El espía que surgió del calor
Por mucho que la gente despotrique constantemente y se empeñe en hacer de la crítica hacia la mentalidad y tendencia del cine norteamericano actual una afición cinéfila, sería de necios no reconocer el oportunismo y la inteligencia (que también van unidas a la visión comercial, no hay que engañarse) de la industria a la hora de intentar explorar nuevas vías que aunque para ellos no deje de ser un canal de experimentación y reclamo, para ofrecer productos que aúnen la comercialidad necesaria para su explotación mundial y el toque de "qualité" que les permitirá granjearse un respeto por parte de un público y crítica más exigente que la acostumbrada audiencia adolescente a los que van dirigidos el 80% de sus largometrajes actuales. Ese inteligente intento de respeto y madurez queda claramente reflejado en la adaptación de El Jardinero Fiel.
Basada en la novela homónima del acaparador de Best-sellers John Le Carré, la esencia de la película pretende ofrecer una historia de espías a la vieja usanza, ambientada en un conflicto actual donde denuncia unos hechos que, aunque ficcionalizados, desprenden un halo de realidad harto alarmantes.
De este modo, englobando la cinta en África, los guionistas establecen una trama donde encontramos a un protagonista que descubrirá y sacará a la luz una conspiración de las grandes compañías farmacéuticas que experimentan con la población nativa. El jardinero del título retomará palucha que dejó inacabada su asesinada mujer, para desenmarañar una conspiración que, como diplomático de oficio que es, le hará replantearse la moral de las grandes superpotencias que explotan a los países subdesarrollados para beneficio propio.
Hasta aquí nada nuevo, cierto. Si a esto le añadimos la consabida historia de amor de por medio, aquella que envuelve al diplomático con su mujer, obtendríamos a priori el típico producto manufacturado de calidad del que cada año nos brindan 4 ó 5 ejemplos.
¿Pero qué es l oque realmente hace atractiva y pretendidamente diferente a la presente película del resto de productos "bonitos"? La respuesta es tan simple que asusta: El guión y la dirección.
Parece mentira en estos tiempos de la utilización gratuita de los medios cinematográficos en el panorama actual, que de vez en cuando alguien se preocupe por cosas tan básicas como estos dos elementos, constituyendo una grata sorpresa para nuestros anquilosados sentidos cinéfilos, y más teniendo en cuenta su condición de mera adaptación de novela de éxito.
En primer lugar, el guión ya se preocupa en establecer una trama donde los personajes son arrastrados dentro de un conflicto moral que losase evolucionar constantemente, otorgando mucha más profundidad a una historia que en primera instancia no se diferencia demasiado de los típicos ejemplos de películas de espionaje.
La acertada decisión de estructurar la trama a través de flashbacks, introduciendo la duda como elemento primordial dentro de la historia de amor entre ambos protagonistas, imprimiéndole un empaque distinto a las corrientes normales de hombre se enamora de mujer-historia de amor imposible-pérdida de uno de los cónyuges- tragedia total; creando una "love story" alejada de clichés donde la mentira, la duda y las medias verdades hacen más compleja, creíble y por último más emotiva (en la parte final sobretodo donde se atan todos los cabos), una trama que en otras manos peligraría demasiado dejándose caer en el lado fácil de la cuerda floja.
El otro gran acierto es la arriesgada dirección de Fernando Meirelles, que tras su aclamado trabajo (recompensado con una nominación al oscar) en Ciudad de Dios, continúa con su estilo visual crudo y directo. El nervio con que Meirelles encauza la película supone una ruptura radical en torno al común clasicismo imperante en este tipo de producciones.
Pero lo que puede parecer una jugada premeditada por parte de los productores de contratar a un director de se calibre para separarse de los clichés habituales del género, Meirelles ratifica su posición con una dirección nada gratuita. Con su cámara nerviosa prácticamente a mano durante todo el metraje, provoca gracias al montaje nervioso, cortado, unido a planos desenfocados, rápidos, primerísimos primeros planos, encuadres sucios y soluciones visuales arriesgadas (para una gran producción de este calibre), una sensación de pérdida, desasosiego e incertidumbre totalmente acorde con el sentimiento de la pareja protagonista. El director, en su firme dirección triunfa allí donde otros cineastas que se han aproximado al género han fracasado. Frente a la gratuidad del efecto videoclip de Tony Scott en Spy Game (por poner un ejemplo reciente de cine de espionaje), Meirelles sacrifica la artificiosidad por la sinceridad consiguiendo decencias tan intensas como la resolución del destino del jardinero diplomático.
De este modo obvia (acertadamente) ofrecer una África de paisaje safarístico para mostrarnos (gracias al excelente uso de la fotografía quemada y saturada) una África áspera, dura y arisca que contrasta con las grises y lluviosas Londres y Ámsterdam, mucho más cercanas, alejándose por suerte de las típicas postales que podemos ver en las películas de la saga Bond o la anteriormente citada Spy Game. La supresión de las "necesarias"(en este tipo de producciones) secuencias de acción más la voluntaria separación y anulación de los consabidos gadgets (presentes en cualquier película de espías que se precie), dan mayor importancia a la investigación forzosa y cruel que una persona normal se ve obligada a emprender. Este hecho, unido al refuerzo y carisma que aportan una pareja de lujo como son el magnífico Ralph Fiennes (flemático como buen "british" y capaz de transmitir con sus miradas y gestos, todo un mundo interior inabarcable en tres páginas de diálogos), y una excelente Rachel Weisz (sensual y luchadora, bella y enigmática), consigue elevar la película a un estado superior constituyendo una auténtica rareza demasiado inexistente hoy en día.
Entre otras muchas cosas, la lectura que puede aportar El Jardinero Fiel, es la confirmación que el cine de ficción cuando está bien hecho, planteado y desarrollado, sirve mucho más como medio de denuncia que cualquier documental al uso, albergando la esperanza que películas como ésta no sean casos aislados que nos llegan con demasiada dilatación, como si se tratara de plantas que brotan fruto de la casualidad. |