Crónica II, 26 de noviembre

Nueva jornada de un Festival marcado, de momento, por una meteorología espantosa que hace que los desplazamientos entre los distintos centros neurálgicos del certamen sea una auténtica odisea, y por un arranque nada desdeñable de la Sección Oficial. Sin embargo, y aunque el tiempo sea de perros, aquí seguimos al pie del cañón, resistiendo el frío y la falta de sueño cual soldados vencedores en la reconquista de Perejil. Vamos ya con los comentarios, que es lo que de verdad interesa (o no).

La Sección Oficial nos trajo un film irlandés titulado Adam & Paul, dirigido por Lenny Abrahamson. La historia de una pareja de yonquis sin hogar y sin horizontes que deambulan por la vida intentando sobrevivir y conseguir un chute. Aunque en el propio programa de mano del Festival se compare con películas como Trainspotting, la realidad es que se trata de una propuesta radicalmente diferenciada de la de Danny Boyle, pues renuncia a los estilemas propios de esa postmodernidad que a veces corre el peligro de frivolizar excesivamente las cosas. Si bien contiene algunos elementos de humor un tanto fáciles, lo cierto es que lo que sobrevive al cabo son un buen puñado de imágenes degradadas, oscuras y no poco tristes que glosan las tribulaciones de esta patética pareja, capaz de las más rastreras (y chapuceras) maniobras para sobrevivir. El viaje que ambos emprenden lleva directamente a las alcantarillas del ser humano, donde la picaresca es el único modo de luchar contra la precariedad de una realidad en la que resulta imposible encontrar acomodo. Finalmente un film que, pese a no ser una obra impactante, sí resulta lo suficientemente áspero y sin concesiones como para dejar un buen (o sea, un mal: ustedes me entienden) sabor de boca al espectador. Durante la proyección, por cierto, no he dejado de pensar en que este tipo de películas canallas hechas prácticamente en la calle podría ser una salida futura para el cine español... A ver si alguien toma nota de una vez. Siguiendo con la Sección Oficial, tenemos un cortometraje (bastante —demasiado— largo: 23 minutos nada menos) francés titulado 3 gouttes d’antésite y realizado por Karine Blanc y Michel Tavares. El corto va sobre diferencias generacionales, con una niña muy pija y muy creída (sin motivo, a mi modesto entender) que debe quedar a cargo de su abuela, algo que la incomoda y repugna, pues no soporta ver su cuerpo viejo y arrugado. Por otro lado tenemos la historia sexual (iba a poner "amorosa", pero la verdad es que no hacen otra cosa que follar) de la chica con un guaperas, la cual suele tener lugar en el asiento trasero de su coche. En el desenlace, la joven rompe con el "novio" porque éste la engaña con otra y acaba aceptando los cuidados de su abuela tras leer un diario íntimo de ésta lleno de frases bucólicas. Así de sencillo, y así de sentimentaloide, amigos.

Turno ahora para las secciones paralelas. Vamos con Pirjo Honkasalo, la directora finlandesa homenajeada este año. Éste primer acercamiento a su obra ha resultado un tanto gélido, aunque no desagradable. El micro-cortometraje Darkness, protagonizado por una masajista ciega, no deja de ser una pieza testimonial y poco representativa de su estilo. No cabe decir lo mismo de Mysterion (1990), un documental rodado en Estonia que introduce la cámara en las vidas de unas monjas de clausura ortodoxas, describiendo su despojada (y terrorífica) existencia con todo lujo de detalles. No sólo las apabullantes ceremonias religiosas, sino también los durísimos trabajos de siembra (realizada manualmente, sin aperos o con útiles casi prehistóricos), recolección o recogida de bloques de hielo (sic). Unas mujeres que han decidido renunciar a todas las comodidades (y fetiches absurdos) de la vida moderna, y que nos permite comprobar cómo vivía la gente que no tenía acceso a todas las imágenes y los nuevos modos de pensar del mundo audiovisual presente, pues estas monjas sin duda vivían igual que se vivía hace cien años. La película tiene alguna fuga excelente, como los instantes que muestran el trabajo en una mina cercana y los vertidos de dicha explotación en las aguas del río, aunque su ritmo es puntualmente moroso y los temas se dispersan en demasía. Al salir de ver este documental pude escuchar, por cierto, comentarios de espectadores que se compadecían de las personas que acabábamos de ver en pantalla. La verdad es que, en un primer instante, uno puede preguntarse: ¿Para qué tanta renuncia y dolor? Pero, en el fondo, la compasión es un sentimiento equivocado en este caso, ya que es muy probable que estas eclesiásticas sientan algo parecido por nosotros y nuestras frenéticas (y, si nos distanciamos, veremos que también bastante penosas) vidas. En fin, que la película da qué pensar.

"Llendes", sección creada el año pasado, fue una de las sorpresas más agradables que nos deparó la edición anterior del Festival de Gijón, ya que dio cobijo a una serie de propuestas de cine invisible en el límite entre el documento y la ficción, siempre explorando y renovando. En ese sentido, no podemos evitar haber sentido una ligera decepción tras visionar nuestro primer título, por ahora, de esta selección, que no fue otro que El perro negro: Stories From The Spanish Civil War, realizada por el húngaro Péter Forgács. Un film que recupera metraje ajeno perteneciente a Joan Salvans y Alberto Noriega, dos realizadores amateurs españoles que recopilaron material fílmico durante varias décadas. Hablamos de decepción no porque el resultado sea malo, sino porque las formas expositivas empleadas por Forgács son un tanto previsibles y convencionales, y a menudo repetitivas. No obstante, es un trabajo didáctico lo suficientemente completo como para ser recomendado, sobre todo para gente joven con ganas de conocer la historia reciente (da miedo pensar lo cerquita en el tiempo que están algunos acontecimientos reflejados en el film) de España, si es que hay alguien a quien le interesa eso en un país donde la televisión no hace más que marujear todo el santo día. Las cosas se simplifican un poco más de la cuenta desde una perspectiva izquierdosa (el plano de Franco y Astray yuxtapuesto a un plano que muestra a unos gorrinos no debe ser casualidad), pero el resultado no santifica ni demoniza a nadie en particular, además de dejar para el recuerdo imágenes nunca o muy pocas veces vistas, como la quema de santos y saqueo de iglesias por parte de grupos anarquistas o las bodas, bailes y paseos en avión (con una rutilante esvástica en la cola) de las familias burguesas. La implementación es muy sencilla: Secuencia que muestra la España de opereta / Secuencia que ofrece la contraportada miserable que alentaba la lucha obrera. El resultado es eficaz, en líneas generales, aunque no dejamos de pensar qué habrían podido hacer otros (Godard, por ejemplo) con un material tan jugoso.

Me despido ya (de acuerdo, las crónicas son un poco escasillas, pero es que el tiempo es mínimo) impaciente por el inminente encuentro de Claire Denis con el público de Gijón, que tendrá lugar en el pase de L’Intrus. Ayer pudimos escucharla brevemente en la rueda de prensa y parece tener muchas cosas interesantes que decir aparte de sus películas, que, de momento, me están pareciendo realmente interesantes (otro día comentaré algo sobre S’en fout la mort, uno de sus primeros —y excelentes— trabajos). Es todo por ahora. Que tengan un buen día.

Por Alejandro Díaz
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