes y coherentes del panorama nacional. Agradecemos a todo el personal del Festival su cariño y diligencia. Y particularmente damos las gracias a Pablo Núñez, responsable de prensa, y al propio José Luis Cienfuegos, que demostraron sobradas paciencia y amabilidad.
—El Festival de Cine de Gijón contará este año por primera vez con un jurado FIPRESCI, hecho que lo sitúa definitivamente entre los más importantes del país.
—En cuanto a apoyo crítico y, sobre todo, para alimentar nuestro ego en lo que se refiere a los contenidos de la programación del Festival es un regalo para nosotros, y un regalo envenenado para determinados columnistas. Recuerdo cuando Hundstage, la película de Ulrich Seidl, ganó el Festival. Hubo quien, sin haberla visto, decía algo así como que no valía ni para una estantería de cine porno. O algunos otros artículos, que todos los años recortábamos y guardábamos en las antiguas oficinas del Festival, porque más que columnistas a veces son como cómicos, que decían que este festival programaba pornografía.
—Se pudieron leer en prensa, en algún diario, cartas al director con quejas del mismo estilo.
—Es gente que nunca está contenta con nada y que nunca han hecho nada por apoyar al Festival y a la ciudad. Frente a gente así, con el hecho de que tengamos el apoyo de la crítica internacional lo que cabe decir es "os jodéis", así de claro. Además es gente muy cobarde cuando intentas mantener un diálogo con ellos... Pero bueno, que nos ha venido muy bien y estamos muy contentos.
—Las retrospectivas de este año están dedicadas a Todd Solondz y Claire Denis, dos cineastas ya consagrados internacionalmente, y a una directora muy poco conocida, Pirjo Honkasalo.
—Como siempre, intentamos llegar a un cierto equilibrio en el tema de las retrospectivas. El hueco del director independiente más conocido, que el año pasado ocupó Lukas Moodysson, director muy querido aquí en Gijón, y en años anteriores Todd Haynes o Tom DiCillo, lo cubre Todd Solondz y poco a poco vamos poniendo cruces en cuanto al número de directores independientes americanos que se acercan al Festival, ahora que parece que hasta Garci se apunta al cine independiente, de lo cual me alegro. Ésto lo digo en relación a ciertas declaraciones que ha hecho recientemente referentes a modelos de cine.
—Sus modelos de cine están bastante claros...
—Sin duda. Pues lo dicho, por una parte está el cine independiente americano, cuyo listado de directores que han estado por aquí es bastante sólido y potente. Luego, una directora europea que curiosamente, o igual no tan curiosamente, luego hablaré del porqué, permanece inédita en las salas comerciales españolas, como es Claire Denis. Y por último Pirjo Honkasalo, una directora finlandesa muy importante, como decimos en la nota de prensa, dentro de lo que es el ámbito de la no-ficción, que también tiene algún largometraje de ficción. El año pasado nos quedamos con la espina clavada de no haber podido programar Tres habitaciones de melancolía, que se llevó varios premios en Venecia, y a raíz de esta película descubrimos a una directora a la que nosotros mismos desconocíamos absolutamente. Se trata de una cineasta de prestigio con la que cumplimos esa misión fundamental del Festival que es descubrir a directores para el público español. Y en cuanto a Claire Denis, su caso tal vez no es tan extraño, pues es una de esas víctimas del divorcio que se está produciendo ahora mismo en España entre las tendencias más arriesgadas del cine mundial y lo que gusta a los críticos y a los medios de nuestro país. En los últimos años, y sobre todo en el pasado, se ha acentuado muchísimo ese divorcio entre lo que funciona en festivales o en la prensa internacional y lo que funciona para los críticos españoles. Nos parecía que esta directora estaba siendo ninguneada por la distribución y por la crítica. Muchas veces las películas no llegan porque a los críticos españoles que cubren los festivales no les interesan demasiado. Así que es una buena oportunidad para descubrir a Claire Denis.
—Una práctica habitual del Festival de Gijón es seguir siendo fiel a directores que han pasado por él, caso de Kaurismäki o Lukas Moodysson.
—En el caso de Moodysson fue una cuenta pendiente que tenía con el público de Gijón. Lo pudimos ver el año pasado cuando salió en la gala de inauguración o en el encuentro con el público. Hay determinados nombres que solemos repetir, pero es algo a lo que nos apuntamos todos los festivales y hay algunos que lo hacen mejor que nosotros, como San Sebastián o Valladolid. No sé ahora con el cambio de director, pero se ha criticado, creo que injustamente, a Fernando Lara porque siempre venían los mismos nombres, cuando estamos hablando de grandes figuras del cine europeo que a lo mejor cuando pasaron por Valladolid no eran tan grandes. La fidelidad a unos autores responde también a una cierta demanda del público, que a veces quiere ver la segunda o tercera película de un director del que hemos puesto la primera. Esto también hace que esas películas funcionen mejor porque el director es conocido... Es algo a lo que nos lleva la propia inercia del Festival.
—La presencia de Abbas Kiarostami en la edición de 2002, junto con el resto de los contenidos, conformaron una oferta irrepetible.
—Te agradezco el comentario, pero he de confesar que fue uno de nuestros años más difíciles en cuanto a la programación de la Sección Oficial, cuando celebrábamos además el 40 aniversario del Festival. Lo de Kiarostami fue algo increíble que ni nosotros mismos nos esperábamos. No sé si estuviste en la rueda de prensa, pero ocurrió lo que nunca había ocurrido en todos los años que llevaba como director. Aquello dejó de ser una rueda de prensa y se convirtió en una clase magistral de cine. No se oía una mosca. Fue algo muy especial, había una comunicación increíble con los medios, que estaban allí respetuosamente hablando de cine como muy pocas veces he oído hablar a los periodistas que cubrís las ruedas de prensa. El propio Kiarostami me comentó cuando fuimos a comer que había disfrutado mucho en la rueda de prensa y en el encuentro con el público. Decía que le agradecía a la gente que acudiese a ver una película habiendo un partido de fútbol porque aquel día jugaba el Madrid. La verdad es que lo recuerdas con mucho cariño y sobre todo conviene al Festival porque sé que después Kiarostami ha hablado muy bien de nosotros cuando le han preguntado sobre retrospectivas que se le han dedicado. Pero ésto ya no es sólo mérito nuestro sino también de los propios espectadores y de los medios de comunicación, que se portaron de manera muy generosa.
—Hubo algunas críticas que acusaron a Kiarostami de presentarse con cierto divismo, con un halo de director-estrella. Recuerdo una crónica en Dirigido por que hablaba de esto, aunque personalmente no lo percibí en ningún momento.
—Yo tampoco. Además el número de entrevistas que concedió fue grande y estuvo por Gijón grabando con cámara digital.
—Para Five.
—En efecto. No nos dio ningún problema y es de esos invitados que lo mismo te dá que esté cuatro días que esté cuarenta. Un tipo muy respetuoso, afable, afectivo y muy generoso con su tiempo. Además descubrimos su sentido del humor. Era muy divertido escuchar la anécdota de cuando había venido por primera vez a Gijón...
—Ulrich Seidl también fue un importante descubrimiento como cineasta, y en persona parecía tan impenetrable y enigmático como sus propias películas.
—Puede ocurrir lo mismo que con Lukas Moodysson. Quizás los directores que tratan temas tan morbosos luego son gente muy tímida y con más sentido del humor de lo que parece. En el caso de Ulrich Seidl lamenté muchísimo que no pudiese quedarse más días con nosotros, porque se hubiese ido relajando y entrando en las costumbres de un país que no conocía como es España. También el propio tono del Festival hace que los invitados bajen la guardia. No me refiero sólo a la organización sino a los conciertos y al público, que crean un ambiente muy relajado. La gente hace preguntas, el cine se llena y ésto permite que los invitados al segundo día se encuentren aquí como en casa. Sin ir más lejos Jonathan Caouette, el director de Tarnation, tenía un compromiso en Nueva York el lunes pero no se quería ir porque quería salir por Cimadevilla todas las noches... Es algo estupendo y que es mérito de la propia ciudad.
—Este año se ha estrenado en España Struggle, de Ruth Mader, una película que está entre lo mejor visto en Sección Oficial pero que ha llegado de forma muy minoritaria, lo cual es una lástima.
—Son ese tipo de películas que en España no funcionan. Aquí funciona mucho mejor lo que Àngel Quintana ha llamado "realismo tímido". Esas películas de temática social que lavan conciencias tienen más aceptación que películas bastante incómodas como Struggle. Nosotros estamos más cerca de la línea de Struggle, del cine de Ulrich Seidl o del Lukas Moodysson de A Hole in My Heart que de ese otro cine.
—Es que el cine llamado "social" también puede caer en una serie de fórmulas, como ocurre en el caso de Ken Loach, cuyo cine, aunque sea bienintencionado, termina adquiriendo unas pautas que buscan hacerlo fácilmente digerible para el público.
—Sin entrar en el debate sobre Ken Loach, eso no ocurre sólamente con el cine social, y de este tema he hablado muchas veces con Fran Gayo, director de programación del Festival, sino que lo mismo que existe la plantilla para el cine comercial, pues todos sabemos cómo va a ser una película de acción, también en el cine de vanguardia, el cine difícil de arte y ensayo, encontramos fórmulas que se repiten y son muy previsibles. Muchas veces te planteas: ¿Cuánto hay de verdad en estas películas DE AUTOR y cuánto de impostura? Esa formulación y previsibilidad puede ocurrir lo mismo en el cine de vanguardia que en el comercial.
—Hay quienes se atreven a quejarse de que el cine español no tenga demasiada presencia en la Sección Oficial.
—Nosotros estamos muy contentos porque los cortos del año en España se tiendan a estrenar aquí.
—Y muchas veces son más interesantes que la mayoría de películas que se hacen.
—Si mi amigo Montxo Armendáriz fuera un joven realizador y me mandara Obaba por supuesto que se la programaría. O si me enviaran Siete vírgenes, la película de Alberto Rodríguez presentada en San Sebastián y que no he visto todavía pero de la que todo el mundo habla maravillas y que en Toronto ha tenido críticas extraordinarias. Pero estas películas se defienden mejor en otro tipo de festivales. Luego está Málaga, con pocas películas a competición y con unos premios en metálico muy suculentos, por lo que nos queda poco para escoger. Está San Sebastián con Oficial y Realizadores, está Valladolid, que también tiene una tradición de defender el cine español, y tres meses después viene Málaga. Lo que queda es escaso y además nosotros defendemos y programamos una línea muy definida de películas procedentes de otros sitios y a lo mejor no se producen tantas películas así en España. Nos estamos planteando que a lo mejor es el cine español el que no encaja en el Festival de Gijón.
—El proyecto Nuevos Cines es absolutamente necesario en unos tiempOs tan proclives a la desmemoria en los que incluso muchos de los nuevos cineastas desconocen los llamados "clásicos modernos".
—Es uno de los ciclos que más nos cuesta hacer, y por ello es que estamos aquí trabajando todo el año. Para estas enormes retrospectivas hay que recuperar copias, tirar nuevas copias, localizarlas físicamente y encontrar los derechos de productoras que ya no existen. En el caso del Nuevo Cine Americano del año pasado se trajeron films que nunca se habían visto en España. Cubrimos así un hueco de algo que, lamentablemente, no existe en Asturias: que se puedan ver retrospectivas históricas, ya que la Filmoteca Asturiana no está haciéndolas. Nosotros, en la medida de nuestras posibilidades y con la limitación temporal, las hacemos.
—Hasta hace muy poco no descubrí que había una Filmoteca en Asturias. Su actividad, si es que hay alguna, debe ser sólo para círculos reducidos.
—No sé si es que no lo publicitan o los medios no les hacen caso, pero lo que está claro es que el tipo de programación de la Filmoteca de Asturias no tiene nada que ver con el Festival de Gijón ni con el de las filmotecas con las que nosotros trabajamos, caso de la Española, las de Valencia y Coruña o la Cinemateca Francesa y otras del resto de Europa.
—La sección Llendes, inaugurada el año pasado, ofreció auténtico "cine invisible" prácticamente imposible de encontrar en cualquier otra parte.
—Es una sección que acompaña el propio camino que está siguiendo el cine. Ahora mismo hay películas inclasificables que necesitan ser mostradas. Los festivales no pueden ceñirse a la sección oficial a competición o a las retrospectivas históricas. Llendes significa "límites", y hay muchas películas que están en el límite, que no se sabe si son ficción o documental. Es una manera de orientar a nuestro público, pues ésta es la sección más arriesgada formalmente. Nosotros también tenemos que jugar con el público y las capacidades de las salas.
—Estuve en algunas sesiones el año pasado y realmente no había demasiada gente, pero es comprensible.
—Es lo normal. Lo que no podemos es programar una de estas películas en el Teatro Jovellanos, donde tuvimos entre setecientas y mil personas por sesión, y que sólo vayan cuatrocientas personas. Para eso hay otros aforos y otras secciones de los festivales, no sólo en Gijón sino también en Rotterdam o Buenos Aires, donde también se hace programación de este tipo.
—En Llendes se programaron películas durísimas. Recuerdo especialmente Oh, Uomo, que me dejó sin aliento.
—Esa película se proyectó en Cannes ante poco más de cien personas y la acabaron veinticinco, así que no pensemos que por ser Cannes la cosa cambia... Hay determinadas secciones de los festivales porque tienen su público limitado que va a buscar esas cosas.
—El año pasado el Festival trajo a Tsai Ming-liang, director señero de lo que es el nuevo cine oriental. Se trata de una apuesta por un gran artista que, aunque practique un cine "no-narrativo" en el que apenas suceden hechos destacables, ha conseguido con su última película, The Wayward Cloud, alcanzar una narrativa que, sin romper con lo anterior, se revela como absolutamente nueva. Y en Gijón la gente al final acabó aceptando su cine. Recuerdo que en el pase de What Time Is It There?, que tal vez es su película más accesible, los espectadores estaban encantados.
—Funcionó muy bien. The Wayward Cloud la ví en Berlín y estamos peleando por ella, aunque va a estar difícil traerla. Esa película me atrevería incluso a proyectarla en el Teatro Jovellanos. Es una comedia extraordinaria y la última secuencia es de lo mejor que he visto en muchísimo tiempo.
—Tsai es un autor totalmente ajeno a barreras y presiones. En The Wayward Cloud se expresa con una libertad absoluta.
—Y parece que finalmente se va a estrenar aquí. La ha comprado Lauren.
—Me soprende la noticia, nunca lo habría sospechado. Creo que ante un film así puede haber rebeliones en las salas comerciales...
—Esa película lo que necesita es un arropamiento por parte de la crítica española. Lo merece.
—Dentro del cine oriental tenemos a Hong Sangsoo, que me parece un candidato inmejorable para venir a Gijón.
—La verdad es que nos gusta mucho, lo que ocurre es que, como la Unión Europea nos da ayudas, tenemos una obligación, lícita por otra parte, de apoyar al cine europeo, por lo que la cuota tanto de cine norteamericano como de cine europeo es inevitable.
—La música alternativa, y particularmente el rock en todas sus manifestaciones, siempre está presente en el Festival, tanto en los conciertos como en la sección Desorden y concierto.
—Es algo que se ha incorporado con total naturalidad a la programación. Además el público del Festival, cuando acaba una jornada, en lugar de ir a casa a comerse la cabeza prefiere tomarse una caña, escuchar un buen grupo y alargar lo máximo la noche. Eso gusta a la organización y a los espectadores y es una buena ocasión para acercar a Gijón a grupos que de otro modo no tendríamos ocasión de ver. También nos agrada que los invitados del Festival tengan contacto directo con nuestro público. En lugar de hacer fiestas más cerradas, como en festivales más grandes, que todos nos encontremos en una fiesta a la que pueda ir quien lo desee.
—¿Algún director que se os haya resistido? ¿Alguna espina clavada?
—La ausencia de Olivier Assayas fue una faena porque estaba confirmada su presencia. Luego me comentó él en Cannes que la secuencia de Clean que tuvo que repetir una y mil veces y por la que no pudo venir a Gijón la tuvo que eliminar del montaje final. Pero bueno, son cosas que pasan. Y, luego, la pena es que se nos murió prematuramente John Frankenheimer, que era un director que teníamos muchas ganas de tener aquí.
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