Primavera en otoño

¡Pero qué chispa que tienen ustedes! Un lector —hábil asaeteador— me hace notar que esta sección podría llamarse algo así como Tienes un e-mail, atendiendo a lo sucinto de los mensajes y la "hondura" intelectual de los mismos. Ummm, acuso el golpe, mas no cedo terreno. Esta es mi moneda: «lo breve, si idiota, dos veces bueno».

Llegó la primavera. No es un gran consuelo, lo sé. La carne comienza a manifestarse a las salidas del metro y uno corre el peligro de confundir la lujuria con la belleza (¿o mejor al revés?). Ays, llevaban ustedes tantos meses tapados y tapadas... me había olvidado del sabor de las cerezas.

Un arranque de premios y una continuación plagada de autores. Entren, entren, que cogerán frío en el recibidor...

Madrugada de humor: Oscar 2006.- La demostración palmaria de que los premios son una apología del amiguismo, los intereses más o menos creados y el tráfico de influencias es esa pira de las vanidades de la que ahora (ya en pleno mes de abril) pocos se acordarán siquiera. Ejemplo: ¿quién ganó el Oscar a la mejor actriz secundaria? Piensen, piensen...

Baldío pues mi ejercicio de disección a posteriori, aunque de todas formas... ¡procedamos! Y arrancaré con una simple constatación: aunque todo quisqui presuma de no prestarle atención, de estar muy por encima de estas banalidades, a años luz de «esa patochada yanqui»... invariablemente se lo montan en estas fechas para gorronearle el plus a algún amigo y dárselas de superpuestos en estas lides, completando la pertinente quiniela, devorando palomitas y farfullando cada vez que no se cumplen sus pronósticos: «¿lo ves como son unos fascistas? ¡Mejor edición de sonido a King Kong, esa apología imperialista!».

Yo llevo algunos años sin hacerlo (porque al día siguiente laboro, no por falta de ganas), aunque debo de reconocer que mis razones para ver la ceremonia eran de tipo sicalíptico-sádico: ¿cuál de todas llevará el escote más descomunal? ¿A qué niveles de ridículo puede llegar un actor cuando le ponen un micrófono delante y le hacen creer que a 1.000 millones de personas les importa lo más mínimo lo que tiene que decir? ¿Cuál será el último adalid del cine independiente, pendenciero y huraño ("a mí los premios me la sudan", 1998) que aprovechará en pleno 2006 para sollozar y acordarse de su abuela de Kentucky, ya con la estatuilla dorada en la mano?

Comencemos.

Mejor guión original: Paul Haggis por Crash. Razones: es una historia muy potita llena de valores humanos (¡ejem!). A los americanos les va torturar a moros en Guantánamo o zurrar a negros en plena rue, pero a la hora de repartir premios, lo tienen claro: ¡viva los mensajes grandilocuentes que aboguen por la integración, la coexistencia pacífica y la concordia mundial! Teniendo en cuenta que en el quinteto constaba el nombre de Woody Allen por una "tontería" como Match Point (que hace de todas las nominadas de este año filmes fallidos), la ignominia es absoluta.

Oscar al mejor actor secundario: George Clooney. Razones: dinámica compensatoria (extraña ecuación por la cual los miembros de la Academia velan porque los nominados múltiples no se vayan de vacío, a no ser que se apelliden Williams... John Williams). El chico sale feo en Syriana, desaliñado y con muchos kilos de más... ¡perfecto! Lástima que se olvidasen de Matt Dillon, lo único premiable de Crash.

Oscar a la mejor actriz: Reese Witherspoon. Razones: rubia meliflua aspirante a convertirse en la nueva novia de América. Cara linda, vocecilla rallante y sonrisa fosilizada. ¡Lo tiene todo! ¡Tiembla, Julia!

Mejor actor: Philip Seymour Hoffman. Razones: el chico este se lo curra mucho... al pobrecito no parece importarle mucho su físico y logra lo mismo que Jamie Foxx en Ray o Anthony Hopkins en Nixon y Picasso: hacer una buena imitación (¡no confundir con actuación, por favor!) Una lástima... entre esto y su próxima aparición como malo en Misión Imposible III, me temo que otro grande va camino de malograrse. (¿Se acuerdan de los buenos papeles de Nicolas Cage, Kevin Spacey o Denzel Washington antes de ganar el Oscar?) Otro a tachar de la lista...

Mejor director: Ang Lee. Razones: nota exótica y voto calma-conciencias. «Vamos a darle un premio al chinito ese, pero que no se crea ni por un instante que premiaremos a su película, esa de los maricones... ¡hasta ahí podíamos llegar!» Donde no hay, no roban.

Mejor película: Crash. Razones: estooo... uf, razones... déjenme pensar... denme un minuto, ¿eh? Ummmm... ¿era 28 de diciembre, los santos inocentes? No, no, que estábamos a marzo. Pues... la verdad, no se me ocurren... vayamos descartando: el lobby judío no podía permitir una película tan ambigua como Munich, Buenas noches y buena suerte era premiable pero alguien perverso podía sacar conclusiones "equivocadas" sobre la cruzada del bueno de Murrow, Truman Capote (titulada en España con el nombre del biografiado para que ningún despistado creyese que iba a ver una de pasodobles y toreadores) no tenía el empaque suficiente...

Bromas pesadas: mejor montaje para Crash y mejor documental para El viaje del Emperador. Inenarrable. Y sobre todo, inexplicable, cuando una de las contendientes en ese apartado era Munich, un auténtico prodigio (a pesar del polémico coito-trauma en paralelo). Y el grado de alienación de los USA se manifiesta en las pequeñas cosas, como en el detalle de premiar un documental "de animalitos" frente al dramón demasiado desagradable y realista de La pesadilla de Darwin.

Que con su pan se lo coman.

Trilogía de los dictadores: palabra de Sokurov.- Lo del cine, en mi caso, es un hobby decididamente masoquista. No negaré que uno ha terminando por desarrollar prejuicios (¿o será mero instinto de supervivencia?), pero lucho denodadamente contra ellos (¿contra mí mismo?). ¿Y de qué manera? Tratando de ver más cine de esos directores que tanta grima me dan, con la esperanza de cambiar de opinión, de dar con ese filme que me lo exonere y me permita retractarme en público, sometiéndome al escarnio de mi sufrida audiencia. Como pueden comprobar, todavía quedan residuos de mi formación católica, estigmas del pecado, la flagelación y la autoindulgencia.

Aleksandr Sokurov (oh, ¡él de nuevo!) ha construido tres películas alrededor de tres figuras claves del siglo XX: Hitler, Lenin y el último emperador "divino" del Japón (lo mejor de cada casa, vamos). The sun (título elegido para su distribución internacional) cierra dicho ciclo, ocupándose del desgraciado de Hirohito, que tras poner el país en manos de los militares parece ser que sufrió mucho (eso sí, no osó quitarse la vida, como cientos de miles de compatriotas... ¡una cosa es el honor y otra mi pellejo, carallo!).

Lo vemos vagar por su búnker, estudiar biología marina mientras se escucha a lo lejos el cañoneo norteamericano, tener ensoñaciones apocalípticas o fumarse un habano con un general MacArthur pragmático, occidental, ¡tan poco cultivado! El resultado es otro ejercicio de historia-ficción, centrándose como Moloch (1999) y Taurus (2001) en espacios bien delimitados, con personajes alienados y enfermos de poder que terminan por extinguirse rodeados de su propia miseria, para mayor gloria y alivio de la humanidad.

Vuelve a repetir  ese "toque" Sokurov: fotogramas obnubilados, neblina persistente, realidad filtrada. Pesadez, afectación, ganas de que esto termine cuanto antes mejor. Sí, Sokurov tiene un estilo, una visión. Y a mí me puede.

¿Qué es aburrir en el cine?- Al hilo de lo anterior (¿qué significa exactamente eso de que cierta película te aburra? ¿Es ese un criterio serio a la hora de juzgar el arte?) trataré de extenderme un poco.

El punto de partida, una vez más, no es mío: lo tomo prestado del últimamente demasiado citado en esta sección Manuel Yañez, sofista pendenciero especializado en lanzar preguntas capciosas. En nuestro último encuentro-careo, me hizo notar que muchas veces me "ventilo" un film léase, a mayor ilustración, la reseña anterior haciendo referencia a un criterio tan subjetivo como el aburrimiento que me provoca. «¿Dirías eso de un cuadro de Velázquez, de un libro de Unamuno? ¿Por qué el cine es una de las pocas manifestaciones artísticas a las que se le exige tal premisa: divertir?»

He llegado a la conclusión de que esta perversa dicotomía se deba muy posiblemente a la Naturaleza misma del séptimo arte (empiezo a hablar como un programador de festivales: perdonen las ínfulas). Los únicos consecuentes a este respecto quizás hayan sido los americanos, para los que la Industria ha sido sinónimo, desde el comienzo, de puro entertainment (el virus "artístico" fue inoculado desde Europa y desde entonces nada volvió a ser igual... ¿para bien o para mal?). En ese sentido, hay un tipo de cine que nace con la clara intención de hacer pasar un rato agradable, "entretenido". Moviéndome en ese nivel, podré entonces decir sin rubor alguno que La amenaza fantasma, Matriz Revolutions o Pearl Harbor son filmes aburridos. Quizás intenten ser otras muchas otras cosas, pero por encima de consideraciones más sesudas son muermos sin vida, "cosas" sin alma... chuzos más o menos caros.

Ahora bien, ¿por qué debería de mostrarme más considerado para con ciertas películas de Gus Van Sant, Tsai Ming-liang, Andy Warhol o Jean-Luc Godard? Si me parecen filmes aburridos, recargados o barrocos... ¿a santo de qué voy a respetar esos apellidos más que los de Lucas, Wachowski o Bay? ¿Gozan los primeros de un prurito intelectual porque gente muy brillante haya escrito cosas maravillosas sobre sus vacíos filmes? De ninguna manera: café para todos.  Fútbol es fútbol y un tostón es un tostón. Se puede disfrazar de cine de autor, de logro metafísico, de machada técnica o de lo que usted quiera, pero si estoy dando cabezadas, si estoy pendiente del paso del tiempo, si no logra hacerme copartícipe de lo que veo... está fracasando estrepitosamente en sus propósitos, cualesquiera que estos sean.

Asumo también que lo que a mí me pueda provocar indeferencia, constituya un motivo de entusiasmo sin parangón para otro. ¡Y es magnífico que así sea! En tu argumentación me podrás citar al mismísimo Pitágoras, encontrar una relación entre lo visto y la generación del 98, ecos de Locke, referencias a los discursos de Azaña. Tu texto me parecerá extraordinario, pero difícilmente habrás logrado mejorar mi opinión sobre la película.

En resumidas cuentas, para el RAE aburrir es "molestar, cansar, fastidiar". Atención también a la sexta acepción, muy pertinente: "sufrir un estado de ánimo producido por falta de estímulos, diversiones o distracciones".

Decididamente, sí: el arte puede llegar a aburrir.

«¿Tú también, hijo mío?».- Rescato de Ettore Scola Gente de Roma, película que aspira a documental y se queda en documento ficcionado (no hay nada peor que ver a actores tratando de pasar por "gente de la calle" o, dicho de otro modo, a un director que aspira a radiografiar su ciudad sin dedicarle el tiempo necesario, "ideando" situaciones que quiere hacer pasar por improvisadas).

Ettore Scola, que rondará ya los 75 añitos, siempre fue un ilustre director italiano "con oficio", aunque un paso por detrás de los Fellini, de Sica, Visconti o Antonioni. De hecho, su nombre lo asocio directamente a dos películas: Una jornada particular y La familia.

En Gente de Roma, sus intenciones no quedan demasiado claras. Logra destellos de verosimilitud en contadas ocasiones (esos enfermos de Alzheimer que tratan infructuosamente de recordar tres palabras o reproducir un sencillo dibujo), pero naufraga, como decía, al tratar de tomarle el pulso a una ciudad plagada de tópicos. Lo cual demuestra, una vez más, que detrás de un trabajo tan redondo como En construcción había todas las horas de grabación que nos dijeron... aunque también algún actor más de los que reconocieron.

Me quedo con un momento francamente bueno. Vemos una manifestación de la izquierda italiana, con Nanni Moretti incluido, en pleno ejercicio de aleccionamiento de las masas. El acabose, oigan: los concienciados ciudadanos caminan en fervorosa procesión hasta la sede local de su partido, ocupando sus asientos, ávidos por continuar arreglando el país. Pero de repente vemos que las luces se apagan y de la pantalla situada detrás de la tribuna no emerge la figura de ningún líder progresista, sino... un campo de fútbol con sus 22 jugadores, motivo real de su "activismo". Triste, triste y... ¡tan certero!

Antes del mediodía. Concierto para tres instrumentos desafinados.- Él llegó con andares cansinos, reconociéndome desde el fondo de los escalones y saludándome con su ritual: "¿qué pasa, man?". Ella apareció acto seguido, como si siguiese el improvisado guión de las mañanas perfectas. Pasaban unos minutos de las once, pero en domingo cualquier hora antes del mediodía se asemeja a la madrugada.

Querían hablar y yo también. Mañana extraña, sensación  de eternidad: ellos tenían sus problemas y yo no les conté el mío (¡qué falso eres!). Él continuaba con sus miedos, viajando y escribiendo a trompicones, sin consultar de reojo la cuenta corriente. Como si el futuro importase algo cuando lo que se practica no es un oficio, sino una pasión (¡además, hipócrita! ¿Acaso no te pones nervioso cuando tardan dos días de más en ingresarte la nómina?). Ella emergía de un fin de semana infernal, con el sabor salado de las lágrimas que derramamos siempre por quienes menos las merecen, a cinco horas en tren del planeta Chihiro. Paseando entre guiris escotadas antes de tiempo y coches de época pilotados por empresarios caprichosos, acabamos en la cafetería del Centro de Cultura Contemporánea. Para que te hagas una idea: a medio camino entre el plató de una peli de Almodóvar y el escenario de ciencia ficción de las cutre-marcianadas mejicanas. Cool, macho, muy cool.

Y el cine obró su milagro. Tanto da si el móvil trina con insistencia: los adioses siempre se pueden aplazar un par de horas. O que se olviden de tu croissant, perdido entre la caja registradora y tres cuentas por abonar. Fuego a dos bandas, decenas de nombres de directores que ya he olvidado, proyectos, sueños, esperanzas, carreras por terminar, compromisos adquiridos con el ayer, intenciones, pretensiones, decepciones... ¡voluntad!

¿Terapia de grupo? ¡Pero qué cínico eres! No, no es el cine lo único que compartimos. Es el miedo a no perseverar lo suficiente en nuestras quimeras. A quedarnos a medio camino de no sabemos dónde. A escuchar los cantos de sirena del conformismo. A despertar con cincuenta años en la oficina, haciéndonos cada día la maldita pregunta: "Y si...".

Sonrisa. Lo sé: acabarán honrando al cine con su pluma y yo me sobrepondré a la espera haciendo literatura con ellos. ¿Quién de los tres es el loco?

Dos pasotes y un Tak(a/e)shi... ¿Miike o Kitano?- Hermenéutica de la distribución (cuyos caminos, bien lo sabe el Señor, son inescrutables). Se estrena Three... extremes, un trabajo a tres bandas de otros tantos directores asiáticos. Dos de ellos poseen cierta reputación (o sea, que les sonarán a los frecuentadores de Sitges): Park Chan-wook y Takashi Miike. El tercero, un chino con nombre de pseudónimo (Fruit Chan).

Bueno, siempre he sabido que los asiáticos son gente muy rarita, que en la trastienda de mi restaurante chino favorito ocurren cosas  terribles que prefiero no saber para no amargarme las digestiones. Pero de verdad: cuando se ponen desagradables o escabrosos... se quedan solos. ¿Son así o les hemos hecho así?

Empiezo a pensar que ese extremismo patológico es otro de los lugares comunes que nos hemos fabricado en Occidente, dándoles una excusa perfecta para elaborar una larga serie de productos cuya única finalidad parece ser saciar el folclorismo gore que tanto (nos) satisface a algunos. Para mí que es ese el sentido último de una película como esta: un tempura coreano, japonés y chino para consumo de europeos y americanos. (¿Cómo se explica, si no, que uno de los capítulos (Dumplings) posea también entidad autónoma como largo?)

Curiosamente, el capítulo más mesurado resulta ser el de Miike. The Box es un Takashi reposado (su estilo tampoco se ha caracterizado nunca por grandes excesos formales, la verdad) que recuerda al Kitano más poético (Dolls). Los otros dos servirían para encerrar de por vida (o exigir, cuanto menos, una examen psiquiátrico) a sus responsables directos.

Dumplings (espléndida fotografía, para variar, de Christopher Doyle) nos cuenta la bonita y formativa historia de una gloria no tan vieja de la televisión hongkonesa, dispuesta a cualquier cosa con tal de recobrar la finura de su cutis. Ríanse de la polémica de las células madre: la muy burra se pone en contacto con una tipa que se dedica a despanzurrar fetos y servirlos (fritos o al vapor) a sus exclusivas clientas, asegurándoles estar bebiendo directamente de la fuente de la eterna juventud. Demasié.

El segundo (Cut) afianza al efectista Park Chan-wook como director por antonomasia de las venganzas retorcidas e —perdónenme la franqueza— imbéciles. Después del rollito incestuoso de Old Boy, ahora nos presenta a un extra tarado dispuesto a cargarse la carrera cinematográfica de un pedazo de buena persona... ¿o quizás no tanto?

En definitiva, un filme que explota descaradamente el boom asiático y que vende como historias de terror unos argumentos cafres y enfermizos. Que les aproveche... ¡Kiri kiri kiri kiri kiri kiri!

Soy una fornicadora enamoradiza.- Lie with Me, de Clément Virgo (que no parece estar dispuesto a hacer honor a su apellido) es una peli canadiense que fue seleccionada para competir en la última edición del Festival de Cine de Berlín. Este es un dato preocupante, créanme. O los programadores son unos ineptos o les pone cosa mala ver a nenitas ligeras de ropa con ninfomanías más o menos agudas (a mí también, vamos... pero intento que mi entrepierna no ofusque del todo mi entendimiento). Lo hemos visto tantas veces: que si Las edades de Lulú, que si El diario íntimo de Fulanita de Tal... crónica de intimidades pretendidamente morbosas, actriz "desprendida" y dispuesta a "darlo todo" (vamos, hasta a comer pollas con la excusa de que esto es una película seria) y final feliz. En realidad es como ver una película de Meg Ryan protagonizada por Tracy Lords. Sólo que Tracy jamás trató de hacerle creer a nadie que algún día podría ganar un Oscar. Y mira que se lo merecía: una chica con tesón, trabajadora infatigable, desinhibida, con gran empatía para con sus compañeros de trabajo, de las que se dejaba "querer" por la cámara... ¡no te olvidamos, Tracy!

Bye, bye, Blockbuster.- Pues a estos, en cambio, no los echaremos de menos. Me sabe francamente mal por sus cerca de 700 empleados, paradigma del ETTismo y la precariedad permanente (para que se hagan una idea, el 92% de su plantilla era menor de 35 años y el 77% trabajaban a tiempo parcial).

Aunque no se lo crean, jamás alquilé un vídeo en un Blockbuster. Recuerdo, eso sí, que un amigo estaba abonado a uno de ellos, y los largos fines de semana nos abalanzábamos sobre el videotron a hacer búsquedas alfabéticas por actor o actriz: Martin Cock, Jessica Dick, John Fucker, Alba Sucker... ¡ah, aquello si que era un star system!

Y es que es lo que tiene el carácter latino... todos escondemos en nuestro interior a un quinqui-mangui en potencia, esperando el menor descuido para manifestarse. Cuenta la Unión Videográfica Española que el índice de piratería ha pasado en tres años del 5% al 60%. ¡Como para no irse el negocio a la porra! Y es que cuando uno escucha en el metro como dos señoras de la limpieza presumen de que "mi Joooshua m’abajao ya la pinicula esa de la Jodi Forter" sabe que algo está cambiando y que los de ahí fuera no se enteran (SGAE, ¿me oyes?).

Una especie de justicia divina, tras 20 años haciéndonos creer que era normal que un alquiler costase 600 pelas o un DVD de estreno en venta directa 28 €. ¡Fenicios, go home!

Interludio poético: una de mamporros exóticos.- Jamás te avergüences de aquello que ves... o sí, pero mantén a pesar de todo la gallardía. Be proud, man!

Ni corto ni perezoso instalé mis reales frente a una pantalla, con un cubo de palomitas que me sirvió de cena y me mantuvo el estómago con la textura del engrudo durante una semana, para ver Thai-Dragon, una peli tailandesa de fostias, patadas voladoras y tibias astilladas. (Nunca ahoguen del todo al adolescente inmaduro que todos llevamos dentro).

El argumento es conservacionista, 'tienno' e idiota, como mandan los cánones: el prota (un cachas llamado Tony Jaa, descubierto en Ong-bak) vuela hasta Sydney para rescatar a su elefantito secuestrado (sí, sí, eso convierte a los argumentos de Cantinflas en guiones del Arriaga o I.A.L. Diamond). Guiño genérico: en el aeropuerto se cruza con el mismísimo Jackie Chan (¿es cierto lo que me dicen, Jackie? ¿Que los americanos ya te ponen extras en tus pelis, para evitar que se reproduzca alguna de tus 34 fracturas y joda el planning del filme? ¡Ay, qué duro es ser un héroe de acción pasados los 50!) [Nota post-scriptum: me aclara Beatriz Martínez, mi asesora particular en asuntos del Extremo Oriente, que se trata del DOBLE tailandés de Jackie.]

Son películas ideales para alquilar y pulsar el fast-forward hasta las dos o tres escenas que valen la pena. De esta me quedo con un combate-capoeira con un Ronaldinho hipermusculado y un impresionante (no bromeo) plano secuencia de 8-10 minutos donde el tal Jaa demuestra tener un físico privilegiado... ¡qué aguante! ¡Este tío tiene más fondo físico que un reponedor del Caprabo!

Lo más impactante de ver estas pelis en compañía de hombres (el 95% son siempre tíos... ¿han pensado los cines gays en programar artes marciales? Los pectorales del tal Tony le hacen replantearse a uno muchas cosas) es que descubres tipejos que convierten a Leo Bassi en un modelo de compostura y elegancia. De entre la fauna, destacaré a un émulo de Bonnie M. que no paraba de marcar los golpes y de avisar a los malos de lo que se les venía encima. ¡El placer de ir al cine, amigos!

Por los que vamos a la deriva... para que encontremos aguas mansas.- Ella se llama Maria Ángeles (¿o será sólo un alias?) y llegó hasta nosotros por equivocación, en una tarde de delantal, azúcar y ADSL. Su larguísima misiva es irreproducible por razones de espacio (¡Dios, no, no posee el don de la concisión!) pero tiene un gracejo que convierte a Carmen Maura en la borde que presentaba El eslabón más débil. Le metió una tunda a media cartelera y yo abundo en mi complejo de Mr. Belvedere reproduciendo su parecer sobre Orgullo y prejuicio (qué se creen, ¿que la había olvidado?):

«(...) el inciso sobre la influencia de la compañía en la opinión de una película me parece digno de haberle dedicado un artículo completo. Al igual que pasa con los vinos, una buena o mala compañía puede hacer que veamos-recordemos de una determinada manera esa peli. Yo, que suelo ir SOLA al cine, a la primera sesión, para evitar gente, palomitas y opiniones y tener así el placer de disfrutar la mayoría de las ocasiones de una sala para uno solo, como aquellos magnates del Hollywood de la época de Kazan, doy fe que ver la "pestiño", "muecas" y sobrevalorada Orgullo y prejuicio (¡a lo que hemos llegado, que nominen a alguien al Oscar por poner morritos!;  Knightley, siempre en mi opinión, me pareció más creíble en Quiero ser como Beckham o Piratas del Caribe); a alguien como yo, repito,  que reivindico el cine de "amor y lujo" para según que día de la semana y que soy fan de la novela inglesa del XIX,  pues ver la  peli acompañada de una amiga que cada cinco minutos decía "y esas desocupadas", "...y esa madre", "y ese ambiente", "de cajeras del Mercadona las ponía yo un viernes por la tarde"... la verdad, creo que inevitablemente sí condiciona la opinión de la peli. (...) No se puede comparar ni con Sentido y sensibilidad, ni con Lo que queda del día, ni La edad de la inocencia, La copa dorada, La casa de la alegría, Té con Mussolini, etc, etc, por no citar Cumbres borrascosas de William Wyler (ni siquiera se admitirían las comparaciones), ¡pero si sólo salvé a los secundarios, la ambientación, la música y pare usted de contar! ¿Influencia de los comentarios?»

No, no, no fueron los comentarios... Orgullo y prejuicio es Donald Sutherland y Brenda Blethyn (¡oh, qué grande estaba en Secretos y mentiras!). Y... pare usted de contar, sí.

El lodazal de Lucrecia.- Hay directores que sabemos de antemano que nos gustarán. Tenemos ese pálpito, vamos. Todavía no me habían presentado a Lucrecia Martel y ya sabía yo que tendríamos química... había algo en su pose desgarbada de bibliotecaria repelente, en su mirada extraviada en las entrevistas que le había visto en Días de cine. Guardaba La ciénaga y La niña Santa en un lugar privilegiado, a la espera de un domingo plomizo en el que adentrarme en sus miasmas pestilentes.

Y ese día se presentó a mediados de marzo. Lluvia y algún trueno lejano, hasta el punto de confundir los de la película con los que caían sobre las azoteas de los edificios más altos de Barcelona. En La ciénaga encontramos esa casta decadente con el sello García Márquez: momificados, prisioneros del sopor, en un verano sin final aparente, presidido por una inactividad permanente. Primos que se buscan entre los pasillos de un caserón, latifundistas alcoholizados, burguesía sin Ángel exterminador, Naturaleza agazapada y dispuesta a dar un zarpazo.

Extraña y sutil, La ciénaga tiene algo de aquellos estíos en casas ajenas, de aquellas tardes en la tumbona antes de ir a la piscina, esperando que terminase el capítulo de El gran héroe americano o El coche fantástico. Cuando uno interpretaba en clave ingenua los problemas de unos adultos incomprensibles. Cuando prefería recurrir al misterio como explicación a lo oscuro. Cuando...

Kekexili: mountain patrol.- ¿Por qué esta película ve restringida su carrera comercial a tan solo un par de pases en el ámbito de alguna propuesta minoritaria de cierta gran ciudad? Lo tiene todo para ser estrenada con relativa fortuna: voluntad documental, pizca de exotismo, mensaje verde, corrección formal. Tanto da su mención especial en Berlín o su Premio Especial del Jurado en el festival de Tokio. No hay manera, oye.

Segunda película del treintañero Lu Chuan (conocido en su casa y sólo por los familiares más allegados), narra la progresiva disolución de un grupo salvaje de civiles constituido en célula paramilitar y comandado por el temible Ri Tai. Estos ecologistas pardillos —a cuyo lado, un activista de Greenpeace es un deforestador sin conciencia— tratan de velar por la supervivencia de los antílopes del Tibet, especie al borde de la extinción merced al lucrativo negocio del tráfico de pieles. Una persecución algo suicida, unos furtivos bien organizados y un escenario impresionante: el último desierto virgen de la China, Kekexili.

¿Qué quieren que les diga? ¿Qué está bien? Total, si no les van a dejar comprobarlo...

Encuentraamigos.com. Vivir para ver.- La web se llama friendfinder.com ("¡encuentre hoy a su amante!") y me sume en un estado pre-depresivo. No porque no crea en Internet como medio para conocer gente, para aunar voluntades o incluso para facilitar coitos satisfactorios en una ciudad sin tiempo. Cualquier cosa, oigan.

No, no es eso. Es por lo que tiene de obsceno la aparente sencillez del método: con explicitar tu sexo, la provincia donde vives y el margen de edad que prefieres, el sistema te suelta un porrón de nombres con la correspondiente fotito. Es como un zoo. "Quizás no sea muy inteligente, pero me gusta la sinceridad", "he tenido mala suerte con las mujeres", "salgo de una larga relación y querría...", "me  gusta divertirme y...", "busco un amigo, pero si hay algo más...", "no es que sea tímida, pero..." Como si estuvieses buscando un coche: le metes la cilindrada, la marca, diesel o gasolina y ¡zas! Sírvase usted mismo. La web es sincera y un cartel aclara "¿buscas algo más específico? ¡Prueba en passion.com!" La fotografía que acompaña a esta modalidad de aparejamiento ya no da pie a ambigüedades: dos heteros dándose el lote.

No sé. Hay algo que no funciona, lo siento. Todavía no sé si esto es el síntoma de algo peor (o mejor), pero déjenme poner en cuarentena los sentimientos que despierta en mí. Porque vayamos hacia donde vayamos, cada vez veo a más gente sola en los cines, en la cola del pan, Ramblas abajo, junto al mar.

Esperando, esperando, esperando...

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Jorge-Mauro de Pedro es redactor jefe de Miradas de Cine, lector empedernido y cinéfilo compulsivo, de gustos más que discutibles...