Crónica I, 25 de noviembre
Miradas de Cine acude, un año más, a una nueva cita con el Festival Internacional de cine de Gijón, que celebra este año su edición número 43. En los días venideros ofreceremos a todos nuestros lectores un puñado de primeras impresiones sobre las películas que se irán proyectando en las diferentes secciones, con atención especial para la Sección Oficial, por supuesto, aunque sin desdeñar las siempre jugosas secciones paralelas. El formato de las crónicas será informal y sin duda poco organizado, mas esto se nos antoja inevitable teniendo en cuenta la premura con la que serán confeccionadas, así como el ínfimo tiempo de reflexión ante cada título visto (una media de algo más de tres al día...). Es por esto por lo que el número de imprecisiones, boutades y gilipolleces varias será superior a lo habitual. Por ello pido disculpas anticipadas (a eso se llama poner la venda antes de la herida, je, je, je).
Comenzamos ya con el primer largometraje de Sección Oficial visto en pase de prensa matutino. Se trata de la producción Ultranova, dirigida por el belga Bouli Lanners. Nos encontramos ante una historia sobre personajes pequeños. Gente común y corriente que sobrevive gracias a un empleo monótono en un entorno urbano industrializado bastante poco dado a crear esperanzas vitales para sus habitantes. El film encadena una serie de situaciones de la vida cotidiana repletas de diálogos rutinarios y momentos en los que la narración queda suspendida. Hasta aquí todos los elementos citados prometerían una película realmente intensa, si bien el film, interesante después de todo, aunque también fallido, acusa el empleo de una serie de recursos que rebajan notablemente la profundidad de tan prometedor planteamiento. Uno de ellos, el factor sin duda más negativo de todos, es el empleo de la música. No porque ésta no encaje con las imágenes, sino porque su inclusión dota al film de un espíritu un tanto acomodaticio, tal vez incluso autocomplaciente, dulcificando momentos que, de otro modo, resultarían menos fáciles de digerir (y más profundamente emocionantes). Asimismo los citados diálogos banales son, en ocasiones, excesivamente rebuscados en pos de sorprender con rarezas de los personajes. Tómese como ejemplo los que tienen lugar entre las dos amigas en el trabajo en la secuencia en la que una de ellas habla del "significado" de las líneas de la mano de las personas. Esta secuencia tiene una rima posterior que bordea peligrosamente el ridículo en la escena en la que la chica intenta "prolongar su línea de la vida" haciéndose un corte en la palma de una de sus extremidades... El querer "cerrar" excesivamente el argumento es otro de los defectos puntuales de un film en el que, si bien es cierto que hay cierto sentido del humor, la pesadez de la tristeza de la vida acaba imponiéndose de modo un tanto impostado.
Leve complacencia, cierta impostura… Ultranova (un título que no sé muy bien por qué ha sido puesto al film: igual porque suena postmoderno y tal...) recuerda en su estética de encuadres largos y cuidados al actual cine "independiente" (las comillas tienen más sentido que nunca aquí) que triunfa en festivales como el de Sundance, y me refiero al menos indagador, al menos propenso a la auténtica búsqueda. Con todo, sobreviven buenas ideas como los planos que muestran los polígonos industriales, los camiones aparcados o las escaleras mecánicas, que recogen el tedio de la repetición cotidiana de acciones casi ya robóticas. Y no es casual que el mejor instante del film, la confesión íntima que la chica le hace al protagonista poco antes del final, sea uno de los pocos que se mantiene íntegramente sin emplear la música, con lo que el alargamiento de la duración del plano se clava dolorosamente sobre el espectador. También en Sección Oficial se ha podido ver el cortometraje Flesh, firmado por el francés Edouard Salier. Encabezado con unos títulos de crédito que parecen salidos de un film porno (Salier suena casi igual que Salieri, ¿no?), se trata de una recreación infográfica colorista de una ciudad en la que los edificios "proyectan" (no sé cómo explicarlo, esto hay que verlo) imágenes sensuales de chicas retozonas, aunque enseñando sólo lo justo para calentar al personal. Súbitamente, un avión choca contra uno de los edificios, seguido de otro, que choca contra el edificio contiguo. Las dos torres se vuelven a derrumbar, esta vez en versión informática. Entonces, aparecen muchos más aviones que van derribando el resto de la ciudad, en unos instantes francamente perturbadores. Al final, un nuevo "edificio monolítico" (no sé cómo llamarlo: ya digo que esto es difícil de describir con palabras) surge de entre los escombros tras el apocalipsis. Flesh es una curiosa abstracción de carácter inequívocamente político que tendría más mérito, al menos para el que suscribe, si el grupo musical Radiohead no hubiese realizado (ahora no recuerdo quién dirigió el video-clip, ustedes disculpen) un trabajo audiovisual parecido para su canción Go To Sleep, de su disco Hail To the Thief (2003), en el que una serie de edificios (grisáceos, en este caso) se derrumbaban ante la indiferencia de los viandantes para posteriormente volver a reconstruirse.
Termino con un par de notas breves: La primera es para Vendredi Soir (2003), correspondiente a la retrospectiva dedicada a Claire Denis. Se trata de una historia en la línea de Lost In Translation (producida el mismo año), pues muestra a una pareja que se encuentra y se ama (al menos físicamente) por casualidad en medio de un auténtico caos (en este caso, de un monumental atasco en París que nos retrotrae a las caravanas de coches de Jacques Tati o al Luigi Comencini de El gran atasco). La atención a los pequeños detalles por parte de Denis es exquisita, y la mostración de los momentos de erotismo recuerda un tanto a la exhibida por Wong Kar-wai en sus obras más recientes, en lo que puede ser tomado como un punto de referencia o incluso, como bien me comentó el compañero José Manuel López tras la proyección, como una broma por parte de Denis, cuyas imágenes nos devuelven, en todo caso, una estética mucho menos manierista que la de Wong. En todo caso nos hallamos ante un film silencioso en el que el punto de vista de la protagonista llega a condicionar el relato de tal modo que algunos hechos no se deciden entre lo imaginario y lo real. Francamente sugestivo, sí señor. La segunda nota breve es para hacer una recomendación: El nuevo número de Letras de Cine, dedicado a Apichatpong Weerasethakul, simplemente extraordinario. No se pierdan, por cierto, las magníficas entrevistas que nuestro compañero Manuel Yañez les hace a directores de la talla del propio Apichatpong, Kiarostami, o Lucrecia Martel. Hojeando el número de Letras de Cine, por cierto, me he enterado de un penoso hecho acaecido en un supuesto "centro cultural" madrileño, donde se ha vetado la proyección de una obra maestra que se pudo ver el año pasado en Gijón, titulada Oh, uomo, realizada por Yervant Gianikian y Angela Ricci Lucchi. Benditas sean las mentes pensantes que no quieren que la juventud se entere de una puta vez de las consecuencias que tiene la guerra sobre el cuerpo humano... ¿Qué sería de nosotros sin ellas? (Perdonen el exabrupto, pero comprobar una y otra vez cómo se mantienen reminiscencias franquistas en este país me saca de quicio...).
Esto ha sido todo de momento. Espero no aburrir demasiado con mis comentarios. Pronto, una nueva letanía. |
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