Los Solanas

Nordeste es el primer largometraje de Juan Solanas. La dignidad de los nadies el último —hasta ahora— de su padre, Fernando Pino Solanas. Quizás ninguna relación pueda hacerse entre uno y otro. Aunque quizás sí (más allá de buscar fastidiosamente rastros del padre en el hijo) En principio ambos se ocupan de temáticas —digamos— sociales. El tráfico de niños el primero, la fuerza de voluntad de los excluidos, el segundo. Por otro lado, ambos films manejan registros cercanos de lo real (a pesar de uno —el primero— ser un relato ficcional, y el otro un documental) Uno y otro fuerzan lo real para ceñirlo a sus propósitos. Se podría pensar que siempre hay un real trabajado, encaminado, manejado para la mejor resolución de un planteo dado. Pero en los films de los Solanas (como en la gran mayoría de lo estrenado comercialmente) esa manipulación no se explicita: se fuerza, se opera, se maniobra, pero tales operaciones intentan mostrarse como naturalidad, como verdad.

Quizás más problemas al respecto parece tener Nordeste. La trama da cuenta de las peripecias que viven una francesa que llega a la Argentina para "adoptar" un niño y una mujer del norte argentino que hace lo que puede para mantener a su niño e intentar que no le rematen la casa (para vivir, bah) La francesa, una burguesa típica (así se la muestra, es decir, remarcando los rasgos del estereotipo), que viaja a la Argentina para comprarse un hijo (interesante el sutil progreso que devela el autoengaño... es decir, el proceso que la lleva a descubrir que adoptar no es lo mismo que comprar. Siendo en su rostro, donde tal progresión se lleva a cabo) La argentina, pobre hasta la médula (nuevamente el estereotipo a flor de piel), soportando todos los males del mundo sobre su cuerpo cansado, comienza a manejar la idea —no sin tortura de conciencia— de darle a su hijo un "futuro mejor". Así planteadas las cosas, no es difícil de imaginar los senderos que irán a transitarse. Y son estos caminos claramente delimitados, imposibles de trasponer, los que hacen del film de Solanas Jr. un relato predecible, claramente manipulado, impedido de quedar librado a la vital contingencia, a la incertidumbre, a las ambigüedades. Conciencias estancas, voluntades de hierro, convocan mas a una fábula, que al pretendido verismo.

Si Pino tiene menos problemas con respecto a ocultar el forzamiento de lo real, se debe a su nutrida experiencia como director, y al volver a incurrir en el formato fílmico que más cómodo le queda, el documental. Tanto su anterior film Memorias del saqueo como La dignidad de los nadies (que son parte de una saga de 4 películas, según ha adelantado el director), además de compartir explícitos, inequívocos y explicativos títulos, son películas donde la necesidad se impone por sobre cualquier dubitación estilística. Ambos pretenden ser relatos precipitados, apremiantes, de una Argentina quebrada, resquebrajada. Y la urgencia atraviesa, se imbrica, tanto en la estructura narrativa como en el contexto descrito (es decir, se cumpliría el traslado al film del "estado de las cosas" de la Argentina contemporánea) Pero ¿qué es esto de no interesarse por problemas de estilo? ¿Volvemos a la añosa y anodina discusión forma-contenido? Pino parece desmerecer cuestiones estilísticas, pero solo puede hacerlo de manera conciente (sus elecciones formales nunca dejarán de fluir) No deja de encuadrar de cierta forma, no deja de narrar de cierta forma, no deja de montar de cierta forma. Es ahí, pretendiendo subestimar cuestiones de estilo, emparentándose a un rancio documentalismo televisivo progresista, donde su obra se transforma en documento de una realidad sustancial. Lo discursivo, lo explicativo lo abarca todo, dejando a la contingencia, nuevamente, extirpada del juego de lo real.

Litoral argentino. Calor, humedad, vegetación abundante, pobreza. Relaciones jerárquicas, autoritarias, machistas. Las tradiciones, la religión, pesando sobre las conciencias. Todas estas "verdades" —fácilmente trasladables a cualquier otra región no urbana— sostenidas por habitantes de la gran urbe, son desplegadas en Nordeste. Sumado a eso, una fuerte tendencia al melodrama, a la acentuación de rasgos distintivos, a la inmoderación de caracteres. Se debería de dudar de películas que pueden narrarse en pocas palabras, al menos de aquellas que lo único que tienen por dar es un relato. Superficialidad: escaso ahondamiento en el alma de sus personajes, en la provocación perceptiva del espectador.

Como parte de la "saga" (de la argentina deshecha/a rehacer), Memorias del saqueo empieza con la dictadura (la ultima) para terminar en el gobierno de De la Rua. La dignidad de los nadies, empieza con la pueblada que desplazó a De la Rua, recorriendo los últimos años hasta el actual presidente Kirchner. A diferencia de la primera, La dignidad..., es un relato más compacto, menos panfletario, menos maniqueo (un poquitin menos... y se agradece) Estructurada en base a entremezclar historias particulares con "la" Historia (la interpretación de ella, claro), permite ligarse al registro de la cotidianeidad de la crisis, posibilita entreverarse con lo diario, con el transcurrir de los días de quienes están/quedaron/fueron-dejados fuera, los "excluidos", en nueva jerga sociológica. Historias de historias. Relatos desgarrados de vidas desgarradas, retazos recogidos de una parva de deshechos generados por esos mismos pocos de siempre. Estructuraciones vitales erosionadas por un contexto acosador, pero sostenidas (en el mejor de los casos) con voluntades que de tan férreas se presentan heroicas. Al menos así, con ese halo de heroísmo con el que la izquierda suele presentar a los "luchadores sociales", aparecen representados en la pelicula de Solanas. La dignidad de los nadies, la tituló, y ya mucho (casi todo) está diciendo. Nada de sugerencias difusas, los "nadies" son dignos, y de eso va la cosa.

Debutó otro Solanas, y Cannes lo acunó. El viejo sigue recorriendo (a su manera) los estratos marginales de la sociedad (ya no de marginación política como en los sesenta, sino de marginación absoluta... pero más modositos, amodosados, extirpada a fuerza de palos y tv la fibra política).

foto
Sebastián Russo, fotógrafo y sociólogo, comenta cada mes para MdC la actualidad cinematográfica en Argentina y Latinoamerica.