Miradas heterogéneas
2006 se anuncia como un año intenso de emociones, donde el nuevo film del genial David Lynch, que será homenajeado en la edición 39ª del Festival de Sitges, se presenta como uno de los mayores atractivos. También esperamos ese más que probable estreno de películas que hace algunos años ni siquiera podríamos haber soñado ver en pantalla grande (por ejemplo, la celebrada Tropical Malady), junto al, por ahora, último trabajo del veterano Sidney Lumet —que deseamos no quede relegado por público y crítica a la indiferencia como ocurrió con el estimable Sydney Pollack de La intérprete—, a las propuestas de cineastas insobornables como Abel Ferrara o Aki Kaurismäki, al derroche de ingenio y sensibilidad de Hayao Miyazaki o Julio Medem...
Presentamos en las siguientes líneas unos breves comentarios sobre los títulos más destacables, siguiendo nuestros gustos personales, pero sin obviar las recomendaciones de algunos compañeros de la revista. Primera aclaración: hemos preferido no citar películas de inminente estreno en las salas españolas como Caché de Michael Haneke y Munich de Steven Spielberg, aunque se sitúan entre lo más esperado. Segunda aclaración: somos los primeros sorprendidos por la alta cantidad de títulos norteamericanos de la selección en detrimento de los orientales (cinematografía muy en boga últimamente, de lo cual nos alegramos, no se crean) y europeos. Tercera (y creemos que última) aclaración: debido sobre todo a la poca información sobre el estado actual de algunas producciones que podrían figurar perefectamente en un listado como el presentado, se ha optado por no incluirlas en la selección final (destacaremos al respecto sólo Psychopath de John Carpenter, del que se puede disfrutar mientras tanto su excelente aportación para la serie "Masters of Horror").
INLAND EMPIRE, de David Lynch
Mulholland Drive (2001) marcó, para algunos comentaristas cinematográficos, una nueva cima en la carrera de su responsable, David Lynch, hasta convertirse en un auténtico referente del cine de todos los tiempos. Un exuberante sumidero de sensaciones y premoniciones que provocó que el crítico Carlos Losilla muy acertadamente considerase que «en el cine americano, todos los caminos conducen a David Lynch». Han transcurrido ya cinco años desde esta obra maestra inagotable, y durante este tiempo Lynch ha mantenido un alto grado de secretismo sobre su siguiente proyecto, que lleva tres años preparando. Tan sólo nos han llegado pequeñas dosis de noticias poco esclarecedoras (cuando no directamente extrañas) acerca de rodajes con actores desconocidos en Polonia y una nueva tanda de filmaciones en EE.UU. El resultado, cuyo estreno está previsto para el Festival de Cannes, ha sido definido escuetamenete por Lynch como «la historia de una mujer en peligro» y se titula INLAND EMPIRE (en mayúsculas, aunque el director no ha aclarado por qué), el nombre de una zona residencial californiana. Entre el reparto confirmado figuran los habituales del universo lynchiano Laura Dern, Harry Dean Stanton y Justin Theroux, con las incorporaciones de Jeremy Irons o la últimamente desaparecida Julia Ormond. La producción corre a cargo de Mary Sweeney y el propio Lynch, que ha rodado una gran cantidad de material aprovechando las posibilidades del vídeo digital. Sobre el proceso de elaboración, actualmente en postproducción, del film, Lynch se expresa en estos términos: «Hacer una película es un bonito misterio. Te adentras en lo profundo del bosque, y no quieres salir de ese bosque, aunque muy pronto llegará el momento en el que tendré que hacerlo...».
Flags of Our Fathers y Lamps Before the Wind, de Clint Eastwood
El nuevo proyecto como director de Eastwood se antoja indescifrable, tanto por el cierre dado a su anterior film, Million Dollar Baby (una imagen borrosa sobre un futuro impredecible), como por el hecho inaudito de rodar dos películas sobre el mismo tema (la batalla de Iwo Jima —o Iōjima— que enfrentó a americanos y japoneses durante la II Guerra Mundial en el Pacífico, dejando, más allá de la mítica fotografía de Joe Rosenthal, cerca de 30.000 muertos entre ambos bandos) realizadas de manera consecutiva. La primera es Flags of Our Fathers, cuenta con guión de Paul Haggis (Million Dollar Baby; reciente debutante en tareas de dirección con Crash, film que llegará a las pantallas españolas en enero) y se acerca al conflicto desde la perspectiva de los soldados americanos. La segunda, Lamps Before the Wind, se sitúa en el lado japonés, al parecer alrededor del general Tadamichi Kuribayashi. La intención de Eastwood es estrenar ambas películas al mismo tiempo, a finales de 2006. Sea como fuere, esta ambiciosa empresa del director de Poder absoluto a buen seguro mostrará una mirada bastante más rigurosa y madura sobre la guerra, que lo expuesto en El sargento de hierro, desafortunada comedia bélica, que a día de hoy parece totalmente descontextualizada del grueso de su filmografía.
Zui hao de shi guang / Three Times, de Hou Hsiao-hsien
El interés que despierta el cine de Hou en Europa es bastante relativo por lo menos a la vista de cómo le trata la distribución en España, relegado a circuitos de arte y ensayo, y en ocasiones incluso exclusivamente a certámenes especializados. Comparado con su compatriota Wong Kar-wai, que goza de igual (e incluso mayor) prestigio crítico y de una mayor repercusión comercial, el director chino se sitúa en tierra de nadie. Tal vez ello se deba al tono de sus películas, más bien contemplativas (menos barrocas que las de Wong; a primera vista además más morosas), que se alinean con las nuevas búsquedas narrativas en el lenguaje cinematográfico emprendidas por cineastas como el norteamericano Gus Van Sant (cuya Last Days comentamos aquí), el francés Oliver Assayas (no por casualidad el ex-crítico de Cahiers realizó en 1997 un documental sobre Hou: Cinéaste de notre temps: HHH, Un portrait de Hou Hsiao-Hsien), el malayo Tsai Ming-liang o el iraní Abbas Kiarostiami. Lo cierto es que a pesar de esa presencia tangencial en las carteleras Hou siempre ha sido un cineasta admirado, sobre todo en Francia, país que, al igual que con los autores antes citados, ha coproducido algunas sus películas. En contrapartida ha sido en el festival de Cannes donde el director de la brillante El maestro de marionetas ha mostrado sus últimas producciones, con excepción de la inédita en nuestro país Café Lumière (seleccionada en Venecia, donde Hou ganó el León de Oro por City of Sadness / Ciudad doliente); la última de ellas es Three Times, que tiene grandes posibilidades de estrenarse en España, y que narra a través de tres historias otros tantos periodos históricos (principios de siglo XX, mediados de la década de los 60, y principios del siglo XXI) y de la que Manuel Yáñez escribía lo siguiente en su crónica del festival para esta revista (MdC nº 39. Junio 2005): «Hou registra los rituales familiares, las formas de comunicación y de realización de cada periodo histórico, confeccionando para cada uno de ellos un sistema escénico particular (el episodio de 1911 es mudo) sobre el que divagar con su cámara-fantasma a través de largos y milagrosos planos-secuencia».
Laitakaupungin valot, de Aki Kaurismäki
Aunque no faltan voces que le han acusado de pergeñar un cine "de diseño" (es imposible encontrar nombres o títulos que consigan un consenso total en los espectadores: ni siquiera Million Dollar Baby), el director finlandés Aki Kaurismäki ha desarrollado una filmografía intachable en la que la adopción de una narrativa estilizada no ha impedido una plausible y, ante todo, cinematográficamente brillante, alineación con los marginados que habitan las cunetas de la "sociedad del bienestar" occidental. Frías, secas y despojadas, diametralmente opuestas a la brillantina y el engrandecimiento de hechos y tipologías, las películas de Kaurismäki han retratado a una serie de seres diminutos observándolos con distanciamiento y minimizando acciones y diálogos hasta lo puramente esencial, aunque sin olvidar algunas gotas de sentido del humor (negro y muy particular), siempre desde una óptica ideológica que podríamos calificar como estoica, pues sus personajes afrontan las condiciones de vida más adversas haciendo gala de una cierta imperturbabilidad que no debe confundirse con resignación. Su nueva película se titulará finalmente Laitakaupungin valot (Luces en el atardecer), y completará la "trilogía del desempleo" junto a las precedentes Nubes pasajeras (1996) y El hombre sin pasado (2002). La primera de ellas era una sórdida inmersión en la lucha contra la precariedad de quienes no encuentran un modo de subsistencia que culminaba con un ligero destello esperanzador, mientras que la segunda supuso una cierta reinvención del estilo de Kaurismäki, que se hizo aparentemente más abierto y relajado mientras invocaba referencias de sabor chapliniano para una historia sobre la amnesia como catarsis ante una realidad frustrante. Esta tercera parte supondrá el regreso a la actualidad de uno de los realizadores actuales auténticamente insobornables, capaz de realizar una película muda (Juha, fechada en 1999) dada su adversión al exceso de diálogos que puebla los medios audiovisuales hoy día, y que no dudó en declinar su asistencia al Festival de Cine de New York en solidadidad con Abbas Kiarostami, a quien las autoridades estadounidenses denegaron el visado de acceso al país, o a la gala de entrega de los premios Oscar, en protesta contra la invasión norteamericana de Irak. Toda una declaración de principios...
Find Me Guilty, de Sidney Lumet
El veterano realizador norteamericano Sidney Lumet, de 81 años, lleva en el mundo del cine casi cinco decadas. Solvente narrador, inteligente observador y riguroso cronista social, Lumet es un cineasta espléndido, que a pesar de su irregularidad ha firmado un buen puñado de magníficos films (cfr. La colina —The Hill, 1965—, La ofensa —The Offence, 1973—, Serpico —íd., 1975— Distrito 34: corrupcion total —Q & A, 1990—, La noche cae sobre Manhattan —Night Falls on Manhattan, 1997), y que por desgracia ha quedado relegado a un injusto olvido, muy probablemente por no figurar alineado con los considerados autores (parecido caso se puede encontrar con el ya fallecido John Frankenheimer, probablemente el otro director de mayor talento de la llamada generación de la televisión, desconocida para muchos aficionados, y sobre la que pocas veces se ha escrito con acierto). El estreno de una nueva pelicula del autor de 12 hombres sin piedad es una buena noticia, a pesar de que hay aspectos de la misma que resultan poco prometedores, como el hecho de que lleve en periodo de postproduccion mas de un año, o que dé la sensación de ser un vehículo para el lucimiento del actor Vin Diesel, que podría corresponderse con la participación de Sylvester Stallone en Copland (James Mangold, 1997). Preferimos no obstante confiar en la perspicacia de Lumet, en su habilidad para trabajar con estrellas (e incluso sacar excelente rendimiento de ellas), así como en el regreso a los tumultuosos terrenos del género policiaco y judicial, donde el realizador de Philadelphia ha logrado algunos de sus mejores momentos.
The Fountain, de Darren Aronofsky
Han pasado casi seis años desde el estreno de Réquiem por un sueño, fascinante retrato de personajes "perdidos" en busca de una cierta esperanza en realidad inalcanzable. Film excesivo y un tanto inconsistente narrativamente, posee, sin embargo, un caudal inagotable de ideas desplegadas mediante una magnética puesta en escena que solicita la continua implicación del espectador, y que se fusiona admirablemente con las notas de la memorable partitura de Clint Mansell. Una obra terrorifica sobre la sociedad dependiente del capital y socialmente corrompida en la que vivimos firmada por Darren Aronofsky, el cual ya había llamado la atención con su anterior trabajo, Pi, curioso e irregular experimento que reflejaba la misma desazonante sensación. Después de Réquiem por un sueño Aronofsky produjo y escribió Below (realizada por el prometedor David Towhy, film que en España no hemos podido ver), se le ha asociado a diversos proyectos (las adaptaciones de los cómics de Frank Miller sobre Batman y de la novela gráfica "Watchmen" de Alan Moore —ésta finalmente va a ser dirigida por el inglés Paul Greengrass—), embarcándose, durante mucho más tiempo del previsto, en este proyecto más personal que empezó llamándose The Last Man y a punto estuvo de cancelarse (la Warner retiró el dinero) tras la salida del mismo del que iba a ser su protagonista, Brad Pitt. Acabado desde hace meses el rodaje con Hugh Jackman y Rachel Weisz (pareja sentimental del director) de protagonistas, esperamos el estreno durante 2006 de esta The Fountain, una historia de ciencia-ficción que se adentra en terrenos del realismo mágico y para la que David Bowie ha escrito la tercera parte de las aventuras de su conmovedor mayor Tom, influencias reconocidas por el cineasta neoyorquino.
Last Days, de Gus Van Sant
La carrera de Gus Van Sant parecía haber entrado en un cul-de sac creativo dentro de la industria estadounidense lejos de sus (interesantes, pero algo mitificados) primeros trabajos indies, y cuando muy pocos esperaban ya algo de él, ha entregado una trilogía de obras insólitas dentro del panorama del cine global. Primero fue Gerry, historia de una pareja de jóvenes perdidos en latitudes desérticas en la que la narración llegaba casi al grado cero sin llegar a abandonarla por completo pese a que las imágenes no perseguían ninguna finalidad u objetivo predeterminado. Luego vino Elephant, un film sobre las tristemente habituales matanzas que se producen en los institutos norteamericanos, donde Van Sant mostraba espacios vacíos y acciones mínimas buscando un lirismo postmoderno. En 2006 llegará a España Last Days, la tercera de la serie y, tal vez, la más críptica y perturbadora de ellas. Un homenaje a la figura de Kurt Cobain, cantante del grupo grunge Nirvana que se suicidó en abril de 1994 y a quien está dedicado el film. La película apenas se detiene en los aspectos musicales, pues se centra exclusivamente en los últimos días de la vida de un artista al borde de la disolución psicológica que da pasos en la penumbra mientras abandona los pocos puntos de contacto que mantiene con la realidad que le rodea. Resuelta en voz baja y sin ninguna espectacularidad, termina ofreciendo materia para el eterno debate sobre las interrelaciones entre el arte (en este caso la música) y la experiencia vital de los artistas.
Lady on the Water, de M. Night Shyamalan
¿Será posible que la filmografía reciente de M. Night Shyamalan sea, en algún sentido, fruto de un malentendido? Hecha la cuestión, procedemos a matizarla y explicarla. El director de origen indio fue rápidamente encumbrado (incluso en los premios de la Academia americana) por su largometraje El sexto sentido, una interesante muestra de género de terror de arrollador éxito en todo el mundo. Semejante recibimiento situó a Shyamalan en una posición privilegiada dentro de la industria, la cual ha sido aprovechada por él con inusitada inteligencia. El siguiente film del director, Unbreakable, fue presentado de nuevo como una obra de terror/suspense/fantastique mediante una generosa campaña publicitaria que recordaba una y otra vez que se trataba de la nueva película del creador de El sexto sentido, pero el producto final sorprendió por su mayor rigurosidad formal y una profunda reflexión sobre el lenguaje cinematográfico y del cómic que no desdeñaba adentrarse en las contradicciones de la sociedad norteamericana. Luego vino Señales, donde Shyamalan invoca los métodos de trabajo de Hitchcock o Tourneur para reconstruir el subgénero de invasiones alinenígenas reduciendo al mínimo los elementos sensacionalistas y jugando admirablemente con el punto de vista narrativo. Y por último nos llegó El bosque, la cual decepcionó a muchos fans del terror ortodoxo al erigirse como una compleja y ambigua digresión sobre el miedo y la mentira como condiciones de posibilidad para el mantenimiento de una sociedad escindida entre lo aparente y lo substancial. Todos ellos son films poco usuales dentro de la gran industria pero, sin embargo, Shyamalan ha tenido el talento de saber promocionarlos y, con ello, de prolongar su actividad dentro del cine de gran producción. Su nueva propuesta, Lady on the Water, sorprende ya desde el punto de partida argumental: El responsable de mantenimiento de la piscina de un complejo residencial (Paul Giamatti) descubre a una suerte de sirena (Bryce Dallas Howard) en las instalaciones de las que se encarga. Shyamalan produce, escribe, dirige y hace un nuevo cameo en una película de la que cabe esperar otro paso adelante en la obra de un director esencial en el cine norteamericano actual.
A Scanner Darkly, de Richard Linklater
La próxima pelicula de Richard Linklater adapta la novela homónima de Philip K. Dick (en España titulada Una mirada a la oscuridad), autor recuperado para el cine de gran presupuesto hace un par de años con varias producciones casi consecutivas, la última de ellas horrorosa: Paycheck dirigida por John Woo. Esta nueva aproximación al mundo literario del escritor de Chicago tiene varias particularidades que la alejan, en primera instancia, de lo visto en anteriores ocasiones. La novela "A Scanner Darkly" fue escrita por Dick como reflejo de sus experiencias con las drogas y resulta más críptica y densa que la mayoría de sus cuentos. Linklater ha optado por regresar a la técnica de animación (consistente en dibujar y animar las escenas que previamente se han rodado con actores reales) explotada en Walking Life y, a la vista de sus intereses, lo más probable es que potencie al máximo el lado más humano de la historia, reflexionando sobre esa doble vida que tiene el protagonista, y relegando a un segundo plano los elementos fantásticos y las escenas de acción... En definitva, A Scanner Darkly se presenta como una propuesta sugerente en el que esperamos encontrar al mejor Linklater, esto es, el de las muy notables Antes del atardecer y Escuela de rock, y no al presuntuoso e inane director de sus comienzos.
Hauru no ugoku shiro / Howl's Moving Castle, de Hayao Miyazaki
Hay buenas noticias para 2006: se estrenerá en España el último —por el momento— film de Hayao Miyazaki, el cual se vio en el Festival de Sitges de 2004, a la vez que Steamboy —el espléndido e incomprendido film de Katsuhiro Otomo, estrenado entre nosotros en abril de 2005— y Ghost in the Shell 2: Innocence —film, a mi juicio, tan pretencioso como mediocre a pesar de contar con un excelente diseño de producción y una admirable técnica de animación; se estrenará directamente en DVD en España a lo largo de enero. La obra de Miyazaki invita a entrar en un mundo maravilloso, fantástico, en el cual vuelca su ideario personal donde predominan los buenos sentimientos, la defensa de unos determinados valores morales, una fascinante descripción de lugares y personajes... Miyazaki ha trazado a lo largo de su trayectoria una línea de conducta que recuerda, salvando todas las posibles distancias, a Lewis Carrol y James M. Barrie, destacando de forma conmovedora la distancia entre la inocencia y el doloroso proceso de hacerse mayor, con una sutilidad y melancolía que hacen de él un cineasta inteligente y admirable. Howl's Moving Castle, basado en la novela de igual título, no editada en España, de la escritora inglesa Diana Wynne Jones —según parece, la adaptación es bastante libre— insiste en todas las constantes tanto estilísticas como temáticas del realizador japonés, con extraordinarios momentos de cine como la persecución por las calles de la ciudad, un sentido del humor agudo y delicado, repleto de una creatividad, una vez más, desbordante, y brillantemente acompañado por la música de Joe Hishaishi. Un film excelente que demuestra la coherencia de un cineasta férreamente personal, que desde sus comienzos, allá por la década de los 70, puso de manifiesto su extraordinario talento, y al cual en Occidente se le conoce parcialmente, lo cual ha llevado a malentenidos y equivocaciones a la hora de acercarse a su cine.
Mary, de Abel Ferrara
La ruptura profesional de Abel Ferrara con el que fue su guionista habitual desde los años setenta, el misterioso Nicholas St. John, no significó un derrumbe en la intermitente filmografía del cineasta italoamericano, y así lo demostraron títulos como The Blackout (1997) o New Rose Hotel (1997), películas que sumergían al espectador en una narración quebrada hasta la atomización, sin asideros y al límite del delirio. Algo más accesible resultó Un cuento de Navidad (2001), una suerte de "versión narcotraficante" del clásico de Dickens que, pese a todo, permanecía ambigua y misteriosa adelantando reflexiones lisérgicas sobre el cinismo como único modo de seguir adelante en una sociedad en decadencia, asimismo expuesto por estimulantes películas posteriores, de El bosque a Una historia de violencia. El nuevo proyecto de Ferrara, Mary, cuenta la historia de una actriz obsesionada con la figura de María Magdalena tras haber interpretado su papel en una película. La religión y el cine dentro del cine, temas recurrentes en su filmografía, vuelven a hacer acto de presencia en este trabajo de Ferrara, cronista alucinado de la decadencia de la sociedad occidental, y sin duda uno de los directores más heterodoxos de la actualidad. El trío principal de intérpretes de Mary lo componen Juliette Binoche, Forest Whitaker y Matthew Modine. «Ferrara los envuelve con la cámara, prácticamente los devora, incluyendo todo tipo de situaciones violentas que destruyan su apacible y acomodado mundo —dentro de limusinas, en un plató cinematográfico, en una sala de cine…—; como siempre en el cine del neoyorquino, el resultado que se extrae al final es frío y desolador.». Las palabras anteriores, extraídas de las crónicas de San Sebastián 2005 firmadas por Alejandro G. Calvo para MdC, abren la esperanza de que Mary constituya una obra mayor del responsable de Teniente corrupto.
Caótica Ana, de Julio Medem
Después de estrenar en 2003 el documental La pelota vasca: la piel contra la piedra, —acercamiento al conflicto vasco brillantemente planteado y filmado, al que el cineasta dotó de su personal sentido lírico, y que propone ante todo una vía de comprensión contra tanta envenenada crispación, generadora de intolerancia— el español Julio Medem anunciaba que continuaría sobre el mismo tema en su siguiente película (de ficción), para la que ya tenía título (Aitor, la piel contra la piedra) y actor protagonista (Imanol Arias). Sin embargo éste no será el siguiente film de Médem (no existen noticias sobre si regresará sobre él en el futuro), el cual ha trabajado todo 2004 en el guión de Caótica Ana, cuyo rodaje comienza el próximo febrero, y se anuncia el estreno para finales de septiembre de 2006. El realizador de 47 años siempre ha demostrado un inusitado interés, e incluso fascinación, por el azar, por la casualidad, llegando a confeccionar sus películas sin una base narrativa convencional, y sí con una potente carga simbólica en la cual todo gira en torno a hechos azarosos; pero la estimulante obra del director de Vacas no se limita a tan reducido escenario, que en apariencia pudiera parecer demasiado forzada, excesivamente condicionada. Mas al contrario, el cine de Medem posee una capacidad de extrañamiento y de fascinación que consigue emocionar, gracias al talento para visualizar y ordenar (la música y la fotografía mediante, elementos esenciales en su atmosférica y personalísima puesta en escena) adecuadamente todas las ideas (a veces disperas, a veces meramente sugeridas) que contienen sus intrincados relatos... Despreciando cualquier clase de complacencia, modas y tendencias, el director vasco siempre ha sido rigurso y coherente con sus planteamientos, persiguiendo una voz propia y diferencial, que incluso en sus trabajos menos interesantes (Lucía y el sexo) trasmiten sensaciones perdurables. Por todo ello sus mejores films (Tierra, Los amantes del Círculo Polar) resultan memorables. Caótica Ana es todo un misterio, y no podría ser de otra manera tratándose de Medem.
Tropical Malady, de Apichatpong Weerasethakul
Hay películas ante las que el comentarista cinematográfico se encuentra perdido, desconcertado o simplemente superado. En estos casos se impone la cautela y, fundamentalmente, el tiempo para la reflexión. Pensar y repensar el film una y otra vez, aunque los resultados obtenidos sean mínimos. No vamos a caer en la trampa de entronizar cualquier film procedente de filmografías lejanas y autores a los que no conocemos con la suficiente profundidad por el simple hecho de que resulte exótico o "diferente", aunque tampoco, obviamente, desdeñaremos obras que ofrecen una narrativa arriesgada o poco común. Películas como Tropical Malady, del tailandés Apichatpong Weerasethakul, requieren un largo tiempo de reposo en el espectador, y aún así puede que la espera en busca de alguna clave que le permita orientarse en su idiosincrasia fílmica se prolongue indefinidamente, tal vez hasta que el lenguaje audiovisual generalizado se desarrolle lo suficiente, como pudo ocurrir en los años sesenta con el cine de Michelangelo Antonioni, entonces recibido con perplejidad, hoy nada extraño a nuestros ojos. De lo que no nos cabe duda es de que un film de las extraordinarias características de Tropical Malady merece ser visto y pensado por los espectadores en igualdad de condiciones con productos asentados en bases narrativas más habituales o convencionales, aunque sea de modo desconectado del resto de la filmografía de su responsable y del país de la zona geográfica de la que proviene el film. Por todo ello nos atrevemos a apostar, como muchas otras voces, por Tropical Malady como un estreno deseable para el año 2006, pues aunque ya vayan a transcurrir dos años desde su fecha de realización sigue siendo un film en el que tal vez se encuentren agazapadas algunas claves sobre cuestiones cruciales de la narración audiovisual contemporánea, si bien lo reivindicamos desde la precaución que acompaña a nuestra negativa a presentarnos como "expertos en cine oriental", una temeridad muy en boga en ciertas personalidades de la crítica nacional y mundial que, en un ejercicio no poco oportunista, aprovechan cualquier coyuntura para colgarse medallas supuestamente prestigiosas.
The New World, de Terrence Malick
Un total de tan sólo cuatro largometrajes a lo largo de 32 años han convertido al realizador Terrence Malick en, y ustedes perdonen el tópico, el J. D. Salinger del cine norteamericano. Han transcurrido siete años entre La delgada línea roja y esta cuarta entrega de la filmografía malickiana (estos barbarismos cada vez se hacen más retorcidos: menos mal que hemos rehusado a emplear el adjetivo "weerasethakuliano" en el párrafo dedicado a Tropical Malady...), y aún nos produce un sosegado placer rememorar las portentosas imágenes, iluminadas por John Toll y de una belleza arrasadora, de aquella adaptación de la novela de James Jones. La delgada línea roja fue recibida con división de opiniones entre quienes la veían pretenciosa (que lo era) y lenta (que no lo era en absoluto) y quienes la consideraron una nueva lección de puesta en escena de un director preocupado desde sus dos míticos films de los setenta (Malas tierras y Días de cielo) por desacelerar el ritmo de la narración para equiparar al hombre con el resto de los animales hasta resituarle como otro de los millones de seres vivos sometidos al devenir de la naturaleza, en lo que constituye un discurso filosófico panteísta de primer orden. The New World explora las relaciones entre los nativos americanos y los colonos ingleses en el siglo XVII, por lo que la continuidad ideológica parece asegurada. Mención especial merece el hecho de que el film, fotografiado por Emmanuel Lubezki, haya sido rodado parcialmente en 65 mm., algo que sin duda habrá resultado costoso económicamente pero que, a tenor de lo visto en el trailer de la película, parece haber tenido resultados extraordinarios en lo visual, por lo que la necesidad de visionar The New World en pantalla grande parece, a priori, indispensable para disfrutarla (o no) en todo su esplendor.
Takeshis', de Takeshi Kitano
Presentada en el pasado festival de Venecia Takeshis' parece proponer en la trayectoria del irregular pero muy estimulante director japonés Takeshi Kitano un punto y aparte. Él mismo lo expresa de ese modo en unos términos un tanto desconcertantes «(...) Takeshis' puede aparecer como un final de etapa. No sé lo que voy a hacer a partir de ahora. Quizá ya sólo puedo morirme...» (entrevista de Octavi Martí, diario El País, 02/09/2005). El título del film ya anuncia el contexto en el que se mueve este, a priori, curioso y atractivo trabajo (basado en una idea previa del director de Sonatine, que llegó a titular Fractal), que, tal vez, no por casualidad, prácticamente pasó desapercibido a su paso por la Biennale italiana. Kitano es alguien muy conocido en su país, porque además de su faceta como cineasta, ha trabajado para la televisión en diversos programas (uno de ellos emitido hace años en España con el título de "Humor amarillo") que le terminaron por convertir en una celebridad. Además siempre ha diferenciado sus trabajos como actor de su labor como director, firmando los primeros (realizados o no por él) como 'Beat' Takeshi. Es por ello que el planteamiento de este Takeshis' no sorprende: 'Beat' Takeshi, un actor que ha triunfado en su carrera, conoce un día a Kitano, al cual se parece mucho, actor sin trabajo que se gana la vida como cajero en una tienda. Film en líneas generales tenuemente recibido por la crítica, que ha destacado la excentricidad del mismo, y su dependencia del conocimiento previo del personaje y sus papeles. Sin fecha confirmada de estreno, esperamos que sí termine en las salas españolas (es difícil confiar en la distribución, siempre tan inconsistente e imprevisible), para comprobar hasta qué punto Kitano ha necesitado exorcizar sus demonios interiores.
La Dahlia negra, de Brian de Palma
El nuevo proyecto de Brian de Palma tras su, a nuestro juicio, mal comprendida en muchos sectores Femme Fatale (2002), es una adaptación de la novela de James Ellroy La Dahlia negra, acerca del asesinato nunca resuelto de una joven actriz en los años cuarenta. Recordemos que el especialista en novela negra Ellroy ya vio adaptada una obra suya en L.A. Confidential (1997), el ceremonioso homenaje al film noir firmado por Curtis Hanson. En esta ocasión, y al contrario que ocurría en Femme Fatale, De Palma no firma el guión de la adaptación, el cual corre a cargo de Josh Friedman, responsable del libreto de la reciente versión de La guerra de los mundos realizada por Steven Spielberg. Todo parece apuntar a que el nuevo trabajo del director de Carrie se moverá en una línea cercana a anteriores aportaciones suyas al cine criminal (como Scarface o Atrapado por su pasado), y no tanto hacia el ultra-manierismo metanarrativo de su film inmediatamente anterior, lo cual tampoco tiene por qué ser una mala noticia para sus seguidores habida cuenta de su enorme inteligencia y el habitual virtuosismo visual que suele imprimir a sus films. Destacan en el reparto los nombres de Josh Hartnett, Hilary Swank (que seguramente ofrecerá un aspecto físico opuesto al que mostró en la inolvidable Million Dollar Baby), Mia Kirshner y la ubicua Scarlett Johansson, cada vez más consolidada como una de las presencias más fascinantes en el cine contemporáneo, y de la que esperamos que De Palma logre extraer tanto partido como el conseguido de Rebecca Romijn-Stamos en la mencionada Femme Fatale.
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