Miedos y esperanzas

La ópera prima de la joven pero ya reputada videoartista, performer, articulista... Miranda July, se nos presenta en este final de año como el último hito indie del cine norteamericano; película de bajo presupuesto, rodada en formato digital y auspiciada desde un taller de guión en Sundance y premiada a posteriori en el propio festival, y en la Semana Crítica de Cannes. Ante esta sólida carta de presentación el mayor handicap que se presenta a la hora de hablar de la película de Miranda July es, tristemente, su regusto a algo ya conocido, un déjà vu fílmico que nos remite en ocasiones a las películas de Solondz, Wes Anderson, el Paul Thomas Anderson de Punch-Drunk Love y el más claro referente, reconocido incluso por la propia directora The Eternal Sunshine of the Spotless Mind de Michel Gondry... todos ellos a su vez deudores de modo más o menos amplio de cierto auge del cine independiente norteamericano de los 90 (el olvidado Tom DiCillo, por ejemplo).

Por lo tanto aquí sería necesario tratar de buscar cuáles son las diferencias fundamentales que separan esta película de sus precedentes. A mi juicio la principal diferencia con el cine de Solondz o Anderson, es que la mirada de July carece de una voluntad de crítica social (la intolerancia con el otro de la sociedad norteamericana), enfatizando por el contrario, a partir una limpia y luminosa mirada sobre la cotidianeidad, el poder de la voluntad individual; la capacidad del individuo de tomar las riendas de su existencia.

La estructura utilizada es también la habitual en estos casos: película coral en base a la relación de historias paralelas, en la que un grupo de personajes un tanto solitarios tratan de establecer vínculos afectivos entre ellos. Esta estructura episódica le sirve por un lado a July para fabricar un envoltorio más liviano y aparente y fácilmente digerible por el público, en el que la narración puede saltar de una historia a otra a su gusto; pero por otro corre el peligro, en su intención de abarcar un mayor espectro de personajes, de pasearse por la superficie de cada una de sus historias sin llegar a profundizar en alguna de ellas, influenciando negativamente al conjunto de la película pudiendo dar la impresión en ocasiones de ser una unión de cortometrajes mostrados en paralelo.

Los personajes de Miranda July abarcan todos los estratos generacionales (desde los ancianos enamorados por primera vez a los 70 años, hasta el pequeño de siete años que mantiene contactos de contenido sexual a través de un chat) y todos ellos esperan algo que está todavía por llegar del incierto futuro: el compañero de trabajo de Richard que espera que suceda algo emocionante en su vida, las adolescentes que buscan poner en práctica sus conocimientos sexuales para estar preparadas en el momento oportuno, la amargada directora de museo que se ha ido aislando del mundo, el silencioso hijo de Richard que no comprende a su padre o la vecina de doce años que acumula electrodomésticos para su futura dote. Y destacando entre todos ellos el nexo de unión formado por Richard (John Hawkes) y Christine (interpretada luminosamente por la propia Miranda July), que con su historia de encuentros y desencuentros establecen el eje central de la película.

Las preguntas que se plantea la directora giran en torno al cómo relacionarnos y cómo vivir en comunidad (de ahí Tú, yo, y todos los demás) concepto sobre el que varios personajes inciden en distintos momentos y por encima de todos habla del miedo que produce el enfrentarse a la vida cara a cara. La película arranca con Christine, artista audiovisual trabajando en una de sus piezas sobre el tiempo que se escapa y la necesidad de vivir cada día como si fuese el último; y a medida que la película desarrolle sus personajes vamos percibiendo lo difícil que es precisamente lograr ese objetivo, por el gran valor que ello requiere. Christine está decidida, y es consecuente con ello: conoce a Richard, se interesa por él y acude a buscarlo (ella nunca dice "más tarde", siempre dice "ahora"); Richard por su parte dice estar preparado para que la magia llegue a su vida tras su divorcio, pero cuando ésta se presenta encarnada en Christine reacciona como el más común de los mortales: se asusta y sale corriendo. Miranda July nos dice que la magia está ahí, el problema es atreverse a tocarla. Del mismo modo sucede en la pequeña historia paralela protagonizada por el compañero de trabajo de Richard y las dos adolescentes que se encuentra cada día frente a su casa. Cuando llega la hora de la verdad todos salen corriendo. De este modo y consecuentemente con ese viaje hacia la luz que nos propone July en la cita del inicio todos los personajes de la película evolucionan, consiguen aceptar al otro o, lo que es más importante, a sí mismos; pero no por medio de grandes gestos, sino a partir de las pequeñas cosas, basadas a través del ojo de Miranda July en una visión poética de la infancia y de lo cotidiano.

La película peca en ocasiones de un gusto excesivo por lo simbólico (la secuencia del pez en la bolsa, el hombre en la parada del autobús), por la imagen definitiva que quiere hablar del todo (el pájaro en la rama), y no tanto por la propia interrelación de la escritura cinematográfica, percibiéndose en ese punto cierta dependencia de la imagen artística, de lo conceptual. (1) Lo mejor que se puede decir de Me and You and Everyone We Know, es que pese a todos lo peros expuestos hasta aquí (y aquí es donde el crítico pone su cabeza al servicio de sus superiores) es que el conjunto suena a honesto y se asiste de manera agradable a su discurrir; Miranda July cree en sus personajes y no busca reflejar a través de ellos la sordidez y lo extraño de sus comportamientos, no los mira por encima del hombro; sino que, al contrario, busca en cada uno la comprensión y la humanidad. July, aun partiendo desde un cierto pesimismo, todavía cree en el amor y la esperanza.

(1) Lógica en cuanto a la derivación del trabajo artístico de la directora y justificado en cierta medida en la película por el oficio del personaje de Christine.

Por Ángel Santos
cartel

EE.UU., Inglaterra, 2005. Título original: Me and You and Everyone We Know. Dirección: Miranda July. Productora: FilmFour, IFC Films. Productor: Gina Kwon. Guionista: Miranda July. Fotografía: Chuy Chávez. Dirección artística: John Wyatt. Vestuario: Christie Wittenborn. Montaje: Andrew Dickler, Charles Ireland Música: Michael Andrews. Duración: 91 min. Intérpretes: John Hawkes (Richard Swersey), Miranda July (Christine Jesperson), Miles Thompson (Peter), Brandon Ratcliff (Robby), Carlie Westerman (Sylvie), Natasha Slayton (Heather), Najarra Townsend (Rebecca).