Regreso al futuro
Curiosa propuesta es la que nos llega de manos de John Maybury. Constituida como un híbrido de varios géneros que bebe de muchos y no se decanta por ninguno, The Jacket supone una obra realmente inclasificable, lo cual ya es un elogio.
Debido a la publicidad recibida en cuanto a su condición de película de terror al uso, en ese aspecto The Jacket decepciona, y mucho más para cualquier amante del citado género que esperaba sustos, gritos, monstruos, ecos y demás constantes propias de los largometrajes de terror, y es que muchas veces la publicidad hace más daño a una película que ella misma.
Estructurada milimétricamente entre el thriller, la paranoia, algo de terror y el drama acerca de la condición humana con moralina incluida, la película se deja querer por todos pero no se casa con ninguno, lo que al final provoca la confusión del espectador porque nunca sabe uno qué está viendo. De hecho, la historia en sí no tiene mucho que ver con aquello que Maybury nos quiere sugerir o hacer llegar a través del relato de un veterano de la guerra del golfo que se ve acusado de un asesinato que no comete e internado en un centro donde un doctor le someterá a un tratamiento inhumano (encerrarlo atado en una camisa de fuerza, en un cajón donde se depositan los cadáveres) que le permitirá ver e interactuar en su futuro, lo que le dará pie a intentar cambiar su presente.
Siendo entonces básicamente otra película más de viajes en el tiempo, lo interesante de la propuesta radica en la posible locura del protagonista, que uno nunca acaba de saber hasta el final si está realmente cuerdo, o su tratamiento lo hace ver esas visiones. Ahí es donde The Jacket explora su vertiente más comercial ya que se le añade una trama mínima para que avance la acción y cuya resolución tenga que tener por narices una explicación racional en vez de dejar al libre albedrío del público el destino del protagonista.
Y es que resulta realmente paradójico cómo se esfuerzan los guionistas en acabar y cerrar una historia a la que pretenden atar todos los cabos cuando durante toda la proyección las incógnitas se suceden. La razón por la cual él es capaz de ver el futuro, o porqué quieren tratarlo así, quedan en el aire creyendo que son cosas que no son importantes, para luego darnos cuenta que los creadores se preocupan más en mostrar un par de epílogos explicativos innecesarios que anulan por completo la parte más irracional e interesante del relato.
Sin duda alguna, las posibilidades que ofrecían el explorar la psique de su protagonista, un inocente que se ve sometido a un tratamiento brutal y cree ver el futuro, cuya descomposición mental podría haber dado mucho más de sí, se ve empañada por la consabida trama dramático-amorosa a contrarreloj que gracias a sus "viajes en el tiempo" podrá detener.
Sería demasiado pedir seguramente una película que se moviera entre muchas aguas sin estancarse en ninguna ni forzar un argumento lineal o con su natural desenlace, sino dejarse llevar por las aristas de las perturbaciones propias de un mortal cuando su mente es sometida a tratamientos demasiado fuertes.
Por suerte, el largometraje es entretenido y honesto, no pretende crear escuela ni llega a ofender, ya que su intención de hacer pasar un rato, lo consigue, aunque peque de efectista y la originalidad no sea su aliado, siendo el topicazo un fiel compañero en el guión.
Maybury se apoya mucho en la puesta en escena, cuidando la fotografía separando ambas realidades cromáticamente y con una dirección enérgica, aunque en algunos momentos tramposa, como los típicos planos acelerados, en sepia o encuadres donde priman los reflejos, alentada por un montaje seco y cortante que en los momentos de paranoia Maybury confunde la asociación entre diez planos por segundo con efectos de sonido igual a confusión del protagonista, en vez de diez planos por segundo con efectos de sonido igual a confusión del espectador. Aun así, el director se ha visto bendecido por un reparto donde brillan el siempre excelente Kris Kristtoferson, Jennifer Jason Leig o Keira Knightley, pero sin lugar a dudas, conducido por el portento que es Adrien Brody, un actorazo capaz de llevar él sólo la película a cuestas, y al cual The Jacket le debe todo. |