De hombres y mujeres
Sobre la imagen de un cruce de calles abarrotadas de tráfico de Taipei, que se establecerá desde el inicio como metáfora de la desorientación vital de los personajes y punto de retorno estructural, aparece sobreimpreso el título, en inglés y mandarín (¿?), del film: Eat Drink Man Woman. Y precisamente serán las relaciones que se establezcan entre esos hombres y mujeres que nos escamotea el título español de la película, el centro de esta fábula social; y que efectivamente incluyen entre sus actos el verbo "amar", pero también los "respetar", "odiar", "ignorar", o "anhelar", es decir, un abanico más amplio en cuanto a las relaciones humanas que el reducido, aunque de mayor importancia, al fin y al cabo, verbo "amar".
La película cierra, tras Pushing Hands y El banquete de boda, una suerte de trilogía en torno a las relaciones familiares y la identidad nacional que catapultó definitivamente a Ang Lee hacia la industria de Hollywood, y es probablemente junto a la posterior y ensalzada Tigre y Dragón su película de rasgos más orientales. Lee es un cineasta formado en Nueva York, en donde realiza sus primeros trabajos en formato de corto y mediometraje, y que regresa a Taiwán para rodar sus primeros largometrajes arropado en la producción por James Schamus (también guionista de sus films) y Ted Hope, responsables de buena parte del cine "independiente" norteamericano de los 90 (1).
Esta sensación de interconexión cultural, de desarraigo, unida a los cambios que ello implica para una sociedad tradicionalista, los utilizará Lee en su propio favor en sus primeras películas. En Comer, beber, amar es a través de las idas y venidas de un padre viudo y sus tres hijas que Lee nos muestra un amplio fresco sobre el Taiwán de los 90; respondiendo cada uno de sus personajes a un sector social más o menos definido: así, Chu (Sihung Lung) el padre, es un reputado chef especializado en comida tradicional, que está comenzando a perder el toque de su exquisito paladar; la mayor de las hijas, Jen (Kuei-Mei Yang) es una profesora de química más bien puritana y algo perdida que busca respuestas a su soledad convirtiéndose al catolicismo. Chien (Chien-Lien Wu) la hermana mediana (en la que Lee concentrará mayor atención a lo largo de la película) es una joven y atractiva mujer de negocios que refugia su insatisfacción en la supuesta independencia ofrecida por su trabajo. La menor de las hermanas, Ning (Yu-Weng Wang) es una joven de 20 años que ni siquiera se plantea cuál es su lugar en la sociedad mientras trabaja en una cadena de comida rápida (2). Entremedio de estos personajes el film nos irá presentando a sus respectivos hombres o mujeres que serán los encargados de dinamizar, o dinamitar en algunos casos, su estabilidad emocional y sus certezas.
El film avanza desde sus imágenes iniciales por medio del despliegue de acciones en paralelo que nos muestran a los cuatro miembros de la familia enfrentándose a sus distintas situaciones vitales y reuniéndolos al fin en torno a la ritual cena familiar de los domingos , en las que ellos mismos comunicarán al resto de la familia los cambios que en sus vidas se irán produciendo. De este modo seremos partícipes del progresivo desmembramiento familiar desde el momento en el que Chien comunique sus deseos de independencia, dando inicio al conflicto, hasta que finalmente, por ironías del destino, ella sea la única que permanezca en la casa familiar. El film nos irá proponiendo poco a poco un discurso referido a lo imprevisible de la vida, al azar que ésta nos reserva y en ocasiones a la inutilidad de hacer planes a priori.
Ang Lee arroja una mirada entre tierna e irónica sobre las situaciones que viven sus personajes y que en la mayor parte de los casos terminan por suceder justo al contrario de como ellos habían pensado: de este modo Chien no podrá irse de casa al descubrirse un fraude inmobiliario en el piso en el que había invertido todos sus ahorros; la hermana pequeña encontrará el amor casi sin proponérselo y será la primera en abandonar el nido familiar y Jen, la puritana hermana mayor, verá como su ordenada y casta vida en busca de la fe se transformará al conocer al nuevo profesor de voleibol de su instituto (que entre otros méritos tiene el de golpear la pelota con el trasero con sorprendente habilidad) . Pero las evolución de la situación familiar llegará al punto de ser todo lo contrario que cabía suponer cuando el padre de las chicas informe a la familia, en torno a una copiosa cena dominical como no podría ser de otro modo, su decisión de casarse con Jin-Rong (Sylvia Chang), una chica divorciada que podría ser su hija y madre de una pequeña, cuando todos suponían que iba a hacerlo con la (insoportable, por otra parte) madre de ésta.
El tono cómico de la propuesta se rebaja considerablemente cuando Lee se refiere al personaje de Chien, la joven ejecutiva que ve como sus aspiraciones profesionales se cumplirán a costa de que todas sus relaciones, tanto las familiares como las personales, se vayan desmoronando (la fría relación con su hermana mayor, su ex novio y confidente que decide repentinamente casarse, y su atractivo compañero de trabajo la rechaza amablemente), y será este personaje, que en un principio se nos presenta como el más seguro de sí mismo, el que ofrezca muestras de estar más extraviado, el que necesite aprender a aceptar la vida tal y como viene para comenzar a vivir su vida plenamente.
Es éste un film preciso en descripciones de tipos humanos y parco en cuanto a la presentación y resolución de los conflictos que a estos les sobrevienen, un film que avanza ágil y amable gracias a la mirada un tanto cómica (distanciada en ocasiones) que Lee vuelca sobre sus personajes; recurriendo a una estructura de planteamiento y demostración de pequeñas tesis relacionales que en lugar de demostrar la simplicidad de las cosas nos hablan de que siempre todo es más complejo e imprevisible de lo que nos pueda parecer . La exposición formal de estas tesis surge casi siempre por choque y comparación de las distintas situaciones (ejemplar por su precisión, en el arranque del film) y a través de los contrastes (ideas) que éstos provocan.
(1) Una mirada atenta a la obra de Ang Lee debería servir para situar al director de Hulk como un cineasta norteamericano, de origen taiwanés, eso sí, y no como un cineasta oriental captado para la industria norteamericana. Sus maneras narrativas y formales remiten en mayor medida a cierto cine estadounidense (de corte más o menos independiente) que al cine oriental. Esto no es óbice para que la mirada de Lee sea en ocasiones más certera y analítica hacia los modos de vida estadounidenses que la de los cineastas 100% made in USA .
(2) De este modo Lee abarca, sin necesidad de cargar las tintas, un amplio abanico generacional entre el padre, último vestigio de cierta idea de tradición y la hija pequeña, símbolo del imparable avance del imperialismo cultural y la modernidad.
(3) El inicio del film, con la casi documental muestra de cocina tradicional, sirve para definir perfectamente al personaje de Chu, pero también para atraer al público occidental debido al "exotismo" de la propuesta, exotismo que no existe, creo necesario recordarlo, para el espectador oriental, pecando Lee de cierto aunque excusable manierismo.
(4) Será en la evolución del comportamiento de Jen en donde Lee encuentre las soluciones formales más satisfactorias del film; así Jen está caracterizada por lo gris de su vestuario (al que sus hermanas hacen referencia en más de una ocasión) y su estatismo. El choque que supone la aparición del profesor de voleibol (desde su presentación jugando al voleibol hasta sus idas y venidas en moto) supondrá un cambio hacia lo cinético y la evolución de los colores y el vestuario correrá en paralelo, pasando de ser un personaje gris entre la multitud a tomar partido, por amor, con un agresivo vestuario de color rojo...
(5) Acercándose más por tanto a ciertos planteamientos rohmerianos que a la obra de Ozu con la que aparentemente desde un punto de vista argumental tendría mayor relación.
|