Manuale d'amore
En este último lustro, el director sueco Lasse Hallström se ha ganado una reputación de cineasta sensible dentro de los parámetros que bordean el cine de autor dentro del cine de Hollywood gracias a sus tres últimos largometrajes y sus múltiples nominaciones a los Oscar, lo que le ha otorgado además de poder, un aura de qualité que rodea todas sus obras.
Como la mayoría de cineastas extranjeros que empiezan a rodar en sus países de origen y acaban dando el salto a la meca del cine, Hallström, plenamente integrado en la industria norteamericana, destaca por sus trabajos perfectamente acabados y preciosistas, películas que son carne de Oscar y de disfrute familiar bordeando ciertos conflictos morales muy suaves para que la reflexión posterior sea siempre la justa y no más de la necesaria, siendo su mensaje, una almibarada visión de abortos, madres solteras, incestos, ninfomanías y demás temas que en otras manos más valientes darían como resultado películas quizás más atrevidas e interesantes aunque seguramente menos taquilleras.
Por eso sorprende el nuevo proyecto del cineasta, totalmente alejado de sus constantes dramáticas, ofreciéndonos una comedieta ligera y jovial donde el entretenimiento y su falta de pretensión (a priori) resulta lo más destacable y sorprendente proviniendo del director de Las normas de la casa de la sidra o Atando Cabos, por ejemplo.
Alejada voluntariamente de la corriente de biopics que nos inunda estos días, Casanova no pretende ser una recreación del mítico amante sino un pretexto para construir un divertimento desenfadado utilizando como excusa tan famoso Don Juan.
Hallström intenta seguir la fórmula de la clásica comedia de enredos para entregar un pasatiempo, un dulce que se saborea, se disfruta mientras se degustan las andanzas y avatares del conquistador y se olvida poco tiempo después.
Amparado en un guión muy limitado pero perfectamente estructurado, y matemáticamente calculado, el cineasta realiza una película de manual digno de estudio. Perfectamente reconocibles los tres actos (introducción, nudo y desenlace) y sus puntos de cambio entre ellos. Casanova es pues un puzzle donde todas las piezas han sido creadas y preparadas para encajar dentro de un todo y donde ningún cabo puede quedar suelto. Así pues, tras una trama simple pero convenientemente enrevesada (no mucho, no se piensen, no hay que cansar al público), la película converge en todas las consabidas resoluciones de todos los personajes entrecruzando los conflictos planteados y dirigiéndolos hacia el necesario happy end acorde con el producto, a través de un tour de force en el tramo final donde se acumulan situaciones y momentos quizás excesivos por la sucesión de demasiados temas en poco tiempo y su edulcorado desenlace.
Aún así, Hallström consigue dotar de ritmo al largometraje con secuencias conseguidas como el carnaval donde un estresado Casanova tiene que interpretar varios personajes sin ser descubierto, en un juego de máscaras y equívocos, como la película en sí misma. Pero no puede evitar caer en el toque absurdo buscando ese giro cómico, debido a la reiteración de gags "quizás" inadecuados en su espíritu, como la verborrea del ayudante del inquisidor o la nada oculta caricatura y simpleza del personaje de Paprizzio, o el destino torpe e innecesario del personaje del inquisidor, encarnado por un excelente y sorprendente Jeremy Irons.
Más pendiente del contenido que del continente, el cineasta muestra su oficio en una puesta en escena exquisita, perfectamente acorde con el tipo de producto que tiene entre manos, siendo la parte visual lo más destacable de la cinta. Desde el majestuoso vestuario, los decorados de ensueño, la luminosa fotografía o el pomposo maquillaje, Hallström no defrauda y despacha la película sin derramar un ápice de originalidad ni malas maneras, todo lo contrario, realiza lo que se espera de él, lo que le mantendrá en su cómodo estatus al menos un tiempo más.
Por lo demás, poco más que decir acerca de Casanova. Película idónea para aquellos que se dejen fascinar por las historias simples y bonitas, para románticos incurables, pero no recomendada para cinéfilos que tenían en mente el largometraje de Fellini o esperaban una aproximación seria a tan jugoso personaje.
Otra vez será. |