Manual del anti-cine

Aún me resulta increíble el comprobar cómo la presente película se ha convertido en un fenómeno en su país de origen y encandila a los espectadores patrios. Y me resulta increíble debido a su condición de película absurda, capaz de contener ella sola todos y cada uno de los defectos y características propias de lo que no se debe hacer nunca si pretendes hacer una buena película.

El mayor lastre que arrastra la película es su voluntad de sentar cátedra a la hora de tratar un tema tan universal como el amor. A pesar de estar enfocada al mayor abanico posible de gente, la última realización de Giovanni Veronesi pretende ser un compendio y una reflexión adulta acerca de todas las etapas del amor.

Pero lo que podría haberse convertido en una excusa para realizar una comedia agradable y simpática se convierte en una acumulación de situaciones absurdas, ridículas y sin sentido que provocan la vergüenza en algún momento.

Estructurada en cuatro episodios, como las comedias italianas de los años 60, Manual de Amor comienza relatándonos la etapa del enamoramiento, sin duda el episodio más ridículo y bochornoso de todos. Sin un ápice de originalidad, Veronesi lo enfoca en una pareja joven, entre los 20 y los 30 años, obviando ya una posible y quizás más original historia de amor entre una pareja mayor (¿o es que acaso estos no se enamoran?). La pareja protagonista, a pesar de hacer todo lo que puede por salvar la papeleta, no consigue salvar el buque que se hunde irreversiblemente. Veronesi aúna en este episodio los peores clichés acerca de las love stories de jóvenes, creando a un personaje masculino, directamente idiota, que no duda en humillarse, arrastrarse y ridiculizarse para conseguir a la chica de sus sueños. Ésta, sin comprender muy bien cómo, pasará de tratarle como a una mierda a amarle por el resto de los días, tan sólo porque le parece tierno verle jugar con una niña pequeña... En fin, imagínense todo esto, aderezado con la típica sobreactuación y gesticulación italiana.

El siguiente episodio, la crisis, es el único que podría salvarse de la quema, porque realmente ahí Veronesi consigue adentrarse en la desidia y rutina de ver a una pareja que lleva casada varios años y como ya no se conocen ni reconocen lo que les gustaba de cada uno, además de contener este episodio los mejores gags de la película como la cena conjunta con niños de por medio, que el director consigue acercarse al espíritu que la película debería haber tenido en su totalidad.

Tras la crisis, llega la infidelidad, realmente el momento más vergonzoso en lo que al amor se refiere y que relata con un humor tan grueso más cercano al de Pajares y Esteso que al de Azcona y Berlanga al que de refilón pretende llegar. La historia de la mujer policía que descubre la infidelidad del marido y se dedica a ensañarse con todos los hombres que encuentra para multarlos, arrestarlos y demás es una muestra de la poca clase que el guión destila y el poco respeto hacia un episodio tan real como triste en la vida cotidiana. En esta parte del relato es donde Veronesi echa toda la carne en el asador y el ramalazo italiano más bestia surge a flote. La imagen de la mujer recibiendo en delantal y amasador de pan en la mano al marido es de abucheo, más las consabidas exageraciones como pintar la casa a insultos hacia el marido, humillar públicamente a su amante o el colmo de la nulidad cinematográfica, después de liarla de ese calibre, la señora lo perdona y vuelve al hogar conyugal como si nada hubiera pasado, eso sí, con mucha clase y como una reina...

Por último llegaríamos al abandono, por desgracia también un real y triste episodio de la vida de muchos de los mortales y que aquí encarnado en un doctor recientemente abandonado, pierde todas las posibilidades que ofrecía. Si la película hasta ahora estaba dividida en parejas, cada una protagonizando un episodio diferente, ahora el abandonado es uno, es uno el que lleva el peso del relato y es ahí donde a Veronesi se le escapa de las manos, ya que el doctor es un ser amargado que por el mero hecho de que su mujer le haya dejado parece adueñado del desengaño de la vida y de la desidia del día a día otorgándose una generosa dosis de auto tortura psicológica hacia sí mismo que se ve reflejada en pantalla en momentos tan "sublimes" como ese baño con ropa dentro del mar a modo de nuevo bautismo y resurrección de un hombre nuevo, aderezado con ridiculeces como la terapia por cassette que sigue para salir del paso. Sin olvidar por supuesto los obligatorios toques de comedia que vienen representados por la secretaria de él, una exuberante enfermera con la que protagoniza una secuencia de sexo e infidelidad más propia de Cantinflas que de una película seria.

Este constante devenir de grandes hallazgos viene redondeado en la secuencia final cuando el doctor... se enamora de nuevo de otra mujer, algo que hace perder totalmente el sentido del episodio, ya que ¿por qué obligatoriamente alguien que ha sido abandonado debe volver a enamorarse al poco tiempo? ¿No podría continuar con su vida normal, de hombre/mujer soltera de nuevo?

Lo peor que se puede decir de Manual de Amor es que su propia voluntad de hablar en profundidad y en clave de comedia acerca del amor, limita demasiado su carácter adulto, denostándolo a un conjunto de secuencias infantiles, ya que pretendiendo generalizar y dar un punto de vista universal, Veronesi cae en lo absurdo, ridículo y lo que es peor, irreal. Yo no conozco a nadie que haya recibido a su marido en delantal y con el rodillo de pan, o que se haya humillado y arrastrado para conseguir a una mujer, ni mucho menos alguien que tras ser abandonado, se enamore a las pocas semanas.

Ese compendio de situaciones te hacen plantearte como realmente un fantástico manual de cómo no se debe hacer una película ha podido erigirse en un fenómeno de esta categoría.

Ya lo dijo Garci: Qué grande es el cine.

Por Emilio Mtez.-Borso
cartel
Italia, 2005. Dirección: Giovanni Veronesi. Producción: Aurelio de Laurentiis. Guión: Ugo Chiti y Giovanni Veronesi, basado en un argumento de Vincenzo Cerami. Música: Paolo Buonvino. Fotografía: Tani Canevari. Montaje: Claudio Di Mauro. Diseño de producción: Luca Gobbi. Vestuario: Gemma Mascagni. Duración: 116 min. Interpretación: Carlo Verdone (Goffredo), Silvio Muccino (Tommaso), Luciana Littizzetto (Ornella), Sergio Rubini (Marco), Margherita Buy (Barbara), Jasmine Trinca (Giulia), Rodolfo Corsato (Alberto Marchese), Dino Abbrescia (Gabriele), Dario Bandiera (Piero), Luis Molteni (abogado de Goffredo), Anita Caprioli (Livia).