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¡Muerte a la diablesa Alegra Geller! Esta frase, proferida por un "realista" al inicio de eXistenZ, y cuyo eco reverbera al final de la cinta, tendría un complemento perfecto en ¡Muerte al demoníaco David Cronenberg! Cronenberg, para los "realistas" que aparecen en la película, para muchos productores y para numerosos espectadores, es, realmente, un personaje diabólico que plasma en la pantalla muchos de los temores y, en especial, de los deseos ocultos que subyacen en nuestro interior... y que quisiéramos ignorar.
La curiosa y atractiva trayectoria de Cronenberg va de un conjunto de películas de serie B hasta un hito del fantastique moderno, La mosca, para desembocar en un conjunto de películas de alta densidad dramática: Dead Ringers, M Butterfly, Crash, Spider... Son cintas bañadas en una atmósfera malsana, dotadas de un "realismo" irreal, en las que los protagonistas ven sus vidas alteradas no tanto por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado como por ser portadores de un ansia, de una inquietud, que les lanza a una corriente de sensaciones y sucesos difícilmente controlable. A diferencia de los protagonistas de otras películas, y pese a las referencias a la "infección" que puede venir "de fuera", el factor que altera el curso vital de los personajes cronenbergianos está en ellos mismos: la potencia mental de los personajes de Scanners, que serán utilizados por la agencia, la capacidad despertada en La zona muerta a raíz del accidente, la inseguridad de Pikel que le lleva a jugar en eXistenZ o el pasado reaparecido de los protagonistas de Spider o Una historia de violencia. A la postre no estaría tan mal utilizado el título castellano de Shivers: "Vinieron de dentro de...". La otredad, la diferencia, el desasosiego, el inconformismo, la ambición, el deseo... subyacen en nuestro interior y Cronenberg nos lo recuerda con las mutaciones de sus personajes, sean físicas como en La mosca o La zona muerta, alegóricas como en Videodrome o Naked Lunch, mentales como en Dead Ringers o Spider o sentimentales/sexuales como en M Butterfly o Crash.
eXistenZ (al igual que Una historia de violencia) ha sido considerada como una obra menor en la filmografía del director canadiense. No obstante constituye un compendio inmejorable de las obsesiones de su autor: la irrealidad de la vida que llevamos, los deseos como infección, el impulso sexual, la relación con las máquinas, la frialdad de las relaciones humanas...
Al inicio de la cinta un grupo de "fans", reunidos en una suerte de iglesia, veneran a Allegra Geller, famosa creadora de juegos virtuales, que va a compartir con ellos la presentación de su nuevo invento para efectuar una partida en grupo. El acto se ve interrumpido por un atentado contra la sacerdotisa del evento lo que lanza a la misma y a un aprendiz de marketing a una fuga inicial que luego se identifica como un pretexto. eXistenZ es un juego de ordenador tremendamente sofisticado que lleva al participante a una vivencia en la que éste no distingue el juego de la realidad y en la que puede sólo en parte determinar el rumbo del juego, en determinadas secuencias del mismo. Un juego que, finalmente, se rebela contra los propios participantes cuestionando su misma entidad, al enfrentarse dentro del mismo juego los partidarios de la virtualidad y los denominados "realistas". Cronenberg evita de manera coherente establecer diferencias estéticas entre uno y otro mundo. Tan irreal, tan extraña, es la secuencia de la capilla y la transición hacia el juego como todas las escenas que siguen (aunque cabe cuestionarse si todo lo planteado inicialmente como real, lo es "en realidad"). Así, las aventuras por Allegra y Pikel son tan vívidas como "vividas" en eXistenZ y en la vida real (?). Las transiciones de unas otras son tan ágiles y a la par tan absurdas como aparecen en los sueños y la escena final (a Cronenberg le gustan más de lo que parece las historias cíclicas; nos podemos remitir tanto a Spider como a Una historia de violencia) podría perfectamente ser el inicio de una nueva partida de eXistenZ. ¿Estamos viviendo o estamos soñando? ¿Jugamos en realidad?. O, ¿jugamos en la realidad?. ¿Eran la Allegra y el Pikel que hemos conocido personas o personajes?. La muerte de Pikel en el juego (que continuamente se rebela contra el azar y se preocupa por perder el control de sí mismo) determina la muerte de la realidad. De esta manera, al acabar el juego, Pikel ya no es quién era al inicio de la película, antes de entrar en eXistenZ. Aunque, ¿sabemos quién era en realidad?. El giro argumental final da pie a creer que eXistenZ ya ha comenzado antes de que lo sepamos como espectadores.
Cronenberg trabaja con agilidad, de manera muy entretenida y lúdica, una suerte de metarepresentación de las teorías sobre los juegos virtuales y las vidas imaginadas. No muy lejos se sitúa la apasionante y confusa idea que retoma Olivier Assayas en Demonlover, en la que la ambición de una ejecutiva que pugna entre compañías de videojuegos rivales la acaba arrojando a una "vivencia virtual" de auténtica pesadilla. Sin embargo, la trama urdida por el director canadiense da, literalmente, mucho juego. Quizás por que su origen le permite no tomarse demasiado en serio (a diferencia del cahierista Assayas, que pierde su partida por pretender aseverar demasiadas conjeturas).
A las teorías centrales ya comentadas cabe añadir la riqueza de eXistenZ en la iconografía de su autor, perfectamente integrada en la trama. Tenemos, por una parte, el sexo o, quizás mejor, habría que decir la pasión. Y tenemos, por otra parte, la referencia a la integración entre hombre y máquina. Ambas se funden ejemplarmente en guión y en puesta en escena. Así, el tímido y novato Pikel es virgen en todo: no ha jugado nunca con los inventos de Allegra Geller, no es portador de biopuerto alguno y, posiblemente, tenga una vida sexual próxima a cero. En su vivencia de eXistenZ, se le colocará a Pikel un biopuerto (en una de las más angustiantes secuencias de la cinta, con un Willem Dafoe perturbador, sádico violador, penetrándole con un fálico compresor), se iniciará en actividades sexuales poco frecuentes en él y, finalmente, se lanzará a fondo en su actividad virtual. No obstante, como en numerosos puntos de la filmografía de Cronenberg, el sexo no llega a ser satisfactorio y va de la relación tortuosa de Dead Ringers, a la morbosidad delirante de Crash o la amenaza de la muerte en Spider. En eXistenZ, Pikel se excita sin desearlo, trata a follar con Allegra pero se ve interrumpido por el propio juego y, más adelante, juguetea con el orificio medular de la diosa pero es bruscamente rechazado por la misma.
En el mismo contexto, Cronenberg sitúa sus habituales referencias a la biotecnología: la manipulación genética , la pistola orgánica (formada de huesos y espinas y que dispara piezas dentales) con la que se producen los atentados (y que Pikel va montando a medida que las piezas aparecen en su plato en otra escalofriante escena) y, sobretodo, los biopuertos. Por que, para acceder a eXistenZ y a otros juegos virtuales, los jugadores deben conectarse a las consolas desde su médula espinal a través de unos "biopuertos" implantados a presión en su zona lumbar mediante unas gigantescas jeringas/rifles. Los biopuertos superan las alucinaciones del casette de vídeo entrando en el abdomen de Videodrome o las metamorfosis de Naked Lunch. En eXistenZ los biopuertos son reales, responden una tecnología definida y precisan unos requerimientos específicos en cuanto a colocación, dimensiones y funcionamiento. Estos puntos son los que se conectan a unas consolas que tienen más de placenta, con cordón umbilical incluido, que los jugadores manipulan inicialmente.
Definitivamente, "biopuertos" y placentas de por medio, Cronenberg nos enfrenta a la "realidad". Debemos dudar de nuestro entorno, debemos tratar de que nuestros actos sean en función del libre albedrío y no del azar. Debemos enfrentarnos a nuestros miedos. Por que ni Expediente X ni Matrix son ciertos. La realidad no está ahí afuera, la realidad viene definida por nosotros mismos. No hay otro mundo regido por máquinas que nos controlan. El peligro está en nosotros y nosotros somos quienes gestionamos nuestras capacidades y nuestras creaciones, nuestros deseos y nuestros temores. Más virtuosa que virtual, eXistenZ y Cronenberg, reales o no, están ahí para recordárnoslo.
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