«¡¡He tocado a Park Chan-wook!!»
Bienvenidos a esta su casa. Tomen asiento y disculpen el desorden... el título me ha salido algo críptico esta vez, pero es que el festival de Sitges desata bajas pasiones en mujeres de altura (¡comprobado!).
Octubre será recordado —si la posteridad se muestra adversa y traicionera— por Estatuts, huracanes, terremotos y otras catástrofes de diversa índole y condición. Los papeles se invierten: los políticos ejerciendo de fuerzas de la Naturaleza y la Naturaleza... diezmando a los más pobres (una labor más propia de politicastros, ¿no creen?).
Como siempre, preferí refugiarme en el cine. No me llamen avestruz: ¿acaso no es legítimo rehuir la realidad cuando esta se advierte tan mediocre?
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Obaba no es Macondo.- Un año de "riesgos" sin parangón en la tríada española pre-seleccionada para la verbena de los oscars: Princesas (prostitutas disertadoras plenamente conscientes del sentimiento trágico de la vida), Ninette (o cómo convertir a la Petaki en algo parecido a una actriz) y la que nos ocupa. Como hay que apoyar a la cinematografía nacional (es broma, señores, es broma) decido pasearme por Obaba...
El libro de Atxaga utilizado como esqueleto argumental debe de estar francamente bien (eso me asegura todo el mundo), pero en lo que se refiere a la propuesta estrictamente cinematográfica... cómo decirlo... ¡qué producto más típico! Muchas caras conocidas, acabado impoluto (aunque ni siquiera brille especialmente la fotografía de Aguirresarobe en tan anodino producto), juntado con poquita gracia y menos talento. En definitiva: convencional, con una pretendida trascendencia del todo impostada. Otra muestra más del mainstream español: cine correcto vendido como obra maestra incuestionable.
Cerrojazo informativo.- Torrente 3 llega a las carteleras y pulveriza récords de recaudación, que es de lo que se trata. Es este un fenómeno algo vergonzoso, difícilmente explicable para los no residentes en este país: ¿cómo justificar, si no, que el principal icono hispano sea un ex-policía mafioso, machista, xenófobo y alcoholizado? No, yo tampoco lo entiendo. Es un serio problema de representabilidad: mientras Santiago Segura cree a pies juntillas que ha creado un personaje esperpéntico (un fachilla miserable con el cuál mofarse de cierta fauna que habita nuestros barrios), lo cierto es que Torrente cae bien en amplios sectores de la población, que ven en él al héroe t-o-t-a-l, dispuesto a limpiar las calles de tanta purria. Pero claro, no vamos a pedirle al bueno de Segura un posicionamiento moral... él sólo quiere hacer dinero.
Los días previos a su estreno se caracterizan por un oportuno cerrojazo informativo. Como el responsable del invento es majete, se presta a una campaña de promoción desaforada y tienes buenos amigos en todos los medios de comunicación, durante una semana lo veremos ir de romería por todos los canales de televisión, acaparar portadas en todos los suplementos de prensa... una propaganda gratuita contra la que nada ni nadie puede competir. Eso sí, forma parte del trato no hablar de la película, no formular ninguna crítica al respecto, no "estropear" la fiesta. Parece como si con Santiago Segura todo valiese, como si tuviese carta blanca para llenarse los bolsillos, darnos una colleja y robarnos la cartera al grito de "¿qué pasa, amiguete?". En el colmo de la cobardía, Torrente 3 no ha contado ni con pases previos (escudándose en el ahora ya habitual: "para que no me la pirateen") evitándose cualquier posicionamiento crítico que pudiese orientar al espectador antes de pasar por taquilla (como si su legión de fans leyese habitualmente las columnas de Heredero, Casas, Boyero y compañía). A mi me gustaría gritar bien fuerte que Torrente 3 es una mierda, pero... carezco y careceré de elementos de juicio porque no pienso pagar por verla.
Ya está bien de reírle las gracias a este personaje tan listo. Santiago tiene talento y dinero para hacer algo mejor... aunque quizás menos rentable, claro. Mientras tanto habrá ayudado a maquillar de nuevo las cifras del cine español en 2005, con un blockbuster sociológico que proporciona motivos para cambiar de nacionalidad.
Lo cortés no quita lo valiente: loa en contra de lo políticamente correcto (Torrente III (y 2)).- Observo perplejo como le llueven las demandas a Santiago Segura desde el estreno de "eso". Del mismo modo que me gusta disfrutar de mi legítimo derecho a tildar el resto de filmes de la serie de olorosa deposición (este es un país libre, man), no puedo entender la preocupante falta de sentido del humor que asola hasta los lugares más recónditos de nuestra geografía.
No se lo pierdan: la fundación Lumière lo demanda por 2 millones de euros, por "atentar de una manera irónica, agresiva y despreciativa" contra su mascota Cinecito. Al parecer le llama "mascota de mierda" en el DVD promocional que acompaña a cierta revista de cine. Mal vamos cuando se intenta criminalizar hasta el legítimo derecho a chotearse de lo más "sagrado" (aunque el interfecto ande algo falto de ingenio en sus chanzas de sal gorda). Yo por si acaso me voy a reservar mi opinión sobre la dichosa mascota, porque cuando las barbas de tu vecino veas quemar...
Los símiles escatológicos parecen ser el punto fuerte de Santiago. En la tercera parte de su "gloriosa" saga, se ceba con un pequeño pueblo de Ourense (Viana do Bolo), tildándolo de "pueblo de mierda " (si, amigos, esta sección tiene este mes un nivelazo que no vean...) Ni cortas ni perezosas, las fuerzas vivas del lugar convocaron un pleno municipal extraordinario, y exigieron a Santiago "que venga al pueblo y pida disculpas públicamente delante de todos". Madre mía. ¿Qué nos está pasando? ¿No sacamos un poquito las cosas de quicio? ¿No hubiese sido más inteligente —y fino— por parte del Ayuntamiento declarar persona non grata a Jose Luis Torrente?
Eso sí: aunque con mucha sorna, Santiago se ha apresurado a pedir perdón a la Industria (por lo que pueda pasar) y pasar olímpicamente del agraviado pueblo... todo un crack, el tal Torrente.
Ophuls que estás en los cielos....- Lo prometido es deuda: fin de ciclo en la Filmoteca. ¿Valoraciones finales? Pues que lo mejor de Max es lo que todo el mundo conoce: La ronda, El placer y su magna Carta de una desconocida. Sus dos colaboraciones con Manson en la etapa americana son notabilísimas... y su última y tan alabada Lola Montes a mí me deja algo frío: se pasa de decadente, como le ocurría al Visconti de las peores ocasiones (Ludwig). Del resto, mentar De Mayerling a Sarajevo, una peli de monarcas abnegados, donde la palma del sacrificio se la vuelve a llevar la consorte, sufriente y morganática esposa del heredero (el catálogo de féminas vapuleadas en el cine de Ophuls triplica al de Dreyer y von Trier juntos). Por último, La conquista de un reino es una peliculita al servicio del saltarín Fairbanks Jr., tan solvente como olvidable. En definitiva, que Ophuls era un director con mucha clase... aunque no siempre le dejaron demostrarla.
El viejo Pat visita Fort Summer.- Acudimos en tropel a ver la copia nueva (de hecho, se trataba del auténtico estreno de una película que no había conocido carrera comercial en su versión "definitiva") del clásico peckinpaniano por excelencia. Hasta ahora Pat Garret & Billy the Kid se había podido ver —hace años— en la copia infecta que pasaba Antena 3 (la seccionada y remontada al gusto del productor) y en las madrugadas de la 2 (conforme a los deseos de Sam, sí, la que comienza en blanco y negro con la muerte del sheriff que se vendió a Chisum y al condado de Lincoln). Es curioso comprobar cómo los clásicos se afianzan poco a poco, sin prisas, reclamando un espacio propio, sin grandes aspavientos. Pat Garret... sigue igual de sucia, con el aroma carrasposo del güisqui mal digerido y peor asimilado. Una balada ronca, con grandes momentos crepusculares, contrapunteados por una excelente banda sonora del pésimo actor Bob Dylan (como me apuntaba nuestro Antoni Peris, ¡qué gran sesión doble haría esta peli con El hombre que mató a Liberty Valance!). Descubre también uno en esta nueva versión la imaginación que le ponían los dobladores a los diálogos más subidos de tono y cómo estos fueron debidamente "pulidos", suavizados en beneficio de la corrección política.
Me desdigo con facilidad: "donde dije digo..." .- Este mes me he podido retractar de algunos agravios vertidos desde aquí contra el cine de Michelangelo Antonioni (la rapidez con la que nos "ventilamos" a un director conocido es directamente proporcional a nuestro desconocimiento de su obra). Dos de sus películas sesenteras me deslumbran directamente: El eclipse (pobre Mónica Vitti... ¡qué gran trío de locuelas heptagenarias haría con Liv Ullmann y Gena Rowlands, habiéndolas visto tantas veces machacadas a primeros planos por sus directores favoritos, en espacios vacíos donde consumirse por dentro!) y Blow-up. Las dos atesoran un montón de razones para ser odiadas. Y sin embargo, en las dos habita un elemento mágico que las hace fascinantes.
El eclipse sería sólo una película notable de no ser por los últimos 10 minutos, ese tiempo en el que la película continúa... aunque ya no estén presentes sus intérpretes. La idea es soberbia: ¿nunca os pasó cuando os quedabais un día en cama, sin poder ir a clase, que al reincorporaros a vuestros quehaceres descubríais con pasmo que el mundo había continua impertérrito a pesar de vuestra ausencia? Antonioni subraya también que las grandes debacles sentimentales (esos momentos en los que parece que la tierra nos falte bajo los pies) contrastan con un planeta parsimonioso, que sigue su órbita elíptica en torno al astro rey... ajeno por siempre a nuestras "irremediables" desgracias.
Blow-up es la quintaesencia del cine de autor. Lo tiene todo para ser fatua: presuntuosa, terriblemente auto consciente, un retrato algo superficial de la movida londinense... y sin embargo, ¡es tan sensacional! Al nuevo Hollywood de los años 70 le acabó interesando por otras razones ("¡Dios! ¡Vello púbico en una película!"), pero les aseguro que encontrarán otros placeres igualmente excitantes: una bella desconocida, un artista tan divino como superficial, una verdad inaprensible... Blow-up es lo mejor de Antonioni, un Mulholland Drive misterioso e inabarcable.
Ah... por el contrario, El misterio Oberwald —a pesar de sus coloridos experimentos— se me hizo más larga que un día sin pan. Menos mal, si no Michelangelo me hubiese endosado un hat trick...
Wallace & Gromit.- La factoría Aardman y sus poderosos socios nos regalan otro trabajo de chinos, una artesanía pasmosa cuya realización (aseguran) mantuvo distraídas a 250 personas durante 5 años. El resultado es más de lo ya vislumbrado en sus oscarizados cortos: una muestra muy british de humor blanco. Pero también resulta ser un homenaje al cine de terror clásico: desde los héroes siniestros de la Universal a los refritos magistrales de la Hammer, pasando por La mosca o El doctor Jekill y Mr. Hide. Guiños aquí y allá en un filme algo estirado (es lo que tiene la plastelina), aunque recomendado (por distintas razones) a público entre 7 y 99 años.
¿Hubiese sido Sitges el escenario ideal donde rodar los exteriores de Se7en?.- Pues hombre, la lluvia la tenían asegurada sin recurrir a elaborados efectos especiales. Porque Sitges queda calada hasta las piedras cada otoño, como si los dioses vertiesen lágrimas más amargas que las de Petra von Kant. De paso —no sé si lo saben— aprovechan para organizar un festival de cine ecléctico, donde uno puede ir a hacer el freak rodeado de iguales. Sometidos a rigurosas condiciones metereológicas (con nubes rondándonos por sotavento y barlovento) fue como nos reunimos varios integrantes de la redacción, dispuestos a compartir unas pizzas (la comida siempre ha sido lo de menos) debidamente regada con vino turbio.
Diagnóstico cinematográfico: la redacción de MdC padece de orientalitis. A estas alturas todos tenemos claro que la cinematografía asiática "se sale" (como diría nuestro sub-director, arrastrando una inexistente "j" cuál hijo bastardo del ministro ‘todo-por-la-patria’ Bono). De acuerdo. Pero de eso a considerar sobresaliente, magistral o directamente insuperable dos de cada tres películas que nos llega de Thailandia, Taiwan, Honk-Kong, Vietnam, Japón o China, dista un mundo. Da la sensación de que ciertos "autores" de estas latitudes han sido consagrados de manera precipitada, fundamentándose las alabanzas en apenas un par de películas notables. Cuando seguimos viendo obras de estos mismos directores, descubrimos pasmados que repiten una y otra vez el esquema argumental de aquella película que les ayudó a consagrarse en Occidente... cuando no resulta que sí, que tienen otros 50 filmes a sus espaldas... a cuál más insulso y desafortunado. Igual que algunos críticos mezquinos que aseguran un mínimo de "tres estrellas" a cualquier estreno nacional por la sencilla razón de que siempre conocen a alguno de los involucrados en el proyecto y es bueno llevarse bien con "la gran familia del cine español", a algunos críticos de la nueva generación (esa que se acabará imponiendo mal que les pese a los tótems sagrados) la sola presencia de un personaje con los ojos rasgados revaloriza su parecer sobre cualquiera que sea el producto.
Y ya que hablamos de (de)generaciones: surgió también el tema de nuestra (cara) dedicación amateur (visitar festivales y hablar de lo que nos gusta sin obtener ninguna remuneración a cambio). Y llegamos a una terrible conclusión: lo nuestro –a parte de un mal negocio- es un mal generacional (que es como decir que "la sociedad tiene la culpa de todo", que "voy de negro porque el mundo me ha hecho así", etc, etc). Y aquí va el diagnóstico vital. Los niños paridos en los 70 quizás hemos salido menos descreídos y pragmáticos que la famosa generación X, incógnita con la cuál se trataba de censurar la legítima indecisión de unos baby boom que ahora estarán ya más cerca de los 40 que de los 30. Nuestra generación —para su desgracia— quizás cuente con más "inquietos" en sus filas. El que más y el que menos tiene un amigo o conocido dispuesto a eso que despectivamente se llama "vivir del cuento", esto es, sin ejercer esa profesión de mierda que sus padres eligieron para él: alguien que escribe, que se dedica al mundo del cómic, que quiere hacer de la fotografía su profesión...
Pero a ninguna generación le ha quedado tan claro como a la nuestra que jamás podrá vivir de aquello que más le ilusiona, de los pocos asuntos por los que es capaz de apasionarse. El ocio –esa gran mentira de la sociedad de consumo- parece haber cobrado más importancia que nunca en nuestras vidas. Siempre que se utilice como válvula de escape, como "premio" a una actividad socialmente remunerada y "bien vista". Eso sí, ni se os ocurra intentar hacer de vuestro hobbie una carrera: siempre habrá alguien dispuesto a recordaros que os vais a morir de hambre.
¿Es necesario "verlo todo"?.- Perdón por la reiteración en las preguntas retóricas. La discusión partiría de una afirmación parecida a esta: "todo buen cinéfilo —si en verdad lo es— debe de ver absolutamente todo el cine que se estrena, para tener una atinada visión de conjunto". Y yo a eso contesto rotundamente que no, que no hace falta. Del mismo modo que el 90% de libros que se editan no merecen ser leídos. En primer lugar, porque no hay tiempo material para embarcarse en tamaña empresa. Y en segundo lugar, porque no es ni tan siquiera recomendable. Hagan la prueba en el videoclub de la esquina. Consulten la cartelera de sus cines más cercanos. Vean la parrilla semanal de películas programadas. ¿Alguien se cree que existe la misma probabilidad de ver Terminator 2 que la penúltima de Ford o la segunda de Truffaut?
El argumento en mi contra sería que evitando ver ciertas películas por (pre)juicios apriorísticos, puede llegar a ocurrir que deje pasar alguna obra maestra, cegado por mi estrechez de miras. Oigan, que todo el mundo tiene amigos: atiendo gustoso a recomendaciones de mis compañeros ("¡ey, no te pierdas esta!") y conocidos con buen gusto (contrastado). Pero de eso a intentar hacerme creer que me pierdo algo por no ver Dos chalados y muchas curvas, La máscara 2 o Bob esponja. La película... por ahí sí que no paso. Una vez que uno lleva cierto bagaje encima, una vez que uno ha tropezado varias veces con la misma piedra... continuar insistiendo revela un espíritu masoquista, un goce anti-natura obtenido de dejarse el empeine en el dichoso pedrusco. Me he encontrado "atacado" algunas veces por otros espectadores cinematográficos de fin de semana (que siempre se definen como "muy cinéfilos"), con el argumento de que ellos "lo ven todo"; no como un servidor, supuesto degustador de filmes "raros", "aburridos" o con historias que otros "no pagarían por ver". (Evidentemente "verlo todo" significa para ellos no haberse perdido las 6 últimas de Tsui Hark —que alguna cosa buena tiene— en lugar de perder el tiempo con otros apellidos impronunciables).
Así pues, mi visión del cine es parcial y sesgada (¿quién lo duda?). No soy quién para cargar contra Matrix 2 —por ejemplo—, porque ésta es una peli de "culto", lo cuál significa que sólo pueden valorarla los "iniciados". Da igual que les des razones estrictamente cinematográficas (alejadas del "bucle melancólico" del adorador de sagas) o que alegues similitudes con dos docenas de filmes desconocidos por tu interlocutor. Matrix 2 es la "puta ostia, neng". Como a mí me pareció una chorrada, me creí en mi derecho de no pagar por ver la tercera. Hace ya unos años desde que tomé esta decisión y vivo feliz, créanme, sin ningún trauma personal. Y no descarto acabar viéndola cuando la pase algún canal en abierto o... o de esa otra manera que tú y yo conocemos. Pero si a la copia de marras le toca compartir puesto encima de la torre del ordenador con otros filmes de alguno de mis favoritos... será relegada en la cola sin ninguna vacilación por mi parte, hasta el día en que encuentre su oportunidad (¿porque no tenga nada más que llevarme a las pupilas?).
[Nota: la hooliganización del cine no es patrimonio exclusivo de degustadores de comedias románticas, action movies o recreaciones historicistas de qualité. Entre la crítica observo también en el último lustro una cierta fascinación por ventilarse filmes a golpes de frase promocional ("una obra maestra inapelable" (joder, cualquiera opina lo contrario...)) o "una película deleznable hecha por imbéciles para el consumo de retrasados" (vale, pues a mi me gustó... es grave lo mío, ¿doctor?). Mea culpa: todos hemos caído en la trampa de emplear el lenguaje como cachiporra, de vengarnos con adjetivos a falta de un rostro visible al que reclamarle nuestros seis euros].
Deletrea la palabra I-M-B-E-C-I-L-I-D-A-D.- Cubro mi cuota mensual de documentales con Spellbound, una reflexión no tan lúcida como algunos pretenden sobre la competitividad en la sociedad americana. A través de los esfuerzos y esperanzas frustradas (en mayor o menor medida) de ocho aspirantes a ganar el concurso nacional de deletreadores, conoceremos parte de ese "tejido social" que sustenta a la primera potencia del mundo. Ciudadanos americanos de primera, segunda o tercera generación, dispuestos a ser copartícipes del sueño americano e integrarse en "la comunidad". El problema es que la mayoría de las veces los niños acaban siendo víctimas de la angustiosa necesidad de los padres por autoafirmarse, inmolando a sus vástagos en el altar de la estupidez. Porque el concurso (ese concurso en el que invierten horas y más horas, empollándose un atrotinado diccionario) es una chorrada para memoriones: la mayoría de concursantes no sabe (¡no pueden saberlo con apenas 10, 11, 12 años!) el significado de esas kilométricas palabras sacadas del argot médico, préstamos de otros idiomas, adjetivos rimbombantes... lo único que les interesa obsesivamente es saber deletrearlas correctamente. Dudo que de practicar un ejercicio tan vacío surja ningún gran literato, ningún conversador nato y fluido. Básicamente, porque la mayoría de participantes son chavales alienados y sin amigos, alguno de ellos con claros síntomas de autismo incipiente. Auténticos "freaks of the nature" a la manera de Tod Browning, inadaptados que un buen día —cuando concluya su sueño / pesadilla— descubrirán que han perdido los mejores años de su vida entre adverbios y locuciones latinas que jamás podrán utilizar en el mundo real.
Cagney, ¡qué pedazo de malo!.- No hay tiempo para revisar películas. Siempre hay algo nuevo por descubrir; uno no puede ya deleitarse viendo una y otra vez sus filmes favoritos, renunciando a un descubrimiento, a una decepción. Con todo, da gusto volver la vista atrás de tanto en tanto y...
...y toparse con James 'Cody' Cagney en Al rojo vivo, secundado por la hermosísima y vulgar Virginia Mayo. Un diálogo sensacional: la buena de Virginia, colgada del cuello de su desequilibrado amante, le confiesa lo bien que le quedan los visones... a lo que él responde: «nena, tu quedarías bien hasta con una cortina de baño». White Heat es un recital de maldad y de violencia seca (disparos a bocajarro, asesinatos a sangre fría, madres hamponas y traiciones a discreción), en el que uno se posiciona fácilmente del mismo lado que el loco homicida, para acabar volando por los aires junto a él, al grito de «made it, Ma! Top of the world!!».
Una de mundos felices.- THX-1138 es una de tantas películas que se hicieron a principios de los setenta, a rebufo del Nuevo Hollywood y la agresiva política de directores-estrella. Ésta —ahí donde la ven— fue la primera película del chico de los cafés de Coppola, George Lucas. ¡Uuuhhhh, cómo hemos cambiado! Martin Scorsese sin rumbo, Coppola sin ganas, Friedkin fuera de combate (¿Friedkin? ¿Quién era ese?) y Bogdanovich, compuesto y sin Cybill... es difícil tratar de explicar qué le paso a toda esta gente, que creció en pleno estertor del movimiento hippie y acabó multimillonaria y con mala conciencia. THX-1138 es un híbrido entre la machacadísima fantasía orwelliana y La fuga de Logan. Película arriesgada, muy personal y rematadamente honesta, de un director hoy ya consagrado y sin nada interesante que contar. Descanse en paz el talento de George. Larga vida al osario de Zoetrope.
Cronenberg cogió su fusil.- Dice David —al hilo de su tremenda Una historia de violencia— que no ha querido mostrar esa estilización coreográfica de la violencia tan querida por el cine norteamericano. ¡Y un cuerno! No puedo estar más en desacuerdo: que sus tiroteos no duren 15 minutos no significa que no estén cuidadosamente planificados, medidos... estudiados. Lo siento: su representación de la violencia es muy atractiva. Y para mí el Cronenberg menos Cronenberg sigue siendo Spider: aquí vuelve por sus fueros, más perverso que nunca. La transformación, el triunfo de "lo orgánico" es ya total: el William Munny de Sin Perdón ha abandonado su crisálida convertido en el Jimmy Stewart de ¡Qué bello es vivir!... ¡aunque no lo reconozca ni su propia mujer! Un western hermoso con un retorno al hogar que para sí hubiese querido Ethan Edwards en Centauros del desierto: ¿se imaginan al Shane de Raíces Profundas volviendo a esa casa que no era la suya después de cargarse a Jack Palance? David Cronemberg logra el milagro: la expiación a través de la violencia seca, el tiro en la cabeza, la patada en los huevos y el crimen fraticida.
Bertrand Tavernier dixit.- Este francés nada afectado aprovechó la promoción de su La pequeña Lola para arrearles un par de collejas bien dadas a tanto papanatas de la forma y el vacío. «No me gusta la noción de 'cine de autor' porque siempre he pensado que no quiere decir nada (...) Las películas son interesantes o no lo son (...) Una película elitista puede resultar admirable, pero también una comedia musical (...) Hay que acabar con la dictadura de las etiquetas. Se opone ‘cine de autor’ a ‘cine comercial’, cuando en realidad hay montones de cineastas considerados comerciales que han hecho cine considerado de autor. Como dijo Billy Wilder, «sólo hay dos tipos de películas: las buenas y esas que empiezan a las ocho y que, a las 12, miras el reloj y ves que son las ocho y media».
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