Crónica V, 30 de noviembre

Saludos de nuevo desde Gijón. En estos últimos días estoy dando forma a una teoría que consiste en que la prensa del Festival se divide básicamente en dos grupos: La gente que día a día tiene que esforzarse en pensar y escribir sobre lo que va viendo, y aquellos que, faltos de semejante responsabilidad, se dedican a acudir a todas las fiestas nocturnas que el festival celebra día sí y día también en diferentes salas de la ciudad. Adivinen en cuál de los dos grupos está quién les escribe… En fin, se hace un poco duro acompañar a algunos de mis amigos y conocidos hasta las puertas del local fiestero de turno para acto seguido dar la vuelta de camino a casa sin haber probado ni una mísera gota de cerveza, pero al final se acostumbra uno, y estoy seguro de que, aunque ahora no haga más que quejarme, terminaré por echar de menos todo esto una vez haya concluido, y ya queda poco para ello… Pero bueno, todavía nos quedan películas de las que hablar. Vamos con algunas de ellas.

Pavee Lackeen. The Traveller Girl es, por el momento y para mi muy particular gusto, el mejor largometraje visto en la Sección Oficial del Festival. Se trata de un acercamiento con modos cuasi-documentales a los travellers (nómadas) que llevan viviendo en Irlanda desde hace varios siglos manteniendo unas ideas culturales y una lengua propia (el film se pasó en una copia subtitulada en inglés). La película ha sido realizada por el fotógrafo Perry Orden a partir de cientos de horas en compañía de estas personas y recogidas con cámara digital, pero cuenta no obstante con un pequeño substrato de ficción en forma de guión mínimo que, a la manera del neorrealismo italiano, ayuda a entender mejor las formas de vida de gente marginal y marginada. Que nadie espere blandura, azúcar o recursos facilones en Pavee Lackeen, pues el film en todo momento resulta sincero, desnudo y fiel a la realidad que retrata, sin victimismos ni dulcificaciones, siguiendo los pasos de los personajes con un ajustado distanciamiento humanista que aparta toda tentación compasiva. Un film que, por cierto, recibió el premio a la Mejor Película en los Irish Film and Televisión Awards, equivalentes irlandeses a los "Goyas" españoles. Me juego un juanete a que un trabajo de las características de Pavee Lackeen sólo aspiraría en España, y con suerte, al Premio al Mejor Documental, aunque, en mi opinión, se trata de una película que se encuadra perfectamente, tal y como han reconocido en su país de origen, en el terreno de la ficción. Y digo todo esto porque todavía recuerdo en estrambótico Goya al Mejor Documental recibido por En construcción… En el capítulo de cortometrajes nos encontramos con Perro negro, dirigido por la argentina María Florencia Álvarez. La historia de unos jóvenes que, al no poder desplazarse físicamente al encuentro con su abuela agonizante, tratan de llegar hasta ella por métodos esotéricos. Un corto no demasiado molesto pero tampoco especialmente destacable, que deja algún plano interesante (por su duración y calidez) dentro de una propuesta humilde y no demasiado compleja.

Dentro del ciclo paralelo "Universo Media", dedicado este año a "Los nervios culturales del dolor: El sufrimiento en el cine, la filosofía, la literatura y las artes", hemos podido recuperar un largometraje fechado en 2003, titulado The Saddest Music in the World, producido por Atom Egoyan y realizado por el también canadiense Guy Maddin. Es este un trabajo altamente personal e intransferible, pues el director de The Dead Father utiliza una serie de recursos cinematográficos de modo que, en ocasiones, da la impresión de que quisiera comprimir toda la historia del cine (o la Historia a secas) en una sola secuencia de planos fugaces. La película, que cuenta en su reparto con una Isabella Rossellini que casi parece, filmada en blanco y negro, una reencarnación total de Ingrid Bergman, es una reflexión musical con marcado sentido del humor, en ocasiones grotesco, en forma de grand guignol por el que desfilan una serie de personajes simbólicos a la manera godardiana. Y, al igual que en los films de Godard, la cantidad de referentes que se cruzan en él es inabarcable. Mientras veía The Saddest Music in the World recordé varias veces la película Europa, de Lars von Trier, ya que Maddin hace uso de muchos trucajes vistos en dicho film, como las transparencias, ralentíes y otras estrategias de montaje manieristas. Y, sin embargo, ambos me parecen trabajos muy diferentes en el fondo. Mientras Maddin apuesta por la sutileza y los elementos de la puesta en escena sirven a la historia que cuenta, los empleados por von Trier resultan mucho más gratuitos y excesivos, y parece que su único objetivo sea llamar la atención una y otra vez sobre la propia figura del director danés.

Antes de despedirme, siempre por ahora, decir que, la Sección Oficial de esta edición 43 me está pareciendo la mejor de los últimos años. Espero que todo vaya bien y la cosa no empeore al final. Y también espero que todos ustedes, queridos lectores, estén pasando un rato cuanto menos no muy aburrido con estas agrupaciones de letras que de cuando en cuando envío a la redacción central de "Miradas de Cine". En breve, más y espero que mejor.

Por Alejandro Díaz
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