Sobre la fantasía literaria

Finiquitada la imponente trilogía de El Señor de los Anillos de Peter Jackson y con el plomizo Harry Potter en el ecuador de sus avatares, parecía lógico que el mundo creado por C.S. Lewis hace algo más de cincuenta años viera pronto la luz. Las Crónicas de Narnia es una serie de siete libros de carácter juvenil que se han convertido en un clásico de este tipo de literatura. Mucho más maniquea y menos compleja que la obra de Tolkien (asimismo, también mucho menos espesa) resulta, paradójicamente, la más difícil de adaptar. El porqué de ello se encuentra en su carácter cambiante en el que dramatismo, sacrificio y humor se suceden casi sin interrupción, así como en su difícil etiquetaje ya que constantemente oscila entre el mundo infantil, el juvenil e, incluso, el adulto, no tanto en las situaciones que plantea como en su trasfondo netamente cristiano o en su particular concepción de ciertos rasgos de la condición humana.

Es por ello que esta adaptación del primero de los libros tiene una importancia capital, ya que marcará el devenir de las posteriores entregas (caso de haberlas, lógicamente). Y, ante esta circunstancia, cabe decir que el regusto general que deja El león, la bruja y el armario es el de una lograda cinta de aventuras, con sus lógicas irregularidades, aunque plenamente competente. Hay que decir, de entrada, que quizá Andrew Adamson no es, precisamente, el cineasta más apropiado para llevar a cabo un proyecto de estas características, primero por su falta de experiencia en la dirección "física" habida cuenta de su pasado como realización de cine de animación (Shrek y Shrek 2), lo cual se hace patente en la dirección de actores, excesivamente esquemática y superficial, excepción hecha de una sensacional (como siempre) Tilda Swinton a la que sí se sabe extraer todo el partido posible a su perturbadora mirada, aunque esto parece más virtud de los propios recursos de la actriz que del trabajo del cineasta. Y segundo, porque no posee una personalidad clara y definida a la hora de ofrecer un prisma particular y un punto de vista concreto a la historia que le sirve de base.

Sin embargo, aceptando que el trabajo de Adamson no es el más adecuado y entrando de lleno en lo que la película nos ofrece por sí misma, El león, la bruja y el armario contiene virtudes suficientes que garantizan su visionado. El film tiene un ritmo perfecto que pocas veces decae pese a superar las dos horas de duración, provocado sin duda por un buen trabajo de montaje y unos efectos especiales que, pese a no ser tan prodigiosos como se dice (la sombra de la animación por ordenador es muy, muy larga), sí son perfectamente funcionales y adecuados al mirífico universo creado por C.S. Lewis. Por otro lado, la adaptación es consecuente, los personajes están bien descritos, acaso algo precipitadamente al comienzo aunque evolucionan con gran verosimilitud a lo largo de la película y la ambientación, concisa y luminosa alejada del tenebrismo de El Señor de los Anillos, consigue transmitir con precisión las intenciones del escritor.

En definitiva, la apertura de la serie de Las Crónicas de Narnia es una muy entretenida película, perfecta para sanear la muy maltrecha economía de la Disney, aunque quede en el espectador la sensación de que se le podría haber sacado mayor partido.

Por Joaquín Vallet R.
cartel
EEUU. 2005. T.O: The Chronicles of Narnia: The lion, the witch and the wardrobe. Dirección: Andrew Adamson. Producción: Mark Johnson, Philip Steuer. Guión: Ann Peacock, Andrew Adamson, Christopher Markus, Stephen McFeely, sobre la novela de C.S. Lewis. Música: Harry Gregson Williams. Fotografía: Donald McAlpine. Montaje: Sim Evan-Jones, Jim May. Dirección Artística: Roger Ford, Kerrie Brown. Vestuario: Isis Mussenden. Duración: 140 minutos. Intérpretes: Georgie Henley (Lucy), William Moseley (Peter), Anna Popplewell (Susan), Tilda Swinton (Jadis), Skandar Keynes (Edmund), Liam Neeson (Aslan), Jim Broadbent (profesor Kirke)