Flirteando con la locura

Actualmente, el cine de terror se encuentra en una curiosa etapa de revisitación y remodelación. Abocado a una alarmante crisis durante los años ochenta y gran parte de los noventa, en los que buscaba incesantemente su propia personalidad finiquitada progresivamente a lo largo de los años en títulos mediocres y en innecesarias secuelas, parece ser que la clave de su revitalización está en mirar hacia atrás, situar sus referentes en los títulos más importantes de los años setenta e intentar apurar al máximo todo el aparato estético y narrativo de una década imprescindible para la evolución del género. Así, al menos, lo entiende Rob Zombie ya que tanto La casa de los mil cadáveres como Los renegados del diablo remiten directamente al cine del primer Tobe Hooper y, más concretamente, a su incontestable obra maestra, La matanza de Texas.

Los renegados del diablo exhala por cada uno de sus poros el ambiente lóbrego, sucio y extremo del film de 1974, capturando y potenciando unas raíces visuales extremas que hacen del grano, el aparente descuido formal y la precariedad de medios su carta de presentación y una verdadera declaración de intenciones. Pero vayamos por partes. El gran acierto de la película de Rob Zombie es, precisamente, la construcción deshinibida y radical de un cosmos cinematográfico que hace algo más que homenajear las bases sobre las que se sustenta. El cineasta reflexiona sobre las mismas desde un prisma de distanciada ironía, hiperbolizando hasta el menor resquicio visual o argumental, esbozando una caricatura grotesca y visceral de unos personajes tipo que le sirven de detonante tanto para exponer un reflejo de la América profunda actual (1), como para seguir con su propia estela de autoría, ya planteada en La casa de los mil cadáveres, y que consiste en hacer del film una extensión de su propia personalidad, de sus filias y fobias y de su anárquico concepto del cine.

Empero, estas ambiciones de Rob Zombie son las que, finalmente, acaban pasándole factura y agravando el resultado final de un film que, por momentos, había alcanzado niveles de gran consistencia. El problema de Los renegados del diablo es, precisamente, la autosuficiencia con la que Zombie emprende la realización del film, rompiendo moldes y diseñando situaciones única y exclusivamente para sí mismo. El cineasta no ofrece al espectador ningún personaje o elemento con el que pueda sentirse identificado alejándolo, por consiguiente, de todo cuanto acontece en la película. Dicho de otra forma, asistimos a un desfile de momentos de impacto que contemplamos con mayor o menor aceptación (dependiendo de gustos), pero no nos involucramos directamente en ellos, no accedemos al interior del film mediante la identificación, porque Zombie no nos da pie a que esto sea posible. Amén de ello, la construcción de la película mediante hachazos o elementos sueltos da cierta sensación de desconcierto e irregularidad. Estructurada mediante bloques en los que abundan secuencias que no aportan nada narrativamente (la, por otra parte, divertidísima secuencia con el especialista de cine), en los que varios personajes aparecen y desaparecen a su antojo (el hermano deforme), Rob Zombie parece que, con ello, quiere aumentar la sensación de locura que, presuntamente, transmite la película pero únicamente consigue crear una peregrina impresión de desasosiego.

Los renegados del diablo es, en definitiva, una pieza tan interesante como irregular. Pese a sus titubeos y pretensiones, no cabe duda que Rob Zombie es un cineasta a tener muy en cuenta en el actual panorama del cine de terror y que está sobradamente capacitado para ofrecernos piezas de gran calibre. Tiempo al tiempo.

(1) También presente en films de terror recientes como el díptico de Jeepers Creepers o KM. 666. Desvío al infierno, muestras más que competentes de la “serie B” del género y, a la par, hijas directas de las maneras cinematográficas de Hooper en La matanza de Texas.

Por Joaquín Vallet R.
cartel
EEUU. 2005. T.O: The Devil´s Rejects. Dirección: Rob Zombie. Producción: Mike Elliott, Andy Gould, Marco Mehlitz, Michael Ohoven, Rob Zombie. Guión: Rob Zombie. Música: Tyler Bates, Rob Zombie. Fotografía: Phil Parmet. Montaje: Glenn Garland. Dirección Artística: Anthony Tremblay, Lisa Tong. Vestuario: Yasmine Abraham. Duración: 109 minutos. Intérpretes: Sid Haig (Capitán Spaulding), Bill Moseley (Otis), Sheri Moon Zombie (Baby), William Forsythe (Sheriff Wydell), Ken Foree (Charlie Altamont), Matthew McGrory (Tiny), Leslie Easterbrook (Madre Firefly)