Johnnie To: el hombre que hizo renacer el cine de Hong Kong

Panorama del cine de Hong Kong: caída y resurrección

A finales de los años ochenta la fiebre de cine de Hong Kong se expandía por todo el planeta gracias al empuje enérgico de talentos como John Woo, Tsui Hark o Ringo Lam. Una nueva forma de filmar la acción había nacido, y a occidente sólo le quedó rendirse ante la espectacularidad excesiva y ultraviolenta de un puñado de películas de tremendo impacto visual que supieron redefinir la sustancia más profunda de un género aparentemente tan castigado como es el thriller, dotándolo de un nuevo sentido a través de una depurada estilización formal que desafiaba las leyes del hiperrealismo y de una inédita concepción de la figura del héroe configurada alrededor de un estricto código de honor masculino que superaba las fronteras entre el bien y el mal.

El régimen de superproducción norteamericana en seguida se dio cuenta del filón que supondría captar a estos revolucionarios directores orientales para revitalizar su alicaído panorama de cine de acción más comercial, a través de su voluntad de trasgresión y su indudable arrojo a la hora de aplicar un ramillete de sorprendentes propuestas estéticas kamikaces.

Sin embargo, nada salió como ellos esperaban. Pronto sus respectivas estelas comenzaron a declinar cuando dispusieron su oficio al servicio de los intereses más comerciales de Hollywood y al de algunas oxidadas estrellas en proceso de degeneración que necesitaban con urgencia dignificar su razón de ser dentro de la industria. Mientras tanto, el panorama de cine de Hong Kong quedó desierto durante un largo tiempo, sin ningún director capaz de retomar las riendas de lo que llegó a convertirse en una fábrica incesante de florecientes y esperanzadoras ideas...

foto

Hasta mediados de los noventa no pudimos apreciar con claridad a los miembros que constituirían la nueva hornada de directores dispuestos a resucitar el prestigio de esta ilustre cinematografía: Andrew Law, Alan Mak, Benny Chan, Derek Yee, Wong Kar-wai, Wai Ka-Fai... y Johnnie To.

Sin embargo el proceso fue más largo de lo previsto, y la mayoría de estos directores se dedicaron durante años a satisfacer las necesidades y exigencias de su mercado interno, quizás a la espera de ir forjando poco a poco su estilo, configurando un universo artístico personal que les permitiera abordar proyectos más ambiciosos a nivel personal.

El primero que lo consiguió fue Wong Kar-wai, quien comenzó a ser conocido en el circuito festivalero a mediados de los noventa, monopolizando la atención de la crítica especializada y de los ámbitos más minoritarios y exclusivos gracias a obras en las que ya se intuía, como ha quedado demostrado en la actualidad, que nos encontrábamos ante uno de los posibles renovadores de la imagen cinematográfica contemporánea.

Pero la cimentada fama que Wong Kar-wai se labró a través de sus películas de autor con etiqueta de prestigio, se alejaba mucho del concepto de cine que Johnnie To practicaba por aquellos tiempos.

Breve repaso a la trayectoria de To: la versatilidad de un estilo

Como todo director de carrera incipiente, sus comienzos se situaron en el terreno de la televisión, dentro del imperio instituido por los hermanos Shaw. Durante esa época (casi toda la década de los setenta), desempeñó innumerables cargos como productor, guionista, ayudante de dirección... que le sirvieron para ir aprendiendo los engranajes técnicos de su oficio. Hasta 1980 no dirige su primera película, The Enigmatic Case, film directamente influenciado por la corriente de cine de artes marciales (Swordsplay) que practicaba en aquellos momentos gente como Tsui Hark o Ching Siu Tung.

Pero, hay que tener muy claro un aspecto significativo a la hora de abordar el estudio de la personalidad cinematográfica de Johnnie To: desde el principio siempre tuvo muy claro las reglas comerciales que imponía la industria de su país, por lo que no le importó plegarse a sus condiciones. Por eso, desde estos inicios hasta nuestros días, la carrera de Johnnie To ha estado trufada de películas exclusivamente diseñadas para obtener un alto beneficio en taquilla y, por lo tanto, dotadas de un más que discutible valor artístico.

De esta forma, e intentando seguir las corrientes que dictaba el mercado, encontramos dentro de su trayectoria todo un surtido de variados géneros a los que To fue aplicando su indudable profesionalidad: películas de acción y violencia, films juveniles, dramas lacrimógenos de esencia romántica, y sobre todo, mucha comedia cantonesa al servicio de actores populares como Raymong Wong, Chow Yun-Fat, Tony Leung Chiu-wai o Stephen Chow.

Lo que está claro es que Johnnie To ha hecho de la versatilidad su mayor baza a la hora de abordar cada uno de sus films, sabiendo juguetear a su conveniencia con las convenciones de los géneros en los que éstos se ubicaban y poniéndolos siempre al servicio de sus necesidades más precisas.

Ya llevaba dirigidas trece películas cuando, en 1993 realizó dos de sus más emblemáticas producciones, Heroic Trio y Executioners, ambas protagonizadas por las potentes Anita Mui, Michelle Yeoh y Maggie Cheung, tres superheroínas dispuestas a luchar contra una organización mafiosa que secuestraba bebés, en un espectáculo delirante que mezclaba  ciencia- ficción, kung-fú  y  fantasía marciana. Quizá por constituir una excéntrica rareza se convirtió en título de culto reivindicado por los freaks del momento, entre los que se encontraba el ilustre cahierista Olivier Assayas.

Hasta este instante todavía no podíamos ni tan siquiera imaginar el rumbo que podría tomar la errática filmografía de Johnnie To, pues todavía no podía apreciarse en ella ningún rasgo de estilo que lo diferenciara del resto de directores que operaban por aquel entonces. Sin embargo, en 1996 se produjo un hecho decisivo que lo situaría en una órbita de total independencia, al conseguir fundar su propia productora, la Milkyway Image junto a su socio y amigo Wai Ka-Fai (con el que codirigiría la mayor parte de sus films), adquiriendo así un control total sobre su obra fílmica. To se encontraba en un momento decisivo de maduración a nivel artístico. Se trataba de apostar por nuevos retos, de encontrar vías de expresión inéditas a través de las que poder canalizar sus inquietudes, y sobre todo, tener una entera libertad para ejercitar su estilo y asumir todas las responsabilidades que le permitirían avanzar en su crecimiento como creador total. Estamos pues ubicados en el proceso de búsqueda que inicia un director que se encuentra concentrado en configurar las constantes que caracterizarán su incipiente universo creativo.

Sin embargo, To seguirá apostando por su consabida estrategia mercantilista, combinando la realización de films personales y otros de estricta vinculación comercial en los que aplica una serie de parámetros exclusivamente diseñados para encandilar a las grandes audiencias, como es la elección de actores de gran aceptación popular (como Andy Lau, Sammy Cheng, Takeshi Kaneshiro, Gigi Leung, Louis Koo, Cecilia Cheung...), que en su mayor parte también son estrellas de las canción cantonesa (cantopop). Nacen así títulos como Needing You... (2000), Love on a Diet (2001), Turn Left, Turn Right (2003), Yesterday Once More (2004)... comedias románticas destinadas al disfrute del público mayoritario. E aquí una de las razones por las que la consideración de Johnnie To como auténtico autor ha tardado en ser reconocida, por su aparente dispersión a nivel creativo. Pero To tiene muy claro la delimitación de sus dos parcelas artísticas, y no se le caen los anillos por hacer de vez en cuando una película insulsa si sabe que ésta le va a proporcionar el suficiente dinero para realizar en el futuro una historia más acorde a sus intereses íntimos.

El auténtico To, redefiniendo el cine de autor

En 1998 To dirige A Hero Never Dies, película que supondría un punto de inflexión en su carrera, y en la que introduciría alguna de las constantes que le acompañarían en la mayor parte de sus películas más celebradas. Y es que, de repente, el universo de Johnnie To se expande, sufre una mutación importante y genera una obra de gran alcance tanto a nivel visual como narrativo. To comienza a configurar su ya mítico microcosmos masculino regido por las reglas de la lealtad, y lo aplica a esos dos personajes, más grandes que la vida, que interpretan Lau Ching-wan y Leon Lai, dos gánsters, al servicio de tríadas rivales que deben enfrentarse a pesar de sentir una mutua admiración por trabajo.

Ahora sí nos encontramos sumergidos de lleno en la forja de un estilo inigualable que, a pesar de beber de numerosas influencias entre las que destaca el polar francés, contiene rasgos distintos de poderosa singularidad.

Continuamos en la senda del thriller de raigambre enérgica y contundente con Running Out of Time (1999), que utiliza como base de su tejido argumental el clásico juego del gato y el ratón entre un ladrón y un policía, pero reformulándolo de manera inesperada, es decir, haciéndonos reconsiderar el papel que hasta ese momento se le había otorgado a la figura del héroe tradicional así como a las características que éste debía tener en la pantalla. Y es que el establecimiento de fronteras entre el bien y el mal se diluyen bajo la concepción ética que To aplica a los personajes: no se sabe muy bien porqué, pero el villano siempre termina resultándonos más simpático, quizás, en este caso, porque su imagen se identifica con el entrañable perfil de Andy Lau.

Queda claro que la amabilidad de las comedias y la sensiblería de los melodramas desaparecen por completo cuando To se introduce en los inhóspitos y tortuosos caminos del thriller policíaco, pues la densidad abigarrada de un film tan estilizado como la portentosa The Mission (1999), poco tiene que ver con los acaramelamientos destilados en Needing You... La prensa internacional (concretamente «Cahiers du Cinéma») comienza a hacerse eco de la existencia de Johnnie To precisamente a raíz del  éxito alcanzado por The Mission.

La sobriedad empapa los fotogramas de este film, quizás uno de los más incómodos y sombríos filmados por To, de textura opresiva, seca, que transmite la desagradable sensación de encerrona vital de la que parece no haber escapatoria. To nos introduce en una atmósfera viciada, en un espacio nocturno en el que un grupo de matones a sueldo son contratados para ejecutar una misión. Cinco hombres parcialmente retirados o degradados dentro del escalafón mafioso (como si se tratara de cinco caballeros errantes sacados de la literatura wuxia) que buscarán una nueva oportunidad para recuperar su dignidad. Unidos por la camaradería, por el sentimiento de formar un equipo sólido, la integridad del grupo se verá puesta a prueba cuando reciban la orden de eliminar a uno de sus miembros.  Pero si por algo destaca The Mission es por su elaborada planificación secuencial, sobre todo en las escenas de tiroteos,  en las que To hace gala de un férreo dominio de la tensión, llevando la acción hacia un estadio más allá del simple espectáculo pirotécnico.

Más frenética en su resolución, puro zumo de acción resulta la excepcional Fulltime Killer (2001). Vigorosa, vibrante, con una violencia rabiosa de esas que destilan un profundo aliento trágico, una narrativa firme y un entramado argumental minuciosamente elaborado que tantea la comedia, el drama, la catarsis balística e incluso algún que otro guiño autorreferencial, Fulltime Killer pone de manifiesto que nos encontramos ante un autor virtuoso, en pleno dominio de su oficio, y que sabe manejar todas las técnicas cinematográficas a su alcance para ponerlas a su servicio dependiendo de sus necesidades más expresas. Una firme pulsión dramática, la construcción de unos personajes poliédricos surcados por mil aristas y el poderoso aliento poético que destila el film, lo redimen de su tendencia a la aparatosidad y artificialidad, características, por otra parte, esenciales dentro de su materia constitutiva.

P.T.U. (2003) nos muestra por primera vez a un To interesado en las pulsiones verídicas que recorren las malas calles de Hong Kong, por lo que se empleó durante cuatro años en investigar las operaciones de los policías de a pie de la ciudad. El paisaje urbano nocturno (húmedo, peligroso), la arriesgada apuesta estética (la cámara parece introducirnos en la acción), y un final apoteósico, la convierten en una de sus películas imprescindibles.

Y por fin, dentro de este reducido periplo a lo largo de la extensísima trayectoria de Johnnie To (aunque no lo parezca, me he limitado a señalar sus films más representativos), llegamos a la película que le consagró en los festivales internacionales, Breaking News, una sátira en torno a la manipulación de la información que ejercen los medios de comunicación en la que To reflexiona, haciendo gala de su demoledora ironía, acerca del poder de la imagen en la sociedad actual. El sensacionalismo periodístico se une al thriller de raigambre policial para dar lugar a una película que aúna la acción más trepidante con el mensaje de carácter simbólico. Pero más allá de todas las virtudes que Breaking News pueda acumular, esta obra será recordada por su portentoso arranque: un plano secuencia de diez minutos de duración en el que To desafía las normas de la planificación y, a través de un alarde de precisión técnica, es capaz de realizar movimientos de cámara realmente inimaginables, con los que consigue entrelazar en un mismo espacio físico y temporal las acciones simultáneas que se producen en un tiroteo entre una banda de atracadores y la policía. Un verdadero festín para devoradores de auténticas y genuinas sensaciones cinematográficas.

Última parada: Election

Tras una filmografía que incluye 40 títulos, por fin se estrena en España una película de Johnnie To. ¿Las razones?. Quizás, durante este año que termina se haya producido su definitiva bendición como autor de prestigio dentro de la consideración de la crítica europea. Su participación dentro de la Sección Oficial a concurso del Festival de Cannes, impulsó este reconocimiento, a pesar de que la mayoría de medios españoles ni tan siquiera se hizo eco de la estupenda acogida que allí recibió. Como siempre suele ocurrir, la desinformación de muchos críticos en materia oriental les lleva a descalificar la mayoría de las propuestas que se alejan de su percepción intuitiva de lo que debe ser un film exótico. Y es que resulta de lo más sencillo quedar deslumbrado ante la belleza poética que destilan las imágenes de cualquier film de Kim Ki-duk, pero otra cosa es asimilar la austeridad, rudeza y violencia interna que late en el corazón de una obra tan visceral como es Election.

El Festival de Sitges fue el encargado de encumbrar definitivamente a los altares la figura de Johnnie To mediante la organización de una estupenda retrospectiva, otorgándole además un premio en reconocimiento a toda su carrera y editando un libro monográfico en el que se analiza cada uno de los aspectos de su obra.

Quienes estuvimos en Sitges y pudimos disfrutar de su compañía, encontramos a un Johnnie To exultante de alegría a causa de este homenaje, pero también detrás de la fachada de un inteligente hombre de cine, descubrimos su enorme humanidad, su cercanía, y sobre todo su sentido del humor y socarronería (como podréis comprobar en la entrevista que acompaña a este artículo).

To ya es un autor de culto en occidente (en su país de origen Election recaudó en un sólo día más de 110.000 euros y acaba de ser nominada a 11 premios de la Golden Horse de Taiwán), y sin duda uno de los más grandes impulsores de la renovación del cine de acción hongkonés; por eso Election es quizás esa obra definitiva que le faltaba para acceder al olimpo de los directores consagrados.

foto

Con Election, Johnnie To se introduce en el mundo de las Tríadas, y lo hace desde una perspectiva casi documental, diseccionando cada uno de los engranajes mediante los que se rigen estas peligrosas organizaciones mafiosas. Para conseguir transmitir en la pantalla las mayores dosis de verosimilitud posibles, el director y su equipo realizaron un concienzudo trabajo de investigación que les llevó a tomar contacto con algunos miembros de los clanes que pueblan la ciudad de Hong Kong.

Así, mediante una puesta en escena extremadamente ritualizada, el director logra transmitirnos con toda su escalofriante intensidad el ambiente malsano, viciado de rivalidades y competitividad, que se respira entre los miembros de la Tríada, en constante lucha por alzarse con la vara de mando que los erigiría como jefes supremos.

La tensión narrativa se caracteriza por estar infectada por un violencia que se encuentra agazapada en el subsuelo de cada una de las secuencias. La imprevisibilidad en el comportamiento de los personajes, hace que el peligro sea constante, manteniendo la tracción ambiental en un grado de intensidad que roza el territorio del malestar.

Nos encontramos pues ante un film seco, en ocasiones difícilmente transitable, opaco, y sobre todo, muy oscuro, pues además de irradiar desasosiego, explora los mecanismos interiores más siniestros que operan en el interior del alma humana: la venganza, la ira, la envidia..., por lo que cada una de las acciones que ejecutan los personajes, se reviste de una dimensión simbólica terriblemente descorazonadora. Y es que en este perturbador thriller de género negro, no existen los héroes, pues todos los seres que lo pueblan resultan egoístas y mezquinos, movidos en todo momento por sus intereses personales. Ni siquiera la tradición de las ceremonias y los ritos ancestrales tienen sentido en este paisaje de hombres animalizados que han corrompidos sus valores para llegar a una degradación total de los valores por los que solían regirse.

To dibuja un panorama desolador y se inserta en la circunscripción del más descarnado realismo, demostrando que no sólo sabe filmar escenas de tiros y persecuciones, sino que también es capaz de dirigir con mano maestra una película de gánsters con sabor clásico que destila pura esencia de cine de género.

Por Beatriz Martínez
cartel