Plumífero amarillo
El escritor de Nueva Orleans Truman Capote es objeto de este biopic (1) basado en la biografía escrita por Gerald Clarke, que reconstruye el proceso de investigación periodística que el propio Capote (Philip Seymour Hoffman) y su amiga de la infancia —y también escritora— Nelle Harper Lee (Catherine Keener) llevaron a cabo desde finales de 1959 en Kansas a raíz del asesinato de los cuatro miembros de la familia Clutter a manos de Perry Smith (Clifton Collins Jr.) y Richard Hickock (Mark Pellegrino).
Nos embarcamos pues en el proceso de creación de una de las obras más controvertidas y viscerales del escritor: «A sangre fría». Desde el momento de la concepción (recortando la noticia aparecido en el periódico) hasta el alumbramiento de la novela somos testigos de un modo de hacer periodismo hoy tristemente desaparecido (2). En principio el propósito de Truman no es saber quién perpetró los crímenes, sino captar el sentir de una sociedad convulsionada por los hechos. Las reticencias iniciales de Alvin Dewey (Chris Cooper), el detective encargado del caso, más interesado en encontrar a los asesinos que en contarle chismes a Truman, se diluirán a medida que nuestro protagonista utilice sus artes de persuasión. Ya sea regalando ejemplares de su aclamada —y al mismo tiempo prohibida— "Desayuno con diamantes" a la esposa de Alvin, Marie (Amy Ryan), narrando la muerte de su madre, o explicando cómo se las gastaban John (Huston) y Humphrey (Bogart) en el rodaje de La burla del diablo (Beat the Devil, John Huston, 1953), Truman conseguirá abrir las puertas de la cárcel y entrevistarse con los condenados.

La interpretación de Philip Seymour Hoffman aguanta todo el peso de la película. La voz en falsete nasal y lo amanerado de sus gestos quizá sean estrafalarios, pero no sobreactuados. Se tiene la sensación de ver al mismísimo autor de "Música para camaleones" en plena pesquisa literaria. Ególatra, alcohólico, patético y narcisista, extremadamente tímido y superlativamente gay, Truman sabe que la primera impresión es la que cuenta. Por eso, para ganarse la confianza de Perry, le suministra un tarro de aspirinas al observar lo enganchado que está el prisionero al medicamento (3). Así, trátese de aspirinas o de alcohol, nos hallamos ante dos seres adictos e inseguros, que han tenido que moldear su personalidad —verborrea y savoir-faire en el caso de Truman; violencia en el de Perry— para salvar ese primer impacto en los demás. Las similitudes no acaban ahí. También ambos tuvieron una infancia marcada por la ausencia de figuras paternas —Truman veía a su padre de vez en cuando; y Perry se crió con unas monjas en un orfanato—. Estos acontecimientos pasados crearán un vínculo entre ellos, una amistad (incluso se podría aventurar una tensión sexual), que llevan a Truman a pensar que «es como si Perry y yo hubiéramos crecido en la misma casa, y él hubiera salido por la puerta de atrás, y yo por la de delante».
El dilema de Truman es básicamente ético: ¿ayudar a su amigo Perry contratando para él y Richard un nuevo abogado, y conseguir así otro aplazamiento de la ejecución; o por el contrario, quedarse de brazos cruzados esperando que por fin le sea narrada la fatídica noche del cuádruple homicidio y poner así el punto y final a la historia? Anotaciones tiene, por miles se cuentan las hojas con apuntes de lo vivido, pero el vacío frente a la máquina de escribir es notorio. Falta conocer el detalle de los hechos que condujeron a esos hombres al patíbulo. Tal sinvivir hará recaer a Truman en el alcoholismo sin solución de continuidad (4), hasta su muerte en 1984.

Justo es recordar en este momento una confidencia de Perry Smith en A sangre fría (versión Mulligan): «una vez fui salvado por un pájaro amarillo.» En su fuero interno Perry sabe que el pájaro amarillo ha vuelto en forma de plumífero, y que se llama Truman Capote.
(1) Enésimo capítulo de esta actual moda hollywoodiense (Ray Charles, Johnny Cash,…), aunque de superior calidad a la media.
(2) Además de "A sangre fría", que abrió el camino de la novela de no-ficción (non fiction novel), cabe destacar las aportaciones de Tom Wolfe —sin el cual no se entendería la etiqueta «Nuevo Periodismo»— y Norman Mailer que, dicho sea de paso, narra también la estancia de un convicto en el llamado “corredor de la muerte” en «La canción del verdugo» (1979).
(3) Recoge así Bennett Miller —director de la cinta— un asunto tratado ya en A sangre fría (In Cold Blood, Richard Brooks, 1967), traslación a la gran pantalla de la novela de Capote. Al llegar a la estación de autobuses de Kansas, lo primero que hace Perry Smith (Robert Blake) es pedir «un refresco y aspirina en polvo».
(4) Podemos verle solo en la barra del local donde se celebra el estreno de Matar un ruiseñor (To Kill a Mockingbird, Robert Mulligan, 1962), la famosa película basada en la novela homónima de su compañera de investigación Nelle Harper Lee.
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