En el terreno de la ortodoxia

Saludada como obra maestra por una gran parte de la crítica internacional, triunfadora en la última edición de los Globos de Oro (aunque, generalmente, esto no signifique nada en absoluto) y, teóricamente, firme candidata a las más importantes categorías de los Oscar, Brokeback Mountain ha cumplido, fielmente, el propósito con el que nació y, tanto el film como su director Ang Lee, pueden darse por satisfechos. ¿Cuál ha sido ese propósito? Sencillamente, hacerse con el auditorio más amplio posible y con todos los premios habidos y por haber, blandiendo la bandera del clasicismo, el arrojo temático y la factura de qualité. Ahora bien, una cosa es lo que un film pretenda ser, por mucho que cautive al público y a los sectores críticos, y otra muy diferente lo que es en realidad.

Brokeback Mountain, más que clasicismo, destila academicismo. Una manera exasperantemente ortodoxa de enfrentarse a las normas narrativas tradicionales, lo que provoca que el film de Ang Lee esté saturado de pasmosas irregularidades. Primero, porque la estructura de la película expele a la luz sus alarmantes carencias, ya que no tiene un dominio lógico de la elipsis narrativa y, por consiguiente, el film está organizado mediante hachazos que pretenden incidir en los eventos más importantes de una relación de veinte años de duración. No hay una lógica interna en el mediocre guión de Larry McMurtry y Diana Ossana, ya que los acontecimientos se suceden de manera monótona, incidiendo de forma repetitiva en un buen número de situaciones (las dudas y el (auto)rechazo del personaje de Heath Ledger, sin progresión alguna a lo largo de dos horas de película), obviando elementos más que estimulantes (la relación de Ledger con su esposa —espléndida Michelle Williams, por cierto—) a los que apenas se les concede un tiempo razonable. Segundo, porque la puesta en escena de Ang Lee vuelve a ser impersonal, grisácea y superficial. El cineasta, desesperado por ser considerado un autor con todas las letras de la palabra, concibe unas imágenes rutinarias en las que no hay reflexión, sino exhibición, de igual manera que la sencillez del clasicismo (con toda la complejidad que ello conlleva) se convierte aquí en fútil ambición de trascendencia, gracias a un conjunto de vacíos tiempos muertos, y a un ritmo tedioso que pretende hacer pasar por "profundidad" lo que, sencillamente, son ínfulas.

Por otra parte, el presunto arrojo temático al que antes se aludía, pronto se revela más como una incitación comercial que como una verdadera declaración de intenciones. Brokeback Mountain trata el tema de la homosexualidad con el fantasma de lo "políticamente correcto" pululando a su alrededor. El film de Ang Lee se encuentra permanentemente constreñido, casi al borde de la parálisis intencional, ya que la manera que tiene de abordar el tema es pueril y baladí, sin adentrarse jamás en el núcleo de la relación de ambos hombres: la consumación de un amor que vence las barreras sociales sólo se nos muestra de manera desdibujada, ya que el film se asoma a la multiplicidad de matices de la masculinidad, pero no se atreve a ir más allá y entrar a cuerpo entero en todas las aristas que deja en el aire.

Brokeback Mountain es, en definitiva, una mediocre película que clama a gritos por la presencia tras las cámaras de un cineasta radicalmente opuesto a Ang Lee, es decir, un cineasta con personalidad, poseedor de un férreo concepto del clasicismo y sin ninguna necesidad de querer demostrar absolutamente nada. Después de haber estrenado el año pasado una obra maestra del calibre de Million Dollar Baby, quizá ese cineasta debería haber sido Clint Eastwood, ¿no?

Por Joaquín Vallet R.
cartel
EEUU. 2005. Título original: Brokeback Mountain. Dirección: Ang Lee. Guión: Larry McMurtry y Diana Ossana, basado en un relato corto de E. Annie Proulx. Producción: Michael Costigan, Tom Cox, Scott Ferguson, Michael Hausman, Larry McMurtry, Murray Ord, Diana Ossana, William Pohland, James Schamus, Jordy Randall. Fotografía: Rodrigo Prieto, en color. Música: Gustavo Santaolalla y Marcelo Zarvos. Montaje: Geraldine Peroni y Dylan Tichenor. Vestuario: Marit Allen. Diseño de producción: Judy Becker. Duración: 134 min. Reparto: Heath Ledger (Ennis Del Mar), Jake Gyllenhaal (Jack Twist), Randy Quaid (Joe Aguirre), Anne Hathaway (Lureen Newsome), Michelle Williams (Alma), Valerie Planche (camarera), Graham Beckel (L.B. Newsome), David Harbour (Randall Malone).