Menú degustación
Por su formato y por su temática, las tres piezas que componen Three… Extremes encajarían perfectamente como capítulos de las lógicas evoluciones en el tiempo de la mítica serie "Alfred Hitchcock presenta". Me refiero a las colecciones de relatos visuales que suponen "Cuentos asombrosos", "Tales from the Twilight Zone", "Historias de la cripta" o "Masters of Horror", aunque tal vez, por su elevado contenido en hemoglobina y truculencia se adaptarían mejor a las dos últimas. No en vano, el propio Takashi Miike, autor de uno de estos tres relatos extremos, firma uno de los capítulos de "Masters of Horror", serie aún no emitida en España, en la que comparte el plantel de directores con gente sobradamente conocida en el mundo del terror y la ficción sobrenaturales como Dario Argento, John Carpenter, John Landis, Tobe Hopper o Joe Dante, entre otros.
Al igual que ocurre en la mayoría de los mediometrajes de que se nutren estas series, los episodios que integran Three… Extremes se caracterizan por la presentación de sucesos sobrenaturales o cuando menos misteriosos (principalmente Box, de Takashi Miike), escabrosos y/o desagradables, y por mantener el suspense hasta el final, que en la mayoría de casos supone no solamente sorpresa, sino también giros argumentales de ciento ochenta grados. Pero hay una cosa que destaca aún más en los desenlaces, y es el hecho de que la maldad suele triunfar sobre el bien, dejando un buen sabor de boca incluso en los paladares de los espectadores más exigentes. Y es que en estos pequeños microuniversos el mal resulta mucho más coherente y atractivo.
En el primero de los tres platos, Box, Takashi Miike nos presenta una historia nada convencional, principalmente desde el punto de vista narrativo. ¿Es todo un sueño dentro de un flashback, un flashback dentro de un sueño, un sueño dentro de un sueño? El ritmo de la historia tampoco es precisamente al que nos tiene acostumbrados el japonés, pues por momentos se asemeja más a unos extraños Tarkovski o Antonioni que al resto de su filmografía. Eso sí, está también mucho más cuidado en el apartado visual que otros de sus trabajos. Box resulta desasosegante con algunos momentos de genuino terror y cumple sobradamente con la misión de abrir el apetito al espectador.
El plato fuerte del menú es Cut, de Park Chan-wook, en donde el coreano reincide en recorrer los derroteros de la venganza que tan buenos resultados le dio en sus previas Sympathy for Mr. Vengeance y Old Boy. Al igual que en esta última, Cut recuerda mucho el estilo visual de David Fincher, con una cámara que gracias a la tecnología digital consigue planos analógicamente imposibles (como pasar el objetivo a través del asa de una batidora, del mismo modo que hizo el americano con una cafetera en La habitación del pánico), y se regodea en sus ingredientes favoritos, a saber: mutilaciones, borbotones sanguinolentos y vueltas de tuerca argumentales, encontrando además hueco para mostrar un sentido del humor que por momentos parece obra de Takeshi Kitano.
Pero como le ocurre a un vómito sin sus tropezones o a una operación sin anestesia, la comida no sería lo mismo sin su postre. Dumplings, del chino afincado en Hong Kong Fruit Chan, es quizá la que provoca más grima (entendiendo esto como algo bueno, obvia el decirlo) con su cuarto y mitad de antropofagia y sus dos pizcas de obstetricia. Hay que hacer notar que el director decidió hacer una película de noventa minutos (estrenado en nuestras salas al mismo tiempo que Three... Extremes) a partir del material empleado en el mediometraje rodando nuevas secuencias, con idéntico título, y que a mi juicio no aporta nada nuevo a la historia, muy bien condensada en el postre aportado para Three… Extremes. Nada nuevo excepto un final diferente, en el que la idea es fundamentalmente la misma, pero quizá un tanto menos exagerada, más propia para una película, pero definitivamente menos convincente, pues el citado guiño a la maldad es mucho más retorcido en la pieza breve.
Three… Extremes es, por tanto, un menú degustación de los terrores que se cuecen últimamente por oriente al margen de los también interesantes niños paliduchos con mal café, niñas con mala leche enterradas en pozos, llamadas telefónicas agoreras y las temibles y sospechosas manchas que aparecen hasta en el gotelé de las mejores familias. |
| Corea del Sur, China y Japón. 2004. T.O.: Saam gaang yi/Dumplings. Dirección: Takashi Miike, Park Chan-wook y Fruit Chan. Guión: Haruko Fukushima, Park Chan-wook y Lilian Lee. Producción: Naoki Sato, Shun Shimizu, Fumio Inouse, Ahn Soo-hyun y Peter Ho-sun Chan. Música: Kôji Endô, Peach y Chan Kwong-wing. Fotografía: Koichi Kawakami, Chung Chung-hoon y Christopher Doyle. Montaje: Yasushi Shimamura, Kim Sang-bum, Kim Jae-bum y Fruit Chan. Diseño de producción: Takashi Sasaki, Yoo Seong-hee y Yee Chung-man. Dirección artística: Pater Wong. Vestuario: Cho Sang-kyung y Dora Ng. Duración: 125 min. Interpretación: Kyoko Hasegawa (Kyoko), Atsuro Watabe (Yoshii/Higata), Lee Byung-hun (Director), Lim Won-hee (Extraño), Kang Hye-jung (Mujer del director), Miriam Yeung (Qing Li), Miki Yeung (Kate), Bai Ling (Mei), Tony Ka-fai Leung (Lee). |
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