La Tierra de Haz lo que quieras (Anarquía en el Reino Unido)

"La anarquía tiene dos caras: La creadora y la destructora. Así, los destructores derriban imperios; crean un lienzo de escombros sobre el que los creadores pueden pintar un mundo mejor" V

I La Vorágine

Los pobres mortales que subsistimos en este mundo tan real que a veces parece tan perteneciente a una ficción, sin unos míseros superpoderes que nos saquen las castañas del fuego (con lo bonito que sería ir volando al trabajo en lugar de en metro, o mejor aún, no trabajar, y dedicarse a desfacer entuertos por las calles de la ciudad), hemos ido comprobando como en los últimos años el cine ha ido haciendo suyos multitud de personajes nacidos del cómic hasta un punto que, sin nada que ver con las aportaciones puntuales de los años setenta y ochenta, podríamos tildar de exagerado (y con tal saturación terminamos soñando despiertos y hablando de volar por encima de los edificios en lugar de cumplir con nuestras tareas), máxime teniendo en cuenta que cada vez es más difícil encontrar productos (a estas alturas no vamos a negar que es en lo que se está convirtiendo el cine, un producto) de calidad, pues el merchandising a menudo termina siendo lo prioritario, en detrimento de un guión y una dirección decentes, o al menos un vestuario decente, que no es tanto pedir. Y aún así, a pesar de todo, se han visto en poco tiempo cosas muy interesantes.

Resulta sobre todo llamativo el hecho de que casi siempre se opte para estas adaptaciones por el cine con actores, descartando la animación (a excepción hecha de los japoneses, cuyas adaptaciones de mangas más famosas sean tal vez Akira y Ghost in the Shell, pero de los que apenas voy a hablar pues son un mundo aparte del que tengo escasos conocimientos) que parecería lo más natural (es posible que la primera excepción que encontremos en mucho tiempo fuera de Japón termine siendo la adaptación que actualmente prepara Rob Zombie de su propio cómic, The Haunted World of El Superbeasto, ya en período de post-producción). Podríamos argumentar razones de peso como las mayores posibilidades de identificación del espectador con unos personajes que a pesar de sus superpoderes, y en muchas ocasiones precisamente gracias a ellos (no recordaremos una vez más lo que le dijo su tío a Peter Parker-Spiderman), tienen conflictos tan humanos como los suyos (como recordaba Bill en Kill Bill, salvo Superman y algún otro despistado, la mayoría son todos también humanos) y, como ellos, son capaces de sentir y/o transmitir amor, dolor, pasión, odio, venganza (bonita palabra sobre la que más tarde habrá que hacer hincapié), sentimientos que resultarían más difíciles de reflejar, o menos creíbles, con un dibujo (por bien animado que esté) que con un actor de carne y hueso (al menos si es buen intérprete), pero lo más probable es que la decisión se vea influida por el mayor impacto comercial, en parte debido a la extendida y equivocada creencia de que el cine de animación va destinado a los niños, creencia que poco a poco se va erradicando, pero aun así todavía lo suficientemente arraigada como para tentar a la industria por ese camino.

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La mayoría de estas aportaciones al séptimo arte nacidas del que llaman el noveno han surgido de las historias de superhéroes. La editorial Marvel se lleva el gato al agua gran parte de las veces, y en poco tiempo ha podido ver (entre tanto frotar de manos) como Hulk, La patrulla X, Spiderman, Los cuatro fantásticos, El castigador o Elektra  desfilaban por los cines de medio mundo mientras espera (y nosotros con ella) las secuelas de algunas de ellas, y nuevas adaptaciones como Capitán América o Iron Man, ya en proyecto. DC Comics también ha aportado sus granitos de arena al invento. La brillante nueva versión de Batman dirigida por Christopher Nolan ha abierto el camino para un remake de Superman a cargo de Bryan Singer (director de las dos entregas de La patrulla X) que en breve pasará por nuestras pantallas. Mientras tanto hemos tenido que soportar mediocridades como Constantine (basada en Hellblazer, de Kevin Brodbin, Mark Bomback y Frank Capello) y auténticos engendros infectos como La cosa del pantano, y me refiero a la película, no a la criatura. El cómic europeo también ha tenido su parte en el pastel con Blueberry, la experiencia secreta de Jan Kounen, o Los Dalton de Philippe Haïm, e incluso dentro de nuestras fronteras Javier Fesser solventó de una forma tan personal como notable la difícil papeleta de dar vida a los agentes secretos más famosos del cómic español, Mortadelo y Filemón. Desde oriente nos llegó recientemente Oldboy, película que después de reseñar para Miradas diciendo que parecía sacada de un cómic, descubrí que, efectivamente, partía de la obra gráfica de Nobuaki Minegishi. Actualmente James Cameron prepara Alita (también con actores reales), un remake del anime de 1993, y uno de los tres proyectos de futuro de Darren Aronofsky es Lone Wolf and Cub, que parte de un cómic de Kazuo Koike, autor de Crying Freeman.

Pero al margen de las historias de superhéroes, que en su gran mayoría datan de hace más de cincuenta años y a los que inconscientemente ya he dejado al margen en la mayoría de las últimas citas comenzando a mezclar churras con merinas casi sin darme cuenta, el cine actual también se ha ido haciendo eco de obras más recientes, y cuyos protagonistas podrían ser considerados más fácilmente como antihéroes, no tanto por la carencia de superpoderes como por la ambigüedad y complejidad de sus caracteres, aunque pensándolo bien a muchos superhéroes les ocurre lo mismo (tal vez muchos superhéroes también son antihéroes). En cualquier caso, me refiero mayoritariamente a las denominadas novelas gráficas, más recientes en el tiempo, y con un enfoque más adulto; para expresarlo más claramente, éstos no van destinados a todos los públicos, sino exclusivamente a la audiencia adulta. Terry Zwigoff nos trajo hace unos años la discreta Ghost World (ahora prepara la adaptación de Art School Confidential, de Daniel Clowes), y el año pasado pudimos ver la interesante American Splendor, basada en las historias de Harvey Pekar. También el año pasado David Cronenberg nos mostró la magnífica Una historia de violencia, que partía de una novela gráfica de John Wagner y Vince Lock, y Robert Rodriguez estrenó la primera entrega de Sin City, basada en las aclamadas historias de Frank Miller (a quien también pertenece el personaje de la citada Elektra, por cierto), y cuyas secuelas ya están también en preparación. Otra obra suya, 300, ambientada en la batalla de las Termópilas, será estrenada el año que viene por Zack Snyder (El amanecer de los muertos).

II El villano

Y dentro de esta vorágine es imposible excluir las historias de Alan Moore, uno de los mejores escritores de cómics de la historia. Es más, el origen de estas líneas es el estreno en nuestros cines de la adaptación de una de sus primeras obras, V de vendetta.

Hasta la fecha, el cine ha visto dos películas creadas a partir de obras suyas. La última que nos llegó fue La liga de los hombres extraordinarios, de la que no puedo hablar al carecer de elementos de juicio, pues ni he leído la obra de Moore ni he visto la película. Unos años antes se estrenaba From Hell, de los hermanos Albert y Allen Hughes, que como no podía ser de otra manera explotó el filón comercial de la leyenda de Jack el Destripador, pero no supo (o no pudo, porque probablemente no se pueda) extraer la riqueza interior del excelente trabajo que el escritor logró en colaboración con el dibujante Eddie Campbell. From Hell, la novela gráfica, es una reconstrucción al milímetro de todo lo que ocurrió en aquella época turbulenta del Londres finisecular del destripador, y que como tal reconstrucción, paradójicamente, no tiene por qué ser necesariamente fiel a la realidad (una realidad hoy por hoy, y probablemente para siempre, desconocida), pero generada en base a hechos e informaciones verídicas con un enorme trabajo de investigación por detrás, y con tal esmero que induce al lector a pensar, que, efectivamente, todo aquello no pudo ocurrir de otra forma. Es imposible que cualquier persona que haya leído la obra de Moore y Campbell pueda sentir la película como algo más que un mero entretenimiento, entendiendo también que un formato más adecuado para la adaptación habría sido tal vez el de una serie de televisión.

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Algo parecido podría ocurrir con Watchmen, junto con From Hell el mejor trabajo de Alan Moore, cuya adaptación cinematográfica a cargo de Zack Snyder está ya en periodo de pre-producción, rodeada del máximo secretismo, y tiene fecha de estreno prevista para este año. Muchos fans de la novela gráfica opinan que tal vez la mejor forma de adaptarla sería con una serie de doce episodios, narrando los doce capítulos de que consta, y sin embargo se ha escogido la peligrosa y casi siempre castradora opción del largometraje. Reconozco que la primera elección de Darren Aronofsky para dirigirla me indujo a pensar que podría tratarse de una película excelente, pues sería probablemente uno de los directores más apropiados para adaptar una obra como Watchmen, repleta de recursos cinematográficos como flashbacks, relatos en paralelo y/o viñetas divididas (que podrían traducirse en pantallas divididas), encadenados de ideas visuales, insertos, todos ellos recursos que cinematográficamente irían muy ligados al montaje, uno (que no el único) de los principales  atractivos del cine del director de Réquiem por un sueño, pero cuando éste abandonó el proyecto por incompatibilidad con el rodaje de su próxima película, The Fountain, y Watchmen recayó en Paul Greengrass (Bloody Sunday, El mito de Bourne), uno ya no sabría qué pensar. Recientemente, ignoro las razones, el proyecto ha pasado a manos de Snyder, lo que me devuelve nuevas esperanzas, pues su primera película, El amanecer de los muertos, me reveló a un gran director con un excelente sentido de la puesta en escena, y eso es precisamente lo que necesita un proyecto como éste. En cualquier caso, es posible que la película se esté convirtiendo en una patata caliente que sabe Dios dónde puede ir a parar al final. Supongo que solamente queda esperar, y tratar de ir a verla y a disfrutarla sin prejuicios. Y si la dirige Snyder, mejor que mejor.

III Vox pópuli

Las novelas gráficas de Moore son historias complejas que hablan de un mundo complejo habitado por personajes complejos. Son el reflejo de una sociedad y una época en la que nos ha tocado vivir, lo que no implica que tengamos que estar conformes con muchas cosas. V de vendetta se ha convertido por eso mismo en una película polémica, y que nadie me llame terrorista antes de tiempo, que todo esto es muy delicado y hay que terminar de leer y escuchar todo lo que voy a decir.

La novela de Alan Moore (ilustrada por David Lloyd) habla de un Reino Unido alternativo al que existía realmente en los años 80 (pero desarrollado en los noventa, una década después de la época en que se escribió, descrito así como un futuro cercano, posible y también temible), un Reino Unido gobernado por un sistema fascista, vigilante y perseguidor inspirado en 1984 de George Orwell, en el que habita un misterioso personaje enmascarado con gran sensibilidad artística que se hace llamar V, y que con la ironía por delante se dedica a sembrar el terror entre la población (y entre los altos mandos del sistema), pero paradójicamente predicando la libertad. La venganza que comienza siendo el motor de sus actos va pareja a un deseo de regeneración de la raza humana, pero empezando desde cero, o al menos barriendo todo lo que sustenta a ese sistema. Idea nada nueva a la que años después el autor volvería en Watchmen, donde uno de los personajes habla del sacrificio de miles (incluso millones) para un posterior beneficio de la humanidad.

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Todo esto, al traducirse en una película no ha hecho sino encender la llama de la polémica, partiendo los primeros brotes del incendio desde los EE. UU. Efectivamente, como anunció Moore (Alan, no Michael), «los EE. UU. no están preparados para un héroe terrorista». Muchos serán los que la critiquen ya antes de verla, muchos probablemente lo estén haciendo ya. Pero eso es inevitable. No quería, entre otras cosas porque no creo que sea necesaria, pero, aunque sea para poder escribir cinco epígrafes y cuadrar el texto como está mandado, no me queda más remedio que hacer una

IV Vindicación

En V de vendetta hay un terrorista que perpetra atentados y es inevitable ver reflejada la realidad que al comienzo decíamos que parece de ficción, y viceversa, podríamos decir ahora. Pero hay una gran diferencia entre la realidad y la ficción. Una diferencia fundamental que todos aquellos que hablan de apología del terrorismo nunca parecen descubrir. Y esa diferencia es que la ficción NO es real. Todo debería ser lícito en la ficción, y sí, ahora estamos hablando una vez más de la libertad de expresión. A pesar de todo, y aunque como ya he dicho no considero necesario justificarle, no creo que Alan Moore esté diciendo que la solución a todos los males endémicos de nuestra sociedad sea poner bombas. Cuando yo era universitario, un profesor bastante imbécil, me suspendió de manera absolutamente injusta (y lo que es peor, irregular), lo cual me indujo a practicar una venganza. Vaya, ya está aquí otra vez la palabra. Ya dije que habría que hacer hincapié en ella. Una venganza muy simple, la verdad, pero enormemente satisfactoria. Escribí un relato en el que mi álter ego Sebastián Vázquez (Vázquez con V de Vargas y V de Vendetta; como el protagonista de la película, no creo en las casualidades) asesinaba a mi profesor a golpe de extintor, mientras su mujer le ponía los cuernos con otro profesor de la facultad, y lo distribuí entre algunos compañeros de clase. ¿Quería esto decir que yo justificaba, exigía o defendía que mi profesor debería ser asesinado? Pues por si alguien lo dudaba, la respuesta es no, no y no. Era ficción, NO era real. La ficción puede constituirse como un excelente medio para mostrar disconformidad con ciertas cosas con las que tenemos que tragar aunque no nos apetece. V aboga por la libertad de expresión, por la utopía de una sociedad perfecta y carente de ataduras, por la libertad de opinión, por la independencia del individuo frente al sistema, alcanzada a través de la anarquía. Sus métodos llaman la atención del lector o del espectador, inevitablemente le retrotraen a su realidad, a darse cuenta de a dónde nos está llevando a parar esta sociedad, este sistema demoledor donde el dinero y el ansia de poder son los malditos reyes. Y eso, si se me permite la comparación, es tan delictivo como pintar a Mahoma.

V somos todos

Y entonces llega la película (aunque todo lo que he dicho en el apartado anterior hablaba principalmente del cómic, también puede aplicarse a ésta). A diferencia de Watchmen y From Hell, V de vendetta es una obra más breve o, al menos, menos densa, lo que a priori prometía una posibilidad de una buena adaptación, pero al parecer Alan Moore comentó que la película es una infamia y que se aleja de toda intencionalidad crítica, abogando por lo comercial, y renegó de ella, lo cual, de nuevo a priori, hacía temer lo peor.

Doble sorpresa entonces al comprobar como la película que dirige el debutante James McTeigue (primer ayudante de dirección en Matrix) sobre un guión de los hermanos Wachowski supera todas las expectativas creadas por un servidor. No sólo por las grandes interpretaciones de Natalie Portman, Stephen Rea, John Hurt o un irreconocible (por lo enmascarado) Hugo Weaving, ni por su logrado diseño de producción, su acertada banda sonora (más valorable teniendo en cuenta que la película surge de los creadores de la trilogía Matrix, si recordamos la de aquellas), o la acertada decisión de no convertir la película en un espectáculo de acción y exhibición de efectos especiales. En mi humilde opinión no es únicamente una excelente adaptación, con ciertas novedades que no afectan a la idea central ni a la mayor parte de la trama de la historia de Moore (de hecho, gran parte del metraje es una perfecta plasmación de lo expuesto en el cómic, incluyendo diálogos y situaciones completamente calcados y transmitidos a la perfección a través de una correcta puesta en escena con algunas buenas ideas no presentes en la obra original, como el paralelismo entre el bautismo de fuego de V y el de agua de Evey), sino que además reviste de actualidad el componente subversivo de la misma.

Las diferencias con el coómic en el nivel de la trama, como digo, son prácticamente irrelevantes. Evey es algo mayor en la película y, en consecuencia, tiene un trabajo (en la emisora de televisión donde también trabaja Gordon, algo coherente para dotar de más protagonismo a la relación entre ambos), la historia se sitúa sobre el año 2025 aproximadamente en lugar de en los noventa, se ha suprimido la historia de Almond y Rose, profundizándose algo más en la de Evey y Gordon, y poco o nada más.

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Las diferencias a un nivel político-ideológico-filosófico, o a nivel de mensaje, o como queramos llamarlo van a mi modo de ver (que parece ser diferente al del autor del cómic) aún más allá que la novela gráfica de Moore, o si no más allá, sí al menos actualiza el mensaje. La película nos expone a un continuo bombardeo que, mientras inserta temas de ahora, va mostrando todos los mecanismos de manipulación a los que nos vemos sometidos continuamente por los medios de comunicación a manos de los gobiernos, insinuando de una forma nada velada terrorismo de estado y, en definitiva, recuperando el mensaje que Michael Moore nos trajo en Bowling for Columbine: El filme de McTeigue ahonda en la explotación de la cultura del miedo por parte de los poderes fácticos, que no es sino otra forma de terrorismo, más grave aún si cabe por provenir de donde proviene, de aquellos que supuestamente están donde están para protegernos y servirnos.

Sí que es cierto que hay algunas concesiones comerciales (las escenas de lucha, distribuidas con cuentagotas), como también lo es que el desenlace de la película es mucho más utópico (y por tanto más increíble) que el de la novela gráfica (un final abierto y lleno de incertidumbre que deja claro que la lucha debe continuar), pero al contraponerlo a nuestra realidad y comprobar la imposibilidad de que algo así pueda suceder realmente, no se hace sino reforzar las ideas, las convicciones de que algo está fallando en nuestro sistema. Algo huele a podrido en el planeta Tierra.

Y del mismo modo en que nos obliga a darnos cuenta de que nada va a cambiar, de que todo irá a peor hasta que un día todo vuele por los aires, y ojo, pues aquí viene otra paradoja, nos permite al menos conservar la esperanza de la que habla Evey (o tal vez sería mejor decir la ilusión), aunque sólo sea durante unos breves instantes cuando el parlamento revienta en millones de pedazos, y todos nos sentimos un poco V.

Hoy no he leído el periódico
Hoy no lo leí
Ni tampoco el suplemento
Hoy no quiero ningún cuento
Hoy tan sólo creo en ti
Hoy tan sólo creo en mí
Hoy tan sólo creo en ti
Hoy tan sólo creo en mí
Hoy tan sólo creo en ti
[Kiko V]

Por Sergio Vargas
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