La Berlinale social
Otro mes de febrero toca a su fin y con él se va otra Berlinale con sus estrellas, sus sesiones intensivas de cine y, claro, sus osos de oro. El director del festival, Dieter Kosslick, había anunciado una edición muy política y muy social y hay que reconocer que lo ha sido. Desde las dos grandes vencedoras, la bosnia Grbavica, de Jasmila Žbanić —Oso de oro a la mejor película— y The Road to Guantanamo —Oso de plata a mejor director a Winterbottom y Mat Whitecross—, a joyas fuera de concurso como Syriana, V for Vendetta o Capote, pasando por aportaciones desde Panorama como el fabuloso trabajo del español Chema Rodríguez con su documental Estrellas de la Línea —segundo premio del público—; esta Berlinale ha intentado mostrar un cine de personajes cercanos y situaciones muy actuales, de portada de periódico. Con las excepciones que no pueden faltar en un festival que abarca tanto cine, la edición número 56 podrá ser recordada por apostar por un cine arriesgado, con espíritu de denuncia y sin miedo a sufrir el castigo de productoras y distribuidoras por molestar más que entretener.
Por una vez hay que reconocer que los osos más importantes han caído de maravilla. La superación de la guerra de los Balcanes a través de Esma y su hija de 12 años, Sara, emocionó al público y a la crítica que no dudó en afirmar desde el primer momento que la bosnia se llevaría un oso (aunque muchos apostaban más por algún premio a la interpretación). También Winterbottom se metió a todos en el bolsillo con su docudrama sobre Guantánamo. La historia real de los 4 amigos británicos de origen pakistaní que acaban siendo detenidos a raíz de un viaje por la boda de uno de ellos se sostiene por sí sola pero es que además está muy bien hecha. Winterbottom no se corta al recrear una realidad de la que se había escuchado y leído mucho pero aún no se había visto nada y pone contra las cuerdas a un gobierno estadounidense que sigue insistiendo en que el trato a los presos de Guantánamo es humano. De lo que opine el gobierno norteamericano o el inglés asegura Winterbottom que «ni lo sabe ni le importa» aunque después de ver la película imaginamos que muy contentos no van a quedarse. La presencia de dos de los tres jóvenes que sufrieron durante dos años y dos meses el injusto encierro en la prisión ilegal de la bahía de Cuba puso el toque político definitivo al festival.
En esta Berlinale tan social también hubo premio para el cine iraní, que volvía al festival después de 30 años. Offside, de Jafar Panahi (ganador del León de oro de Venecia en 2000 por su película The Circle), se llevó junto a En soap el gran premio del jurado, también conocido como el Oso de Plata del festival. La iraní cuenta la historia de un grupo de chicas que intentan ver en directo el partido que decidiría si Irán se clasificaba para el Campeonato Mundial de fútbol de 2006. El problema es que en Irán las mujeres tienen prohibido el acceso a los estadios de fútbol y aquí comienza la crítica social de Panahi. El director reconoció en su encuentro con la prensa que recurrió a algunos trucos y pequeños engaños para obtener los permisos de rodaje, ya que en su país no se admira demasiado su talante crítico, y confesó que aún no está seguro al cien por cien de obtener los permisos para exhibir la película. Panahi aseguró que su película tiene la intención de hacer pensar a la gente para cambiar ciertas cosas que no le gustan de Irán, país que aseguró no pensaba dejar por nada del mundo: «Da igual lo que pase. Estoy muy orgulloso de ser iraní y pienso seguir trabajando y viviendo en mi país».
La primera película de Pernille Fischer Christensen, la danesa En soap, trata sobre la relación entre el transexual Verónica y la recién separada Charlotte y no se conformó con el segundo gran premio, sino que también se llevó el nuevo premio del jurado a la mejor ópera prima, dotado con 25.000 euros.
El Custodio, película argentina de Rodrigo Moreno se hizo con el premio Alfred Bauer con su retrato de la tediosa vida del guardaespaldas de un ministro. La película de Moreno, que contaba con un espectacular Julio Chávez en el papel del guardaespaldas Ruben, enfrenta al espectador con el tedio, la soledad y la frustración en una película parca en palabras y acción, y le lleva de forma magistral a acompañar al protagonista en su evolución de la conformidad absoluta a la más completa desesperación. Un ejemplo de cómo hacer buen cine sin ajustarse a los dictados de un público adicto a la imagen de videoclip.
Los osos a la interpretación fueron a parar a manos alemanas. El festival alemán apuesta cada vez más, con menos miedo y menos criterio, si se nos permite, por su propio cine y se premia a sí mismo para demostrar que el apoyo llega a donde haga falta. Sandra Hüller por la historia de absurdos exorcismos en Requiem, de Hans-Christian Schmid y Moritz Bleibtreu por la críticada adaptación que Oskar Roehler ha realizado de la novela de Michel Houellebecq, Las partículas elementales, se llevaron dos osos de oro que huelen a patriotismo pero que tampoco pueden tacharse de no merecidos. Tanto Hüller como el siempre oportuno Bleibtreu cumplen de sobra con su trabajo y suben el nivel de calidad bastante discutible en los dos proyectos.
La lista de premios oficiales se cierra con el oso de plata a la aportación artística del año que recayó en Jürgen Vogel por su trabajo de actor, co-autor y co-productor de la alemana Die Freie Wille, y el oso de plata a la mejor música que fue para Peter Kam por la película de Pang Ho-Cheun, Isabella.
Maestros sin premios
Bien sea por las críticas recibidas en los últimos años o por pura casualidad, lo cierto es que la Berlinale de este año ha estado repleta de nombres grandes y entre ellos algunos maestros veteranos cuyas películas han pasado por el festival sin pena ni gloria y, sobre todo, sin premios. Robert Altman, Sidney Lumet o Claude Chabrol han presentado películas que han sido mejor acogidas por la crítica que por el público.
El primero en aparecer por allí fue Altman con A praire home companion, una película con mejor reparto que guión en la que aparecen Woody Harrelson, Tommy Lee Jones, Meryl Streep y Kevin Kline. El fin de un famoso programa de radio después de 30 años en antena es el centro de esta historia que gira entorno a la música. Altman sigue haciendo buen cine aunque lo haga a mucha distancia de sus mejores películas.
Chabrol y Lumet compartieron día de estreno y críticas dispares, sobre todo el primero. L'ivresse du pouvoir. Comedy of Power, no llega a ser lo que pretende. Ni la cada día más impresionante Isabelle Huppert logra mantener el ritmo de una película que empieza muy bien y se pierde en sí misma en una serie de repeticiones y conversaciones innecesarias. Chabrol pierde el hilo a mitad de película y no lo recupera hasta el final con lo que la impresión que nos queda resulta contradictoria... aunque tampoco es negativa.
Una comedia muy distinta fue la que presentó el genio Lumet. El director de clásicos como Serpico o Asesinato en el Orient Express apostó por la historia de un multitudinario juicio de mafiosos en el que uno de ellos, Jack DiNorscio decidió defenderse a sí mismo. Find me guilty, hizo reír a carcajadas al público que se dejó sorprender por el talento interpretativo de un Vin Diesel que intenta sacarse su etiqueta de héroe de acción. El tándem Lumet-Diesel funciona y, aunque criticada por muchos, la película ha sido una de las sorpresas del festival. «Me sorprendió mucho que fuese seleccionada para competición. No me parece la típica película de festival. Lo digo porque he estado en muchos y tengo experiencia. Esta no es una película de festival... porque no es aburrida», bromeó Lumet en su encuentro con la prensa.
Fuera de concurso
La organización del festival se garantizó también los taquillazos, aunque tuvo del decoro de dejar casi todos los proyectos de éxito comercial garantizado fuera de concurso y, al menos, dio la impresión de que intentó mantenerse el nivel de riesgo y calidad que se exige a un festival como el de Berlín. Tanto en sección oficial como en Berlinale Special pudimos disfrutar de estrellas y proyectos de grandes presupuestos sin renunciar al buen cine, que no al cine magistral.
Syriana y el encanto de Clooney abrieron la tanda. La película de Stephen Gaghan se atreve a presentar una historia de intereses económicos de petroleras, gobiernos interesados e injusticias en Oriente Medio que tampoco parece destinada a convertirse en la peli favorita del Sr. Bush. Aunque peca de exceso de información por la cantidad de historias mezcladas y exceso de glucosa moralista en la parte que protagoniza Matt Damon, Gaghan se arriesga y sale vencedor en la película que podría darle su primer Oscar al médico favorito de América (y el director de la Berlinale Koslick no dejó sólo a Clooney ni a sol ni a sombra).
La versión mejorada y en carne y hueso de Pocahontas que Terrence Malick ha hecho en The new world, con Colin Farrell y Christian Bale y la última locura de Michel Gondry, The science of Sleep, con Gael García Bernal como protagonista, se colaron en el primer sábado del festival dejando buen sabor de boca sin llegar a maravillar ni a público ni a crítica. Algo parecido a lo que le ocurrió a Wuji, de Chen Kaige. El director de Adiós a mi concubina ha realizado, con esta historia épica de artes marciales, la película china más cara de la historia hasta el momento.
Y acompañada de polémicas y rumores el lunes llegó al festival el estreno mundial de V for Vendetta, enamorando a jóvenes y aburriendo a algún que otro crítico más veterano que vio en la película mucho cómic y poco cine (justo lo contrario que ha debido pasarle a Alan Moore, el autor de la novela gráfica que ha renegado de la adaptación). Lo cierto es que V for Vendetta es una película fácil de amar y fácil de odiar y esto es algo que sólo puede pasarle a una buena película (aquí se me ve el plumero y el bando en el que estoy). Natalie Portman saca las uñas y le da un bofetón a la reina ñoña de Star Wars bordando un papel nada fácil frente a un Hugo Weaving que le pone tanto sentimiento a una máscara que al final convierte el plástico en carne y hueso. De la historia, adaptaciones, posibles apologías... cada uno habrá de sacar su conclusión pero negarle a V for Vendetta su calidad y su futuro de película de culto sería un grave error.
Sin defraudar a nadie sino todo lo contrario llegó y se fue Capote. Aunque no era una première mundial, la película de Bennett Miller despertó tanta expectación como las demás y la actuación de Philip Seymour Hoffman deslumbró como lo ha hecho y lo hará en cada cine en que se estrene. Capote es carne de Oscar pero es, sobre todo, un retrato brillante de uno de los ecritores más excéntricos y geniales de nuestro tiempo.
España en la Berlinale
La representación española en el Festival internacional de cine de Berlín suele ser discreta y poco reconocida, por suerte este año se sale de la norma. Pocas películas en total, eso es cierto, ninguna a competición, también hay que decirlo... y sin embargo nos hemos llevado dos premios a casa. El Cerco, de Nacho Martín y Ricardo Íscar y Estrellas de la línea, de Chema Rodríguez, ganaron el premio UIP al mejor cortometraje europeo y el segundo premio del público en la sección Panorama respectivamente. Será que se nos da mejor hacer documental que cine, o eso han debido pensar los que tuvieran que tragarse la infumable El triunfo, de Mireia Ros que nos representaba en Panorama. Un retrato vulgar de una España entre agitanada y mafiosa pero sobre todo machista y racista. Cantada a ritmo de rumba por Farruco, con una Ángela Molina sobreactuada y un Juan Diego inexplicablemente incoherente, la película de la catalana gustó a los que se siguen creyendo que España es sólo la tierra del flamenco y el macho ibérico.
España consiguió hacerse un hueco también en la sección Berlinale especial. La fiesta del chivo, basada en la novela del mismo nombre de Mario Vargas Llosa y llevada al cine por su primo y cuñado Luis Llosa (director de marcada carrera hollywoodiense con títulos como Anaconda o El especialista en su currículum). La película cuenta en el reparto con la bellísima Isabella Rossellini y gustó bastante al público que pudo asistir al único pase (entre los que no puede incluirse la que suscribe, por lo que me ahorro la crítica).
Por último La gran final, una película de Gerardo Olivares con guión del Chema Rodríguez de Estrellas de la línea. El madrileño, que tiene una amplia carrera como documentalista nos aseguró en una entrevista en Berlín que sus historias salen de la realidad, de sus vivencias en cada viaje y nos confesó, con la boquita pequeña, que estaba preparando su primer largometraje como director y guionista... Desde luego la experiencia en esta Berlinale no ha podido más que animarle a seguir.
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