Ang Lee; un asiático en la cumbre de Hollywood. Hulk, un cine peculiar
Vaya por delante que Ang Lee me parece un director por encima de la media, aunque no mucho más allá. Afinado en películas como El banquete de boda (Hsi yen; 1993) y La tormenta de hielo (The Ice Storm; 1997) y aboslutamente soporífero en Sentido y sensibilidad (Sense and sensibility; 1995) y la sobrevalorada hasta la exasperación Tigre y dragón (Crouching Tiger, Hidden Dragon; 2000) es tal vez por esta razón que una película como Hulk (2003) despertara, al menos en mi persona una irrefrenable curiosidad; ¿cómo es posible que el responsable de Sentido y sensibilidad se hiciera con las riendas de un largometraje de las características de Hulk? La respuesta ya la había dado el propio Lee con sus anteriores películas, el director de Cabalgar con el diablo (Ride with the Devil; 1999)es un cineasta de inquietudes, que duda cabe, otra cuestión es que a mi personalmente, me interesen más o menos (sobre este respecto no vale la pena emitir ciertos juicios), pero que sabe adaptar de forma ejemplar, sus intereses a los de Hollywood. En este sentido no hay más que echar un vistazo a una película como Tigre y dragón, donde por más que se vendiera como un largometraje asiático, su estrcutura como pelìcula, tanto dramática como narrativa, estaba más inspirada en el cine clásico de Hollywood que en la cinematografía tradicional asiática con todo lo que ello implica. Esto no quiere decir que en Tigre y dragón no exsitan elementos propios de la cultura asiática, pero esto no significa que el film no esté construido en torno al modelo básico occidental hollywoodiense para más señas y de hecho la mejor evidencia de que esto es así fue, primero su éxito y segundo la avalancha de nominaciones (algunas de ellas inexplicables) que el film recibió para la entrega de los Odcar de ese año. Por todo esto (que no es poco), una aproximación a un personaje tan particular —y difícil— como Hulk no podía dejar de ser algo bastante curioso.
A estas alturas, no vale la pena destacar los sorprendentes efectos especiales de la película y mucho menos las escenas de acción magnificamente bien rodadas aunque no posean el "tempo", la planificación y la personalidad de pongamos por caso, John McTiernan, Steven Spielberg o James Cameron. Tal vez lo más llamativo de Hulk sea por un lado su montaje, verdaderamente deslumbrante en las escenas de transición o en lo planos recursos como la huida a golpe de descomunales saltos de Hulk de la base militar (hay un momento verdaderamente significativo, cuando la pantalla se divide en tres cortes que pegados uno al lado de otro dan la apriencia de viñeta de cómic) o la propia huida de la descomunal mole de músculos que es el Hombre Masa, cuando la cámra se aleja de lo que parece ser una viñeta de entre cientos, y se acerca rápicamente a la siguiente escena. Estos y otros espectaculares ejemplos, ofrecen una visión bastante peculiar de un film que procura aproximarse al cine de superhéropres desde otra óptica sensiblemente diferentes. Una buena artimaña cinematográfica, aunque ésta se trunce ligeramente cuando vemos escenas dramáticamente más trascendentales -como el primer encuentro entre Betty (Jennifer Connely) con su padre, (un sobervio Sam Elliot)- planificada a patadas, salto de racords al gusto del consumidor y sin respetar ley alguna de la lógica narrativa o dramática.
También se ha dicho, y no sinr azón, que sobre Hulk pesa el espíritu de la obra de Stevenson "El extraño caso del dr. Jeckyll y Mr. Hyde", e incluso se ha mencionado que el film de Lee, pasee sobre mitos como el de la Bella y la Bestia y hasta el de Frankenstein. Aunque las referencias, es cierto que están ahí, también es verdad que Ang Lee lo hace con la suficiente ligereza como para no enturbiar el superespectáculo que al fin y al cabo es Hulk. De hecho, sobre Frankenstein queda más bien nada que poco en todos los sentidos y el elemento Bella vs. Bestia se diluye en los suficientes tópicos como para no despistar a nadie. Sin duda, es Jeckyll y Hyde el que más se deja notar en la película de Lee. En este sentido, hay que destacar la brillantez eso sí, con la que el director de La tormenta de hielo consigue insuflar un humanismo inusual en una mole digital como el Hombre Masa. Y no tanto por los gestos o muecas (que también es verdad, ayudan), sino por las acciones poniendo sobre la mesa esa relación del monstruo de ira desaforada y el hombre con autocontrol. Lo más interesantes es que al fin y al cabo, y tanto en un caso como en otro, se trata de seres imperfectos, humanos pese a todo. Hulk destroza aquello que lo amenaza sin demasiadas consideraciones (por más que lance un tanque por los aires y después se inserte un plano del vehículo para que vemos como sus ocupantes salen por su propio pie) lo que en ocasiones genera muertos, como es el caso de Talbot (Josh Lucas), quien por otro lado y a efectos de Hollywood, se merecía morir a manos de Hulk, aunque fuera de una forma indirecta.
Otra de las grandes peculiaridades de Hulk es sin duda que se trata de un superhéroe como mínimo singular. Su poder es básciamente el de la ira desonctrolada y como tal, no tiene un control absoluto sobre lo que hace, lo que lo hace bastante más peligroso que un Spiderman o un Superman. Además Lee y sus cuatro guionistas acreditados (otra cuestión es los que no estén acreditados que en casos como estos suelen ser una verdadera hilera de nombres) consiguen a trancas y barrancas configurar un personje también insólito porque ya su padre (un formidable Nick Nolte), desde que antes de que Hulk naciera, poseía el virus de la ira. La relación entre Bruce Banner (Eric Bana) y su padre (1) es sin duda uno de los puntos más interesantes del film, que además desemboca en un climax complicado, más dificil de lo esperado en una película de estas características aunque no deje de resultar tremndamente espectacular.
Hulk es ante todo, y esto hay que dejarlo muy claro. un film de encargo, algo que no tiene porque ser necesariamente malo pero que conviene tener en cuenta si queremos valorar la película en su justa medida. Ang Lee hizo lo que pudo en una producción de estas características, sobre la que con toda seguridad, tuvo un control limitado por más que el Making off nos venda lo contrario y por más que nombres asociados a la filmografía de Lee como el montador Tim Squyres o el director de fotografía Frederick Elmes formen parte de los créditos del largometraje. Esto configura en última instancia un film incierto, por encima de la media, pero que lidia a una, con los intereses innegables de un autor y los de una producción de Hollywood que al fin y al cabo lo que busca es arrasar en taquilla. Lo cierto es que personalmente, nunca llegué a entender el fracaso del film. Además de los puntos de interés más o menos trascendentales, Hulk es un entretenimiento de primer orden, espectacular como pocos, que acoge todos los tópicos esperados en una producción de este calibre. Es cierto que se deja notar sobre la película una mano, digamos "inusual", pero tampoco considero que esta "influencia" perjudicará una película como Hul. Se trata en suma de un estimable film de acción y aventuras, con los suficientes puntos de interés como para ponerse por encima de otras películas de superhéores muy bien consideradas por algunos sectores de la crítica como "X-Men" (Bryan Singer, 2000), o "Hellboy" (Guillermo del Toro, 2004).
(1) Resulta curioso que el padre de Banner carezca en el film de Lee de nombre, lo que acrecienta la idea de que se trata de un concepto que persigue a Banner, que lo atosiga y que por tanto, lo angustia.
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