La fiesta de la plástica

«Los grandes realizadores son en principio creadores de formas o, si se prefiere, retóricos» André Bazin ¿Qué es el cine?

«Rodar es ir a un encuentro. Nada en lo inesperado que no sea secretamente esperado por ti» Robert Bresson Notas sobre el cinematógrafo

Me gusta la aseveración que hace el crítico argentino Javier Porta Fouz en su artículo Justo a tiempo. Un intento de ajustar los relojes presente en el libro que editó el Festival de Cine de Gijón sobre la figura de Tsai Ming-liang "Una sandía es una sandía", estableciendo una conexión entre las figuras de François Truffaut / Jean-Pierre Léaud y las de Tsai / Lee Kang-sheng, en el díptico de films: Los 400 golpes / Antoine et Colette y What Time Is It There? / The Skywalk Is Gone (1). Por un lado, es interesante que separe estos dos films del resto de la filmografía del autor, siempre con Lee Kang-sheng como protagonista, pues considero que la figura de Hsiao-kang (el nombre que siempre tiene el personaje de Lee) va más allá de lo que Truffaut persiguió con su Antoine Doinel, no es tanto una representación del propio director (creador) dentro del film sino una manera de poseer una segunda mirada dentro del espacio fílmico. Tsai no utiliza a Hsiao-kang para que sea su expresión, sino para que sea su mirada dentro de las imágenes capturadas; así el cine de Tsai poseería tres miradas: la del realizador como aparente demiurgo, la del protagonista como sujeto pasivo dentro de la (escasa) acción, y la del público como indispensable partícipe activo dentro del juego de formas que propone el cineasta. Por otro lado, Porta Fouz resulta visionario cuando se pregunta si el siguiente film de Tsai, El sabor de la sandía, iba a resultar igual de "burbujeante" como resultó el tercer film protagonizado por Antoine Doinel, Besos robados (Baisers volés, 1968. François Truffaut). Al margen de que no me resulten interesantes ninguno de los films de Doinel post Antoine et Colette, puedo entender a lo que se refiere el crítico de El amante, pues aunque lo asegure sustentando la pasión que posee Tsai por el cine de Truffaut —el ejemplo más claro sería la intertextual What Time Is It There?—, al final su comentario tiene el éxito merecido: El sabor de la sandía es el film más desquiciado de Tsai Ming-liang.

Esto es una ventaja para los neófitos en el cine del realizador malasio, tanto los estudiosos de su cine como los que descubran su obra, encontrarán El sabor de la sandía desquiciadamente enfermiza, profundamente camp, un hilarante viaje entre el sexo, la soledad, la alienación y la metamorfosis pasional, aderezado con un seguido de escenas musicales inspiradas en el cine hongkonés de los años 50 y 60. Es como si en el último film de Tsai hubieran colapsado la narración de What Time Is It There? / The Skywalk Is Gone con las formas y los iconos de Vive l'amour (Aiqing wansui, 1994) y The Hole (Dong, 1998). En Vive l'amour, el film con el clímax más desgarrador de toda la obra de Tsai, Hsiao-kang acaricia y besa una sandía, para luego hacerle agujeros y… jugar a bolos con ella hasta destrozarla contra la pared. En The Hole el "virus de Taiwán", que se contagia por la ingestión de agua, amenaza con convertir a las personas en cucarachas humanas, y es en esta atmósfera apocalíptica donde irrumpen las figuras musicales anacrónicas, como fugas plásticas es cierto, pero también como «extensiones internas de la realidad» (2); la tristeza, o mejor dicho, la melancolía se halla impresa en el cine de Tsai con la misma fuerza que en coetáneos suyos como Wong Kar-wai o Hou Hsiao-hsien.

En El sabor de la sandía hay de nuevo problemas con el agua: una sequía asola Taipei, o como mejor la llama Pablo Schanton: Ming-lianglandia (3), obligando a la gente a alimentarse mediante zumos de sandía —la presencia de la sandía va más allá de lo metafórico, entrando en casi terrenos de lo absurdo, algo mucho más divertido que lo surreal— o a bañarse en las cisternas clausuradas que proveen de agua a los edificios. El antiguo vendedor de relojes Hsiao-kang ahora es un actor porno, y Chen, la mujer por la que cambió de hora todos los relojes que pudo de Taipei en What Time Is It There?, ha regresado de París, ciudad donde se hallaba perdida, para asentarse en Ming-lianglandia, terreno inconcreto donde la confusión es, si cabe, más exagerada. El encuentro entre los dos amantes es casi un juego setentero de Woody Allen, escena con mariscos vivos correteando por la cocina inclusive: ella le ofrece zumo mientras él trata de intentar abrir en vano una maleta, él lo tira por la ventana sin que ella se percate y ella le vuelve a ofrecer un vaso aún más lleno de zumo de la perenne sandía. La secuencia se corta, Tsai raramente suele ofrecer desenlaces, su cine se basa en nudos dramáticos, por ello las escenas callejeras suelen acabar como empiezan: estáticas, en medio, los personajes han deambulado incomunicados, levemente confundidos, se ha creado en un instante un mínimo germen dramático que, por supuesto, no ofrece ninguna solución a corto plazo. Sino que se lo pregunten a los espectadores del film Dragon Inn que aparecen en Good Bye, Dragon Inn (Bu san, 2003), una mezcla entre The Last Picture Show (1971, Peter Bogdanovich), El ángel exterminador (1962, Luis Buñuel) y Gerry (2002, Gus Van Sant) —entendiendo que tal suma fuese posible—, tamizado bajo las formas de Tsai, que conjugan el estatismo de Yasujiro Ozu con la profundidad de campo de Orson Welles.

Sin duda Tsai es ahora mismo muy autoconsciente de su valía como creador. Las imágenes de El sabor de la sandía no engañan a nadie: son el resultado de la puesta en escena de alguien que está festejando su amor por la creación artística. Su cine ha encontrado un público fiel, ávido de esos largos planos secuencia que hasta convierten en asfixiantes una relación sexual, que a buen seguro hubiera disfrutado Buster Keaton; y de esas secuencias de humor daliniano, en las que vemos a Hsiao-kang: cortándose las venas y arrepintiéndose (Vive l'amour), orinando en un bote para no tener que ir al lavabo por si se encuentra con el fantasma de su padre (What Time Is It There?), intentando ligar con continuos fracasos a cual más esperpéntico (Good Bye, Dragon Inn) o quedándose sin agua en mitad de rodaje de una escena porno que transcurre en una ducha de atrezzo, una garrafa agujereada (El sabor de la sandía). Tsai es un amante de lo inesperado, de lo que puede nacer en el plano, en un tiempo que va más allá del realismo cinematográfico, cuando dos personajes se encuentran. Las formas responden a Bresson y Bazin, pero los contenidos van por otros caminos, los problemas de hoy en día distan bastante de los de hace sesenta años, y es el cine asiático —Irán, China, Japón, Corea del sur, Tailandia, Taiwán, Kazajstán y Malasia— el que mejor lo está sabiendo representar. En esta ocasión, Tsai nos invita a una fiesta, en ella sigue presente la misma confusión y desazón, pero curiosamente, es El sabor de la sandía la película en la que acaba triunfando el amor, por fin la aceptación del semejante, la comunicación humana, ha dado su fruto, aunque éste sea en forma de eyaculación y asfixia.

(1) Les quatre-cents coups (1959. François Truffaut), Antoine et Colette episodio del film L'amour à vingt ans (1962. François Truffaut),  Ni neibian jidian (2001. Tsai Ming-liang) y el cortometraje Tianqiao bu jianle (2002. Tsai Ming-liang).

(2) JONES, Kent. Aquí y allá, publicado en Movie Mutations-The Changing Face of World Cinephilia. British Film Institute, 2003.

(3) SCHANTON, Pablo. Apuntes sobre las tres primeras películas de Tsai Ming-liang durante las tres primeras semanas de lluvia de la primavera 2004. Presente en "Una sandía es una sandía. Las películas de Tsai Ming-liang".

Por Alejandro G. Calvo
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