MdC santifica las fiestas y Clooney reescribe la historia
Curioso mes el de febrero. «Muy sintomático», que dirían los analistas de la cosa y los médicos de cabecera. A un diario de Dinamarca le dio por chotearse de Mahoma y armó la de Dios es Cristo. Es lo que tiene la Alianza de Civilizaciones, que a veces resulta incompatible con algo tan prescindible como la libertad de prensa. ¡Futilezas!
La religión deviene así (aquí y allá) en uno de los inventos más nefastos de la Historia de la Humanidad (¿alguien lo duda ya a estas alturas?). Las utopías políticas y el dogmatismo desilustrado deben de haber sido la causa directa o indirecta del 50% de las guerras en los últimos... ¿20 siglos?
Como escuché en cierta tertulia televisiva, el problema de estos fundamentalistas con pinta de malos de cómic de Roberto Alcázar y Pedrín es bastante sencillo: les falta sentido del humor. Van poco al cine (blanco por antonomasia de numerosas creencias) y practican poco el sexo. Diagnóstico: aburrimiento finisecular. ¡Pobrecitos!
Y yo no es que me divierta mucho más que ellos, ¿eh? De hecho, lo único en lo que nos diferenciamos es en que... ejem... yo veo más cine (¡snif, snif!).
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Cuatro años en la red.- Madre mía... ¡nos acercamos al medio centenar de números! Quién nos lo iba a decir cuando comenzamos en marzo de 2002, convencidos de que nuestra propuesta tenía menos futuro que un drama psicológico interpretado por Steven Seagal.
Lo han adivinado: obnubilado por los efluvios del éxito (¿qué éxito?), me decido a escribir sobre nosotros mismos, en un alarde de mal gusto tan propio de nuestra época. Unos cuantos párrafos a modo de recorrido sentimental por este sucedáneo de revista, explicándoles de donde venimos y... reconociéndoles que no tenemos ni puñetera idea de hacia dónde vamos.
¿De dónde salimos? Bueno, en tiempos de globalización eso poco importa, ¿no? Tanto da citar una ciudad como otra. En todas encontramos a la misma gente: ensimismada, harta, pero convencida en su fuero interno de que son capaces de grandes cosas («Porque no me pongo, que si noooo…»). Pequeñas islas en difíciles relaciones con el continente, que guardan para sí algunos tesoros de incalculable valor: aquí he conocido al más entusiasta fan que la Hammer nunca tuvo ni tendrá, a la mujer que más sabe de cine asiático de 'toa' España y parte del extranjero (sin exagerar), al que más películas pendientes de estreno comercial ha podido ver de la Europa Comunitaria... (miento: al igual que en el western, siempre encontrarás a otro más rápido / mejor que tú en cualquier disciplina, vaquero. ¿Pero acaso se trata de demostrar algo, de desenfundar antes que ese zurdo?).
Porque en MdC jamás se ha pedido a nadie que certifique su "sapiencia". Nos basta con que le guste escribir y sea capaz de argumentar el porqué de sus gustos. Total, para leer algunas de las cosas que se leen en la prensa diaria, escritas —es un suponer— por "eminentes" y "cualificados" críticos... casi mejor reivindicar sin sonrojo nuestra condición amateur. Para que no nos confundan con cierta gente, más que nada.
Me pasó como a ti, lector: encontré por casualidad este sitio en la red, una de esas tardes ociosas en las que uno descubre la perfecta inutilidad de Internet. Me gustaba hablar de cine (rectifico: me gusta hablar, sin más. Lo del cine lo veía una excusa estupenda para ver publicados mis textos), así que ofrecí mis servicios por el precio habitual en MdC (0 €, libres de impuestos. Dietas y comisiones incluidas. Incentivos por entregar el artículo a tiempo: dos palmaditas en la espalda).
Fui captado en Barcelona por un tal Álex G. Calvo, un tipo rijoso con un libro siempre debajo del brazo (Dios, ¡qué pedante!) y cara de estar entre "los 10 más buscados de América". Tras la sorpresa inicial (y después de llevarme repetidamente la mano a la cartera), me ametralló con un sinfín de propuestas, anhelos y quimeras, suficientes para deslumbrar al menos entusiasta de los humanos. Mierda, hay gente muy buena cuando se trata de halagar a desconocidos. Dije que sí. Total, era gratis...
Detrás de la mayoría de redactores y colaboradores de MdC hay una historia similar. El salto de lector a opinador se realiza motu proprio, movidos por razones personales e intransferibles. No creo que en otros medios de comunicación existan posibilidades semejantes. Lo más parecido es lo que hacen en algunos programas radiofónicos, cuando abren las líneas telefónicas y dan paso a los oyentes. Pero no se engañen: estas llamadas también vienen filtradas. (Eps… nosotros también lo hacemos. ¿O qué se creen, que publicamos sin más todo lo que nos llega?)
En MdC creemos en el medio. Existimos gracias a él y disfrutamos de sus ventajas (siempre queda fardón decir que te leen en Suecia, Japón o Canadá). Tratamos de ser conscientes de nuestras limitaciones, de nuestros errores (ay, esos estudios a los que le falta siempre algún artículo asignado a última hora, esas actualizaciones pendientes de críticas pasadas... estamos en ello, estamos en ello). Aspiramos a convertir la revista en una gran base de datos donde uno pueda acabar leyendo de casi cualquier película; análisis más o menos equivocados, pero nunca meros resúmenes del argumento suministrados por la productora de turno. Un lugar donde encontrar referencias a películas del pasado, pero también un sitio donde poder seguir la actualidad cinematográfica... o lo que a nosotros nos da la gana resaltar de dicha actualidad.
¿Señas de identidad? ¿Objetivos? ¿Alguna finalidad trascendental o algún movimiento trasgresor en torno al cual nos aglutinemos sin fisuras? A eso puedo contestar con cierto orgullo: no, ninguno. Nadie habla más que en su propio nombre. Ninguna opinión que acatar, ningún personaje al que rendir pleitesía. Si de algo nos gusta presumir es de heterogeneidad: tenemos la suficiente variedad de juicios como para que una película le parezca magnífica a uno y un absoluto dislate a otro. De hecho, fomentamos este tipo de situaciones y tenemos uno de los topcines más variopintos del panorama internacional. No hay quorums “sospechosos” alrededor de películas extremas, ni extrañas favorecidas. No tenemos que quedar bien con nadie y eso siempre es una ventaja.
Algunos dirán que eso denota una falta absoluta de criterio (es lo que tiene la variedad: que da miedo a los defensores del pensamiento único). Por supuesto que hacemos nuestras apuestas, por supuesto que utilizamos las portadas para resaltar (no siempre con acierto, jamás con unanimidad) el cine que a priori más nos puede interesar. Pero conminamos continuamente al lector a que no nos tome muy en serio, a que elabore sus propios juicios sin abrazar dogmas inútiles. Desde MdC se opina, no se adoctrina.
Estamos a gusto con nuestra condición y formato. De momento no tenemos delirios de grandeza (entre otras cosas porque no tenemos ni un puto duro). Fíjate, en eso demostramos ser una revista joven, acorde a los tiempos... unos "pelaos" que escriben de cine, unos "flipaos" que se pueden pasar horas enteras discutiendo de directores muertos, futuros estrenos, últimas descargas de la red (nuestra filmoteca favorita).
Me gustaría concluir con alguna frase impactante, en plan «el futuro es nuestro», «lo mejor está por llegar» o «tiembla, Cahiers», de las que pueden leerse en los carteles de las películas malas. Pero no. Esto no es más que un mensaje en la botella, lanzado desde una de las cientos de millones de páginas web que cuelgan del éter. ¿Eo? Estamos aquí... no sabemos durante cuánto tiempo más, pero... ¡amigo, que nos quiten lo 'bailao'!
Más de 1.000 cámaras te vigilan…- Espero que hayan logrado olvidar aquel terrible título del "nuevo" cine español. De lo que quiero hablarles es de Caché, la última de Haneke, el apóstol de la Europa infecta. Haneke, el rey del mal rollo, es el autor de algunas de las películas más desasosegantes de los últimos tiempos (El séptimo continente, Funny Games y La pianista… ¿se imaginan verlas seguidas sin prescripción médica?) En su última entrega, una deliciosamente rellenita Juliette Binoche veía perturbado su paraíso terrenal por la irrupción de unas cintas que delataban algo peor que una infidelidad: la fatuidad y la impostura sobre la que se asentaba el supuesto fuste y temple burgués de su marido. A pesar de todo, Caché me resultó demasiado evidente en sus intenciones (¿le habrá cogido al austriaco el síndrome del intelectual de izquierdas? ¡Pero si eres un sociólogo magistral, Michael, no te pongas a dar lecciones de tolerancia!) Se agradece el arrojo del mcguffin en formato video, que demuestra hasta qué punto está infantilizado el público (la pregunta principal que se hacía la gente al salir era: «pero, ¿quién grababa las cintas?» ¿Y qué coño importa?). Eso demuestra que no se puede ser tan sofisticado, Michael: por desgracia, la gente prefiere la soflama y la demagogia a lo Moore (un as en lo suyo, la verdad sea dicha) a la reflexión o las conclusiones no evidentes.
Shara, de Naomi Kawase.- Cine Ambigú era y es una propuesta de riesgo que trata de rescatar filmes festivaleros que hubiesen merecido mejor suerte en nuestro país (o eso presumen ellos). La nueva temporada promete, así que haré mención a su denodado esfuerzo en próximas entregas. A la clásica sala Apolo, se incorpora este año en labores de exhibición el Casablanca-Kaplan, un cine barcelonés con el que me unen suficientes lazos de amistad como para considerar cualquier halago un claro ejemplo de prevaricación y cohecho. Pero no miento del todo si les digo que consultar su cartelera cada viernes puede deparar agradables sorpresas... hagan la prueba (en caso de decepción o visionado de algún terrible esperpento de 'autor': agcalvo@miradas.net ¡Denle duro!).
Ays, pero qué hijoputa soy... por dónde íbamos... ¡ah, sí, la Shara de Kawase! Otro de esos filmes "históricos" del que había oído hablar desde que ganase el BAFF del 2004. Oye, había que fichar. [No saben el mal rollo que da recibir un sms de Manuel Yáñez con la escueta frase «creo que deberías de ver esta película». Tiene algo de ultimátum, de amenaza siciliana. Y yo siempre he sido taaaan influenciable...]
Shara es una gran película. ¿Por qué esta me emociona y Millennium Mambo o Elephant me sulfuran? No lo sé, ni pienso invertir mi dinero en psicoanalizarme para averiguarlo. Hay veces en que entras sin más y se obra el milagro: un movimiento de cámara que allí te pareció estúpido o pomposo te atrapa desde el comienzo. Un plano secuencia azaroso te hipnotiza por eso mismo: por su propia imprevisibilidad.
Por lo demás, en Shara encontrarán una historia de ausencias, con una Rebeca transmutada en hermano perdido. Una presencia que sobrevuela la película, trauma que justifica la aparente excentricidad de una familia embarcada en la travesía del olvido. La habitación del hijo sin dejar en ningún momento que se explicite el drama y, justamente por eso, potenciándolo.
Cuenta también con un momento de éxtasis celestial, de abandono y celebración con el Universo todo: ese baile —lo primero que recordará cualquiera que la haya visto— donde se desbordan muchas de las emociones apaciguadas durante los 90 minutos previos.
Sólo sirvo para hacer recomendaciones, para subrayar de un modo algo superficial filmes que requieren de tiempo, de reflexión, de debate. Este no es el lugar donde leer algo con sustancia sobre Shara. Mea culpa. Si realmente les interesa profundizar, calmarán su sed leyendo el reportaje de Tren de Sombras.
Diploma olímpico para Spielberg.- Las últimas películas de Steven (a excepción de patinazos lucrativos como La terminal o La guerra de los mundos) nos han descubierto a un autor hasta hace poco desconocido (sobre todo para quienes se empeñan una y otra vez en rebajarle su edad mental). Capaz de utilizar el sentido del suspense con la misma maestría que en su taquillera (y no por eso menos magnífica) Tiburón, Munich es una muestra de thriller político, género bastante olvidado en un planeta donde el que se mueve, directamente, no sale en la foto. Echaba de menos aquel cine setentero: Z, Chacal, Los tres días del cóndor... y sobretodo, me temía algún exceso sionista de Steven. Completamente equivocado. Se pueden tratar temas "elevados" sin renunciar al estilo propio, contar la mayor de las infamias sin tener porqué resultar aburrido. Entretener y educar: Spielberg, más cerca que nunca del ideal rosselliniano.
Sonatine, melodía de tiros.- A la espera de Takeshis’, el 8 ½ de Kitano, degusto —es un decir— la película que supuso su consagración en occidente: Sonatine. La verdad es que el yakuza infantiloide creado por ‘Beat’ Takeshi resulta algo cargante, máxime si ya lo hemos visto “actuar” en las posteriores Hana-bi o Brother haciendo exactamente... lo mismo. Ya saben: personaje expeditivo, explosiones puntuales de violencia e, irremisiblemente, Kitano llevándose la pistola a la sesera, mientras sonríe a cámara. Debió de tener gracia en su día... Prueben, prueben con otras que vieron hace 10 años y que les parecieron el no va más. O mejor... no, no estropeen un bello recuerdo. ¿Qué tratamos de demostrar volviendo a ver películas? ¿Qué ya no somos, ni estamos, ni pensamos igual que entonces? ¡Valiente empresa!
Propuestas punkies para un mañana mejor.- 14 de febrero: San Valentín. Exaltación de lo hortera, Apocalipsis cursi: querubines, corazones y cuchi cuchis. En el colmo de la piorrea amorosa, los cines que proyectan Manuale d’amore deciden regalar una de las entradas a todas las parejas que se morreen delante de la taquillera, sin incluir manoseos urogenitales.
El asunto abre múltiples frentes. ¿Se lo imaginan? Pruebas similares deberán de superarse en función de la película estrenada, siempre que coincida con San Valentín, ¡hermosa fecha! La cuarta parte de Aníbal Lecter invitará al espectador que se jale un higadillo crudo delante de la misma taquillera, ya curada de espanto. El estreno de cualquier peli de Nacho Vidal abogará por propuestas más explícitas: ¡entradita gratis por penetración! (la taquillera deberá de comprobar in situ que el coito tiene lugar, que el copulador espontáneo consuma plenamente el ayuntamiento). Por último, tiemblo de placer ante la prueba que obligará a superar la reposición de Saló... ¿lo visualizan, verdad? Una palangana llena a rebosar de ese elemento que Divine popularizó en su Pink Flamingos (mientras leen esto, imagínense a este redactor vestido de cuero, con tachuelas en las mejillas o el pabellón auricular y dibujando una cornamenta con su mano izquierda. “Ohhh, yeahhhhhhh!! Fuck cupido!”).
Ver cine, analizarlo y cambiar de opinión.- Diego Faraone es un compañero de redacción al que sólo puedo leer, por razones geográficas de peso (nos separan miles de kilómetros y un océano a ratos bien profundo). Defendí en esta misma sección la necesidad de dar por válida la primera impresión, de no dejarse influenciar excesivamente por pareceres ajenos. Él introduce un interesante matiz, así que lo comparto aquí y ustedes deciden: «No está mal cambiar de idea sobre una película, y yo creo, incluso, que una buena reseña puede hacer cambiar radicalmente la concepción que uno tiene de ella. La reseña nos puede iluminar sobre cosas de la película que en su momento no vimos o puede acercarnos interpretaciones que nos pasaron por el costado. Me parece que somos como los ríos de Heráclito, y por suerte, cambiamos de ideas con el tiempo. Dios y el demonio me libren de tener dentro de veinte años los mismos gustos que ahora, o de andar con afirmaciones como "el buen cine era el de la década de los noventa". Creo que a veces contradecirse uno a sí mismo lo dignifica, porque quiere decir que estamos aprendiendo y en constante crecimiento. Me pasa muy seguido que leo notas mías de hace un año y me pregunto: ¿yo escribí esto?» Diego, a mí me pasa de un mes para otro... «¿pero yo escribí aquello?»
A propósito de Henri.- Fueron apenas una treintena los carteles diseñados por Henri Toulouse-Lautrec. Se pueden ver en el MNAC de Barcelona y maravillarse así uno con su modernidad y aparente sencillez: lo mismo servían para anunciar la última sensación del Folies Bergère que otros productos de naturaleza bastante más convencional. ¡Ays, las imágenes imperecederas que podría habernos legado este pequeño y contrahecho ser de haber nacido apenas 20 años más tarde y optar por ilustrar grandes títulos del emergente cinematógrafo! ¿Se imaginan un cartel que anunciase la última de Renoir, Becker u Ophüls con su impronta? Confórmense con eso: imaginarlo.
Lars von Trier meets Luis Buñuel.- Las dos partes vistas hasta ahora de la nueva trilogía zentropiana (Dogville y Manderlay), arrojan un poco más de luz sobre el director más pagado de sí mismo de toda Europa (después de Almodóvar). Antepongamos números a los párrafos, que siempre queda como más analítico:
1.- Von Trier es un cachondo y carece tanto de un ideario como de escrúpulos. No se toma absolutamente nada en serio y merced a un halo ambiguo muy conveniente logra que sus dos historias puedan utilizarse como argumentos a favor de algo... o como todo lo contrario. Dos pasquines sofistas sublimes, misiles teledirigidos a dos de los puntales sobre los que se asientan los EEUU: la conmiseración y la igualdad de oportunidades. La libertad y el pragmatismo, la piedad y el negocio. Tan contundentes como risibles, lo entiendo: es lo que tiene el tremendismo.
2.- El espacio cerrado se va abriendo poco a poco. La opresión de Dogville se troca en Manderlay una cárcel virtual, de la cual se pude huir con relativa facilidad... si en verdad fuese eso lo que uno quiere. Así como Shyamalan es el rey de los golpes de efecto chorras, von Trier aspira a convertir la moral en papel mojado, las actitudes "desinteresadas", en rebuscadas justificaciones psicologistas. Que me parezca un magnífico director de cine no es óbice para reconocer que posiblemente sea también una mala persona (hubo algo en su Las cinco condiciones que me terminó por convencer: lo que le pide el cuerpo a von Trier es planificar sus asesinatos fílmicos a lo Saw). Con von Trier antes sufría, sin más. Ahora, además sonrío... su protagonista ya no da lástima, por muy perras que las pase en cada filme. ¿Por qué será? ¿Porque en el fondo sé que no es más que una asesina en prácticas?
3.- Sus heroínas —reivindicativas e idiotas— se asemejan cada vez más al Nazarín buñuelesco, a aquel cura bonachón y pardillo que tratando de hacer el bien se metía en berenjenales de tomo y lomo. Nuestra jovencita es una especie de activista hippie, residuo por antonomasia de la E.S.O. española: escasamente formada, peor informada y fácilmente manipulable por poderes que la superan (o que, sencillamente, no comprende). Real como la vida misma. Nuestra hermanita de la caridad quiere ser buena: ayudar a sus semejantes, hacer que reine la democracia, la justicia social. Pero —¡ay, humanidad desagradecida!— nadie parece tomársela en serio... como el poderoso niño Akira, dispone de una fuerza incapaz de controlar —las ametralladoras de sus demonios protectores— que acaba invocando con la contundencia que proporciona la sed de venganza contra los responsables de no ver cumplidas sus utopías. Grace es terrible, como los Estados Unidos: una analfabeta con ideas de bombero que aspira a gobernar el mundo. Grace es retorcida, como Europa: una marisabidilla taimada que necesita coartadas "elevadas" para enmascarar sus ambiciones, sus delirios de grandeza, su perverso maquiavelismo. (En Manderlay –cochina verdad- Grace no quería liberar a negro alguno... se contentaba con tirarse a uno de ellos.)
4.- No quiero ni pensar cómo puede acabar todo esto en Wasington, la etapa final de Grace. Ya veo a papá aguardando dentro del coche, orgulloso del grado de "madurez" alcanzado por su chiquilla. La perversa tendencia iniciada por este cínico peligroso hace que cualquier cosa sea posible. De todas formas, no creo ni mucho menos que Lars tenga algo en contra de los americanos, pero ocurre... ¡que son un blanco tan fácil! Recordemos que también ajustó cuentas con el viejo continente de un modo más intelectual que visceral (El elemento del crimen, Epidemic y Europa). Lars no resulta tan cargante como otros moralistas al uso por la sencilla razón de que no cree en aquello que defiende. Ni posiblemente, en aquello que parece atacar... ¿en qué coño cree?
Visión light del tiempo de canallas.- Clooney nos alecciona con su sosa Buenas noches, y buena suerte, un frío ejercicio de política retrospectiva con las bazas habituales del cine que quiere ser "importante": un tema de relumbrón, blanco y negro y afectación en las formas. Mientras von Trier queda como "el asesino de burros" por su notabilísima Manderlay, Clooney pasa a ser la gran esperanza blanca, ese tipo valiente que critica a la administración republicana, abanderado de causas justas (je, pero siempre rentables, qué curioso)... vamos, casi casi un hombre del Renacimiento. A Buenas noches… le falta un hervor: la pasión moralizante que le ponía Capra, la contundencia en la denuncia del mejor Pontecorvo, el arrebato demagógico de Eisenstein. ¿Me paso con las comparaciones? Hombre, según la prensa especializada es una obra maestra... entiendo que eso significa que está a la altura de Juan Nadie, La batalla de Argel u Octubre. ¿Alguien en sus cabales se cree eso? Por cierto: los medios que más se congratulan con el mensaje de esta película deberían de hacer acto de contrición sobre el estado de la profesión en este país, sin ir más lejos. Un lugar donde el periodismo de investigación es inexistente, donde la crítica es inmediatamente tachada como calumnia. Donde la puntuación que recibe un filme en las páginas de espectáculos depende del tamaño del anuncio que inserte la productora tres planas más adelante. La película de Clooney es una americanada en toda regla: personajes graníticos, periodistas justicieros, políticos malos, muy malos... ah, y a pesar de todo, el consabido triunfo del sistema democrático sobre el senador furibundo y desbocado. Vamos, que con la honestidad y la verdad se puede ir a cualquier parte…
Exactamente lo contrario de lo que propugna Lars, un tipo que da la sensación de haber leído algo más de filosofía que el almibarado, elegante y muy guapo George.
Confesiones de una mente inofensiva.- Estoy perdido. "Entre dos aguas", como puntearía Paco de Lucía. Nunca pretendí tener un criterio definido sobre nada y quizás esto me empiece a pasar factura. Me descubro horrorizado escuchando una y otra vez la banda sonora de Memorias de una geisha, película que en otro tiempo hubiese juzgado como abyecta (¡'pa' chulo yo!) por el mero hecho de haberme parecido "bonita" (depauperado adjetivo). Y sin embargo —perra vida— me la comí muy a gusto... ¿o fue la compañía? Lo que debería gustarme, encandilarme, ayudar a asentar mi reputación... me deja indiferente. Y yo que esperaba encontrar a principios de año una película unánime, de esas que te permiten parir una frase quintaesencial, un caramelo dispuesto para su inserción en la propaganda del filme, debajo del siempre atinadísimo comentario del gurú de El País o El Mundo. Ays, qué desilusionados que estarán con nosotros... ¡mira que prometíamos! Estoy teniendo una mala racha, pero no me lo tengan en cuenta, señores distribuidores. Yo soy un corrupto que aguarda su oportunidad, dispuesto a colaborar con más denuedo que el capitán Renault de Casablanca. De momento les ofrezco unas cuantas frases que —previo pago, se entiende— podrán insertar debidamente en el film que vean conveniente: "la reinvención del cine", "hecatómbica / pluscuamperfecta / arrolladora / monumental / incontestable / avasalladora / acojonante OBRA MAESTRA"...
Como pueden ver, ganas no me faltan. Pero no sé... por favor, estrenen algo por lo que valga la pena venderse. Permítanme guardar las formas... conservar la honrilla y esas cosas. Gracias.
Para finalizar, un comentario inteligente sobre la ceremonia de entrega de los Goya.- […]
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