Harrison superstar
Hace años que Harrison Ford se ha convertido en una de esas figuras que, por sí solo, definen y condicionan una película. Esto hace que la elección de los proyectos en los que participa tenga más que ver con su posición dentro de la industria cinematográfica estadounidense que a la calidad de los mismos. Y, en efecto, Firewall es un producto hecho a la medida de un actor capaz de llenar las salas, con todo lo bueno y todo lo malo que ello puede significar. Cabe decir que sería complicado entrar de lleno en este film sin la constante presencia del actor a lo largo de sus más de cien minutos de duración. No porque Firewall sea una película mediocre (que no lo es), ni inverosímil (que lo es), sino porque el carisma del actor y su capacidad de empatía con el espectador se hacen imprescindibles a la hora de intentar llevar a buen puerto un film como Firewall.
La película de Richard Loncraine es, sencillamente, un espectáculo que busca entretener. Sin mayores complicaciones. No pone en tela de juicio ningún postulado cinematográfico, ni tampoco se compromete ideológicamente con nada. De hecho, siguiendo la estela que ha poseído al cine norteamericano desde mediados de los años ochenta, la corrección política y el canto a la familia unida es el nada irreverente mensaje con el que cineasta y actor nos presentan el film. Como tal, intentar encontrar en Firewall algo que no sean tópicos explotados hasta la saciedad es un ejercicio condenado al fracaso.
Ahora bien, el film funciona a la perfección precisamente por ello. Es un producto manufacturado con competencia al que, probablemente, la presencia de cualquier personalidad, ya fuera en el apartado de dirección o en el guión, que quisiera encauzarlo por derroteros artísticos lo hubiera perjudicado notablemente. Y ello es debido a dos razones: Firewall, como ya se ha comentado, es una película realizada exclusivamente a mayor gloria de Harrison Ford y, por consiguiente, no es imaginable en ella ni el menor resquicio de otro nombre que pudiera oscurecer el suyo. Por otra parte, la película busca, consciente y desesperadamente, la superficialidad; no se entretiene en construir derroteros argumentales más adultos o complejos, ni tampoco en redondear o matizar ninguno de sus personajes protagonistas. Por el contrario, Firewall potencia la simplicidad de todo cuanto plantea, asumiendo los riesgos que ello conlleva.
Dichos riesgos son exactamente los mismos de otras películas de semejantes características como, por ejemplo, Cellular de David R. Ellis o, más recientemente, la interesante Sin control de Mikael Håfström: la falta de verosimilitud, algo a lo que, sin duda, el film se encamina desde sus mismos minutos iniciales. Empero, esta escasez de rigor en la lógica de la historia termina convirtiéndose en una virtud más que en un defecto, ya que el hecho de mantener al espectador pegado a la butaca durante toda la duración del film y metido de lleno en los avatares de un grupo de personajes que son, en el fondo, puros arquetipos, es un logro a tener muy en cuenta a la hora de valorar la película y, sin ningún género de dudas, el elemento más destacado del que puede hacer gala Firewall.
No importa en absoluto que el avance del film sea trillado o que destile un cierto aire conservador, por momentos, chirriante. La película de Richard Loncraine es un digno ejemplo de cine de evasión y un perfecto vehículo para que Harrison Ford mantenga su posición. |
| EEUU. 2006. TO: Firewall. Dirección: Richard Loncraine. Producción: Armyan Bernstein, Basil Iwanyk, Jonathan Shestack. Guión: Joe Forte. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Marco Pontecorvo. Montaje: Jim Page. Dirección Artística: Brian Morris, Helen Jarvis. Vestuario: Shuna Harwood. Duración: 105 minutos. Intérpretes: Harrison Ford (Jack Stanfield), Paul Bettany (Bill Cox), Virginia Madsen (Beth Stanfield), Mary Lynn Rajskub (Janet Stone), Alan Arkin (Arlin Forester), Robert Forster (Harry), Robert Patrick (Gary Mitchell). |
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