Escribe, dirige e interpreta (ya menos) sus películas. Así que no es extraño que Woody Allen también confíe en si mismo para elegir la música. Todo queda en casa, el éxito y el fracaso. A excepción de Marvin Hamlish (Toma el dinero y corre, Bananas) y apoyos puntuales de su amigo Dick Hyman, célebre pianista y compositor de jazz, el realizador norteamericano ha confiado siempre a su instinto la elaboración de la banda sonora. El jazz (toca el clarinete), la Big Band y los clásicos de la canción norteamericana de los años 40 y 50 son sus principales referentes; por eso sus películas tienen aroma a cine viejo, a salas con borrascas de humo y whisky on the rocks. Match Point es un punto y aparte en esa y otras costumbres, como la de rodar en Nueva York, porque por primera vez el director ha abandonado el jazz para refugiarse en la ópera. Y la decisión no es un capricho intelectual.

La historia de Chris (Jonathan Rhys-Meyer), un trepa sin sentimientos por nadie que no sea él, adquiere en pantalla la estructura clásica de una ópera en tres actos: planteamiento, nudo y desenlace. Dentro de ese mecanismo, la música se convierte en la voz espiritual de cada personaje, reflejando sus pensamientos más íntimos, miedos, aspiraciones, deseos... El guión de Allen (de nuevo espléndido) es un libreto operístico, y sus personajes cantan sus actos en un escenario de máscaras y superficialidad. Más que una película con música de ópera, el neoyorquino filma una ópera con imágenes de película. Y que el filme adopte la tesis sobre el azar planteada por Dostoievski en "Crimen y castigo", importa menos a nivel dramático que ese crescendo de acontecimientos tan propio del género lírico. Ahí radica la genialidad de la obra. Da igual el fondo, pero la forma..., ésa tiene que ser ascendente y trágica. Match Point es una ópera de celuloide.

En ese sentido, cada aria y tema seleccionado por Allen está pensado al milímetro. Al final de la película no recurre por casualidad a la maravillosa Una Furtiva Lagrima, de L´Elisir D´Amore de Donizetti, mientras Chris mira por la ventana y celebra su paternidad. "Una furtiva lágrima / en sus ojos despuntó / a aquellas alegres jóvenes / envidiar pareció / ¿Qué más buscando voy? / ¿Qué más buscando voy?", dice la letra. Como tampoco es un antojo que escuchemos Desdemona, de Othello, el paradigma shakesperiano de los celos que en la cinta es Nola (Scarlett Johansson), enfrentada a O Figli Figli Miei, de Macbeth, en clara alusión a la paternidad de Chris, cuando éste tiene que decidir entre su mujer Chloe (Emily Mortimer) y su amante. Lo mismo vale para el resto de piezas. Como Un Di Felice, de La Traviata de Verdi, que refleja el encuentro pasional entre Violetta (Nola) y Alfredo (Chris).

Es paradójico que en una película sobre al azar, la suerte no encuentre espacio. Allen usa el tiralíneas con pasmosa facilidad. Y en el terreno musical, el trazo le sale perfecto. La banda sonora es una ópera de óperas, con su propia obertura, sus arias e interludios y un final demoledor, incontestable. Cuando cae el telón, al espectador sólo le queda aplaudir la belleza del encuentro y llorar el destino de los personajes, aunque no esté de acuerdo con el desenlace. Chris es el tenor, Nola la soprano, y así todos los actores-cantantes, magníficos, que completan un reparto perfectamente trasladable a un escenario lírico. No sería extraño que alguien se atreviera algún día. Allen ya ha puesto la música.

Por Raúl Álvarez
caratula

Música de VV.AA. Milan Records (EE.UU. / R.U., 2005). Un film de Woody Allen

1. Mal Reggenda All´aspro Assalto, Il Trovatore - Giuseppe Verdi (3:37) • 2. Un Di Felice, La Traviata - Giuseppe Verdi (3:05) • 3. Mia Piccirella, Salvatora Rosa - Carlos Gomes (3:43) • 4. Gualtier Malde Caro Mome, Rigaletto - Giuseppe Verdi (6:30) • 5. Mi Par d´Udir Ancora, I Pescatori Di Perl - Georges Bizet (3:28) • 6. Arresta, Gugielmo Tell - Gioacchino Verdi (8:42) • 7. O Figli Figli Miei, Macbeth - Giuseppe Verdi (3:23) • 8. Desdemona, Othello - Giuseppe Verdi (11:53) • 9. Una Furtiva Lagrima, L´Elisir D´Amore - Gaetano Donizetti (5:26)