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Estherslope es un pequeño pueblo minero del Medio Oeste americano. Dick, un joven de 18 años, reticente a asumir el papel de heredar la profesión de su padre en la mina, y por ende, la de todos los habitantes de esta pequeña localidad, es mirado como un chico raro por sus vecinos. Considerándose a sí mismo pacifista convencido, un día se siente atraído por una pistola de juguete que compra en una tienda de antigüedades. Al descubrir que el arma es real, Dick ve aumentada su atracción y decide para ello, junto a cuatro amigos suyos, fundar en la mina vieja un excéntrico club de "Dandies" —como ellos se autodenominan—, en el que darán rienda suelta al afán de disparar con sus respectivas armas, pero defendiendo siempre su espíritu pacifista y la promesa de no utilizar sus pistolas con fines violentos. Pero las cosas se complican cuando llega Sebastian, un joven negro nieto de la antigua criada de Dick...
Sale a la venta una de las mejores películas del pasado año, aunque también una de las más injustamente tratadas, tanto a nivel de distribución —puesto que pasó por las salas cinematográficas casi como una exhalación—, como a nivel de crítica y público. Sin restarle ningún mérito al trabajo del excelente realizador Thomas Vinterberg, autor de la mítica Celebración (Festen, 1998) —uno de los estandartes de aquel movimiento llamado Dogma '95, más interesante en su empeño que en su originalidad o coherencia—, lo cierto es que Dear Wendy deja entrever en cada una de sus secuencias la sombra del genial Lars Von Trier, guionista del film y evidente influencia en cada una de las soluciones narrativas adoptadas (narración en off, espíritu anti-naturalista, espacios pequeños y casi irreconocibles, personajes escasos y distanciados entre sí...). El talento de Vinterberg debe lidiar con la presencia del otro gran danés, aunque hay que reconocer que la mezcla da un resultado más que óptimo.

A priori, hay que reconocer que cuesta entrar en esta cinta, sumergirse en ese extraño y estrafalario mundo creado por estos seis excéntricos jóvenes. Es inevitable en este viaje recordar el mundo de los fantásticos espacios creados en Dogville, Manderlay o los pequeños pueblos en los que Selma se deja la vista trabajando en la fábrica (Bailar en la oscuridad, Dancer in the Dark, 2000), o la pequeña comunidad que asfixia el mundo de Bess (Rompiendo las olas, Breaking the Waves, 1996). Para aquellos que amen el cine del genial Lars, la historia de este film les parecerá sencillamente maravillosa en su insólita extrañeza e infantil simplicidad; para los que no quieran pasar más allá de la pura superficie, difícilmente les atraerá esta extraña fábula.
Maravilloso y poético canto contra la utilización de las armas, Dear Wendy no necesita narrar lo evidente, no requiere explicar de nuevo las mismas lecciones morales. La película habla más allá de sí misma, y está en la voluntad del espectador, como si de un cuadro de Kandinsky se tratase, el querer entrar más profundamente que en la pura apariencia, para descubrir quizás un significado y una voz personal y propias. Dear Wendy es ya hoy una película de culto, y me atrevo a preconizar que con los años ganará más adeptos con aquellos que aún no han querido entrar en ella, o no se han atrevido a probarlo.
La edición en DVD de este filme, otorga pues una nueva oportunidad a una obra que quizás hubiera merecido, no sólo un segundo visionado, sino al menos un primero. Queda pues abierto el debate entre partidarios y detractores... mi recomendación ya está lanzada...
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Director: Thomas Vinterberg. Intérpretes: Jamie Bell, Bill Pullman, Chris Owent. Audio: Castellano (5.1), Inglés (2.0). Vídeo: 16:9, 1.78:1. Subtítulos: Español. Extras: Tráiler, entrevistas, making of, Cartas para Wendy, ficha artística, ficha técnica y filmografías destacadas. Formato: DVD9, zona 2. Duración: 97 min. Distrubuidora: Cameo.
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